viernes, 3 de febrero de 2012

Carme Chacón: un impulso necesario por la renovación


"La respuesta socialista" es el lema con el que abre el 38º Congreso del Partido Socialista Obrero Español. En Sevilla, el principal partido de la oposición tiene como tarea para este fin de semana

- Realizar una dura autocrítica por las severas derrotas de 2011 y la línea política seguida durante el inicio de la crisis económica.

- Elegir entre Carme Chacón o Alfredo Pérez Rubalcaba para dirigir al partido en los próximos cuatro años e iniciar la renovación tanto en ideología y discurso como en cuadros.

- Hacer una verdadera "respuesta socialista", un impulso necesario por recuperar el proyecto socialdemócrata y europeísta que devuelva la confíanza en el proyecto europeo y el crédito al Partido Socialista como partido progresista de gobierno.

Más de 950 delegados, elegidos por congresos provinciales, y estos a su vez por los militantes de cada agrupación del partido, son los elegidos para dar esta respuesta. Se discutirán más de 16.000 enmiendas, una cifra bastante relevante, si la comparamos con las apenas 1.500 enmiendas que discutirá el congreso del Partido Popular dentro de poco, en la misma capital andaluza. Es, quizás, un dato muy importante si queremos medir la calidad democrática y participativa entre los dos grandes partidos de España, máxime cuando el centenario PSOE vive momentos muy duros, fuera de muchos gobiernos autonómicos, reducido su poder local y mermada su militancia, frente a un partido conservador que, hoy por hoy, aglutina el máximo poder local, autonómico y nacional en toda su corta historia. El PSOE es un partido con tanta historia que no es posible entender buena parte de la historia contemporánea de nuestro país sin él; por eso, el trabajo de los delegados tiene un valor adquirido, y es que el PSOE no puede degenerar a la irrelevancia política; tiene, por obligación histórica, reconectar con su base social, que a día de hoy está totalmente indignada con las decisiones recientes de la pasada legislatura. El PSOE necesita urgentemente reconstruir los puentes destruidos, tras haber bajado de la barrera psicológica del 30% de votos a nivel nacional, perder cuatro millones de votos y mantener la posibilidad de perder, por primera vez, Andalucía, y -aunque ganó las elecciones en número de votos- seguir fuera del gobierno del Principado de Asturias en la nueva convocatoria electoral tras el fiasco de la experiencia de Álvarez Cascos.

La socialdemocracia jugó un gran papel histórico para construir el Estado de bienestar y consolidar la democracia en Europa. El neoliberalismo ha roto el consenso sociadelmócrata y se propone destruir todo lo que la socialdemocracia significa; el poder se ha desplazado de los ciudadanos a un reducido núcleo plutócrata, que no es ni siquiera nacional, es transnacional, porque el poder del capitalismo no conoce fronteras. La socialdemocracia no se puede quedar reducida en las estrechas fronteras de la nación, la ciudadanía no puede languidecer y encogerse de brazos por miedo o pérdida de la confianza. El socialismo democrático no solamente tiene que ofrecer una nueva fuerza para recuperar lo perdido y seguir progresando; es la ciudadanía la que tiene que devolver su confianza a un movimiento pragmático, realista pero combativo. Eso tiene que ser la socialdemocracia, y no el apéndice de un sistema económico que les conduce a la irrelevancia. A izquierda y derecha de la socialdemocracia queda el populismo y la reacción, las respuestas vacías y retóricas o las acomodaticias y serviles.

No es solo el PSOE quien tiene que recuperar ese espíritu, sino toda la socialdemocracia europea. Hay que romper y superar esas fronteras estrechas de la nación, sustituirlas por el federalismo europeísta, la unión y la respuesta conjunta de la ciudadanía europea. No es por la identidad ni un "destino histórico" que se quiere ver a las naciones, es porque es la mejor vía para defender nuestros valores y nuestra sociedad.

En un fin de semana no se pone punto y aparte a un partido con varios errores en su política, sin olvidar sus muchos aciertos. Hay que renovar los cuadros dirigentes y cambiar sus prácticas. Hay que abandonar la pobreza ideológica, el caudillismo y servilismo de algunos. El partido tiene que estar abierto a la sociedad y a sus estratos activos, y su actual estructura supone una rémora para el nuevo siglo. Tampoco un fin de semana gesta y da a luz la renovación: la renovación comienza en este Congreso, que alumbra un período donde el partido habrá de dotarse de nuevas prácticas, ideas y propuestas que ofrecer como alternativa a las políticas de contrarreforma y estrangulamiento de la economía que ejecutan los conservadores.

Poniendo directamente sobre la mesa mis preferencias, mi apuesta es por el proyecto que lidera Carme Chacón. No es cuestión de apostar por personas, no por ser de tal sexo o tal región, no porque lo apoye fulano o mengano. Ese es el juego de la prensa y su estrechez de visión, la misma estrechez que provoca la ironía de leer y escuchar críticas, antaño, por la falta de debate y contestación a los liderazgos caudillistas; y ahora, esa estrechez provoca hablar de "guerras civiles" por la discusión y puesta en debate de dos candidaturas. Esas candidaturas, lógicamente, comparten lo esencial, pero son las diferencias de criterio, respuestas y perspectivas las que las separan y nos permiten, o deberían permitirnos, dejarnos llevar libremente por nuestro criterio para decantarnos hacia una u otra dirección.

Por ello, creo que el proyecto de Carme Chacón es el mejor para comenzar la renovación del partido, trazar un nuevo discurso para España y colaborar en una socialdemocracia europea que, en el futuro, debe estar cada vez más unida y ser un referente como movimiento progresista europeo. Hay que hayar la combinación necesaria entre ruptura y continuidar; ruptura con los errores que han desconectado al partido de la sociedad; continuidad con lo que supone el proyecto socialdemócrata y libertador de un partido histórico. Si triunfa el proyecto de Chacón, las ideas cobrarán un nuevo protagonismo para dotar al partido de las respuestas necesarias que la sociedad necesita de su referente socialdemócrata. El enquistamiento y la irrelevancia no son la respuesta, sólo caminar hacia adelante, innovando y arriesgando.


Enlaces de interés:
El momento decisivo
Cinco claves sobre el congreso del PSOE
Una alternativa por hacer

jueves, 2 de febrero de 2012

La contrarreforma educativa de los conservadores

Ayer, el nuevo ministro de Educación, José Ignacio Wert, anunciaba en sede parlamentaria los cambios que el nuevo ejecutivo de Rajoy iba a realizar en la educación nacional. Resumidamente, las medidas son las siguientes:

- Sustitución de Educación para la ciudadanía por una asignatura de Educación Cívica y Constitucional.

- Reducción de la ESO a tres años y ampliación del Bachillerato y la FP de grado medio a tres años.

- Reforma en el acceso a la carrera docente y creación del Estatuto del docente.

- Fomento del bilingüísmo castellano-inglés.

Las dos primeras son las más polémicas, básicamente el núcleo de los cambios en la educación, por lo que la medida, más que reforma, es contrarreforma. Es comprensible el alto grado de indignación que tienen docentes, estudiantes de profesorado y expertos en la materia. Aunque no se va a realizar una nueva ley educativa que sustituya a la actual LOE de 2006, esta reforma en sí desvirtúa completamente el espíritu de la ley. La reforma, en definitiva, supone una nueva ley de partido que en nada va a mejorar la situación de la educación pública; no es, tampoco, la intención del gobierno conservador que, en sintonía con lo que vienen predicando desde la era Aznar, apuesta por la educación concertada. La comunidad de Madrid es un triste ejemplo de la degradación de la escuela pública a favor de un sistema completamente descontextualizado del momento de su creación.

La sustitución de Educación para la Ciudadanía, que no eliminación, supone un reconocimiento implícito de que era necesaria una asignatura que fomentase los valores democráticos y occidentales de nuestra sociedad, aunque esta cuestión ya venía siendo suplida, en buena parte, por la asignatura de Ciencias Sociales e Historia, así como de Filosofía. La queja sustancial de la derecha era el "adoctrinamiento" de la asignatura. Según el decreto de enseñanzas mínimas de la ESO, EpC tiene

"la preocupación por promover una ciudadanía democrática (...), el aprendizaje de los valores democráticos y de la participación democrática con el fin de preparar a las personas para la ciudadanía activa, en sintonía con la Recomendación (2002) 12 del Consejo de Ministros del Consejo de Europa".

¿Dónde está el problema? La EpC tiene como objetivos, siguiendo con el decreto,

"favorecer el desarrollo de personas libres e íntegras a través de la consolidación de la autoestima, la dignidad personal, la libertad y la responsabilidad y la formación de futuros ciudadanos con criterio propio, respetuosos, participativos y solidarios, que conozcan sus derechos, asuman sus deberes y desarrollen hábitos cívicos para que puedan ejercer la ciudadanía de forma eficaz y responsable. Esta nueva materia se propone que la juventud aprenda a convivir en una sociedad plural y globalizada en la que la ciudadanía, además de los aspectos civiles, políticos y sociales que ha ido incorporando en etapas históricas anteriores, incluya como referente la universalidad de los derechos humanos que, reconociendo las diferencias, procuran la cohesión social (...) se incluyen, entre otros contenidos, los relativos a las relaciones humanas y a la educación afectivo-emocional, los derechos, deberes y libertades que garantizan los regímenes democráticos, las teorías éticas y los derechos humanos como referencia universal para la conducta humana, los relativos a la superación de conflictos, la igualdad entre hombres y mujeres, las características de las sociedades actuales, la tolerancia y la aceptación de las minorías y de las culturas diversas".

Lo único claro es que no se tiene nada claro. ¿Qué significa para el gobierno "adoctrinamiento"? La asignatura es necesariamente "dogmática", entendida como transmisora de los valores que tiene nuestra sociedad, y en tales valores se educan a los estudiantes como ciudadanos de una sociedad. Todos los regímenes han tenido una asignatura así, los no democráticos y los democráticos, con la diferencia de que en los regímenes democráticos estos valores son necesariamente los propios de una ciudadanía crítica, participativa, democrática, tal y como se enseña en el resto de Europa. Las palabras son muy importantes: "Educación PARA la ciudadanía" tiene más valor, a mi entender, que "Educación cívica y constitucional", en el sentido que el título expresa una voluntad no solo de transmisión de valores, sino de comprenderlos, cuestionarlos y debatirlos; no es "esto es lo que hay", sino "por qué lo hay".

¿Cuál es realmente el problema? No de la asignatura en sí, sino de otros poderes fácticos, en estrecha conexión con la derecha política y social de nuestro país: la Iglesia católica y adláteres. Es el viejo problema de nuestro país, la misma piedra contra la que chocamos una y otra vez: una educación que no esté separada e independiente de la sombra de la Iglesia no podrá formar verdaderos ciudadanos. No se trata de fabricar ateos o anticristianos, eso es muy difícil (y lo rechazo frontalmente), porque nuestra sociedad tiene unos valores que deben mucho a la cultura clásica y la cristiana. Como digo, y repito, se trata de libertad, libertad de verdad, libertad de criterio y lealtad constitucional, una esfera totalmente separada de la fe.

La reducción de la secundaria obligatoria plantea un nuevo problema, que creo que la derecha no ha meditado seriamente al elaborar su propuesta electoral en educación. Es incongruente acortar en un año la educación obligatoria, y a la vez obligar a un año de Bachillerato o FP, que es lo que muchos estudiantes se enfrentarían si no repiten curso. ¿Y si no quieren cursarlos? ¿Por qué cursarlos, si no se les va a dar un título? Será un año perdido. La idea de ampliar el Bachillerato y la FP no me parece mal, pero creo que se comete un error ampliándolo por el principio, y no por el final: habría que plantearse seriamente cuándo un estudiante adolescente está preparado para decidir qué itinerario desea tomar. La LOE acertaba al plantear 4º de ESO como un curso preparatorio para esos itinerarios. Una buena idea hubiera sido mantener los cuatro cursos de ESO y ampliar el Bachillerato y la FP tres años, hasta los 19 años del estudiante. Añadir un año más de estudio permitiría ayudar al alumno a adquirir la madurez suficiente como para decidir qué camino desea tomar: hay muchos alumnnos de primer curso de universidad, entre 18-19 años, que abandonan la carrera y se cambian a otra.

Si, como cacarea la derecha mediática, lo que se quiere es buscar "el esfuerzo y la calidad" en la educación, la solución no es poner patas arriba el sistema educativo de nuevo, o privilegiar, una vez más, a la enseñanza concertada. Tampoco lo es hablar de la "competencia" entre diversas escuelas, porque la realidad no sería la competencia: lo que los conservadores esconden tras esas palabras es la creación de centros para "buenos" y "malos" alumnos, segregados por nota y por condición social, algo que va radicalmente en contra del espíritu de cualquier ley educativa que se precie.

Calidad es tener una clase docente bien preparada y apoyada por la administración, calidad es tener un sistema educativo consensuado para ser longevo en el tiempo, lo suficiente como para no someter al profesorado a infinitos cambios que afectan a la educación de los jóvenes. Estas cuestiones, como se ve, son incapaces de ser planteadas seriamente por la derecha. Compete a la izquierda seguir apostando por un modelo educativo que busque la calidad, y también el esfuerzo, sí, pero porque hay detrás de los estudiantes un sistema educativo público que les motiva, forma y educa.

Habrá que esperar a que el ministro de Educación concrete las contrarreformas, y si se buscará el consenso político o el encuentro con la comunidad educativa, cosa que dudo, porque lo propuesto va radicalmente en contra del camino iniciado anteriormente. Tampoco se plantean serias respuestas a los problemas de los docentes, que es la carga de trabajo y la falta de plazas para atender las aulas masificadas. El "rigor" presupuestario, además de estrangular totalmente la economía, volverá a crear más "generaciones perdidas", que quizás tengan trabajo en el futuro, sí, pero de peor calidad, y además con peor formación, tanto técnica como intelectualmente, el fin de la ciudadanía y de todo lo que ese concepto supone.

La izquierda tiene que tener muy claro lo que supone el desafío de la derecha y responder claramente con una propuesta bien formada.






"Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organí­cense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza".

Antonio Gramsci, Fundador del Partido Comunista Italiano
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