viernes, 29 de enero de 2010

Davos redefine el capitalismo

Mientras el capitalismo retoma la tranquilidad en el Foro Económico Mundial de Davos, donde Sarkozy, entre otros, defienden controles a la medida de los que preconiza Obama en Estados Unidos, la izquierda ha demostrado que 2009 fue el año del fracaso, de la imposibilidad de construir una alternativa creíble y situarse al lado de los que más sufren, los trabajadores. No se les ha apoyado en la exigencia de que no sólo sean ellos los que hagan sacrificios, sino que las dos partes las lleven a cabo; no se les ha ofrecido una fuerza política en la que confiar; no se ha salvado la distancia entre las élites dirigentes y las bases ciudadanas.


Decepción, ésa es la palabra que está en la mente de todos. Es muy duro tener unas esperanzas y unos ideales cuando quienes están al frente de las organizaciones que las deben llevar a cabo, defenderlas y aunar esfuerzos te decepcionan, porque, una vez más, son sus intereses y no los de una mayoría social los que prevalecen. No hay mayor paradoja que los líderes de los progresistas sacrifiquen sus bases por frívolas prebendas, a la semejanza de aquellos pueblos antiguos que, previendo su fin frente a un enemigo más fuerte, se entregaban a la más absoluta decadencia moral y física. Su ejemplo no es la resistencia de la Numancia celtíbera, sino el Saló de Pasolini.

miércoles, 27 de enero de 2010

La escasa proyección internacional de la Europa de Lisboa

Guido Westerwelle, Catherine Asthon y Bernard Kouchner
la diplomacia alemana, "europea" británica y francesa


La Unión Europea, tan presente en la escena internacional cuando su diplomacia corría a cargo de Javier Solana, inicia un bajo perfil. La cumbre internacional para la reconstrucción de Haití se ha celebrado sin la presencia de la alta representante de política exterior, Catherine Asthon y, en su nombre, no ha estado Moratinos, como ministro de asuntos exteriores del país que ejerce la presidencia de turno de la Unión, sino el ministro francés, Bernard Kouchner.


Moratinos y Asthon debían estar en el Consejo de asuntos generales en Bruselas, pero nadie ha querido retrasarlo para poder acudir a la cumbre internacional, importante no sólo para ayudar a Haití a reconstruirse, sino para mostrar el músculo diplomático de la Unión frente a Estados Unidos, representado por Hillary Clinton. Ese consejo, sin embargo, no es impedimento para que sea Kouchner quien vaya a la cumbre.


¿Suspicacias por el protagonismo de la presidencia española? La Unión es mucho más que un eje Londres-Berlín-París. Lo cierto es que Asthon ha cometido un error muy grave. ¿De quién es la competencia de coordinar la ayuda a Haití?, se preguntaban en DW-World, “Mía, en coordinación con la presidencia española”, dice la alta representante. Pero a la vez rechaza ir, ni a la cumbre ni a Haití, porque no es “ni bombero ni policía”. Es mucho peor, es un cero a la izquierda.


Vivimos el comienzo de un mundo marcado por la multipolaridad. Estados Unidos va cediendo su papel de única gran potencia para dejar paso a nuevos actores internacionales: China, Brasil, India y Rusia. La Unión Europea no puede faltar en el nuevo escenario. Pero para estar, es imprescindible ser una Unión, con una única diplomacia, no una simple alianza de intereses. La Unión no es capaz de abandonar el papel de subsidiaria de Estados Unidos. Esos son los problemas de poner a la diplomacia en manos del Reino Unido.

viernes, 22 de enero de 2010

El chivo expiatorio (y II): los inmigrantes



Ya ha habido otras entradas donde he hablado del tema de la inmigración. Los más intolerantes/ignorantes lo resumen en la asimilación de inmigración=problema. Su portavoz más destacado es la derecha política. Las excusas de esta derecha son netamente una manifestación de la estrechez de miras del nacionalismo, sea éste españolista o periférico.

Los nacionalistas catalanes exigen un carnet por puntos “que diera «ventajas» a los inmigrantes que mostraran mayor voluntad de integración en la sociedad catalana”. ¿Exactamente qué ventajas? ¿Exactamente qué tipo de integración? Su idea de integración es comulgar con sus postulados, y esas “ventajas” un principio de discriminación. Mientras, Rajoy dice que el debate es está “cuál es la capacidad de acogida” de España.

Volvemos al “aquí no cabemos todos”. Donde no cabemos es en viviendas cada vez más pequeñas, y ya ni siquiera podemos entrar sin conseguir hipotecas de cincuenta años. Ahí es donde está el verdadero debate. España es un país de 505.000 km² con una densidad de 91,13 hab/km²; Francia tiene 675.500 km² y una densidad de 95,2 hab/km²; Italia 301.000 km² y densidad de ¡198 hab/km²!

Cuando hay un problema como el paro y la crisis económica, ahí están los inmigrantes para culparlos. Se les acusa de “robarnos” los empleos, se les acusa de no integrarse y se les acusa de la delincuencia.

Por el contrario, no hay ningún “nacional” que esté dispuesto a aceptar los empleos que ellos aceptan, a aceptar el salario que les ofrecen y a aceptar las condiciones laborales que sufren. Muchos de los “liberales” que creen en la intervención del Estado y en la cobertura social como negativas para la economía no tienen esas carencias en sus empleos y, lo peor, a lo que aspiran es a calentar sillones de consejos de administración y a jubilaciones millonarias por hacer nada. Sencillamente, no tienen autoridad moral para criticar nada.

Los inmigrantes vienen a un país que tiene una cultura distinta de la de sus países de origen y, en vez de ayudarlos nosotros a adaptarse y a integrar su forma de ver la vida y sus costumbres, les damos la espalda. Ya sabemos que ser marginado por la sociedad, sea a los inmigrantes o a los nacionales con fracaso escolar, social o laboral son un factor determinante para incurrir en la delincuencia y malas compañías como vía de escape y hacerse partícipes de algo.

Los xenófobos esgrimen los aspectos negativos de sus culturas. ¿Qué pensarán otros países de las corridas de toros o de nuestra mala educación? Si en otro país escuchas a un grupo de personas hablando en voz alta y molestando al resto, como pude comprobar en Praga, o son españoles o son italianos (o son hooligans británicos). Los xenófobos obvian la diversidad que existe en los grupos humanos, y como no todos los españoles somos maleducados, no todos los que no son españoles tienen costumbres que nos chocan o nos parecen malas.

Otro factor que obvian es la situación de cada persona que viene. La gran mayoría de españoles ha tenido un familiar o varios trabajando en el extranjero hasta hace menos de cincuenta años, incluso ahora muchos van a trabajar fuera por las pocas posibilidades que pueden existir ahí. ¿Es que no son inmigrantes? ¿Deberían tratarlos tan mal como pretenden aquí los xenófobos o echarlos de los países donde viven? No somos capaces de pensar en los demás.

jueves, 21 de enero de 2010

La Concertación chilena se resquebraja

Fernando Meza, líder del PRSD


Mientras los empresarios chilenos lanzan una propuesta para bajar el salario mínimo a los jóvenes, la derrotada Concertación está empezando a sufrir los efectos del resultado electoral: el oportunismo, la huida en busca de nuevos réditos, lo que dice mucho de la clase política. Un apunte: habrá que ver que hará Piñera con su canal, Chilevisión, si sigue los pasos berlusconianos de concentración de la información.


El Partido Radical Socialdemócrata chileno, perteneciente a la Internacional Socialista, ha llegado a un acuerdo con los partidos de la alianza derechista, Renovación Nacional y Unión Demócrata Independiente, para repartirse el control de la mesa del Congreso.


Este hecho ha generado un alud de críticas de sus aliados de la Concertación, PS, DC y Partido por la Democracia, que señalaban el pacto como una traición y la muerte de la actual coalición de centro izquierda, exigiendo a la presidenta en funciones, Michelle Bachelet, que expulse del Gobierno a los miembros radicales. El miedo ha debido ser muy grande en el Partido Radical, ya que su presidente Fernando Meza, quien firmó el acuerdo, declaró posteriormente su “desconocimiento” y abandonó a sus correligionarios parlamentarios radicales, que también firmaron.


El PRSD revive las prácticas del viejo partido madre, el Partido Radical, tan sobresaliente en el siglo XX como tan proclive a ir con la derecha o la izquierda según se acomodaran a sus intereses. El resultado de su vaivén político se tradujo en convertirse en un residuo electoral al robarle el centro la Democracia Cristiana. El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.


A la espera de conocer qué sucederá finalmente, si el PRSD se echa atrás o mantiene su huida a la derecha, cabe reflexionar sobre la integridad ética y la valentía de la clase política. Un partido que fue elegido en las listas de una coalición que no era la triunfante cambia su política y se pasa de bando, hechos que los electores no se esperaban.


Los representantes públicos no tienen un mandato imperativo, pero como se supone que son personas, también se supone que poseen una moral y una conciencia que les guía, además de una coherencia. Unir ética con clase política es, desgraciadamente, una feliz utopía.


El ciudadano, al que no le queda más que confiar en sus representantes para resolver los problemas del país y defiendan sus intereses, se ve trágicamente desamparado. La clase política demuestra ser marxista (pero de Groucho) para cambiar sus principios si no son del agrado de los que ahora tienen la sartén por el mango. Y el ejemplo de los radicales chilenos no es único, en todas partes son capaces de todo por mantener sus sillones. ¡Ay, que inevitable es pensar en lo que ocurre en las latitudes madrileñas y españolas! Sí, realmente tiene razón Ominami, y hay que redefinir la futura Concertación de izquierda.


La clase política está, como digo, para resolver nuestros problemas. Si vamos a tener que resolverlos nosotros, la clase política pierde su razón para existir.

El chivo expiatorio (I): el antisemitismo


Los inicios del siglo XX mantuvieron la herencia del antisemitismo, reactivada por la eclosión de los ideales del nacionalismo. En las nuevas naciones modernas, caracterizadas por una defensa de las semejanzas (raza, lengua, religión) no había espacio para las diferencias. En las naciones modernas no cabía ese pueblo sin patria, a menos que renunciase a su distinción y se integrara en un todo uniforme. Me refiero a los judíos.


Cuando había problemas en la Europa de cambio de siglo, crisis económicas, crisis alimenticias, etcétera, se culpaba a los judíos. Los judíos controlaban la economía, los judíos odiaban a los nacionales y les querían matar de hambre, decían. Esos mensajes fáciles nos hacen comprender los pogromos rusos, no sólo bajo el zarismo, sino también bajo el comunismo: los sentimientos irracionales del pueblo eran más fáciles de explotar que los ideales racionales y abstractos. Los liberales gran rusos y los bolcheviques soñaban con liberar al pueblo ruso de siglos de atraso cultural y político, pero en lugar de eso persistieron en mantenerlo controlado en base a la miseria y la ignorancia, manteniendo las bases para la posterior tiranía estalinista.


Otro tanto ocurrió en la Alemania de Weimar y del III Reich. Los judíos eran los culpables de la derrota alemana, los judíos habían humillado a Alemania en la paz de Versalles porque controlaban el sistema económico internacional.


Hoy en día los judíos, los israelíes en este caso, son el chivo expiatorio de sus vecinos regímenes autoritarios como culpables de la situación de Oriente Próximo, son su modo de desviar la atención de sus propios problemas y construir una legitimidad basada en el odio al distinto. Estoy describiendo el nacionalismo.


En Europa, actualmente, el antisemitismo se ha transformado. Es un odio amainado; Israel está en otro espacio geopolítico y se muestra de dos formas. Una es una minoría que mira con nostalgia un pasado idealizado del fascismo europeo y que niega el Holocausto; otra persiste, entre líneas, en la oposición a Israel por sus ataques a los árabes palestinos o, directamente, por la ocupación de la totalidad de la región palestina, exigiendo su destrucción (habría que ver si es en clave de deportación o de exterminio, como sueña el régimen teocrático de Irán). Las posiciones maximalistas, en clave de buenos (palestinos) y malos (israelíes), las que no son capaces de ver todas las variables del conflicto, son las que tienen ese antisemitismo de fondo. Para ellos, la solución pasa por un Estado, pero no un Estado más. El Estado árabe palestino, para ellos, sólo es posible por la negación del Estado israelí.


Mi propósito inicial era hablar del odio hacia los diferentes de hoy, los inmigrantes, pero la divagación en esta introducción ya ha hecho esta entrada muy extensa. Mañana hablaré sobre los inmigrantes.

"Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organí­cense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza".

Antonio Gramsci, Fundador del Partido Comunista Italiano
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En nuestros conflictos políticos, la República tiene que ser una solución de término medio, transaccional y la válvula de seguridad contra sus desaciertos es el sufragio universal. Lo que se pierde en unas elecciones, puede recuperarse en otras. Nada duradero se funda sobre la desesperación y la violencia. La República no puede fundarse sobre ningún extremismo. Por el solo hecho de ser extremismo, tendría en contra a las cuatro quintas partes del país.

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