miércoles, 31 de diciembre de 2008

Feliz 2009

El Árbol Socialdemócrata os desea un buen y feliz año 2009, cargado de emoción, de alegría y de buenos propósitos, con la familia y los amigos. El nuevo año tendría que ser el año de la paz y la renovación. 2008 cierra con el quiebre del capitalismo y la revelación de su fracaso: 2009 será un año de ideas y buenos deseos para cambiar este planeta. Un planeta verde, lleno de paz y de personas preocupadas por su semejantes. Un planeta distinto y una España mejor. Este año que viene puede ser el año del cambio en Euskadi, el año del nuevo triunfo de la Galicia progresista y el año que Europa se llene del rojo de la socialdemocracia. 2009 puede ser superar el capitalismo, superar el nacionalismo, y superar la Europa de los Gobiernos, hacia el socialismo.

Sí, podemos

Crímenes en Oriente Próximo: quién sufre


Se ha dicho, muy levemente, casi silenciados por los gritos de siempre. ¿Es que sólo Israel es criminal? ¿Y qué ha hecho Hamás? ¿Quién ha roto la tregua, quién ha lanzado las primeras bombas, quién ha vuelto a empezar todo este sufrimiento? Hamás.

Israel, su Gobierno concretamente, sabe que sólo necesita una excusa para iniciar sus ataques a Gaza. Igualmente, Hamás sólo necesita una excusa para romper el alto el fuego. ¿Quién quiere la paz? Ni Hamás, que es únicamente un títere de Irán y su objetivo es destruir Israel; ni el Gobierno israelí, presionado por los grupos ultraortodoxos.

¿Qué engendra todo esto? Más muertes. ¿De quiénes? Antiguamente se masacraban reyes y aristócratas en los campos de batalla, ahora son los desposeídos, los más humildes, quienes mueren, simples peones en este gran tablero de ajedrez que es el mundo.

Hamás puede tranquilamente levantarse cuantas veces quiera contra Israel, porque mientras Palestina se halle en la miseria, habrá gente con la conciencia bien lavada sin miedo a matarse. Mientras, Israel ha olvidado el propio sufrimiento de sus padres y abuelos en los campos de exterminio, y por la presión de sus colonos y sus fanáticos religiosos están emulando a sus antiguos verdugos, los nazis.

Existe una realidad, existe tanto palestinos como israelíes, y muchos de ellos quieren igualmente la convivencia pacífica. A medio y largo la plazo esto no puede seguir más así. Las soluciones radicales, como Hamás o los ultraortodoxos no pueden imponerse más. Israel se ha quedado sin moderados, con un Likud radicalizado, un Kadima descompuesto, unos laboristas en caída libre y todos los gobiernos a merced de los partidos religiosos: los propios israelíes están hartos de ese sistema.

Y en Palestina, ¿por qué está Hamás? Tanto por la corrupción anterior de Al Fatah como por la actuación israelí, llegaron ellos. Quizás los palestinos se estén dando cuenta de que Hamás sólo sabe hablar de Islam sin esperanzas, de Islam sin libertad, de guerra sin cuartel contra Israel. Pero todo eso es muerte. Si Palestina estuviese desarrollada, la cosa sería distinta. Pero los sucesivos Gobiernos de Estados Unidos y Europa callan. Apenas si protestan un poco, pero, ¿para qué? Israel ha dicho que no a las propuestas de paz de Sarkozy. Obama, el que dice que puede cambiar el mundo, no ha dicho nada. ¿Y la ONU? Su Consejo de Seguridad ha sido ninguneado.

Mientras los Gobiernos callan, los líderes palestinos llaman a la yihad y los israelíes piden el voto bombardeando, ¿quiénes mueren? ¿Acaso están muriendo los líderes de Hamás, refugiados en Siria, o los de Israel? No, están muriendo las personas más indefensas, tanto en Gaza como el sur de Israel. Las manifestaciones de estos días hacen muy bien en salir en defensa de los palestinos, pero recordemos quién no hace nada por la paz y que en Israel también muere gente que no ha hecho ningún mal. Mientras se sesgue esta realidad esas manifestaciones tendrán muy poco eco. El Gobierno israelí tendrá un comportamiento criminal, pero los israelíes no se merecen sufrir tampoco. Lo mismo que los palestinos.

Es muy necesaria una rebelión cívica, una rebelión contra esos intereses que manejan la muerte y el terror a su antojo. Cuando eso pase, entonces se podrá dejar de lado el odio, y habrá paz para Palestina. Y seguramente tendrán que ceder ambos, porque la realidad es una, y sus visiones de esa realidad son muy chocantes, cada una quiere la destrucción de la otra. Eso es fascismo.

Kurdistán, Sáhara Occidental, Palestina, Tíbet… están oprimidos y merecen ser libres. Hoy Palestina es noticia, ayer lo fue el Sáhara y antes de ayer el Tíbet. ¿Os acordáis de las manifestaciones en el Tíbet antes de los Juegos Olímpicos? ¿Os acordáis de las manifestaciones de Birmania? Sí, fueron noticia, pero ya no, ya no se dice qué pasa, ya no se dice cuántos desaparecidos, ya no se pone en riesgo la dictadura birmana. ¿De qué sirve que nos echen noticias de estas injusticias para luego pasar? Les hemos olvidado. Mañana, Palestina volverá a ser olvidada, quizás pasado hablemos del cólera en Zimbabwe, pero al siguiente día habrá otra noticia, y todos nos seguiremos quedando en el sofá viendo pasar las desgracias de millones de seres. Pero sentados. En esto, mucha culpa tienen los medios de comunicación.

Hoy ETA ha atentado contra la EiTB, la televisión pública vasca en Bilbao, en la misma calle donde también están El Mundo, Deia, Expansión, Antena 3 y Onda Cero. ETA muestra su "amor" a los vascos, a los vascos que pretende "liberar" de este "opresivo" Estado Español. Por el silencio, que tanto le gusta. Aquí en España y allá en el mundo vemos que hay grupos que en el nombre de sus pueblos, y para desgracia de esos pueblos, no tienen reparos en sembrar las muertes que sean posibles (y si los muertos no son de los asesinos, mejor) para imponer sus delirios.

lunes, 29 de diciembre de 2008

Por la izquierda (II): Aguirrecracia contra democracia

Dice el artículo 9 del Estatuto de Autonomía de Madrid: "La Asamblea representa al pueblo de Madrid, ejerce la potestad legislativa de la Comunidad, aprueba y controla el Presupuesto de la Comunidad, impulsa, orienta y controla la acción del Gobierno y ejerce las demás competencias que le atribuyen la Constitución, el presente Estatuto y el resto del ordenamiento jurídico".

Lo que este artículo no dice es que la Asamblea representará la voluntad omnipotente del Gobierno de turno, que la mayoría que sustente al Gobierna se convertirá en lacayo de sus caprichos y que la representación del pueblo de Madrid sea pervertida o prostituida por las luchas de poder en un mismo partido. La Asamblea ya no controla el Presupuesto, vota lo que le echen desde la Puerta del Sol; la Asamblea ya no controla la acción del Gobierno, sino que su mayoría impide que la oposición pueda hacerlo.

Cuando Esperanza Aguirre ganó las segundas elecciones de 2003, nombró a Miguel Blesa presidente de Caja Madrid. Es uno de los suyos, decían. Ahora, en 2008, parece que esto ya no es así, y quiere tener a la caja de los ahorros de los madrileños bien atada, pero ni la oposición ni el Ayuntamiento de Madrid quieren. ¿Cuál es la respuesta? En vez de negociar, retroceder, convencer, el Gobierno regional quiere reformar la ley para que la Comunidad, es decir, el Gobierno mismo, tenga más capacidad de decisión y peso a la hora de nombrar al máximo directivo de Caja Madrid. Estos son mis principios, si no les gustan tengo otros, dijo Groucho. Si las reglas del juego son malas, no pasa nada, se cambian, y la mayoría lacaya de la Asamblea votará sí, para dar un nuevo paso atrás y volver a prostituir el poder legislativo. En este caso la ley no es expresión de la voluntad general, como dice Aguirre, es la expresión de Su voluntad personal. Quien huye dejando a los suyos en el camino poca voluntad general puede representar. Al final en España la democracia se ha vuelto del revés: en vez de ser el órgano directamente elegido por el pueblo, el parlamento, el poder más potente y controlar al Gobierno, ha ocurrido que ha sido el Gobierno, no elegido directamente, el que controla al legislativo. Los ciudadanos en este caso sólo pueden también que decir sí o no a que su voluntad sea sistemáticamente vilipendiada.

Ojo también con la oposición. No es el mismo golpe de efecto abstenerse en los Presupuestos, para evitar paralizar los ejercicios presupuestarios porque no se podría dar respuesta, aunque fuera mala, a esta situación precaria. No es lo mismo porque estos cambios de reglas es reírse de la voluntad ciudadana, y abstenerse es, una vez más, decidir no hacer oposición. Quien hace la ley hace la trampa, nunca mejor dicho, porque Esperanza Aguirre ha incluido esto en la ley de acompañamiento a los Presupuestos. Con las trampas, lo mejor es montar jaleo. Ni oposición fuerte al desmantelamiento del bienestar ni oposición fuerte al desmantelamiento de la voluntad ciudadana. Sea el color que gobierne en la Puerta del Sol, la Asamblea debe tener siempre conciencia crítica y ser el freno al abuso. A lo mejor el Estatuto de Autonomía tiene que ser reformado, pero sólo para proteger al poder directamente elegido y a la voluntad ciudadana de que su papel no será menoscabado por una práctica egocéntrica y presidencialista. La Puerta del Sol gobierna, pero el pueblo decide.

Aire nuevo para Euskadi

Las elecciones vascas de 2009 se presentan como la gran oportunidad de acabar con treinta años de clientelismo del PNV. Sin la coalición con Eusko Alkartasuna, podemos ver el peso de los dos partidos por separado en el electorado, según el Euskobarómetro: el 34% se inclina por los nacionalistas de derechas, mientras que EA se quedaría con el 4% y en dos o tres escaños, lejos de los 7 que tenía reservados en coalición con el PNV. El PSE, en línea ascendente con Patxi López, tendría resultados históricos, con el 31% de los votos. Los conservadores del PP seguirían en desgaste, con el 16%, Ezker Batúa, la Izquierda Unida vasca de Madrazo, continuaría estancada con 3 escaños y el 5%. Aralar seguiría con su escaño. Todo esto con la premisa de que la izquierda abertzale no se podrá presentar y que practicaría la abstención.

Así, podría ocurrir que, por primera vez, el Parlamento vasco no tendría mayoría nacionalista y que los socialistas podrían arrinconar al PNV a la oposición, teniendo en cuenta que ambos quieren la presidencia para sí mismos y eso les impediría pactar. También está que la izquierda democrática, de PSE, EA, EB y Aralar no tendría mayoría, ni la derecha, el PP y el PNV, estarían dispuestos a pactar. Unos porque les desmontaría el discurso de no pactar, y otros porque sería el fin de su victimismo nacionalista. Son muchas las circunstancias, sin embargo, que indican que el PNV perdería los apoyos necesarios para sacar adelante su Plan X del histórico victimismo, que los vascos se están percatando el Gobierno tripartito enarbola esa bandera para mentir y mantenerse repartiendo los beneficios del poder, y que la única solución estable y viable es el socialismo en el poder. Socialismo para hacer cosas, y no nacionalismo para no hacer nada.

domingo, 28 de diciembre de 2008

Por y contra las familias

Hoy unos pocos miles, a juzgar por las imágenes ofrecidas por la televisión, se han congregado en la misa-manifestación organizada por el arzobispo de Madrid, Rouco Varela, con el mensaje de "misa de la familia cristiana", en un acto que ha sido mucho más que ser "por" esa familia, sino además de excluyente contra el resto de modelos familiares. Porque para empezar, el matrimonio católico es sólo entre varón y mujer, con hijos, y por la Iglesia, además de fiel y puro. Y para terminar hay que quitar el resto de matrimonios de otras religiones, de las familias reagrupadas, de las uniparentales, de las separadas, de las del mismo sexo, de las de hecho, de las que algún cónyuge sea infiel o haya cometido ese gran "delito" que es el aborto, quedan… pocas, muy pocas.

La familia, según la idea concebida por la Iglesia católica, existe, y es bueno que exista. Es bueno que exista la pluralidad, lo que ya sería negativo es que, como pretende la Iglesia, sea la "única". Si así fuera se estaría atentando contra la libertad. Y es mejor vivir en la España democrática y libre de la actualidad que en la república teocrática de Irán.

¿Por qué ese miedo a lo diferente? ¿Está amenazada la familia según la concepción católica? En absoluto. La Iglesia aún no quiere ver que la época de su dominio pasó hace mucho tiempo, con las revoluciones liberales y con la libertad. Se resistió a dejar el poder político, se resistió a liberar sus tierras y sus siervos, se resistió a permitir la libertad de elección de la educación, se resistió, y se sigue resistiendo, a comprender que el divorcio puede existir y a permitir otras formas de ser muy alejadas de sus doctrinas. La Iglesia es una roca reaccionaria, y por eso cada vez está más sola y radicalizada.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Feliz Navidad


Esta es la época de ser felices, pasar las noches en familia y ver la sonrisa de los niños al abrir los regalos que Papá Noel o los Reyes Magos les han traído. Seamos felices, no por nosotros, sino por los millones de niños que no pueden tener razones para esbozar una sonrisa. Seamos felices pensando, ingenuamente o no, que el año nuevo traiga más paz, más progreso y más bienestar a todos los habitantes del planeta, o, por lo menos, seamos felices pensando en las cosas que podemos hacer para que sea realmente así, por nuestra mano y acción. La ilusión de que puedan sonreír millones de niños es una motivación revolucionaria. Mi carta para los Reyes Magos: paz y alegría. Para Papá Noel: la república, porque no creo que los Reyes quieran traerla.


Os deseo una muy Feliz Navidad

viernes, 19 de diciembre de 2008

El motor de cambio del sistema

Los trotskistas escindidos de Izquierda Unida, el Espacio Alternativo, se han constituido como nuevo partido, la Izquierda Anticapitalista (IA). Su intención es presentarse a las elecciones europeas de 2009, agruparse con los partidos de izquierda radical y trotskista como el Nuevo Partido Anticapitalista francés de Olivier Besancenot, en base no sólo a “organizar la resistencia y reforzar las luchas sociales” y “una alternativa política anticapitalista (…) que nunca acepte participar en la gestión del sistema”, como recoge en su primer Manifiesto, apoyado por casi 800 intelectuales y profesionales de los movimientos ecologista, anti-Bolonia, ecologista y feminista, entre otros.

Resumiendo un poco el Manifiesto, Izquierda Anticapitalista ve que “el capitalismo global ha generado unas fuerzas destructivas (…) provocan una mayor desigualdad social”, que en “el Estado Español” (sic) la crisis está ya desarrollada y acusa al Gobierno socialista de no combatirla eficazmente, porque está profundizando en medidas fiscales regresivas, privatizaciones, obras públicas, “regalos fiscales al gran capital”, se privatizan servicios públicos y se niegan los derechos a la vivienda y pensiones dignas, todo inmerso en una política común en la Unión Europea “al servicio de las multinacionales y no de los pueblos”. Frente a esto, buscan la “resistencia” y “criterios unitarios”, sin participar en la gestión del sistema; esto es, sin apoyar o entrar en ninguna responsabilidad de la administración. No ven alternativa al sistema, la quieren construir y tejer un “proyecto político anticapitalista alternativo”.

Entrando en la crítica y la opinión, Espacio Alternativo fue una de las múltiples corrientes de Izquierda Unida, enfrentadas a muerte en la lucha por el control y reparto del pastel de poder interno de la federación izquierdista, porque el externo es cada vez más menguante. Y fuera de Izquierda Unida, es ya inexistente. La izquierda de la izquierda tiene una costumbre a no ver su potencial menguado, a dividirse en la mínima disputa. Pueden ver que existe la pluralidad, pero no aceptan no poder controlar a esa pluralidad.

Primero, se está volviendo a un tema recurrente y erróneo en la izquierda de la izquierda: el anti-algo. Coincide toda la izquierda socialista que el capitalismo está muerto, no porque haya generado fuerzas destructivas ahora, sino porque el capitalismo da vida a unas fuerzas antagónicas pero también simbióticas y que, en estos momentos de crisis, el equilibrio de fuerza queda desnivelado, con el peligro de que un polo sea devorado por el otro, aunque eso supone la inmolación del depredador. Si vemos la realidad, el poder económico de la élite no es capaz de salir, por ahora, de la crisis económica. Las clases humildes no pueden por sus propios medios de salir tampoco de la crisis, pero, si éstas caen, el otro queda eliminado, porque pierde su razón de ser. El papel que están jugando los Estados es a sostener la economía con frágiles andamios financieros, no por hacer un “regalo fiscal”. Si los andamios caen, el edificio se viene abajo. Un Zimbabue a escala mundial es una perspectiva demasiado atroz. Los criterios unitarios, ¿cuáles son? Si no se han seguido los criterios unitarios de IU, imagino que todo criterio será el que se adapte a sus ideas. A pocas ideas, pocos criterios.

Así pues, la simple crítica al capitalismo, el anticapitalismo, no es suficiente, porque no observa alternativa teórica o práctica alguna. La labor de la izquierda socialista será teorizar y desarrollar esa nueva economía. Entonces, la socialdemocracia, como movimiento mayoritario, fuerte y vivo de la izquierda, le corresponde liberarse de cualquier apoyo al capitalismo, aunque sea el capitalismo corregido, y empezar a elaborar esa teoría. La socialdemocracia posee una gran base ciudadana, pero está amenazada por élites reacias a ver su poder en peligro. La izquierda de la izquierda carece de bases amplias, pero también se haya inmóvil en el anti-algo por sus reducidas élites, élites sin bases. Es en la ciudadanía donde está el motor, la presión, la fuerza. La revolución, si la queremos llamar así.

¿Cuál es la estrategia de la izquierda radical? ¿Cómo pretender la transformación del sistema actual a su pretendido “proyecto”? Como Kautsky, que veía que el Partido era un partido revolucionario pero que no hace la revolución sino que la espera, la izquierda radical espera el momento, no cambiar ahora sino esperar a que la situación sea lo más crítico posible, mientras se dan una imagen de confianza. En la perfecta interpretación marxista de pauperización del proletariado. Seguro que ese es un motor de cambio muy radical y revolucionario, pero con millones de muertos por el camino. Antes de que ninguna vida se pierda por la ceguera de unos y otros hay que cambiar el sistema. Todos sabemos lo que puede pasar, por eso, actuemos ahora.

La visión económica de la izquierda radical es muy simplista y errónea, si no mentirosa. Piden que se cumplan los derechos a vivienda digna y pensiones, donde todos estamos de acuerdo. Denuncian que aumenta el paro. Pero meten en el mismo saco de todos los problemas económicos, en este “Estado Español” de terminología franquista, a privatizaciones, obras públicas, servicios públicos deteriorados, etcétera. ¿Qué privatizaciones? ¿Qué deterioro del servicio público? Si quieren un culpable de privatizar y deteriorar, no vayan a la Moncloa, sino a la Puerta del Sol. ¿Obras públicas? No sé si la izquierda radical sabe que una buena forma de mantener el empleo y mover a la economía es la obra pública. Sin la obra pública, no se podrá mejorar el transporte; sin la obra pública, no se podrá intervenir en el mercado inmobiliario, como la Operación Campamento o las obras de Carabanchel para un servicio público como un hospital y cumplir el derecho a la vivienda con viviendas de protección oficial. Y hay que añadir que el trabajo, y la obra pública, es cotizar a la Seguridad Social, a garantizar las pensiones. El dinero no cae del cielo, y no puede haber derechos si no hay responsabilidades.

La base del cambio está en los ciudadanos, no en un ente de vida propia, aunque sea llamado “pueblo”. Esos intentos de seccionar Europa por pueblos sólo pueden ayudar a configurar élites que los controlen, sean de las viejas o de las nuevas élites que ansían formar. Si la crisis puede servir para enseñar, es que las decisiones tomadas en cada lugar, sin coordinación, sin una mínima unidad, no pueden sacarnos de la crisis. Ni la Europa de Gobiernos que el Tratado de Lisboa pretende consolidar, ni la Europa de los pueblos, pueden pretender solucionar nada y llevarlo a buen puerto. Ambos tienen en común perpetuar la división. Uno ve bien la globalización y otro la ve como la caja de Pandora. La globalización es un proceso irrefrenable del progreso; el que quiere acabar con ella, quiere acabar con el progreso, y no será izquierdista, será reaccionario. La actualidad globalizada requiere medidas unitarias, una Europa unida en una superestructura fuerte, con capacidad de decidir para sacarnos de la crisis. Y más allá de Europa, unas decisiones unitarias, sabiendo cómo actuar en cada territorio mundial, en cada nación, en cada región, como un ente único simbiótico.

jueves, 18 de diciembre de 2008

El pensamiento político de Hegel


Nacido en 1770, Georg Wilhelm Friedrich Hegel vivió el desarrollo de los últimos tiempos de la Ilustración, Revolución y Restauración. Quería un puesto estable en la Universidad de Berlín, que consiguió en 1818, con la cátedra de Filosofía de Berlín, vacante tras la muerte de Fichte. Llegó a ser rector de la universidad antes de morir en 1831. Entre sus muchas obras están los “Principios de la filosofía del derecho” de 1821.

Legitimó la monarquía absoluta de Prusia, dictó lecciones sobre estética, filosofía, historia de la filosofía o filosofía de la historia. Las publicaciones póstumas fueron posibles a partir de apuntes de clases de sus propios alumnos.

Hegel se planteó cómo conocer la realidad humana. Esta está en continuo movimiento, el conocimiento y su método debe ser dinámico: la dialéctica hegeliana, asentada en el principio de contradicción. Tiene un método inductivo de concreto a general y la vía por el proceso trifásico de tesis, antítesis y síntesis. La tesis es una afirmación que con el principio de contradicción se eleva la antítesis, que es la negación de la tesis. La síntesis recoge los dos pasos anteriores. La síntesis es la negación de la negación, una afirmación, una nueva tesis que tendrá a su vez una antítesis y su síntesis, y así sucesivamente. El idealismo hegeliano es un idealismo dialéctico, Marx desarrollará a partir de aquí su materialismo dialéctico, rompiendo los postulados de Hegel y alineándose con los hegelianos de izquierda.

La dialéctica no es un método de conocimiento, sino que los objetos están construidos dialécticamente. A medida que conocemos los objetos se nos desvelan a sí mismos. El objeto coincide con la idea, llegado un momento. Los hombres acaban dando vida a los conceptos como el Estado. Para Hegel la realidad es todo pensamiento y racionalidad: las cosas son como las conocemos. “Lo que es real es racional, y los que es racional es real”, dijo. Sólo existen ideas, conceptos, que se les da vida.

Ejemplo de dialéctica, tomando como ejemplo la lucha de clases de Marx:

Tesis (Señores) – Antítesis (Siervos) = Síntesis (Burguesía) – Antítesis de la síntesis (Proletariado) = Tesis final (Hombre)

Se despiertan el espíritu subjetivo, objetivo y absoluto. El espíritu subjetivo está en las conciencias individuales, fraccionado entre los hombres. Supera el fraccionamiento cuando los hombres se interrelacionan, cuando se construye la sociedad. Surge el espíritu objetivo, que se acerca a la voluntad general de Rousseau. Pero la realidad está dividida en distinto pueblos, y por tanto el espíritu objetivo está dividido, un pueblo no puede cumplirlo en su totalidad. Es el Volkgeist de Fichte. El espíritu absoluto es cuando se integran todos en una sociedad y se desarrollan en el límite de sus posibilidades, el Estado.

El Estado se desarrolla en torno a derecho, moralidad y eticidad. El derecho es necesario para la convivencia del grupo. La moralidad es la interiorización del derecho, pero la idea de Kant es subjetiva, según Hegel, porque es liberal. El paso adelante es la eticidad, en la que se identifican todos en común por la idea de bien comunitario. Se articula en familia, sociedad civil y Estado. Sobre eso gira la libertad, cuya culminación lleva al Estado.


La pura indeterminación es la libertad en abstracto, la universalidad, o en el vacío, sin impedimento, inherente al hecho de ser humano. La antítesis es la pura determinación, cuando practican su libertad personal, la particularidad. Es un concepto negativo porque impera la subjetividad. Hay que integrarlo y resuelve la generalidad, o individualidad, el bien general, el bien de todos, generalizar la libertad. No puede ser libre un individuo si no lo son los demás. Con el Estado se alcanzan las mayores cotas de libertad.

El derecho hegeliano es privado, se preocupa de la relación con los hombres y las cosas. Los individuos afirman su existencia libre excluyendo a los demás de los objetos de su deseo, lo que se llama la libertad de apropiación. El culmen llega cuando se tiene la suficiente fuerza y se consigue que los demás lo reconozcan. La libertad de apropiación se transforma en propiedad privada. La propiedad privada es inherente, viene dado con el hecho de ser libre.

Al derecho no le preocupa la distribución de la propiedad. Hay un reconocimiento mutuo, para ser propietario hay que reconocer la propiedad de los demás, que se consigue gracias a los contratos. El siguiente paso es negar esos contratos, se afirma subjetivamente, esta es la fase de la negación del derecho (injusticia). El paso adelante es que los hombres interioricen el derecho: el sujeto moral, que reconoce el bien y el mal, es objetivo, imparcial, asume la responsabilidad de sus actos. En la eticidad hegeliana prima el bien general como algo absoluto, siguiendo a Rousseau.

En la familia, el sujeto individual egoísta, tiene una preocupación por mantenerla. En ella uno tiene derechos a la vez que tiene deberes (el hombre mantiene a la familia, la mujer cuida de los hijos y la casa, etcétera). La familia crece, empiezan a competir las diferentes familias y surge la sociedad civil cuando se niega la ética, es la expresión del egoísmo universal. La sociedad que aparece no es un mundo armónico, sino que es un mundo donde prima el egoísmo.

El trabajo sirve para construir su riqueza particular, El trabajo y la riqueza general es el sumatorio del trabajo y riqueza de los particulares. Las diferentes aptitudes de los hombres crean las diferencias entre ellos. Así, el Estado se forma por estamentos, se conforma la justicia, la policía y las corporaciones.

Para que la sociedad no lleve al enfrentamiento, Hegel introduce varios niveles de orden. Empieza por los estamentos, vinculado por función del trabajo, relacionado con el concepto de clase. El modo de existencia social queda determinado por la conciencia, su manera de ser.

- Estamento sustancial o agrícola: es el sector primario, de trabajo simple, obtiene lo que le pone la naturaleza. Este estamento está más relacionado con la fe, el sometimiento y la familia.

- Estamento formal o comercial: dentro de él Hegel introduce a artesanos e industriales, elabora las materias primar y las transforma. Tiene la iniciativa y el talento individual.

- Estamento general o funcionarial: armoniza a la sociedad en su conjunto, introduce el derecho público y el orden jurídico.

La ley se asienta en la igualdad civil, para rectificar las injusticias. La policía tradicional es un concepto del Antiguo Régimen, un instrumento de administración pública para controlar la producción y el trabajo. En la Restauración queda limitada a mantener el orden público. Hegel defiende el viejo concepto, para reducir los antagonismos económicos y jurídicos. Su idea sería propiciar un “Estado del bienestar” redistribuyendo la riqueza, interviniendo en la economía por medio de la política fiscal.

Las corporaciones surgen de la idea de solidaridad, honor, identificación con el todo. Fuera de ello, son competidores. Es la antesala del patriotismo, los intereses deben manifestarse dentro del Estado. La sociedad civil es el ámbito para la seguridad de la propiedad privada, la libertad personal y el interés propio. El Estado es el ámbito de lo universal, que aglutina todas las actuaciones regidas por leyes universales, que son la mostración de la eticidad.

La Revolución Francesa no consigue eliminar enteramente el feudalismo por no captar la realidad del Estado, e hizo lo privado por público, no pudo hacer triunfar la universalidad del Estado por las doctrinas contractualistas. El Estado no se puede basar en el derecho privado, es algo más serio, las vinculaciones con él nunca se pueden rescindir.

El Estado no es sumatorio de las voluntades individuales, es una voluntad superior, puede exigir que los intereses particulares se supediten al interés general. Podría hasta exigir el sacrificio (servicio militar).

Hegel considera que el paso del hombre privado a ciudadano es indispensable, y superior al liberalismo. Es la situación ideal, se rige por ideas generales o universales y alcanza así la verdadera libertad. El Estado expresa esas ideas por medio de la ley. El Estado hegeliano se ordena conforme a la ley y actúa conforme a ella, con la máxima racionalidad. Para Hegel no se puede dar una constitución fija, tiene que adecuarse a su desarrollo. Esto no vale para todos los pueblos, acercándose a las tesis de Edmund Burke.

El modelo de división de poderes que ofrece se complementa muy bien con la realidad prusiana en la que vive, diferente de la visión de Montesquieu. Para Hegel los poderes cumplen otra función, sirven para organizar el cuerpo político. El Estado existe con una finalidad propia, superior a los individuos.

Los tres poderes hegelianos son el monárquico, el gubernativo y el legislativo. El legislativo se encarga de elaborar las leyes, algo de lo que también participan el poder monárquico y gubernativo. El poder judicial no existe, lo traslada al ámbito de la sociedad civil. El poder ejecutivo residen en el poder monárquico y gubernativo. Hegel quiere afirmar la unidad del Estado. Aquello que recoge mejor la función pública es la soberanía, que reside en el Estado, pero, como en el modelo británico, hay que concretarlo, y el mejor modelo es el monarca como símbolo de soberanía, su plenitud, pero el monarca no es el verdadero soberano, que reside en la ley. El papel del monarca se ciñe a dar su sanción real a las leyes, como el modelo de monarquía moderada o parlamentaria.

El legislativo debe recoger las necesidades de la sociedad civil, adaptando lo general a la universalidad de las leyes, a través de la administración y el funcionariado, de miembros que deben demostrar sus aptitudes por oposiciones.

Hegel no acepta la universalidad de la participación, esto es, el sufragio universal. Masculino, obviamente; hasta Stuart Mill no se incorpora a la mujer en sus planteamientos. El pueblo es considerado por Hegel como la parte menos capaz del Estado, y el modelo representativo que mejor ve es el estamental. Todo esto es la ideología política del Estado de Prusia hasta 1918.

miércoles, 17 de diciembre de 2008

El Europarlamento acaba con las 65 horas

El Parlamento Europeo ha rechazado ampliar la jornada laboral a 65 horas semanales. Los eurodiputados dieron su apoyo a una enmienda de Alejandro Cercas, eurodiputado socialista español, que paraliza la directiva que impulsaron la mayoría de Gobiernos europeos, lo que les obliga a los ejecutivos nacionales a volver a negociar con el Europarlamento; y, si no hay acuerdo, la directiva decaerá, lo que podría suponer un problema para el Reino Unido, que goza de una dispensa de la directiva de 48 horas, si hay acuerdo entre empresario y empleado. Esto queda expuesto en una enmienda aprobada, que pide que se eliminen estas excepciones, llamadas opting out. Estas enmiendas que provocaron el rechazo a la directiva recibieron el voto de más de 500 eurodiputados, más de los 393 mínimos necesarios. Los Gobiernos europeos han sido castigados por los europarlamentarios de sus propios partidos. El caso más singular es Gran Bretaña, gobernada por los laboristas e impulsor de la directiva regresiva, pero cuyos diputados en Estrasburgo han decidido ponerse de parte de su conciencia social.

El Martes pasado los sindicatos europeos, agrupados en el CES (Confederación Europea de Sindicatos), convocaron a una manifestación ante la sede del parlamento comunitario, en Estrasburgo, para exigir el rechazo a esta directiva.

La Europa social ha ganado este primer envite a la reacción, a la economía capitalista en agonía. No se puede volver atrás, a tiempos pretéritos donde los trabajadores eran explotados.

La crisis no la deben pagar los trabajadores, no son los culpables. No son los culpables de las estafas de Madoff, no son los culpables de que los infinitos beneficios de ciertas empresas pasen de astronómicos a… un poco menos de beneficios. No son los culpables de que el modelo económico actual se encuentre agotado, no son culpables de que se necesite un cambio. Los trabajadores son los protagonistas para que se de ese cambio, y enterremos los viejos sistemas y las viejas élites enquistadas.

El pensamiento político de Fichte


Johann Gottlieb Fichte, nacido en Rammenau, Alemania, en 1762 y muerto en Berlín en 1814, siempre fue liberal y defensor de la Revolución Francesa. Pronunció sus “Discursos a la nación alemana” en 1806 en Berlín, bajo la invasión napoleónica. Alemania desaparecía como nación bajo el imperialismo napoleónico. Éste estableció la Confederación del Rin y redujo el número de sus Estados, y el Sacro Imperio Romano desapareció. La facilidad del derrumbe alemán se debía a la fragilidad del Imperio. Había que buscar nuevos vínculos que salvaran a Alemania como Kulturnation, y también salvarla de Francia.

Fichte intenta encontrar esos vínculos en el pasado, en las esencias y peculiaridades de Alemania. La nación es una realidad orgánica suprapersonal, con vida propia y voluntad propia. No es un sumatorio de individuos y voluntad general como la nación de Sieyès. Está por encima de los individuos, y Fichte podría verla como la voluntad general de Rousseau.

Todos los seres humanos tienen personalidad y voluntad propia que les singulariza. Fichte ve eso mismo con las naciones, su propia manera de ser, el Volkgeist. Tienen unas facultades especiales, una misión histórica específica que cumplir y que le marca su destino.

Es muy superior a sus individuos, estos no son nada sin la nación. No pueden renunciar a su nacionalidad. La nación se desarrolla en el tiempo y condiciona el futuro, viene del pasado. Cualquier pueblo presente debe ser consciente de esa realidad y tener conciencia nacional es ser consciente de esa realidad. El inicio de la nación es conocido, el pasado, pero se desconoce el final.

La lengua alemana supo perdurar en el tiempo, las lenguas latinas se han mezclado a lo largo de su historia. El alemán es una lengua bien preparada para la filosofía y la religión, manteniéndose en su territorio, sin invasiones ni migraciones, conservando su cadena sin ruptura. Así, son los únicos que pueden ser nación auténtica, mientras que los otros no porque están mezclados.

El Estado es una función instrumental, la realización de la nación. Los objetivos del Estado son mantener la estirpe nacional, despertar la conciencia nacional y aunar a todos los que con independencia de sus fronteras tengan una participación en la nación. La filosofía de la historia se marca por mayores cotas de progreso y libertad. Los franceses contribuyeron con la Ilustración y la Revolución a la extensión de la libertad, y en su época, con la invasión napoleónica, mostraba síntomas de agotamiento. Alemania, decía Fichte, estaba preparada para sustituirla como cabeza de Occidente.

Una clara influencia de Fichte, más parte del planteamiento político de Sieyès, se encontraba en Giuseppe Mazzini (1805-1872), uno de los grandes patriotas italianos.

martes, 16 de diciembre de 2008

El pensamiento político del idealismo alemán e Immanuel Kant


El idealismo alemán se encuentra enlazado con la teoría francesa de revolución. Surge a raíz de teorizar los cambios producidos por la revolución francesa. La revolución como movimiento político y el pensamiento alemán, al teorizar los cambios producidos, contribuirán a la creación del socialismo.

Alemania no existe en el siglo XVIII como única entidad política. En vez de un Estado, existía el Sacro Imperio Romano, a cuya cabeza estaba un emperador de poder ficticio y formal. Este imperio estaba formado por más de trescientas entidades políticas, con algunos modelos cercanos al despotismo ilustrado. En este Sacro Imperio existía la competencia de Austria y Prusia por el liderazgo, y los pequeños Estados basculaban en torno a uno u otro.

La Ilustración alemana es peculiar, se asienta sobre el Renacimiento alemán y la reforma religiosa protestante. La Ilustración se preocupó poco de la política y la Razón y miró a asuntos morales y religiosos. La reforma luterana, el despotismo ilustrado, la racionalización del poder en base al enriquecimiento personal y bienestar… todo ello se complementa.

Los súbditos se someten al poder elegido por Dios, el despotismo es así “fácil” en Alemania. El Estado es identificado con la comunidad, todos desean el bienestar general, y la monarquía se configura como la garantía de la constitución de libertades y no como una amenaza. Se pretende reforzar y no reducir al Estado, se quieren funcionarios eficientes. Por tanto, la Ilustración y la Revolución francesa llegan a una Alemania no crítica con el poder establecido. Cuando Austria liquida el título de emperador germánico y disuelve el Sacro Imperio para que Napoleón no se apropie de él, éste descompone Alemania, reestructurada como Confederación del Rin sin Austria ni Prusia, para unir poco a poco los pequeños Estados.

El romanticismo alemán no sigue la Razón sino el instinto y busca las diferencias culturales alemanas respecto al resto. Este romanticismo es anti-intelectual, anticosmopolita y nacionalista. El Idealismo se aleja de la Ilustración alemana, queriendo llevar la Razón a su culminación, sustituir a Francia como cabeza cultural de Europa en base de que está más desarrollada que la patria de la revolución. Este movimiento quiere que los ideales rijan las acciones humanos, puesto que las ideas son siempre realizables; por último, con todo esto quiere intentar solventar los problemas del mundo, y específicamente, de Alemania.


Immanuel Kant

Nació en Königsberg (actual Kaliningrado) en 1724 y murió en la misma ciudad en 1804. En 1797 escribió la “Metafísica de las costumbres”. Kant se enfrenta al contraste de desarrollo científico y de las ciencias sociales, quiere establecer una ciencia exacta de la sociedad, una norma universal. El lenguaje es imperativo, prescribe conductas. Él ve dos imperativos: los condicionales, que son los que los individuos fijan su acción con un determinado fin; y los categóricos, una acción que es un fin en sí mismo. Kant cree que los individuos deben obrar libremente según dicta la conciencia: “obra de tal manera que tu conducta pueda ser una voluntad universal para todos”.

Kant tiene una visión positiva del hombre, que viene a este mundo para perfeccionarse, más cuando su razón es la legisladora, su conciencia. Esa voluntad necesita autonomía, actuar con el imperativo categórico es ser libre. Y la libertad es desarrollarse como personas, con autogobierno y perfeccionamiento. Esta idea de libertad es la que adopta la socialdemocracia.

La filosofía del derecho habla de dos libertades: frente a acciones interiores y frente a acciones exteriores. La primera es cuando uno no se deja dominar por las pasiones; la segunda, se cuestiones y colisiona por la acción del otro. Para cada una da una legislación ética o moral de obrar por respeto al deber y derecho.

El orden del derecho es necesario para la libertad interior, el derecho se contenta con la legalidad, la ética exige cumplimiento del deber por el deber, el orden del derecho es el imperativo categórico imprescindible para la libertad.

El derecho es abstracto, universal, natural para todos, plenamente coincidente con la moralidad, un acuerdo sobre el concepto de libertad establecido por los hombres. El derecho señala lo que no puede hacerse para garantizar la máxima libertad, es el establecimiento de las normas mínimas para que todos se hagan libres. El derecho quiere favorecer, no impedir, equilibrando las libertades.

Al derecho le acompaña la coacción, la violencia recíproca para garantizar la libertad: todo impedimento a la libertad debe ser eliminado. Es una legítima defensa, la negación de la negación, contra los que quieren arrebatar la libertad.

Hay que destacar este paso adelante que da Kant. Ya no es la libertad liberal negativa, sino una libertad positiva, de desarrollo y perfeccionamiento que todo hombre necesita para desarrollarse. La libertad es el único derecho innato del hombre por el simple hecho de ser hombre. La esencia del derecho y de la justicia.

El derecho no debía sobrepasar la libertad, sino crear ámbitos de libertad. Sigue los planteamientos optimistas de Locke y lo reinterpreta. La diferencia la sitúa en el Estado de libertad y de naturaleza con un poder coercitivo, para el cumplimiento del derecho como orden cierto de convivencia; el poder coercitivo garantiza la libertad y la seguridad, los derechos y deberes sociales que conforman la sociedad civil.

El contrato social y el estado de naturaleza son ideas de la Razón, no hechos históricos, sino imperativos categóricos: es un imperativo categórico abandonar el estado de naturaleza y dotarse del contrato social.

El contrato que plantea Kant es un hecho de una voluntad unida para hacer posible el derecho y la libertad de individuos que se autogobiernan por el imperativo categórico. El soberano es la forma en que se expresa esa voluntad, la expresión jurídica, no un rey o un pueblo. El soberano es el ordenamiento jurídico del Estado.

El hombre que realiza el contrato, según Rousseau y Locke, es libre, y pasa a ciudadano, conservando autonomía e independencia. La finalidad del Estado kantiano es limitado: hacer posible el derecho, no la libertad o felicidad de los individuos, sólo crear el marco para hacerlo posible, distanciándose de las ideas de la Ilustración de Estado paternalista, que puede derivar en absolutismo. El Estado kantiano es un Estado liberal que busca la mayor libertad posible. Es un Estado de libre iniciativa, donde sólo pueden participar los que son dueños de sí mismos, los ciudadanos activos, frente a los que dependen de otros, los ciudadanos pasivos, que no tienen derecho a participar.

Los poderes existente son el ejecutivo (irresistible), legislativo (irrepensible) y judicial (inapelable). El poder fundamental es el legislativo. Las formas de Estado que distingue según el poder de mando son: la autocracia, la aristocracia, la democracia; y las de régimen republicano, si hay separación de poderes, y despotismo, si no hay separación de poderes.

Kant apuesta por la forma republicana, cuando existe la separación de poderes. La autocracia republicana es la monarquía, porque los poderes están separados. Es plena si el rey está limitado por una monarquía parlamentaria, o es en espíritu si el rey reina solo porque se identifica con el pueblo, y ambas son legítimas para Kant.

No admite la revocación de los representantes porque son la manifestación del derecho y por tanto tampoco el derecho a la resistencia existe porque sería considerar ilegítimo al Estado. Sólo la revolución triunfante es admisible porque el Estado prerrevolucionario era una apariencia de sociedad civil incapaz de cumplir el derecho.

lunes, 15 de diciembre de 2008

El sujeto es el PCE


El PCE ha vuelto a hacerse con el control de Izquierda Unida, situando como coordinador general a Cayo Lara. En esto, tras un mes de agonía profunda, el PCE es el sujeto del tema, y no Cayo Lara, un simple complemento. Cuando Anguita dirigió IU controlaba el PCE, y cuando Llamazares dirigió IU lo hacía frente al PCE; ahora es el PCE (Alcaraz, Frutos) quien controla a Cayo Lara.

Aunque aún es pronto para opinar más profundamente, hay que dejar un margen temporal a que se desarrolle este nuevo camino de la izquierda de la izquierda. ¿Vuelta a la doctrina comunista pura? ¿Una nueva vía? ¿Alguien ve en Cayo Lara madera de líder?

De momento ya oí la mención a una "huelga general" y a los "sindicatos de clase". ¿Dónde han quedado esos sindicatos de clase? ¿Huelga general a "qué? ¿Al Gobierno? ¿Por qué? ¿Por hacer la política que tiene que hacer y que le dejan hacer? ¿A los empresarios? ¿A la Unión Europea? ¿A la economía mundial? Mejor haría entonces en marchar a Washington o a Wall Street, donde está la raíz del problema, que aquí. Me ha dado un repelús, una imagen de que la nueva vía será la vieja vía, el discurso que murió en 1989 para atrincherarse, no para avanzar, para desempolvar viejas ideas y no buscar nuevas.

No veo de momento una IU que haya dado un paso para adelante, un paso para su supervivencia. Veo a una IU que se va despidiendo de 30 años de presencia ininterrumpida de la izquierda de la izquierda en el Congreso. La vieja IU que quería dar el sorpasso al PSOE. Pero los tiempos han cambiado: ni la IU de ahora es la IU de antes, ni el actual PSOE es el viejo PSOE ni la izquierda debe estar dividida en estos tiempos.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Nacionalistas, para afuera y para adentro


"Todo el mundo percibe la urgencia de un nuevo principio de vida. Mas –como siempre acontece en crisis parejas– algunos ensayan salvar el momento por una intensificación extremada y artificial, precisamente del principio caduco. Este es el sentido de la erupción "nacionalista" en los años que corren. Y siempre –repito– ha pasado así. La última llama, la más larga. El postrer suspiro, el más profundo. La víspera de desaparecer, las fronteras se hiperestesian –las fronteras militares y las económicas.

Pero todos estos nacionalismos son callejones sin salida. Inténtese proyectarlos hacia el mañana y se sentirá el tope. Por ahí no se sale a ningún lado. El nacionalismo es siempre un impulso de dirección opuesta al principio nacionalizador. Es exclusivista, mientras este es inclusivista. En épocas de consolidación tiene, sin embargo, un valor positivo y es una alta norma. Pero en Europa todo está de sobra consolidado, y el nacionalismo no es más que una manía, el pretexto que se ofrece para eludir el deber de invención y de grandes empresas. La simplicidad de medios con que opera y la categoría de los hombres que exalta revelan sobradamente que es lo contrario de una creación histórica.

Sólo la decisión de construir una gran nación con el grupo de los pueblos continentales volvería a entonar la pulsación de Europa (…)"

Aprovechando para anunciar que me terminé el libro –casi devorado por el interés, y que me ha gustado, independientemente de si estoy o no de acuerdo con todos o algunos postulados que intenta ofrecer– pongo este pasaje que también me ha captado la atención. Si queréis encontrarlo, está en la "Rebelión de las masas", segunda parte "¿Quién manda en el mundo?" apartado IX.

He aquí que el nacionalismo es un impedimento mayúsculo para construir una Europa unida, una Europa de verdad. Lo vemos en la actualidad: reválidas para tratados que sellan una Europa de gobiernos y no de ciudadanos, intereses clientelistas enmascarados bajo los discursos de naciones milenarias, persistencia de mantener unas fronteras que ya han sido sobrepasadas por la circulación económica y de personas.

Lo que vale para criticar a unos, los centrífugos, vale para los otros, los centrípetos. Ambos intentan justificar su existencia en base a la historia, y, como la historia es la que es, tiene que ser manipulada hasta adaptarse al discurso. En su momento, luchando contra potencias que dividían a los individuos de misma cultura e idioma y a los que practicaban un régimen autoritario y contrario a las libertades civiles, tenían una razón de ser. La razón de la libertad y de la democracia. Ahora, cuando la sociedad europea es democrática, es libre, toda vieja razón ha caído, ya no valen los postulados arcaicos, toda defensa esconde la verdad de querer levantar un muro invisible, artificial, dotarse de un espacio cerrado donde decir "somos únicos", "somos los mejores", sin mezclarse, sin ver, sin moverse. Sin cambiar. Por eso el nacionalismo es intrínsecamente reaccionario y temeroso del progreso, y por ello cualquier discurso de izquierda que pretenda marcar la diferencia respecto al otro, o bien se desdibuja de su condición de izquierda, o bien se queda sólo de izquierda para "los de dentro", "los de afuera", que se apañen.

El pensamiento político de Sieyès


La revolución hizo dos cosas: dar unidad a lo que no tenía, uniendo a los pensadores en un modelo, y dar la idea misma de revolución, ruptura, empezar de cero. Triunfa entonces la Razón, se convierte en el gran legislador que permite elaborar una constitución.

Emmanuel-Joseph Sieyès, que nació en Fréjus en 1748 y murió en 1836 en París, encabeza esa burguesía revolucionaria, su labor literaria se muestra con “Ensayo sobre los privilegios” de 1788 y “¿Qué es el Tercer Estado?” de 1789. Sieyès quiere destruir los estamentos del Antiguo Régimen para que la nación prospere a través de trabajos particulares y funciones públicas. Sólo lo que es del Tercer Estado pertenece a la nación, y esto debe ser si desaparecen los otros estamentos.

Da un nuevo concepto de nación: la nación la forman individuos libres, iguales, independientes, los que deciden unirse por las necesidades comunes y por el deseo de vivir en común. Es un concepto de nación subjetiva, la Nación política. La fuerza de la mayoría, frente a la minoría privilegiada, es la voluntad nacional.

Hay dos elementos: los miembros del Tercer Estado son iguales jurídicamente, negativamente privilegiados. La nación es dueña de sí misma, tiene el poder y por tanto es soberana y puede darse a sí misma la ley, sin depender de la historia o las instituciones. Asentándose en la voluntad común, la nación decide darse una ley fundamental, constituirse jurídicamente y darse a sí misma la constitución sin depender de lo existente.

El poder constituyente es una voluntad primaria que no depende de nada, sino de sí misma. La razón de la nación como poder constituyente es dar instituciones constituidas, pero nunca puede adecuarse a la constitución, nunca puede tener una formulación definitiva, porque es el inicio de todo, se identifica con la Revolución y parte de cero. No se sabe nunca cómo va a reaccionar el poder constituyente, por eso no se adecua a la constitución. La reforma constitucional será por tanto un poder constituyente derivado.

En el principio de representación, Sieyès se distancia de Rousseau, porque no admite el ejercicio directo, sino el mandato representativo: los representantes sustituyen a la nación en su conjunto, pero no pueden recibir instrucciones ni mandato imperativo. Son representantes, diputados, pero no delegados. Sieyès establece que todos los individuos tienen derechos jurídicos, pero sólo unos pocos, la “clase disponible”, la burguesía, tienen derechos políticos, derecho a votar.

Si los diputados representan al todo, no puede haber intereses parciales, no puede haber facciones, hay una sola voluntad, un solo interés nacional. Desaparecen los reinos, estamentos e intereses territoriales, todos son iguales ante la ley. En el siglo XVIII se habían eliminado las jurisdicciones señoriales en Francia. El poder de la nobleza era sólo una ficción, todo el poder provenía de Versalles y de los Parlamentos. Sieyès refuerza el proceso: a una nación le corresponde un Estado y un mismo derecho.

Sieyès forma el concepto de constitución racional-normativa, frente a la constitución histórica o “constitución de libertades” (las libertades antiguas eran los privilegios estamentales). La nación, creando el poder constituyente, permite constituirse jurídicamente a esa nación, recogido por una constitución, con dos partes: los fines y los límites del Estado, que son los derechos individuales, la parte orgánica y dogmática del texto constitucional.

A partir de 1791, con la primera constitución francesa, este texto toma el rango de norma superior, la génesis del derecho constitucional, forjando un orden social con la naturaleza a base de normas establecidas.

De la constitución deriva:
Códigos: Civil, Penal y Mercantil
Normas por rango: Leyes orgánicas > Leyes ordinarias > Reglamentos

Todas las leyes se deducen de la constitución, que permite establecer el orden. El constituyente actúa, forma la constitución, y deja de actuar. Deja que gobierne la constitución, la norma máxima. Este es el proceso de estatalización de la nación y nacionalización del Estado.

La intención es que sea algo definitivo, el texto escrito es la expresión de la objetividad y racionalidad, dando mayor seguridad, con derechos individuales y no colectivos. La asociación, por ejemplo, está prohibida, porque es ya una facción, que los liberales primigenios aborrecen, por atentar contra las libertades individuales.

viernes, 12 de diciembre de 2008

Unos insultan, los otros también… ¿todos se disculpan?


Hace unos días Pedro Castro se preguntaba “por qué hay tanto tonto de los cojones que vota a la derecha”, y el supuesto centro se ofuscaba: derecha encubierta, derecha manifiesta. Luego, Joan Tardà llamaba “corrupto” al Tribunal Constitucional y gritaba “mori el Borbó” ante las juventudes de su partido. Los que pedían la abdicación del rey, la derecha mediática, y los que luego votaron con ellos contra los Presupuestos en el Senado, que no servirá de nada, ya que el Senado no sirve tampoco de nada. Ahora, Manuel Fraga dice que habría que ponderar el peso de los partidos nacionalistas “colgándolos de algún sitio”. Los conservadores, beligerantes con Castro o Tardà, dicen que esta ocurrencia (menudencia, que diría el inefable Fraga) es una “expresión muy ambigua”. Ambigua es la posición de la derecha. Perdón, el centro.

Pedro Castro, Joan Tardà, y en su momento, Gómez-Navarro, pidieron disculpas. Disculpas aceptadas. Carlos Fabra, Manuel Fraga, Arias Cañete, Losantos, Rajoy, Vidal Quadras, etcétera, etcétera… ¿pidieron perdón? No.

La idea no es lanzarse los insultos a las cabezas de los contrarios, ni hacer de esto una guerra de palabras, es recordar. Recordar quiénes cometen un error, un exceso, y quiénes se disculpan. Simplemente, saber quién tiene educación y un poco de vergüenza. Recordemos también quién abandonó a los suyos para escapar de Bombay, Esperanza Aguirre. Parece que su acto de cobardía y falta de sentido de Estado pasa impune, mientras los insultos entre políticos no dejan de pasar ante nuestros ojos.

Reválida para Irlanda

Irlanda debe volver a votar otra vez en referéndum el Tratado de Lisboa, que ya votó en contra el pasado 12 de Junio. El Tratado es mucho peor que aquel proyecto de Constitución para Europa, es mucho más un acuerdo de mínimos, una Europa mínima y un futuro mínimo. ¿Sabéis que la bandera y el himno de Europa dejarán de ser oficiales? Sólo se mantendrán en los países que quieran por un acuerdo.

Conociendo este y más hechos, los líderes europeos quieren un Niza segunda parte, cuando Irlanda tuvo que volver a referéndum para aceptar el tratado, al que ya dio negativa. En su momento Niza era algo más, un avance, el tratado previo a la Constitución fallida, que, si bien tenemos en cuenta sus carencias, era el paso a la Europa más unida. Pero es que este Lisboa segunda parte es para imponer una Europa dividida, de un mercado único, pero veintisiete voces distintas para los problemas económicos y sociales. ¿Qué sirve detener la ampliación legislativa al Parlamento Europeo? ¿Qué sirve esta Europa de varias velocidades? No, Europa tiene que seguir caminando hacia la unión federal, hacia el mejor mercado, hacia la mejor legislación y hacia la mejor integración. Toda Europa unida, en este mundo que cambia muy aprisa. Porque veintisiete entre doscientas naciones son nada, y una Europa única es algo igual o mejor que unos Estados Unidos de América, que la Rusia de Putin o la dictadura de China.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Anti-algo

Dice Ortega y Gasset en su Rebelión de las Masas, en el Capítulo X "Primitivismo e historia":

No cabe duda de que es preciso superar el liberalismo del siglo XIX. Pero esto es justamente lo que no puede hacer quien, como el fascismo, se declara antiliberal. Porque eso –ser antiliberal o no liberal- es lo que hacía el hombre anterior al liberalismo. Y como ya una vez este triunfó de aquel, repetirá su victoria innumerables veces o se acabará todo –liberalismo y antiliberalismo- en una destrucción de Europa. Hay una cronología vital inexorable. El liberalismo es en ella posterior al antiliberalismo, o, lo que es lo mismo, es más vida que este, como el cañón es más arma que la lanza.

Al primer pronto, una actitud anti-algo parece posterior a este algo, puesto que significa una reacción contra él y supone su previa existencia. Pero la innovación que el anti representa se desvanece en vacío ademán negador y deja solo como contenido positivo una "antigualla". El que se declara anti-Pedro no hace, traduciendo su actitud a lenguaje positivo, más que declararse partidario de un mundo donde Pedro no exista. Pero esto es precisamente lo que acontecía al mundo cuando aún no había nacido Pedro. El antipedrista, en vez de colocarse después de Pedro, se coloca antes y retrotrae toda la película a la situación pasada, al cabo de la cual está inexorablemente la reaparición de Pedro. Les pasa, pues, a todos estos anti lo que, según la leyenda, a Confucio. El cual nació, naturalmente, después que su padre; pero, ¡diablo!, nació ya con ochenta años, mientras que su progenitor no tenía más que treinta. Todo anti no es más que un simple y hueco no.

Hallo muy acertado el mencionado pasaje de esta obra, cuya lectura que estoy realizando estos días está próxima a finalizarse. En la obra hay cosas que veo muy bien pensadas, una filosofía bien estructurada, y cosas que quizás no esté de acuerdo, pero de todo eso hablaré cuando termine de leer el libro. Este pasaje no hace sino darme la razón cuando lanzo la crítica a quien prefiera denominarse anti-algo. Antifascistas, anticapitalistas, anticomunistas, anticlericales, antinacionalistas, etcétera, la lista es inmensa.

Yo veo en el anti-algo la aceptación, digámoslo derrota, de lo que ya existe, aun estando en contra, pero sin dar una alternativa consecuente a ello. Como dice Ortega, es un simple y hueco no. El socialismo, por ejemplo, en sus inicios, y creo que mucha parte de él actualmente, no es antiliberal. No es antiliberal en tanto que propone la superación del liberalismo, reconociéndolo como un estadio positivo en la historia y el progreso humanos, para llegar a una situación superior, perfeccionada. El socialismo no es antiliberal, es socialismo. Y si aceptamos la idea de progreso, a este planteamiento le sucederá otro en el futuro, y así sucesivamente.

Por eso, cuando oigo o leo que fulano, mengano, y todo un grupo de individuos radicales y violentos se denominan antifascistas, o el partido tal o cual se enorgullece de ser anticapitalista, esto es un castillo de aire. No es satisfactorio oír que se es anti-algo. Muy bien, ¿pero qué se propone? Como Ortega piensa, tendríamos que volver a lo anterior, que sabemos que existió, porque no tenemos una alternativa elaborada y consecuente. Toda construcción que de momento han hecho no son más que utopías ingenuas, igual de ingenua que la gift economy a gran escala.

Si se preguntan estas gentes por qué sus posiciones son tan minoritarias, aunque en algunos sitios una minoría considerable, es porque esta conducta del anti-algo es un profundo desasosiego, una crítica al presente sin otorgar futuro alguno. La gente vive y come de la realidad del presente, no de construcciones oníricas, eso lo podemos dejar para el cultivo del espíritu. Pero el presente sigue, hay que seguir. Por eso son mayoritarias aquellas políticas o ideologías que sostienen el presente, con su gestión, sus programas y sus propuestas. Mejorando el presente, variando los puntos de vista hacia ese presente, y con ello se construye el futuro.

El fuego griego


Estos días Grecia vive inmersa en una convulsión social. La muerte de Alexandros Grigoropoulos ha dado rienda suelta a la violencia y al vandalismo; como aquí la muerte de Carlos Palomino, bien vale de excusa para desahogar los instintos violentos.

Al Gobierno conservador de Karamanlis se le ha escapado la situación de las manos, lo mismo que el futuro político de su mayoría. Su política neoliberal muestra, como en el resto de los países con políticas similares, síntomas de haber muerto, incapaz de resolver la crisis. El paro joven es muy superior al del resto de Europa, las clases humildes viven en una situación más precaria, no olvidemos que Grecia es de los países que están muy por debajo de la media de la UE, donde el Estado del bienestar aún no ha sido plenamente desarrollado y donde la inversión educativa o social es ridícula.

Las manifestaciones de violencia estudiantil es la minoría de lo existente, de un movimiento amplio de protesta y rechazo al Gobierno griego. Pero esta minoría hábilmente ha sabido protagonizar lo que más ruido hace, a costa de la violencia callejera y de propagar el miedo. Igual que aquí hace un año, pero llevado a la máxima potencia. Allí los jóvenes sí tienen más motivos para quejarse de su situación, no en vano se les llama la "generación de los 700".

Si el movimiento torna a una deriva de violencia simple, perderá toda razón y será cada vez más minoritaria. Si el movimiento se desprende de la minoría radical, gozará de mayor coherencia y mejor mensaje, y esto sí será peligroso para el Gobierno conservador, y podría propiciar el cambio que Grecia necesita. A esto hay que añadirle que los socialistas renueven su mensaje para hacer frente a la situación económica y social, ya no valen las viejas fórmulas.

martes, 9 de diciembre de 2008

Los gritos de ERC y las huidas de Aguirre

Los conservadores han vuelto a iniciar otra campaña de acoso y derribo, esta vez contra Joan Tardà, diputado de ERC. Si bien es cierto que sus palabras son completamente inadmisibles, además de sin sentido histórico (luego diré por qué), la polémica no es tal, sino que es otra cortina de humo contra el verdadero problema que de verdad es relevante: Esperanza Aguirre huyó. Los conservadores han admitido implícitamente que la imagen dada por Aguirre ha sido tan cobarde que no piensan descansar hasta que lo olvidemos. Piensan, erróneamente, que somos tontos, y que con excusas como los exabruptos de Pedro Castro o Joan Tardà nos vamos a dejar engañar.

Al igual que Pedro Castro, Joan Tardà ha pedido perdón, y tenemos que aceptar sus disculpas. Sus palabras se encuadran en un acto contra la Constitución, orquestado por sus juventudes. Como se supone que las juventudes de los partidos son más radicales que su propio partido, aunque sólo de palabra, necesitaban un mensaje muy encendido. Tardà en esta cuestión cumplió, les gritó el “viva la república” (catalana, sólo para ellos, como todo el mensaje nacionalista-egoísta) y añadió el “muera el Borbón”. Como justificante, Tardà argumentó que era el grito en la guerra de Sucesión en Cataluña. Si Tardà lee los libros de historia, ese grito lo proferían otros monárquicos, en este caso los austracistas, y en nombre de España, de su idea de España, pero España a fin y al cabo. Un republicano, un independentista, ¿qué hace gritando esas cosas? No ha pasado mucho desde que también las Juventudes de ERC dieran un homenaje no a un republicano, ¡sino a Jaume I!, el creador de los “Països Catalans”. Igualmente los abertzales batasunos homenajean a Sancho el Grande, ¡rey! de Navarra. Parece que la historia ha bajado tanto de nivel que es digna de ser prostituida de esta manera.

Esperanza Aguirre huyó de Bombay, eso no lo vamos a olvidar, aunque ahora le diera la gana a Ibarretxe bailar sevillanas. Por muchos Pedros Castros que haya, por muchos Joans Tardàs que existan, o por muchos fulanos y menganos, no olvidamos. En Bombay, Aguirre no sólo se dejó a su delegación, se dejó la vergüenza y la máscara de estadista tramposa.

lunes, 8 de diciembre de 2008

ETA débil

Hoy ha caído el supuesto nuevo jefe de ETA, Aitzol Iriondo, apenas tres semanas de la detención del anterior, Txeroki. Uno de los dos es el instigador primario del asesinato de Ignacio Uria.

Para aquellos que sigan creyendo en esa ETA "fortalecida", por un Gobierno que se rinde ante ella, que pacta con ella y que le dice que sí a todo. La realidad, con cada vez más detenciones, más rápidas y más perjudiciales para los terroristas, se encarga de quitarles la razón: ETA está contra la pared y sólo le queda, como los animales, morder para defenderse. Ahí está la razón de sus últimos atentados, no son atentados por fortaleza, son los coletazos de una organización que no puede más.

Como muchas veces escribí aquí, no es la vía policial la única medida para destruir a ETA. Aunque se la desarticule, aunque se meta cada vez más etarras en la cárcel, siempre le queda la cantera radical formada en la kale borroka, y aún conserva su base social, cada vez más menguante. Desarticular a ETA pasa por separarla de su base social, que cada día que pasa ve con mayor claridad que la realidad no juega a favor de los asesinos, y que su silencio ante sus crímenes está cada vez peor visto en Euskadi.

El pensamiento político de Rousseau


Jean-Jacques Rousseau poseía un carácter melancólico. Su familia, emigrada a Suiza y perteneciente a la clase media, profesaba la fe calvinista. Ahí, en Ginebra, Suiza, nació en 1712. A la muerte de su madre se educó con un pastor protestante y trabajó en el servicio de un tiránico maestro grabador. Se escapó y acabó en un hospicio en Turín, donde abjuró del calvinismo y se hizo católico.

En 1728 entabló relación con Madame de Warens, quien le proporcionó una educación esmerada y ayudó en su afición por la música, estudiando también álgebra. Se va vinculando a los círculos intelectuales de París. Sus trabajos de música, como óperas, tuvieron un éxito limitado, y su proyecto de notación musical fue rechazado. Inició una relación sentimental con una costurera que le dio cinco hijos, que pasaron a orfanatos por problemas económicos. Se vinculó a grandes ilustrados como Diderot, D’Alembert y Voltaire y traba amistades superficiales, y se acaban distanciando.

Rousseau acaba marginado, vuelve al calvinismo y se renacionaliza suizo. En un discurso en 1750 sobre ciencias y artes plantea un desajuste entre progreso material y progreso cultural. En 1754 mantiene en un discurso la existencia de desigualdad entre los hombres, planteando el origen de todos los males. Cuestiona los pilares de la Ilustración, el laissez-faire y el individualismo. Murió en Ermenonville, Francia, en 1778.

Sus obras más importantes fueron "El contrato social" y "Emilio", ambos de 1762. En ellos sienta las bases de la democracia y la educación natural. Son obras tan avanzadas para la época que resultan prohibidas. Poco a poco inicia un periplo, a Reino Unido, volviendo a Francia… habitando en casas de amigos. Realizó también dos obras por encargo, las "Consideraciones sobre el gobierno de Polonia" de 1772 y el "Proyecto de Constitución para Córcega" de 1775, de aplicación práctica de "ciudades democráticas".

Rousseau sostiene que las ideas ilustradas corrompen a los hombres, porque éstas no conseguían que los individuos fueran más libres, más felices y menos malos. Cuestiona el principio del progreso, fijando su atención en el progreso material y en el progreso cultural y moral. Ve que el progreso técnico es evidente, pero no el otro. Entonces, si no se ha conseguido no se puede ser optimista, la idea ilustrada entonces no funciona, porque el progreso debe ser completo.
Cuestiona la Razón. No se asienta sobre la Razón ilustrada, acusándola de muy fría y matemática, homologando a los individuos para hacer cálculos y modelos. Para Rousseau cada hombre tiene determinadas características y facultades.

Cuestiona la idea de Naturaleza. Los ilustrados quieren legitimarse siguiendo las leyes de la Naturaleza. El modelo social, según Rousseau, se encuentra a medio camino entre sociedades burguesas y aristocráticas, la naturaleza es cuando el hombre se encuentra consigo mismo. El ilustrado vive de las apariencias, vive en una sociedad opresiva, quiere un nuevo modelo recuperando lo que pudo ser el hombre natural.

Rousseau no quiere recuperar el momento histórico, para él, la sociedad natural sólo es una hipótesis, quiere construir un modelo que limite esos daños. Hay dos derechos insustituibles para los hombres: deben ser libres e independientes. Rousseau no reconoce la propiedad, la familia o la prohibición en el hombre natural. Ese hombre natural es poco más que un animal, cuyo único interés es la subsistencia y en esa lucha mantienen relación con los otros hombres, una relación de enfrentamiento entre unos con otros.

Los hombres no son sociales por naturaleza, la sociedad es una ruptura. Contradiciendo a Hobbes, el hombre no es un lobo para el hombre, el todos contra todos se aprende en la sociedad. En esto Marx se influye en Rousseau. Los hombres se caracterizan en este mundo por la apatía e indiferencia, son felices sin saberlo, son libres sin saber qué es la libertad, son inocentes porque no tienen inocencia.

Se sale de eso a unas facultades inherentes: piedad y perfectibilidad. Piedad es simpatía o atracción que todo ser viviente tiene hacia otro en el que se siente reflejado. Se manifiesta como humanidad, bondad y solidaridad. La perfectibilidad es capacidad para desarrollar la razón, la racionalidad.

El primer paso a la socialización: familias, comunidades, sociedad y lenguaje. Los hombres se dedican en un primer momento a la caza y el pastoreo, se cubren las necesidades en cooperación, se mantiene la libertad y la independencia. La única sujeción es la familia, de carácter temporal, hasta que los hijos se puedan valer por sí mismos.

La ruptura se produce con el cultivo y la minería. Esto produjo que unos hombres acumulasen más que otros, que se quedaron como antes, naciendo la desigualdad. Se produjo entonces la caída del hombre y la esclavitud, la lucha de todos contra todos en la sociedad, los fuertes expropiaron a los débiles y se crearon ricos y pobres.

Entonces surge el Estado al servicio de los de arriba para garantizar su propiedad, engañando a la mayoría desposeída con argumentos falaces, y los pobres se lo creen y acceden. Se crean leyes, se organiza el Estado y se instituye totalmente la desigualdad. Este Estado se torna despótico, donde gobierna uno y no la ley, y universaliza la servidumbre de los demás.

Todos los gobiernos se basan en pactos inicuos e injustos porque se hizo aceptar unas leyes y organización pensando que lo hacían por la libertad, pero en cambio eso produjo la servidumbre. Este pacto es inválido porque incluye la negociación de la libertad, y ésta junto con la independencia es innegociable.

Frente a todo esto Rousseau propone el verdadero contrato social.

Este pacto social debe garantizar la libertad y la independencia, junto con la igualdad. Rousseau no busca volver al pasado sino huir para adelante, porque la Naturaleza no procede, sino actuar sobre lo existente. Esto se consigue con las facultades de hombre anteriormente mencionadas: piedad y perfectibilidad.

El contrato social debe asentarse en el consentimiento de los gobernados. A partir de ahí, lo que se plantea es encontrar una forma de asociación que proteja la persona y bienes de cada asociado, no obedezca más que a sí mismo y sea tan libre como antes. Todos los individuos conservan sus derechos y adquieren los mismos que los demás ceden, formando una comunidad que tiene vida propia, que antiguamente se llamaba "ciudad" (civitas), y en la actualidad "república" (res publica).

Rousseau señala dos elementos: el pasivo y el soberano. En esta comunidad se les llama pueblo y ciudadanos, súbditos en cuanto sujetos a la autoridad del Estado. El Estado es pasivo, el soberano es el órgano activo y la potencia respecto a otros. La voluntad general es diferente a la voluntad de los individuos, y a la suma de esas voluntades. Es superior, se identifica con el deseo colectivo y racional, que lleva al bien común, que es la finalidad del contrato social. La ley que deriva de esto es la expresión de esa voluntad general, su forma de expresarse.

Hay dos niveles de actuación, propio de su singularidad, propio de esos individuos, y un nivel de actuación genérico, les corresponde dos voluntades: particular y genérica.

La voluntad genérica es lo que más se identifica con el hecho de ser hombre, la que tiene valor, se identifica con la voluntad general. Los hombres no se entregan a algo extraño, sino realizar su voluntad genérica. Esto es el paso del liberalismo a la democracia.

La voluntad general es específica del poder político, la voluntad particular es el propio bien de cada individuo, y la voluntad genérica es preocuparse por los demás. A través de la voluntad general se persiguen los objetivos de la genérica.

La libertad, para Rousseau, es hacer que la voluntad genérica domine sobre la voluntad particular para ser auténticamente libre. Así, con el contrato social se consigue la libertad y un beneficio añadido: ser libre en moralidad y en virtud.

Rousseau acaba aceptando la existencia de la propiedad privada, pero ésta debe ser limitada, y redistribuida, porque no debe existir tanto desequilibrio.

Se acaba identificando al soberano con la voluntad general, con un cuerpo político y con la ley. El soberano es la totalidad del pueblo, la ley es la expresión de su voluntad. Esta soberanía no se transfiere, solo puede ser ejercida por el pueblo, de forma directa, sin representantes, si acaso delegados y siempre supeditados a las órdenes del soberano. Rousseau se inspira en las polis clásicas y en explicación a su ciudad, Ginebra, en pequeñas comunidades. Esta teoría es la democracia radical, que se pondría de manifiesto en la Constitución francesa de 1793, la etapa de la Convención jacobina. Para evitar esta democracia radical, Tocqueville y Stuart Mill hablarán de democracia representativa, para hacerla más amplia.

La soberanía no puede dividirse, por eso no acepta la división de poderes, solo puede ser uno, sin partidos ni particularidades. Esta soberanía es absoluta, infalible, siempre quiere el bien común. No tiene límites ni obligaciones, y no habría riesgos puesto que los individuos siempre tienen poder constituyente. Como esta teoría era muy peligrosa en su tiempo, Rousseau le incorporará limitaciones para que no sea acusado de absolutismo.

Como la soberanía pertenece al pueblo, que posee siempre el poder constituyente y absoluto, lo puede hacer todo. Pero Rousseau declara que no puede establecer cadenas o leyes inútiles ni ir más allá de las convenciones generales.

La propiedad privada se limita, cuando es excesiva, por el contrato social y cumpliendo la ley, eliminando los abusos y garantizando la libertad.

La ciudad está en permanente educación, intentando que no se degrade, para crear ardientes patriotas para sacrificarse por la comunidad. La ignorancia puede impedir ver al pueblo cómo encontrar el bien; así, debe haber alguien que lo ayude: el legislador fundador, un ser extraordinario para que el pueblo se pueda constituir como tal, para articular la voluntad general. Aquí está la idea de un caudillo genial, ideal que adoptará el cesarismo democrático bonapartista.

La forma de gobierno que observa Rousseau es distinguir del soberano el gobierno, que son magistrados que ejecutan las leyes, como suprema administración y cuerpo intermedio entre súbditos y soberano, es un delegado subordinado. La forma legítima que Rousseau ve es la que el pueblo ejerce colectivamente el poder soberano, la república.

Esta república se divide en democrática, aristocrática o monárquica. Intuye que el mejor gobierno es el aristocrático, donde un grupo de individuos ejecutan las leyes. Las formas ilegítimas que proclama son la oligarquía, el despotismo y la oclocracia, en los cuales el gobierno usurpa atribuciones del soberano. El término oclocracia es complicado, sería como si el pueblo se "usurpara a sí mismo", y sería que el gobierno lo ejercería la mayor parte del pueblo.

El pensamiento de Rousseau ha sido objeto de muchas críticas. La extrema derecha le acusa de ser un individualista extremo y de secularizar el poder confundiendo al pueblo con Dios. Benjamin Constant lo tacha de precursor del totalitarismo. En el gobierno jacobino del Terror el Comité de Salud Pública intentará abrogarse el papel de legislador supremo.

Sin embargo, de su pensamiento beben Kant, Fitche, Hegel, los socialistas utópicos, el socialismo marxista, el republicanismo y la democracia de Alexis de Tocqueville y John Stuart Mill.

sábado, 6 de diciembre de 2008

30 años de libertad (II): Presente y futuro de la Constitución


En la anterior entrada hablé sobre el constitucionalismo español, a lo largo de su historia, desde Bayona hasta las leyes fundamentales franquistas. Ahora toca hablar de lo actual, de la Constitución de 1978.

Decía, sin riesgo de equivocarme, que la actual constitución ha sido la construcción constitucional más positiva para España, por los largos años de progreso, democracia y libertad.

Esta gran obra no habría sido posible sin la inmensa labor de sus siete padres Gregorio Peces-Barba, Jordi Solé Tura, Miquel Roca, Manuel Fraga, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, Gabriel Cisneros y José Pérez Llorca. Deberíamos considerarlos los siete padres de la Nación actual.

Estos treinta años España ha cambiado, de país en crisis económica y peligro de involución golpista, a un país poderoso, próspero y enteramente democrático. Curiosamente, de nuevo en crisis económica. Pero, como en su día dijo Alfonso Guerra, "a España no la va a conocer ni la madre que la parió". Totalmente cierto.

La Constitución, y las instituciones que creó o legitimó, como la Monarquía, las Cortes y los distintos gobiernos que se han ido sucediendo, han cumplido satisfactoriamente su papel. Sin embargo, el paso del tiempo va demandando cambios.

Esos cambios se suelen ver en la necesidad de reformas de amplio calado, tales como la reforma electoral, la especificación de las competencias estatales y autonómicas, la laicidad total del Estado, etcétera.

De momento, parece que no existe consenso a la hora de tocar la Constitución. Los conservadores quieren limitar las competencias autonómicas y reforzar el castellano; los socialistas quieren que se recoja un Estado laico y la reforma de la sucesión; Izquierda Unida y UPyD quieren que el sistema electoral les salve de verse expulsados del Parlamento; y los nacionalistas persiguen el Estado plurinacional y la posibilidad de irse legalmente si sus territorios, naciones, autonomías, así lo desean. Esta última reclamación podría ser igualmente llamada "legitimar el egoísmo territorial" o permitir que el Estado abandone a esos ciudadanos al clientelismo y discurso anacrónico de sus nacionalismos. No hay acuerdo posible de momento, más que para el maquillaje. ¿Vale la pena una simple operación estética, unos pocos parches?

La Constitución ha cumplido su papel, y su reforma parece muy difícil. Han ido poco a poco surgiendo problemas en el funcionamiento del Estado, que no pueden dejarse sin solucionar. ¿Cuál es la solución? A mi modo de verlo, sólo puede haber una solución: la refundación. La ciudadanía española, el pueblo español, el depositario de la soberanía nacional, debe volver a pronunciarse con todo su máximo poder: abrir un nuevo proceso constituyente que posibilite la solución de los problemas estructurales del país.

Por un lado, el rey Juan Carlos I goza de una legitimidad apuntalada por su papel en el golpe de 1981 y su comportamiento impecable a lo largo de estos treinta años. Es una legitimidad carismática, que sustenta a la monarquía con mucha más fuerza que la que dicta la Constitución o los deseos de Franco al nombrarle sucesor en 1969. Esta legitimidad carismática no es hereditaria. ¿Qué méritos tendrá el príncipe Felipe para acceder al trono? No es electivo, no es democrático, es un resabio de la tradición monárquica en la historia, chocando con las nuevas tradiciones, que nacen en la Ilustración y se desarrollan desde entonces: toda institución del Estado debe contar con el respaldo de la soberanía nacional. Ese respaldo se manifiesta por el voto. La monarquía no se vota, no hay respaldo por tanto. ¿Cuál es el mérito existente para acceder a la Jefatura del Estado? Ser hijo, o descendiente, de reyes no es un mérito democrático.

Así pues, el primer paso de la refundación es la instauración de una república. Y en tanto que seres inteligentes que somos, hemos aprendido de la historia, y no estamos dispuestos a repetirla, y a matarnos entre nosotros. Todo paso en la refundación debe contar con amplio respaldo del pueblo soberano. Esta refundación debe tener una máxima: mejorar, perfeccionar. Perfeccionar la Justicia, hacer más cercano el Ejecutivo, fortalecer el Legislativo. Sin Senado, ni como segunda cámara ni como cámara territorial. En la soberanía nacional cuenta el pueblo, no los territorios.

El Estado y sus instituciones deben mejorarse, adaptarlas, darles unas normas precisas. No sólo a ellas, sino que todos tenemos que interiorizar estas normas para que pueda funcionar una Estado democrático y la virtud cívica. Esto es difícil de lograr si no se establecen unas normas para gobernantes y gobernados: honradez en la gestión, honradez en la transparencia, honradez en la convicción democrática. Dicho de otro modo: no hay derechos sin responsabilidades.

La Nación, en tanto que se compone de cuantos ciudadanos existen en el país, es ya en sí misma plural. No es exclusiva, ni excluyente, sino todo lo contrario, es la Nación política. Su máximo ideal es la solidaridad entre los miembros de la comunidad, nunca puede pretender la exclusión de una parte y la práctica del egoísmo. Como ente englobador, su discurrir histórico es su ampliación: la construcción de una Europa unida, y de un mundo unido, el fin de los egoísmos, de las luchas sin sentido y de las ambiciones personalistas, que no personales. No hay mesías ni salvadores de las patrias.

El ideal de la Nación es la solidaridad; el Estado debe posibilitar ese ideal. No hay que tener proposiciones egoístas, rechazos al progreso común. La igualdad real, la igualdad de oportunidades, ha de existir para todos los ciudadanos de la comunidad. Sólo la refundación puede hacer que se plantee y se exija este ideal. La solidaridad propicia y permite la igualdad de oportunidades.

Los territorios no cuentan; los territorios, por sí mismos, no tienen vida ni historia, sólo los ciudadanos la tienen. Por eso el Legislativo debe ser una cámara. Sólo la solidaridad, y no el egoísmo, puede estar en boca de los representantes de cada comunidad, de cada región, de cada nación, para el resto de los ciudadanos. El bien común, y no el propio, es el prioritario. ¿Debemos sentirnos cómodos viviendo en un país próspero, aun a sabiendas de que millones de personas no tienen casa, trabajo, comida, o un futuro prometedor? Todos debemos trabajar para eliminar esas desigualdades. La solidaridad no se detiene en las fronteras del Estado, la solidaridad trasciende a toda frontera. Aunque no cuenten los territorios, la estructura del Estado refundado podría ser la federación, en tanto que facilite la gestión y posibilite la transpariencia y eficiencia. Recordando que la federación en una unión indivisible, de los ciudadanos, en una estructura mayor, con una única soberanía. No una confederación, que es de los territorios, donde existen diversas soberanías, libres de decidir su propio camino, y, por tanto, cercanas a la tentación egoísta.

La libertad, junto a la solidaridad, es el otro gran principio. Sin ella, no vale nada lo demás, no puede haber un mundo sin libertad. La libertad consiste en poder hacer todo aquello que no cause perjuicio a los demás, como bien recoge la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano francesa. Libertad para pensar, libertad para opinar, libertad para expresarse, libertad para actuar y libertad para decidir. Sin ello, la vida está vacía de contenido. Nadie, ni persona, constitución, territorio o tradición, puede arrebatar estos principios.

¿Qué se pretende con todo esto? Mejorar el Estado, proteger la libertad, asegurar el progreso. Y, sobre todo, recuperar para la ciudadanía la cosa pública, darle representantes y servidores conscientes de sus derechos y responsabilidades. La res pública tiene que ser eficiente, para que la sociedad sea eficiente, democrática, y libre de poder alcanzar la felicidad y el bienestar.

30 años de libertad (I): La historia del constitucionalismo español


Hoy se cumplen treinta años desde que la actual Constitución española fuese aprobada en referéndum. En 1978, sus siete padres, Gregorio Peces-Barba, Jordi Solé Tura, Miquel Roca, Manuel Fraga, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, Gabriel Cisneros y José Pérez Llorca, concibieron el texto que más libertad, progreso y democracia ha dado a España.

Esta Constitución rompe la tradición nefasta de las constituciones de partido, que tantas crisis, pronunciamientos y guerras han producido en España.

Recordando la historia del constitucionalismo español, los grandes cambios se dieron con constituciones muy progresistas, efímeras también. El Estatuto de Bayona es, antes que la Pepa de Cádiz, el texto constitucional más antiguo de España, de 1808. Presentado por Napoleón a una asamblea de notables españoles, era la legitimación de la ocupación francesa y de José Bonaparte en el trono, como carta otorgada, sin romper mucho con la sociedad del Antiguo Régimen.

La Constitución de Cádiz de 1812, la Pepa, es mucho más significativa que el Estatuto de Bayona. Elaborada por los diputados que representaban una España en guerra con el invasor, pero reconociendo que el Antiguo Régimen ya no tenía validez, imbuidos de la idea que representaban a la soberanía nacional, dieron una nueva estructura al Estado y a la sociedad, arrancando desde cero, sin tener compasión por la tradición y la historia. Estaban influidos en la Constitución francesa de 1791, con un modo asambleario e inspirados en las ideas de Rousseau. Con un temor comprensible, sabiendo los hechos de 1814, a la vuelta del absolutismo por parte de Fernando VII, bloquearon la constitución y limitaron su papel regio. La historia se encarga de decirnos que esto no fue suficiente para combatir al viejo régimen. Esta constitución sólo pudo ser efectiva en tres períodos, de 1812 a 1814, de 1820 a 1823 y de 1836 a 1837.

El Estatuto Real de 1834, una nueva carta otorgada, breve, era el puente entre lo antiguo y lo nuevo. Era, prácticamente, un simple conjunto de normas de convocatoria de Cortes, con sus atribuciones y las de la Corona. El cambio se dio con la Constitución de 1837. De ideología progresista, ¿era una constitución de partido? Pues se pretendió que no lo fuera, para contentar a los liberales moderados y progresistas, con cortes bicamerales, sufragio censatario, unos escasos derechos individuales, pero con el reconocimiento de soberanía nacional.

Los moderados, sin embargo, tenían otras ideas. La Constitución de 1845 es el modelo del liberalismo doctrinario, de la constitución de partido y de la constitución histórico-tradicional. Pretende basarse en la tradición histórica, y por ello la soberanía deja de ser nacional para pertenecer al Rey con las Cortes. La preeminencia del monarca es total, frente a unas Cortes divididas entre un Congreso de sufragio muy limitado, y un Senado de elección regia y vitalicio. El proyecto progresista de 1856 no era más que esta Constitución junto el reconocimiento amplio de derechos y del sufragio censatario amplio.

La Constitución de 1869 fue otro gran avance del constitucionalismo, e igualmente efímero. Era la primera constitución democrática de España, elaborado por progresistas, unionistas y demócratas, si no fue constitución de un único partido, lo fue de una coalición de gobierno, frente a la oposición republicana y carlistas. Reconocía el sufragio universal masculino, los derechos sociales, la libertad de prensa, de enseñanza y culto, entre otras. La intransigencia de los gobiernos que se sucedieron, junto con el latente fraude electoral, fue suficiente para que el rey Amadeo I dijera basta y dejara el trono. El proyecto constitucional republicano de 1873 sí volvía la constitución de partido, el republicano federal, tampoco muy sorprende (las cortes estaban prácticamente formadas por diputados republicanos federales por la abstención del resto de partidos). Se proclamaba una república federal, como el modelo norteamericano, con un parlamento bicameral, diecisiete estados y división de competencias entre el poder federal y el poder estatal. Por lo demás, los derechos y conquistas de 1869 se mantenían. La debilidad de la I República hizo imposible su salida adelante.

La que de momento es la constitución más longeva de España es la Constitución de 1876. ¿Constitución de partido? Constitución de Cánovas, simplemente, a mi entender. Cánovas fue un político muy inteligente, comprendía perfectamente que se había acabado el modelo del partido moderado isabelino. Su "logro" fue, básicamente, extender el ámbito de la constitución y del sistema al partido liberal de Sagasta. El modelo canovista recogía la tradición histórico-tradicional y la influencia británica de sistema bipartidista, volviendo a la soberanía de rey con las Cortes. El coste de mantener todo ello fue la expulsión del sistema de todos los demás partidos y de institucionalizar el fraude electoral. Esta constitución fue lo suficientemente flexible como para arrancar de un sistema censatario, conservador y autoritario a permitir las reformas sagastinas de sufragio universal masculino y reconocimiento de los derechos sociales. Como digo, su precio fue el fraude electoral, el distanciamiento entre clase política y el pueblo y la disgregación de sus partidos conservador y liberal, base del sistema. El desastre fue tal que la única alternativa a esta agonía constitucional fuese o la revolución social o la dictadura militar. Regeneracionista, eso sí, muy alejado de lo que fue la dictadura franquista.

El proyecto constitucional de la dictadura de Primo de Rivera se aleja del liberalismo español. Su influencia es regeneracionista, huyendo de la tradición liberal que, tomando como modelo el sistema de la Restauración, no había hecho más que dar a luz a una clase política corrupta, al falseamiento del sufragio y a impedir la regeneración de España. Sus medidas reformistas fueron, frente a la revolución, la única solución que le quedaba al país. El dictador nunca pensó que su régimen iba a ser eterno, como la Italia fascista, sino transitorio, hasta una nueva constitución y un régimen democrático regenerador. Hasta albergaba la idea de la alternancia democrática entre PSOE y su Unión Patriótica, de ahí la inicial colaboración socialista. Su proyecto constitucional fracasó por sus posturas corporativistas, su asamblea corporativa, el fin del apoyo socialista y de la confianza del rey. Sin olvidar la persistente falta de apoyo de los viejos políticos liberales. Ni este sistema, por tanto, ni la vuelta al de la Restauración, fueron posibles. Sólo quedaba, antes que la revolución, la república.

La Constitución de 1931 bebía del modelo de constitución de la República alemana de Weimar. Elaborada por los republicanos de izquierda y socialistas; como la de 1873, su resultado era casi obligatorio, por falta de presencia de la derecha en las Cortes constituyentes. Igualmente, era un avance radical, quizás fue demasiado radical para una España no preparada y dividida en dos polos muy tensionados. Sus grandes logros eran el sufragio de ambos sexos, el reconocimiento de las autonomías, la separación de la Iglesia y el Estado y derechos tales la libertad religiosa, de expresión, reunión, asociación, petición, libre residencia, circulación, de elección de profesión, inviolabilidad del domicilio y de la correspondencia, igualdad ante la justicia, protección a la familia, derecho al divorcio, al trabajo, a la cultura y a la enseñanza. La violación de los intereses de las viejas clases dominantes era tan radical que ¿quién piensa que no iban a reaccionar? El avance en la historia da miedo a los viejos dominantes.

Como fallos, Madariaga señala la flojeza del ejecutivo o la falta de Senado. Las Cortes unicamerales obedecen a la tradición de los regímenes más radicales, como Cádiz o la I República, y a Rousseau, con preeminencia sobre el resto de poderes, por desconfianza hacia el ejecutivo. Pero, también por contexto, seguía la tradición constitucional de entreguerras y el miedo al totalitarismo, como pasó en Italia o en Alemania.

Finalizando, el aparato pseudoconstitucional del franquismo rompe totalmente con cualquier tradición liberal, diseñando un Estado autoritario, antiliberal, anticomunista y católico, basado en los principios del Movimiento Nacional. O lo que es lo mismo, de la voluntad de Franco. Toda ley fundamental que se realizó fue para legitimar al nuevo Estado, las decisiones del dictador y la conservación de los intereses de las oligarquías, como la Iglesia, el ejército y las viejas clases dirigentes. Ni con la derrota del Eje en 1945 se perdieron estos principios. Se desnudó al Estado y la ley de su influencia falangista, pero quedaron los principios autoritarios. Sin libertades reales, sin derechos garantizados. Sólo obligaciones y falta de seguridad jurídica ante un Estado arbitrario y la voluntad del dictador.

Sus leyes fundamentales eran el Fuero del Trabajo de 1938, la Ley Constitutiva de las Cortes de 1942, el Fuero de los Españoles y la Ley de Referéndum Nacional de 1945, la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado de 1947, la Ley de Principios del Movimiento Nacional de 1958, la Ley Orgánica del Estado de 1967 y la Ley para la Reforma Política de 1976. Sólo esta última, tras la muerte de Franco, hizo posible pasar de esta legalidad, la legalidad del 18 de Julio, a la legalidad actual. El aparato legal de la dictadura hizo posible su reforma y el paso a la democracia.

30 años de libertad (II), será ya sobre la constitución actual.
"Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organí­cense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza".

Antonio Gramsci, Fundador del Partido Comunista Italiano
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