martes, 15 de septiembre de 2009

Noruega revalida al centroizquierda


2005

Coalición de centroizquierda: 48% y 87 escaños (de 169)

Partido Laborista: 32,7% (+8,4%) y 61 escaños (+18)

Partido de Izquierda Socialista: 8,8% (-3,7%) y 15 escaños (-8)

Partido del Centro: 6,5% (+0.9%) y 11 escaños (+1)


Partido del Progreso (nacionalista y liberal): 22,1% (+7,4%) y 38 escaños (+12)

Partido Conservador: 14,1% (-7,1%) y 23 escaños (-15)

Partido Democristiano: 6,8% (-5,6%) y 11 escaños (-11)

Partido Liberal: 5,9% (+2%) y 10 escaños (+8)


2009

Coalición de centroizquierda: 47,7% y 86 escaños

Partido Laborista: 35,4% (+2,8%) y 64 escaños (+3)

Partido de Izquierda Socialista: 6,1% (-2,7%) y 11 escaños (-4)

Partido del Centro: 6,2% (-0,3%) y 11 escaños


Partido del Progreso: 22,9% (+0,8%) y 41 escaños (+3)

Partido Conservador: 17,2% (+3,2%) y 30 escaños (+7)

Partido Democristiano: 5,6% (-1,2%) y 10 escaños (-1)

Partido Liberal: 3,9% (-2,1%) y 2 escaños (-8)


Noruega celebró ayer sus elecciones generales y, por primera vez desde 1993, la mayoría de Gobierno ha sido revalidada. La anterior legislatura del Gobierno del socialdemócrata Stoltenberg estuvo marcada por la crisis económica, aliviada en parte por los ingresos del petróleo. Ahora en la nueva legislatura se debate de nuevo un futuro ingreso en la Unión Europea.


La izquierda socialdemócrata vive una crisis pareja a la económica en Europa. Pero es un hecho demostrado que la izquierda puede ganar elecciones y no sólo eso, sino revalidar sus mayorías. España y Noruega son dos ejemplos. Portugal puede unirse a ellos el 27 de septiembre. Grecia puede devolver al socialismo al poder el 4 de Octubre.


¿Es un renacimiento de la socialdemocracia? Es muy pronto para definirlo. Es un nuevo aliento para evitar que la socialdemocracia pierda las esperanzas de volver a ser mayoría. Lo único que el ciudadano progresista pide es una fuerza de izquierda dispuesta a ganar y a tener muy en cuenta sus preocupaciones.


Tenemos que admirar la política nórdica. Países escrupulosamente democráticos, desarrollados y con una excelente gestión pública. La socialdemocracia no es solamente un partido, es un movimiento ambicioso por imbuir a la sociedad y a sus instituciones políticas de valores de solidaridad social, libertad y honestidad, valores morales aceptables para todos. Es un movimiento. El movimiento lo es todo.


Hay que analizar detalladamente la variedad ideológica del Gobierno: agrupa a socialdemócratas, poscomunistas y agrarios. Es una coalición heterogénea. Demuestra la capacidad de consenso y unión de fuerzas tan dispares como es el centro agrario y el programa de la izquierda socialista. El Partido Laborista ha aumentado sus apoyos frente a agrarios y poscomunistas. Los poscomunistas, sobre todo, han perdido la mitad de sus apoyos desde 2001, del 12,5% de entonces al 6,1%, en beneficio de la socialdemocracia (del 24,3% al 35,4%) y del nuevo Partido Rojo, análogo a la izquierda alternativa del NPA francés, con el 1,3% de los votos.



¿Por qué somos incapaces en el sur de mantener fuerzas tan amplias? Una respuesta es la larga trayectoria democrática de los países del norte, otra es el enorme papel que juegan las personalidades que dirigen los partidos en el sur. Cada cual quiere brillar por encima de los demás. El ejemplo más grotesco es Italia.


Si queremos consolidar los cambios de la socialdemocracia y devolverla a la posición mayoritaria, hay que hacer muchos sacrificios. Hay que elegir qué queremos, lidercillos con sus cuotas de poder o amplios movimientos democráticos.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Dos visiones para el Portugal moderno


El 27 de septiembre Portugal acudirá a las urnas. El PS, en el Gobierno, se enfrenta o a la repetición de la mayoría absoluta, o convertirse en la primera minoría o un nuevo Gobierno conservador.


Siempre se dice que las grandes opciones políticas son iguales; una y otra no ofrecen diferencias notables, tanto da que estén unos como los otros. Pero esto nunca es así. No habrá un cambio revolucionario o una involución conservadora. Pero sí hay diferentes visiones acerca de los derechos sociales, la familia, la política exterior o la económica.


José Sócrates es el candidato socialista y actual primer ministro. En su programa electoral se recoge el reconocimiento del aborto y del matrimonio del mismo sexo, hechos destacables que colocarían a Portugal en el mismo nivel que los países más avanzados de la Unión Europea. Sin embargo, no hay que olvidar que en 2007 se celebró un referéndum sobre la despenalización del aborto, con resultado positivo pero no vinculante por la baja participación. Tampoco hay que olvidar que hace casi un año rechazó la propuesta del Bloco de Esquerda y de los ecologistas en el Parlamento. En política exterior defiende la colaboración y el entendimiento con España y el mantenimiento de la construcción del tren de alta velocidad entre Lisboa y Madrid.


Sin embargo, su rival Manuela Ferreira Leite, del derechista Partido Social Demócrata, afirma todo lo contrario. Nada de aborto, nada de matrimonio del mismo sexo. La familia en términos restrictivos. Y en política exterior, promete devolver a Portugal a un rincón apartado de Europa. Sobre todo apartado de España: si gana, no habrá tren de alta velocidad, ya que Portugal “no es una provincia española” y se debe a los intereses de los portugueses. Quizás en los intereses de los portugueses esté el desarrollo económico y la mejora de las comunicaciones, ya que por vía terrestre, para llegar a la Europa más allá de los Pirineos se pasa por España. También exhibe un discurso falaz: en 2003 Ferreira Leite era ministra del Gobierno conservador y se llegó al acuerdo de la alta velocidad con el otro Gobierno conservador español.


Los sondeos pronostican la victoria socialista pero no la mayoría absoluta. Las opciones se reducen a un Gobierno en minoría, con la debilidad que ello supone, o el pacto de Gobierno. Socialistas y conservadores, o socialistas con la izquierda. Una “gran coalición” al estilo alemán, sea quien lo dirija, deparará en el argumento que los dos grandes partidos temen perder sus cuotas de poder. En cualquier caso será perjudicial para el Partido Socialista. La colaboración de la izquierda es esencial para evitar malograr la mayoría progresista y para que la izquierda de la izquierda demuestre su sentido de la realidad cuando puede gobernar.

domingo, 13 de septiembre de 2009

Lituania y Uruguay, dos formas de entender la homosexualidad

Hay que reseñar cómo encaran dos países la existencia de la homosexualidad. Lituania va a elaborar una ley que prohíbe la enseñanza de la diversidad sexual en los colegios y, por añadidura, se criminalizará “la promoción de la homosexualidad, entendiendo por ésta cualquier información no negativa respecto a la orientación sexual hacia personas del mismo sexo”, según el diario El País. Si el “problema” no se enseña en las escuelas, no existe, parece pensar el ejecutivo lituano. Pero por si acaso, sólo se debe permitir la infamia. O dicho de otra manera, la censura. En un país supuestamente democrático y perteneciente a la Unión Europea.


La situación de los homosexuales, bisexuales y transexuales en Lituania se equipara con la de sus países vecinos, o los países de la frontera este de la Unión Europea. Lituania se une a Polonia, las demás repúblicas bálticas, Rumania o Bulgaria en la criminalización del “diferente” No pensemos que más allá de la frontera este de la UE la situación sea mejor…


La UE persigue una legislación común en todo su territorio para que la discriminación sea erradicada. La posibilidad de que un país miembro pueda coartar las libertades más básicas es execrable. La armonización legislativa será una victoria más para ser libres para amar. El camino es una Unión Europea más firme y más cercana a los ciudadanos.


Al otro lado del gran charco, Uruguay aprueba la adopción de niños a parejas del mismo sexo. Hace un año equiparó en derechos las parejas de hecho del mismo sexo con las de diferente sexo. El matrimonio aún tendrá que esperar, a la espera de acabar con las últimas barreras de la reacción y, sobre todo, consolidar el triunfo del Frente Amplio en las elecciones del 25 de octubre. Los sondeos parecen indicar que puede no suceder, y que la oposición pretende derogar la nueva ley.


Uruguay marca el camino que deben seguir los países latinoamericanos en la igualdad de derechos. La izquierda latinoamericana, hasta ahora, ha tenido la obligación de consolidar su programa y ejecutar las reformas esenciales en la economía y en los asuntos sociales. Como la primera época del Partido Socialista Obrero Español. La segunda época son la garantía de los nuevos derechos.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Regular, prohibir o legalizar la prostitución

El diario El País ha trasladado de nuevo a la opinión pública las escenas de prostitución de Barcelona. La existencia de prostitución en la Ciudad Condal no es nada nuevo, como en ninguna otra ciudad y mucho menos en la Historia. Las cosas parecen sólo existir cuando un medio de comunicación se fija en ellas. Los actos de vandalismo juvenil también, no sólo desde las fiestas de Pozuelo, y no sólo por jóvenes de una clase social. Pero ese es otro tema de reflexión en lista de espera en este blog.

La presidenta de la comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, se ha declarado partidaria de regular la prostitución. Responde así al debate iniciado por los medios de comunicación (hagan apuestas a ver cuánto dura el debate). Pero de sus palabras se ha iniciado un nuevo debate. La iniciativa política sigue estando de parte del Gobierno de la comunidad, la oposición no se lo ha arrebatado con nuevas propuestas. Con este post, obvia y desgraciadamente, seguiré concediéndoles la iniciativa. Pero es hora de que el Partido Socialista de Madrid aclare sus posiciones y de la vuelta a la situación política.

No hay un único modo de prostitución. La prostitución puede ser por diversos motivos. Uno despreciable: la explotación de mujeres y hombres, dominados por tratos convenidos por los grupos mafiosos. Muchos inmigrantes que entran en un país de forma ilegal lo hacen a través de las redes mafiosas, que les obligan a prostituirse para "pagar" lo que les deben. Negarse es la muerte o la posibilidad de la repatriación. Todos los ingresos van a la mafia. Es la esclavitud y es un crimen.

Otro motivo es su práctica por iniciativa propia. En esto entra la teoría de que el cuerpo es de uno mismo y puede hacer lo que quiera con él, es libre y responsable de sus actos. Pero nadie o, por lo menos, la gran mayoría de quienes lo hacen libremente es porque no les quede otro remedio. Es la falta de recursos económicos, una nula formación profesional y unas expectativas muy bajas de encontrar un empleo.

En el inicio y desarrollo de la Revolución Industrial, hasta la llegada de las leyes sociales de los liberales progresistas y de los socialdemócratas, muchas mujeres obreras se veían obligadas a esta práctica. Para complementar el escaso salario del marido para mantener la familia, su propio salario ínfimo en la fábrica por su condición de mujer (al ser considerada inferior y poco preparada, como los niños) o por su exclusión de ella por la competencia que hacía al obrero, por estar remunerada por esos aún más ínfimos salarios.

Fijaos que cada vez que pensamos en prostitución imaginamos a una mujer ofreciendo sus servicios. Histórica y mayoritariamente ha sido así. Pero la prostitución masculina también existe.

La prostitución no es deseable para la mayoría. Esperanza Aguirre habla de regulación. Sólo de regulación. En la regulación se puede estar de acuerdo. Es necesario dar una cobertura legal y una normativa a las personas que ofrecen su cuerpo por dinero. Proteger a los menores de edad del ejercicio de la prostitución, dar garantías frente al cliente, mínimas garantías sanitarias y de higiene y, por qué no, cotización a la seguridad social.

Los socialistas tenemos que plantear esta regulación, pero también tenemos que dar protección y alternativas. Si a alguien no le queda más remedio que ejercer la prostitución, tiene que tener todas las garantías, como cualquier trabajador. Pero antes de que haya que llegar a esa situación límite, tenemos que dar oportunidades. Facilitar el acceso a la formación y a la renovación formativa, por ejemplo. La cuestión es que antes de la prostitución haya un sinfín de oportunidades que aprovechar. No sólo pensando directamente en evitar así la prostitución. Es una política social y progresista que debe atajar indirectamente el oficio más antiguo del mundo. Sabiendo que su extinción es improbable. Y de este debate también podemos pasar al debate de las drogas.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Muchos 11 de septiembre


A lo largo del calendario, muchas fechas concentran un gran número de acontecimientos históricos. El 11 de septiembre es la fecha de la caída de la autracista Barcelona frente a las tropas borbónicas en 1714 (la Diada nacional catalana), el Golpe de Estado contra Salvador Allende en Chile, en 1973, y el atentado terrorista contra las Torres Gemelas de Nueva York de 2001. Pero también fue el día de la coronación de Luis el Piadoso (o Ludovico Pío), hijo de Carlomagno, en 813; la victoria escocesa, al mando de William Wallace, en la batalla de Stirling de 1297; la expulsión de los moriscos de Valencia, en 1609; el inicio del movimiento de la no violencia de Gandhi en 1906; el primer vuelo del autogiro en 1929, cruzando el Canal de la Mancha; el inicio del exterminio de judíos del ghetto de Minsk, en 1943; los Beatles terminan de grabar Love me do, en 1962; el inicio de los acuerdos de Camp David entre Carter, Sadat y Begin, en 1978; la aprobación en referéndum de la Constitución de Pinochet, en 1980, aún en vigor; la apertura de fronteras entre Hungría y Austria, en 1989, poniendo fin al Telón de Acero; el referéndum para la Devolución (autonomía) para Escocia en 1997… entre otras muchas cosas.

Verdaderamente, es una fecha muy importante. Antes de 2001, sólo recordada en el mundo por el Golpe de Estado en Chile y en España por la Diada nacional catalana. 1973 será una fecha en nuestro recuerdo, una fecha que demostró que la posibilidad de una democracia avanzada en América Latina, frente a los intereses de Estados Unidos y de las élites terratenientes, industriales y financieras, era muy difícil. Aún hoy lo sigue siendo: las izquierdas latinoamericanas caminan con mucho cuidado para construir un Estado social, poco a poco, menos en el caso de Bolivia y Venezuela, pero con el riesgo de fracaso por asimilar Estado social con Estado autoritario.

Si la Historia del mundo (occidental y sobre todo europeo) se divide en Prehistoria, Edad Antigua, Edad Media, Edad Moderna y Edad Contemporánea, hay que cambiar estas divisiones artificiales. 2001 es el inicio de una nueva era. Es injusto pensar que estamos en un momento de decadencia cultural. Es una transformación, una crisis, y eso implica cambio. La Edad Media inició con la caída del mundo romano occidental, pero en Oriente pervivió la cultura grecolatina, y conoció el auge económico del siglo XIII europeo y la expansión de la cultura y la ciencia islámica. La Edad Moderna comenzó con la crisis de la caída del Imperio Romano Oriental y el surgimiento del cristianismo protestante. La Edad Contemporánea se inició con la toma de la Bastilla y la llegada de los valores liberales, democráticos y socialistas.

Sí, nosotros vivimos en un mundo en crisis, desorientado tras la caída del Muro de Berlín y la flaqueza del Imperio americano. Es un mundo más inseguro, donde la libertad cede paso a la seguridad y la democracia a la consolidación de regímenes autoritarios con el apoyo occidental. Las futuras luchas serán, son, por el agua, los recursos económicos y los alimentos, además de la búsqueda de medicinas que curen la nueva Peste Negra, el SIDA. El Estado de Bienestar está en transformación y los ideales socialdemócratas buscan un nuevo rumbo que devuelva brillo a los ideales de libertad, democracia y justicia social. Las revoluciones son para países que quieren iniciar su etapa democrática o la sustitución drástica de unas élites por otras, no en nuestros países desarrollados.

¿Qué nos deparará la Nueva Era?

El Nuevo Orden.

jueves, 10 de septiembre de 2009

¿Qué es la Historia?


Revisando mis apuntes de clase, es un término griego que significa "conocer, informarse de". Su pretensión es llegar a la verdad, quitando de su camino lo que no es verdad. Pero la verdad es siempre algo muy subjetivo. La verdad no existe, más que en el plano de las creencias. Cada cual da su definición de "verdad".

A lo largo de la propia Historia, ésta a tenido diversas consideraciones, según las épocas. En Roma, la Historia seguía siendo investigación del pasado, pero también narración. Como narración, narra hechos que son dignos de rememorar. Como la Historia era elaborada por cronistas, a servicio de los poderosos, la narración era "edulcorada" para que los actos del contratista fuesen lo más gloriosos posibles y omitiera hechos "no dignos". Aquí radica el problema de la mayoría de las fuentes literarias, hay que leer entre líneas y elaborar suposiciones, no tomarse todo al pie de la letra. Desde la Ilustración se cambió todo eso y se impuso trabajar con el mayor rigor posible.

Así, la Historia pasa a ser una ciencia, la ciencia histórica, la reconstrucción más fiel posible de los hechos del pasado. Como estudiante de Historia, me atengo a esto último. Pero también quiero poner lo que para mí es, personalmente, la Historia.

La Historia es un recuerdo del pasado que tenemos que tener siempre presente. No podemos cambiar lo que ocurrió. La Historia es una infinita lista de las virtudes y defectos que posee el Hombre, una inmensa fuente a la que podemos recurrir para conocer nuestros problemas y darle la mejor respuesta. En otro post, no hace mucho, dije que no hay nada nuevo bajo el sol. Conocer la Historia nos permite evitar esos mismos errores y hacer progresar a la civilización. Pocas veces llevamos esto a la práctica.
¿Qué es para vosotros?

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Afganistán, la des-democracia


Aún sigue la farsa del recuento de votos en Afganistán. Junto al fraude de las elecciones iraníes, no se inicia o una práctica política que vulnera la voluntad popular, sino que permanece no sólo en países de tradición democrática débil o nula, e incluso en los más experimentados en la materia. La manipulación electoral no es cosa del pasado, de los viejos regímenes liberales del siglo XIX, sino un método que pervivirá con consentimiento de la comunidad internacional. El fraude iraní hubiera sido mucho peor para el futuro de la tiranía teocrática si los Gobiernos democráticos se hubiesen negado a reconocer los resultados y apoyado a las revueltas populares, pese a la limitación de sus pretensiones.

En Afganistán no hay ni siquiera una democracia virtual, hay una des-democracia: un estado de inestabilidad tal que ni el Gobierno afgano, con el apoyo de las tropas extranjeras, puede mantener el control más allá de Kabul. El resto del país está en manos de los señores de la guerra y de los talibanes, un feudalismo en miniatura en estas fechas modernas, con los que las tropas extranjeras y el Gobierno afgano tienen que pactar.

La pretensión de elecciones libres es una idea ingenua. Es imposible el voto libre mientras pervivan los vínculos clánicos, sería como declarar que en la Edad Media había democracia en el campo feudal o en la ciudad de los burgueses. Es imposible el voto libre cuando existe el miedo, el miedo a los talibanes o la presión del Gobierno de Karzai. Es imposible el voto libre y toda idea de democracia cuando se excluye a las mujeres del derecho al voto por las amenazas talibanes y el miedo a los atentados. No puede haber democracia donde la mitad de la población es considerada inferior y en una situación de servidumbre.

Cuando cayó la tiranía talibán se pensó que, pese a las dificultades económicas y políticas que Afganistán iba a seguir sufriendo (como comprobamos), las mujeres recuperarían sus derechos pisoteados por la teocracia talibán. Eso fue así al principio, pero ahora que los talibanes se han fortalecido de nuevo, ni la presencia militar extranjera puede cambiarlo.

También es imposible toda democracia cuando el débil Estado afgano está diseñado para que el amigo de los americanos, Karzai, ocupe el sillón presidencial. La presencia militar únicamente trata de garantizar, con notable fracaso, el control económico del gasoducto de Turkmenistán-Pakistán.

En Irak, la ocupación también ha sido por motivos económicos, igualmente con un gran fracaso. Pero se han logrado muchos más avances que en Afganistán. Contrariamente a lo que pensaba, el Estado iraquí consigue salir del colapso en el que estaba inmerso y poco a poco vuelve a controlar la situación sobre el terrorismo. Aunque el verdadero análisis llegará cuando las tropas estadounidenses se retiren.

La comunidad internacional y, sobre todo, los países democráticos occidentales, fracasan y engañan. No es por la democracia o la libertad, es por la economía. Nunca una frase tan clara como "¡Es la economía, estúpido!" define a toda una inmensa diplomacia internacional escondida tras la bandera de la libertad. No sólo ocurre en Afganistán o en Irak, si observamos la Historia podremos comprobar una infinidad de ejemplos. Una verdadera pesadilla.

martes, 8 de septiembre de 2009

Los regímenes del petróleo


El post que realicé ayer, "La Yamahiriyya libia", me llevó a realizar una reflexión de interés sobre la naturaleza de estos regímenes autoritarios. Autoritarios, para no distinguir entre sus diversas definiciones propias, ya que muchos de ellos se consideran democracias, religiosos o monarquías absolutas. Venezuela, Irán o Arabia Saudí, por poner un ejemplo de cada caso. Hay muchos más. El post, dedicado a Libia, se me alargó a esta reflexión, lo que me llevó a decidir separarla y publicarla hoy, para dar a cada tema la importancia debida. A estos regímenes los paso a considerar "regímenes del petróleo", por la característica que los une. No sé si algún politólogo, sociólogo o historiador los bautiza con este nombre. "Tiranías petroleras", he leído hoy en una web tras revisar el texto.

Los "regímenes del petróleo" son el callejón sin salida de Estados autoritarios con amplios recursos energéticos, como es el caso de Irán, Arabia Saudí y Venezuela, antes citados, entre muchos otros. Su futuro es incierto, ya que se encuentran a merced del futuro agotamiento del crudo y la inexistencia de planes alternativos que suplan ese pilar esencial de su economía. Son la cigarra en lugar de la hormiga.

Estos países no tienen serias amenazas exteriores, ya que la comunidad internacional tiene mucho interés en poder disponer de recursos energéticos bien controlados. Tampoco tienen importantes amenazas interiores, ya que aquí actúan factores tales como la represión ejercida sobre la población, el hastío de éste frente a una clase política fracasada y el nulo apoyo internacional. Chávez no habría llegado nunca al poder si los partidos venezolanos no estuviesen tan desacreditados.

Su condición autoritaria les garantiza una estabilidad gubernamental excelente para establecer negocios millonarios para ambas partes. Poseen una legislación pobre en estos temas, no existe el control de una justicia independiente o el de una oposición fuerte. Aquí hay que considerar que parte de estos países han nacionalizado la industria que les sostiene. Esto no es grave para las grandes empresas petrolíferas. El Estado consigue mayores ingresos y los mercados internacionales se pueden adaptar sin problemas a este hecho. Pese al antagonismo entre Venezuela y Estados Unidos, éste no deja de comprar petróleo venezolano, siendo su principal cliente. La rivalidad se queda en un ritual dialéctico para contentar a los más exaltados.

Los programas sociales de estos Estados son simples parches. Su pretensión es evitar la existencia de una masa empobrecida que recurra a la vía revolucionaria, dejándola por encima del nivel de la subsistencia y dependiente siempre de las ayudas estatales. No se intenta impulsarles a generar más riqueza.

La clase intelectual nacional ha sido borrada, exiliada o apesebrada. La administración del Estado es un nido de clientelismo, nepotismo y corrupción. Muchos de estos regímenes del petróleo se han impuesto a las viejas élites llevando un mensaje revolucionario y de independencia nacional frente a intereses de terceros países. Irán, Libia o Venezuela son el mejor ejemplo en este sentido. La realidad es que han derivado en una nueva versión de lo que detestaban: el chavismo no ha regenerado Venezuela y el mensaje teocrático de Irán no es mejor que la tiranía del Sha.

El Estado no debe ser, como pretende la ideología paleoliberal, mínimo o anulado. El Estado debe ser estimulador y regulador de la economía, pero para permitir la libre iniciativa y conducirla a la eliminación de las desigualdades. Cuando el Estado obstaculiza la propia vida de los ciudadanos, ahoga cualquier desarrollo, no lleva más que a la frustración y a una sociedad débilmente articulada, solidaria y democrática. Estos Estados autoritarios guardan en su seno una peligrosa bomba de frustración social, cada vez mayor. Cuando la materia prima que sostiene su economía se agote o sea reemplazada, puede no haber una alternativa que sea capaz de tener la misma capacidad de crecimiento o de generación de riqueza. O también puede haberla, pero la transición será una nueva crisis mundial, mucho peor que la actual, la de 1929 o la de 1973. Dará de lleno a estos países. En esa crisis la mayoría de los gobiernos no tendrá un gran margen de maniobra para sostener a amplias masas sin ingresos. Reaparecerá el hambre, las enfermedades y se dará rienda suelta a la frustración acumulada.

Este peligro será activado en un futuro no muy lejano. Para los países de la comunidad internacional, teniendo en cuenta sus intereses económicos y en absoluto democráticos, es un peligro para los precios de las materias primas. Para los que anhelan la democracia y la libertad en el mundo, es el desencadenante de tiranías aún mayores, no sólo en puntos concretos y alejados del planeta, sino a escala global. Los perjudicados seremos todos.

Es a los progresistas, los que anhelamos la libertad y el bienestar en el mundo, a los que corresponde luchar por cambiar este perverso futuro. El mundo ha vivido una auténtica pesadilla en el siglo XX: guerras mundiales, exterminios masivos, SIDA y millones obesos frente a millones de hambrientos. La lucha por la libertad ha sido reemplaza por la hipocresía a escala mundial, cuando la ciudadanía ha tenido más cerca que nunca cambiar las estructuras del poder.

Muchos pensábamos que el siglo XXI sería un nuevo siglo de paz, tras reconocer nuestros graves errores y así poder evitar atrocidades pasadas. Pero esto no es así: el nuevo siglo trae un mundo más inseguro, presa de los errores heredados del siglo anterior. En esa inseguridad se están destruyendo los derechos civiles, en nombre de la seguridad. Pero no en nombre de la seguridad colectiva, sino en la seguridad de los grandes negocios, de los bajos precios de las materias primas y por encima de todo, en la seguridad de que las estructuras de poder nunca cambien.

Nos corresponde cambiarlo todo.

lunes, 7 de septiembre de 2009

La Yamahiriyya libia


El pasado 1 de septiembre el coronel Gaddafi, Líder y Guía de la Revolución de Libia, celebró el 40 aniversario que derribó la monarquía libia y creó la República, llamada en 1977 Yamahiriyya, neologismo árabe que significa "Estado de las masas", república popular, para entendernos.

Gaddafi no es el primer ministro de Libia, ni forma parte del Gobierno. Es el Líder. No tiene ningún poder ni cargo ejecutivo. Libia se considera Estado socialista. Pero las cosas nunca son siempre lo que dicen ser. En la Historia, casi nada es nuevo, y la estructura de Libia ya tiene antecedentes históricos.

La monarquía libia desapareció hace cuarenta años por una república, pero realmente sigue habiendo monarquía, a la espera de que ésta sea heredada por alguno de los hijos del Líder cuando el imperativo biológico llegue. El mejor situado en la sucesión es su segundo hijo, Sayf al-Islam al-Gaddafi. César Octavio, luego Augusto, ya creó un régimen parecido en Roma. No era rey, existían los cónsules y demás cargos de la República. Se la llamaba república, pero era la nueva monarquía. Como tal, sus poderes fueron heredados a su hijo adoptivo Tiberio.

No hay nada nuevo bajo el sol. Como Augusto, el poder de Gaddafi se pretende basar en el carisma y en el consenso, no en la voluntad popular, que puede ser fácilmente manipulada o la información inventada, pongamos por caso las elecciones afganas o iraníes. Todo régimen será legítimo mientras goce del apoyo mayoritario, o del consentimiento silencioso, de la población y los poderes fácticos de administración, ejército y los intereses financieros. La falsa doctrina estadounidense, y del resto de democracias occidentales, de ser "paladines de la democracia" se muestra una vez más vacía. Ahora el mejor amigo de Libia es otro "paladín de la libertad", Silvio Berlusconi. Lo más importante en el mundo del siglo XXI no será la libertad, la voluntad general o los derechos humanos, sino los intereses estratégicos y económicos, cosa que, por otra parte, siempre ha sido así.

Por otra parte, Libia cuenta con la esperanza de vida más alta de un país africano, el primer PIB de África (puesto 63º mundial) y el primer puesto del Índice de Desarrollo Humano del continente (puesto 52º mundial). Es decir, progreso ha habido. Pero más allá de las cifras, detrás de ellas están el inmenso peso del petróleo en la economía, la concentración de la riqueza en unos pocos y un desempleo del 30%. Por no mencionar los derechos humanos…

… esto me lleva a reflexionar sobre un tema que trataré en el post de mañana.

martes, 1 de septiembre de 2009

Por una socialdemocracia combatiente

Os subo un artículo extraído de Le Nouvel Observateur, muy apropiado en su análisis de la socialdemocracia. Estoy muy de acuerdo con su contenido, ya que refleja mis posiciones y mi percepción de los problemas que aquejan a la socialdemocracia. Disfrutadlo.

También ellos han asumido la socialdemocracia


"Sin embargo, es una paradoja formidable. Mientras que los socialistas retroceden más o menos en toda Europa y alrededor del mundo, la idea socialdemócrata no deja de progresar y de provocar conversiones. Entre las últimas, perdonen los pocos ejemplos: ¡Sarkozy, Obama y Benedicto XVI! Aquí hablo de sus discursos, ya que los actos son, a menudo, un asunto aparte.

Sarkozy ha tenido bastante cara: cuando la crisis llegó, se guardó en el bolsillo todos los temas gracias a los que fue elegido, liberalismo, desregulación, modelo americano... En el bolsillo, con el pañuelo por encima. En su lugar aceptó todo lo que hasta entonces provocaba en él ironía o ira: la denuncia de la profunda inmoralidad de un capitalismo financiero predador, el papel regulador del Estado, el excelente modelo francés... Como para quedarse atónito frente a esta colosal caradura. Y decir que todos sus admiradores no han dejado de alabar al mismo tiempo su coherencia, su «preparación» y sus planes, opuestos a la permanente improvisación de Ségolène Royal... Con esto, se ganan las europeas, incluso si el futuro (las regionales) se presenta en un día menos rosa. Con internet, que le sirve de instrumento político, podemos decir de todo, con la condición de decirlo en el momento adecuado y con el tono adecuado. Como diría Panurge, amigo del gigante Pantagruel: «Paciencia».

Con Obama es otra historia. Él defiende en casi todos los ámbitos lo contrario a George Bush: el nuevo presidente ya tenía terreno ganado. Ya sea en política extranjera, economía, ecología o en prevención social, se instalaba ya no en el terreno socialdemócrata -eso no existe allí- sino en tierras del New Deal de Roosevelt, aunque tuviera que adaptarlo a los nuevos tiempos. Lo que cuenta es el retorno del Estado. La filosofía social de Bush era el laissez-faire y la acentuación de las desigualdades, mientras que la de Barack Obama es el intervencionismo y la regulación. Esto es lo cambia todo, empezando por la imagen de los Estados Unidos en el mundo. Con la condición de conseguir resultados...

¿Y el Papa? Bien, ¡también Benedicto XVI! Si exceptuamos las cuestiones de sexualidad -espina de la Iglesia Católica-, aunque a veces también, en materia de bioética, un humanismo lúcido, el pontífice romano acaba de publicar, más de cuarenta años después de «Populorum progressio» de Pablo VI, una encíclica de tono absolutamente socialdemócrata, «Caritas in veritate», donde critica las aberraciones del beneficio, las flagrantes disparidades entre ricos y pobres, la tiranía del mercado, el despotismo de la técnica, y donde preconiza el desarme integral gracias a la creación de una autoridad política mundial. ¡Nada menos! A decir verdad, para llegar ahí, Benedicto XVI tenía menos camino que recorrer que Nicolas Sarkozy; solo necesitaba seguir los pasos de León XIII y de su encíclica «Rerum novarum» (1891), quien ya criticaba los excesos del beneficio y preconizaba la primacía de lo social sobre la lógica económica propiamente dicha.

Así que, amigos socialdemócratas, no pongáis esa cara de entierro: ¡habéis ganado! ¡No es verdad que la economía de mercado se autorregule, como nos lo han machacado durante años! No es verdad que pueda prevenir las crisis -incluso si, con ayuda de la experiencia, los gobiernos han solucionado lo más urgente haciendo pagar al contribuyente los errores de los banqueros, y su monstruosa glotonería. No es verdad que la codicia sea el motor del crecimiento («greed is good», rezaba el axioma de los jefes de Wall Street): por el contrario, se ha convertido en un verdadero factor de improducción; uno de los dato estructurales de la crisis.

Frente a la carrera vertiginosa hacia una crisis de una amplitud aún mayor que la actual, los socialistas deben volver a sus fuentes. Deben mostrar a las masas embrutecidas por décadas de propaganda liberal hacia lo que nos arrastran. ¡Paja de los discursos socialdemócratas comodín! El objetivo de una política socialdemócrata verdadera, es ahora dejar fuera de combate a una clase económica y financiera que ha fracasado, pero que aún pide. No podríamos convertir solo a Daniel Bouton, antiguo presidente del banco Société Générale, en nuestro chivo expiatorio, para saldar cualquier cuenta, de una clase dirigente corrupta e incompetente. Sería escandaloso y aberrante que esta saliese indemne de la crisis que ella ha provocado. Para devolver empuje y veracidad a las idea socialdemócratas, los socialistas necesitan hombres nuevos, libres de cualquier compromiso con la banca y el mercantilismo. Lo repito: no son las ideas socialdemócratas las que se han vuelto obsoletas, son los hombres que las enarbolaban los que se han aburguesado. Sí a la socialdemocracia en la encrucijada del mundo del trabajo y de la inteligencia. No a la socialdemocracia como línea de repliegue de la burguesía de negocios.

Cuando los políticos que pertenecen a clases sociales diferentes profesan ideas políticas diferentes vemos toda la grandeza de la política. Pero cuando los políticos que pertenecen a la misma clase, que frecuentan los mismos ámbitos, que llevan la misma vida, que comparten las mismas vacaciones, las mismas mujeres, las mismas inversiones bancarias fingen, en contra de toda evidencia y sin convicción, profesar ideas políticas diferentes percibimos toda la miseria de la política, toda su mentira.

La socialdemocracia está desapareciendo a causa de esta consanguinidad, al menos, a causa del coqueteo de muchos de sus jefes con los ámbitos de negocios, y “la apertura” de Sarkozy, que muestra de manera evidente esta relación, no hace más que realzar la incapacidad para personificar una solución creíble. Si la socialdemocracia no es más que una sub-marca de coloración «social» de un sistema financiero fundado en la fechoría, no nos sorprendamos de ver a las masas darle la espalda. Necesitamos una socialdemocracia combatiente, no connivente y comprometida con el adversario".


La chronique de Jacques Julliard (Le Nouvel Observateur del 16 al 22 de julio)

Traducción: David López González
"Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organí­cense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza".

Antonio Gramsci, Fundador del Partido Comunista Italiano

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