lunes, 8 de diciembre de 2008

El pensamiento político de Rousseau


Jean-Jacques Rousseau poseía un carácter melancólico. Su familia, emigrada a Suiza y perteneciente a la clase media, profesaba la fe calvinista. Ahí, en Ginebra, Suiza, nació en 1712. A la muerte de su madre se educó con un pastor protestante y trabajó en el servicio de un tiránico maestro grabador. Se escapó y acabó en un hospicio en Turín, donde abjuró del calvinismo y se hizo católico.

En 1728 entabló relación con Madame de Warens, quien le proporcionó una educación esmerada y ayudó en su afición por la música, estudiando también álgebra. Se va vinculando a los círculos intelectuales de París. Sus trabajos de música, como óperas, tuvieron un éxito limitado, y su proyecto de notación musical fue rechazado. Inició una relación sentimental con una costurera que le dio cinco hijos, que pasaron a orfanatos por problemas económicos. Se vinculó a grandes ilustrados como Diderot, D’Alembert y Voltaire y traba amistades superficiales, y se acaban distanciando.

Rousseau acaba marginado, vuelve al calvinismo y se renacionaliza suizo. En un discurso en 1750 sobre ciencias y artes plantea un desajuste entre progreso material y progreso cultural. En 1754 mantiene en un discurso la existencia de desigualdad entre los hombres, planteando el origen de todos los males. Cuestiona los pilares de la Ilustración, el laissez-faire y el individualismo. Murió en Ermenonville, Francia, en 1778.

Sus obras más importantes fueron "El contrato social" y "Emilio", ambos de 1762. En ellos sienta las bases de la democracia y la educación natural. Son obras tan avanzadas para la época que resultan prohibidas. Poco a poco inicia un periplo, a Reino Unido, volviendo a Francia… habitando en casas de amigos. Realizó también dos obras por encargo, las "Consideraciones sobre el gobierno de Polonia" de 1772 y el "Proyecto de Constitución para Córcega" de 1775, de aplicación práctica de "ciudades democráticas".

Rousseau sostiene que las ideas ilustradas corrompen a los hombres, porque éstas no conseguían que los individuos fueran más libres, más felices y menos malos. Cuestiona el principio del progreso, fijando su atención en el progreso material y en el progreso cultural y moral. Ve que el progreso técnico es evidente, pero no el otro. Entonces, si no se ha conseguido no se puede ser optimista, la idea ilustrada entonces no funciona, porque el progreso debe ser completo.
Cuestiona la Razón. No se asienta sobre la Razón ilustrada, acusándola de muy fría y matemática, homologando a los individuos para hacer cálculos y modelos. Para Rousseau cada hombre tiene determinadas características y facultades.

Cuestiona la idea de Naturaleza. Los ilustrados quieren legitimarse siguiendo las leyes de la Naturaleza. El modelo social, según Rousseau, se encuentra a medio camino entre sociedades burguesas y aristocráticas, la naturaleza es cuando el hombre se encuentra consigo mismo. El ilustrado vive de las apariencias, vive en una sociedad opresiva, quiere un nuevo modelo recuperando lo que pudo ser el hombre natural.

Rousseau no quiere recuperar el momento histórico, para él, la sociedad natural sólo es una hipótesis, quiere construir un modelo que limite esos daños. Hay dos derechos insustituibles para los hombres: deben ser libres e independientes. Rousseau no reconoce la propiedad, la familia o la prohibición en el hombre natural. Ese hombre natural es poco más que un animal, cuyo único interés es la subsistencia y en esa lucha mantienen relación con los otros hombres, una relación de enfrentamiento entre unos con otros.

Los hombres no son sociales por naturaleza, la sociedad es una ruptura. Contradiciendo a Hobbes, el hombre no es un lobo para el hombre, el todos contra todos se aprende en la sociedad. En esto Marx se influye en Rousseau. Los hombres se caracterizan en este mundo por la apatía e indiferencia, son felices sin saberlo, son libres sin saber qué es la libertad, son inocentes porque no tienen inocencia.

Se sale de eso a unas facultades inherentes: piedad y perfectibilidad. Piedad es simpatía o atracción que todo ser viviente tiene hacia otro en el que se siente reflejado. Se manifiesta como humanidad, bondad y solidaridad. La perfectibilidad es capacidad para desarrollar la razón, la racionalidad.

El primer paso a la socialización: familias, comunidades, sociedad y lenguaje. Los hombres se dedican en un primer momento a la caza y el pastoreo, se cubren las necesidades en cooperación, se mantiene la libertad y la independencia. La única sujeción es la familia, de carácter temporal, hasta que los hijos se puedan valer por sí mismos.

La ruptura se produce con el cultivo y la minería. Esto produjo que unos hombres acumulasen más que otros, que se quedaron como antes, naciendo la desigualdad. Se produjo entonces la caída del hombre y la esclavitud, la lucha de todos contra todos en la sociedad, los fuertes expropiaron a los débiles y se crearon ricos y pobres.

Entonces surge el Estado al servicio de los de arriba para garantizar su propiedad, engañando a la mayoría desposeída con argumentos falaces, y los pobres se lo creen y acceden. Se crean leyes, se organiza el Estado y se instituye totalmente la desigualdad. Este Estado se torna despótico, donde gobierna uno y no la ley, y universaliza la servidumbre de los demás.

Todos los gobiernos se basan en pactos inicuos e injustos porque se hizo aceptar unas leyes y organización pensando que lo hacían por la libertad, pero en cambio eso produjo la servidumbre. Este pacto es inválido porque incluye la negociación de la libertad, y ésta junto con la independencia es innegociable.

Frente a todo esto Rousseau propone el verdadero contrato social.

Este pacto social debe garantizar la libertad y la independencia, junto con la igualdad. Rousseau no busca volver al pasado sino huir para adelante, porque la Naturaleza no procede, sino actuar sobre lo existente. Esto se consigue con las facultades de hombre anteriormente mencionadas: piedad y perfectibilidad.

El contrato social debe asentarse en el consentimiento de los gobernados. A partir de ahí, lo que se plantea es encontrar una forma de asociación que proteja la persona y bienes de cada asociado, no obedezca más que a sí mismo y sea tan libre como antes. Todos los individuos conservan sus derechos y adquieren los mismos que los demás ceden, formando una comunidad que tiene vida propia, que antiguamente se llamaba "ciudad" (civitas), y en la actualidad "república" (res publica).

Rousseau señala dos elementos: el pasivo y el soberano. En esta comunidad se les llama pueblo y ciudadanos, súbditos en cuanto sujetos a la autoridad del Estado. El Estado es pasivo, el soberano es el órgano activo y la potencia respecto a otros. La voluntad general es diferente a la voluntad de los individuos, y a la suma de esas voluntades. Es superior, se identifica con el deseo colectivo y racional, que lleva al bien común, que es la finalidad del contrato social. La ley que deriva de esto es la expresión de esa voluntad general, su forma de expresarse.

Hay dos niveles de actuación, propio de su singularidad, propio de esos individuos, y un nivel de actuación genérico, les corresponde dos voluntades: particular y genérica.

La voluntad genérica es lo que más se identifica con el hecho de ser hombre, la que tiene valor, se identifica con la voluntad general. Los hombres no se entregan a algo extraño, sino realizar su voluntad genérica. Esto es el paso del liberalismo a la democracia.

La voluntad general es específica del poder político, la voluntad particular es el propio bien de cada individuo, y la voluntad genérica es preocuparse por los demás. A través de la voluntad general se persiguen los objetivos de la genérica.

La libertad, para Rousseau, es hacer que la voluntad genérica domine sobre la voluntad particular para ser auténticamente libre. Así, con el contrato social se consigue la libertad y un beneficio añadido: ser libre en moralidad y en virtud.

Rousseau acaba aceptando la existencia de la propiedad privada, pero ésta debe ser limitada, y redistribuida, porque no debe existir tanto desequilibrio.

Se acaba identificando al soberano con la voluntad general, con un cuerpo político y con la ley. El soberano es la totalidad del pueblo, la ley es la expresión de su voluntad. Esta soberanía no se transfiere, solo puede ser ejercida por el pueblo, de forma directa, sin representantes, si acaso delegados y siempre supeditados a las órdenes del soberano. Rousseau se inspira en las polis clásicas y en explicación a su ciudad, Ginebra, en pequeñas comunidades. Esta teoría es la democracia radical, que se pondría de manifiesto en la Constitución francesa de 1793, la etapa de la Convención jacobina. Para evitar esta democracia radical, Tocqueville y Stuart Mill hablarán de democracia representativa, para hacerla más amplia.

La soberanía no puede dividirse, por eso no acepta la división de poderes, solo puede ser uno, sin partidos ni particularidades. Esta soberanía es absoluta, infalible, siempre quiere el bien común. No tiene límites ni obligaciones, y no habría riesgos puesto que los individuos siempre tienen poder constituyente. Como esta teoría era muy peligrosa en su tiempo, Rousseau le incorporará limitaciones para que no sea acusado de absolutismo.

Como la soberanía pertenece al pueblo, que posee siempre el poder constituyente y absoluto, lo puede hacer todo. Pero Rousseau declara que no puede establecer cadenas o leyes inútiles ni ir más allá de las convenciones generales.

La propiedad privada se limita, cuando es excesiva, por el contrato social y cumpliendo la ley, eliminando los abusos y garantizando la libertad.

La ciudad está en permanente educación, intentando que no se degrade, para crear ardientes patriotas para sacrificarse por la comunidad. La ignorancia puede impedir ver al pueblo cómo encontrar el bien; así, debe haber alguien que lo ayude: el legislador fundador, un ser extraordinario para que el pueblo se pueda constituir como tal, para articular la voluntad general. Aquí está la idea de un caudillo genial, ideal que adoptará el cesarismo democrático bonapartista.

La forma de gobierno que observa Rousseau es distinguir del soberano el gobierno, que son magistrados que ejecutan las leyes, como suprema administración y cuerpo intermedio entre súbditos y soberano, es un delegado subordinado. La forma legítima que Rousseau ve es la que el pueblo ejerce colectivamente el poder soberano, la república.

Esta república se divide en democrática, aristocrática o monárquica. Intuye que el mejor gobierno es el aristocrático, donde un grupo de individuos ejecutan las leyes. Las formas ilegítimas que proclama son la oligarquía, el despotismo y la oclocracia, en los cuales el gobierno usurpa atribuciones del soberano. El término oclocracia es complicado, sería como si el pueblo se "usurpara a sí mismo", y sería que el gobierno lo ejercería la mayor parte del pueblo.

El pensamiento de Rousseau ha sido objeto de muchas críticas. La extrema derecha le acusa de ser un individualista extremo y de secularizar el poder confundiendo al pueblo con Dios. Benjamin Constant lo tacha de precursor del totalitarismo. En el gobierno jacobino del Terror el Comité de Salud Pública intentará abrogarse el papel de legislador supremo.

Sin embargo, de su pensamiento beben Kant, Fitche, Hegel, los socialistas utópicos, el socialismo marxista, el republicanismo y la democracia de Alexis de Tocqueville y John Stuart Mill.

2 comentarios:

Noelia Seibane dijo...

Las mujeres también tenemos cosas que reprocharle: veáse el tratamiento de las mismas en su libro para la educación del ciudadano "Emilio".
Un saludo, compañero

Javier dijo...

Es cierto compañera, igual que Locke, Montesquieu, Burke, etcétera etcétera... hasta que la cosa cambia con Stuart Mill en el siglo XIX, entre otros, o como Pablo Iglesias, que defienden los derechos de la mujer y su inclusión en la participación política. Pero también tengamos en cuenta que era la época que era, incluso la Revolución francesa fue una revolución para los hombres, en masculino, como los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Pero ya eran conceptos revolucionarios, un nuevo paso en la evolución política de los humanos. Seguramente ahora pensarían de forma distinta, también en el terreno de los derechos de la mujer. Un saludo compañera!

"Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organí­cense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza".

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