miércoles, 18 de febrero de 2009

Liberalismo democrático (I): El pensamiento político de Alexis de Tocqueville


Alexis de Tocqueville (1805-1859) plantea como axioma el proceso a la democracia como igualdad de condiciones, la fuerza más antigua en la historia, dominada por una ley a favor de la igualdad en detrimento del privilegio, algo a lo que es inútil oponerse.

El proceso adquiere distintos ritmos y direcciones, es distinto cómo se organiza esa democracia sin saber su concreción aunque sea universal. Tocqueville tiene miedo en el despliegue de esa democracia porque se juega el futuro de la libertad individual: hay que compatibilizar en la democracia la libertad y la igualdad.

Esa realidad la observa en Estados Unidos y Francia en su libro “La democracia en América” en su primer tomo de 1835, en “El Estado social y político de Francia antes y después de 1789” de 1836, en “Recuerdos de la revolución de 1848” de 1848 y en “El antiguo régimen y la revolución” de 1856.

El segundo tomo de “La democracia en América” lo dedica al modelo democrático ejemplar que debe hacer Europa. En 1848 confirma sus aseveraciones de que no se han seguido sus postulados, por eso ha ocurrido la revolución de 1848. Para él, la idea de que la igualdad no se ha conseguido, que se ha llevado a sus límites y que por eso surgen las ideas malévolas del socialismo.

El concepto democracia es amplio. Un estado social o manera de ser de una sociedad no se limita a ser la expresión de una forma política, porque la sociedad tiene otros valores que las que no son democracias. Las sociedades del Antiguo Régimen se basaban en la desigualdad de los estamentos y en la inmovilidad social, donde un sector no trabaja frente al resto, y donde cada estamento tiene sus derechos y obligaciones.

La desaparición de desigualdades leva a la igualdad de condiciones entre todos los individuos, y agrega Tocqueville que también lleva a la uniformidad. Es el mérito lo único que dirime quién alcanza el triunfo, y esto está abierto a todos.

Lo que caracteriza a la sociedad democrática es la exigencia del trabajo, todas las profesiones son honestas, y la carrera al triunfo (éxito económico) debe eliminar todos los obstáculos.

Existe lo que se llama el gobierno de la mayoría, todos deben tener iguales derechos e iguales obligaciones y derecho a participar en la cosa pública. La libertad, que en el Antiguo Régimen son privilegios estamentales, es como lo ve Edmund Burke: derechos adquiridos incuestionables. Hay libertad para elegir el propio destino, y como sostiene Constant, hay que disponer de una esfera privada.

La libertad debe estar en la sociedad democrática, donde no hay desigualdad. La soberanía es popular porque la soberanía nacional surge de cada individuo, de la unión de las voluntades de todos.

Había que observar los cambios de la sociedad: desigualdad feudal, poder de la minoría… la democracia debía ser igualdad de condiciones y elevación del nivel de vida, con exigencia del trabajo y obstáculos solucionados en la carrera a la riqueza.

Debe haber una esfera privada donde actuar libremente, como dueño de su destino, y por tanto la soberanía nacional es el sumatorio de la libertad de todos los individuos. Esto lo ve en Estados Unidos, pero no ocurre lo mismo en Francia.

Los factores que señala son los factores accidentales, los factores legislativos y los factores de religión.

Los accidentales, en los Estados Unidos, son los padres fundadores, con condiciones idóneas para la democracia: espíritu reflexivo, moderación, instrucción y creencia en la igualdad de los hombres en un lugar adecuado para su desarrollo por su gran extensión, su gran riqueza y sin enemigos exteriores.

Los legislativos se sitúan en una premisa: participación cotidiana de los ciudadanos en la marcha de la sociedad y en la gestión pública. Este modelo combina las ventajas de un Estado grande con las de una nación pequeña, tienen un poder central suficientemente fuerte como para evitar que la sociedad se disgregue, compensado por organizaciones locales que permiten la autonomía y que impiden que el poder central absorba la sociedad. Los cargos son electivos, numerosos, con organización comunal como autonomía para superar los problemas por sí mismos sin ayuda superior. La comuna es una escuela de desarrollo cívico, porque hay participación pública y gestión pública, que puede ocupar una persona de la comunidad durante un tiempo. Hace que el ciudadano sea menos radical y tenga atemperadas sus exigencias.

Destaca una línea fundamental: frente a Europa, que garantiza la libertad reduciendo el poder central, Tocqueville ve que no hay que reducir el poder sino distribuyendo el poder, por la descentralización y acercando el poder a los ciudadanos.

En Estados Unidos hay otras vías que integran a los individuos en el espacio público: libertad de prensa, que permite la transparencia, y la opinión pública para que el poder rinda cuentas, y la otra es el derecho a la asociación, un mecanismo de mediación entre intereses individuales, que integran a los ciudadanos en un ente que sintetice sus ideas y controle el poder, como un correctivo que permite contraponerse a la nivelación y permita la iniciativa individual.

Si en el Antiguo Régimen los intereses se consiguen por los privilegios, en las democracias es por pluralismo. Los ciudadanos se integran en asociaciones para la defensa de una serie de intereses, de ahí la asociación política: los partidos americanos no son de ideologías sino de intereses comunes de sus miembros.

Se señala el modelo constitucional como modelo equilibrado por los poderes que se contrapesan: la presidencia, el poder judicial y el legislativo, que a su vez se contrapesa a sí mismo, con la defensa de los intereses estatales e individuales en las dos cámaras. El poder judicial tiene además el papel de ser el garante de la constitucionalidad de las leyes.

Tocqueville señala que hay unas costumbres importantes que equilibran igualdad y libertad. La religión tiene un doble papel. Había acompañado a los padres fundadores. Tiene un papel de control social, para evitar la inestabilidad de las sociedades democráticas por exigencias de más igualdad, es conservadora y moderadora. También tiene una función moralizante, se enfrenta al materialismo que degrada la condición humana, es un imperativo ético o social. Lo cumple en la medida en que está separada del poder público, le corresponden las almas, no los ciudadanos. Por eso, hay una separación tajante entre la esfera política y la religiosa. En Europa esto no se da porque se hayan vinculados.

Para mantener a la sociedad democrática hay que tener hábitos, luces y experiencia práctica, para evitar propuestas revolucionarias, de renovación total o para hacer que los ciudadanos abandonen la esfera pública. Los americanos tienen una instrucción mínima para mantener el sistema.

Tocqueville idealiza a Estados Unidos, donde ve que se compatibiliza la igualdad y la libertad. Ve dos peligros: el excesivo individualismo, que puede derivar en despotismo; y un excesivo igualitarismo, que puede derivar en anarquía o en un constante sentimiento revolucionario.

Las sociedades democráticas igualan a los individuos, que se ven como semejantes e intercambiables. Los individuos luchas por mayores cuotas de bienestar individual. Hay individuos que quieren diferenciarse, apartarse de lo general y luchando por su interés personal: no quieren ser iguales. Eso es el individualismo, para no ser la masa se repliegan en lo privado y abandonan el espacio público. Eso hace que acabe en una mayor concentración del poder, ocupando el espacio que dejan, y hace que todos acaben dependientes del poder. Se distancia de Constant en esto. Tiene que haber una instrucción pública, una combinación de la libertad de los antiguos con la de los modernos y un equilibrio entre el interés individual y colectivo.

Con el igualitarismo, las sociedades democráticas tienden a la igualación de las distinciones sociales, acabando en un delirio abusivo. Los hombres toleran muy mal la preeminencia de los demás, más si cabe si se acompaña de privilegios. Los inferiores dan rienda suelta a sus sentimientos cuando los privilegiados son débiles. Se va a una revolución con la igualdad como forma obsesiva. Sería bueno si no fuera porque acaba con la libertad, acabando con las diferencias de mala manera, en conflicto y lucha, terminando con ella, junto a las diferencias. Al final esa pasión excesiva hace que la sociedad se gobierne con pulsos pasionales de la colectividad, en anarquía y en constante revolución.

Los hombres consideran que a más igualdad hay más libertad. La primera tiene ventajas a corto plazo y la segunda a largo plazo. Tocqueville se pregunta por qué los hombres tienden más a la igualdad que a la libertad. Llama a la revolución de 1848 “la pasión de la igualdad al extremo”.

En Estados Unidos no existió el Antiguo Régimen, nacieron como iguales y no necesitan, por tanto, llegar a serlo, como Europa, donde no se estaba libre.

Ve en la Francia prerrevolucionaria un Estado centralizado sin libertad. La nobleza había perdido poder antes de 1789. Las decisiones las tomaba la monarquía y sus intendentes, la nobleza mantenía una ficción de poder. Se afirma la centralización, la igualdad de los individuos ante el Estado y ante sí. Se desarrolla una negación de la libertad, los individuos no pueden desarrollarse entre sí, se hacen mutuamente independientes y aislados.

La nobleza se asimila al resto y sólo se diferencia en la pervivencia de sus privilegios. Es el error y pecado de la monarquía, al dejar la exención fiscal y la ficción de poderes. Esto deriva en un proceso explosivo. Las instituciones se alejan del poder real, vacías, y la igualación social tiene poco que ver con lo anterior, con el aislamiento y falta de acuerdo con las reformas.

Tocqueville cree que la revolución es poco innovadora, que sólo acelera un proceso que es la igualación. Se llega a regímenes que quieren llegar al fin de la desigualdad, se distancian del modelo norteamericano. Compara que en Europa se centraliza y amplían las esferas del poder, al revés que en Estados Unidos, que busca autonomía en todos los niveles. Los ciudadanos se vuelven apáticos, o se apartan o se integran con falta de experiencia. En Estados Unidos se invita a participar periódicamente en la esfera pública, en Europa esto no se hace, no hay cauces o se hace con movimientos no ordenador.

En Europa se vincula el poder con la religión, así, si el poder se ataca, se ataca a la religión. La masa europea es inculta, en Estados Unidos hay élites selectas pero una instrucción extensa que evita los peligros que hay en Europa.

En “Recuerdos sobre la revolución de 1848” ve la expresión máxima por la igualdad y la mezcla de sentimiento y doctrina que es el socialismo. Frente al liberalismo se juega el socialismo, que será un componente de los movimientos revolucionarios. El siguiente paso será el despotismo, el aislamiento, en un ejemplo como reconducción conservadora como es el II Imperio francés.
"Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organí­cense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza".

Antonio Gramsci, Fundador del Partido Comunista Italiano
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