jueves 15 de marzo de 2012

Réplica a la izquierda mundial de Wallerstein

Este escrito es una réplica al artículo de Immanuel Wallerstein “La izquierda mundial después de 2011”, enlazado aquí. Su artículo gira en torno a dos cuestiones. La primera, el desarrollo de los nuevos movimientos sociales surgidos con el desarrollo de la última crisis mundial del capitalismo y también de los sucesos conocidos como la “Primavera Árabe”, aunque apenas se centra en ellos. La segunda, y más importante, es su reflexión acerca del papel que le toca a la izquierda en el nuevo contexto mundial y su actual división entre pragmáticos y utópicos, caracterizaciones dentro de las cuales existen aún más divisiones y el relato principal es su impotencia para unirse y disputar la hegemonía al centroderecha.

Surge en la escena política mundial una nueva oleada de movimientos sociales (jóvenes con perspectivas muy precarias, indignados), que se suman a los tradicionales de movimientos ecologistas, feministas o altermundistas. Estos nuevos movimientos recogen el tradicional debate de los movimientos socialistas y de liberación nacional acerca del poder del Estado como medio de transformación social. En muchas ocasiones, no se trata de conquistar el Estado o superarlo, como podría ser el discurso de la extrema izquierda, sino que se trata de que cumpla el papel formal que recogen sus leyes fundamentales o inspiraciones teóricas: una distribución más equitativa de la riqueza, la lucha contra la corrupción y el acercamiento de la política a los ciudadanos, muy alejada y dominada por unos pequeños grupos elitistas que compiten por el poder. Se trataría, en suma, de democratizar la democracia, el cumplimiento mínimo de la democracia liberal como imperio de la ley y de la socialdemocracia plasmada en el Estado de bienestar. Este argumento se vincularía con el discurso tradicional de la izquierda de transformación social, donde el Estado aún tiene algo que decir, si bien limitado por el desarrollo de la globalización económica y la emergencia de nuevos poderes supranacionales, sean estos alejados del control democrático, como las empresas multinacionales, o impulsados por los gobiernos nacionales, como la Unión Europea.

El caso de la Primavera Árabe es distinto. En primer lugar, no es una, sino varias Primaveras. El caso de Túnez ha sido tomado como paradigma de revolución árabe: movimientos populares contra la dictadura y resistencia de las fuerzas de represión (policía y ejército) para acabar con las revueltas y acabar finalmente apoyándolas y obligando al régimen a abrir un proceso democrático. Algo parecido sucedió en Egipto, y en otros países, los que tienen monarquías pseudoconstitucionales como Marruecos o Jordania, consiguieron llegar a una especie de consenso y canalizar las protestas. Los casos de Libia o Siria son distintos, pues a las protestas no ha seguido la caída de la dictadura sino la resistencia y la represión indiscriminada, con el resultado que sabemos en un caso, y en el otro se permanece a la espera. La principal crítica realizada a las revoluciones árabes es el peligro de los movimientos islamistas, crítica no solo realizada por los gobiernos occidentales –con el argumento de la seguridad de los intereses occidentales en la región y el equilibrio de poder en zonas geoestratégicas– sino también por la extrema izquierda, asistiendo a insólitos apoyos a dictadores como Gaddafi o Bashar al-Asad bajo argumentos donde se mezclan la laicidad frente al islamismo radical, la independencia nacional o factores de progreso económico. Este miedo se vería confirmado por las victorias electorales en Túnez y Egipto de partidos islamistas y la introducción de la agenda islámica (confesionalidad del Estado, inspiración religiosa de la ley, la posición respecto a minorías religiosas, el estatus de la mujer…) en los debates constitucionales. Se tiende a olvidar el papel que ha jugado el movimiento islamista, radical o moderado, como movimiento político de oposición a los regímenes autoritarios del mundo árabo-musulmán, y como movimiento social, desplegando fundaciones de asistencia social, sanitaria y educativa a las clases populares, cuestión capital en Estados con una estructura asistencial muy débil. Ese papel es parecido a la labor asistencial de la Iglesia Católica en Occidente. Hay que recordar que comprendemos la evolución del mundo árabo-musulmán desde nuestra perspectiva occidental, de ahí la incomprensión hacia si se embarcan o no en un proyecto de democracia que tendrá una gran inspiración en el Islam (democracia islámica) o de ver la faceta social de los movimientos islamistas.

Wallerstein da a los partidos un papel esencialmente estatal. Mas, si no nos podemos sustraer a las dinámicas globalizadoras, los partidos, sobre todo las fuerzas de izquierda y centroizquierda, se verían aún más limitados en su potencial capacidad transformadora de la realidad. Ese defecto de los partidos, su estrechez nacional, ha venido a ser beneficioso para el desarrollo de los nuevos movimientos sociales, que sí han o pueden alcanzar una dimensión supraestatal y centrar sus críticas y luchas contra los actores internacionales como empresas multinacionales, los foros económicos como el de Davos, organismos internacionales como el FMI o el Banco Mundial y cumbres europeas. En estos foros es donde tienen cabida muchas decisiones que acaban afectando a la acción de los Estados y que quedan muy alejadas de cualquier control democrático. Por su parte, parte de la izquierda mundial, partidos de izquierda, movimientos sociales progresistas y otros grupos altermundistas han dado lugar a diferentes respuestas, como el Foro de Sao Paulo, el Foro Social Europeo o el Foro Social Mundial, como alternativa al discurso neoliberal.

La alusión de Wallerstein a los profundos desacuerdos en el seno de la izquierda mundial y a los pocos progresos en cuanto a superar las divisiones no es otra cosa que el clásico dilema de la izquierda en cuanto a reformistas y revolucionarios, entre los defensores de llegar al poder y los de oponerse radicalmente a él. La cuestión no es entre blanco y negro, por cuanto existen multitud de matices: dejando a un lado el movimiento anarquista, totalmente contrario a la participación dentro del Estado y la concurrencia electoral, otros movimientos socialistas defendieron la participación electoral y la reforma a la vez que la revolución cuando se cumpliesen las condiciones objetivas para tal fin. En esta izquierda política, la diferencia principal es dar un valor retórico o dotar de contenido real a la revolución, cuestión que la práctica cotidiana del poder o la expectativa de llegar a él relegaba a meras alusiones cosméticas en los discursos políticos, no solo en la socialdemocracia, sino en el comunismo, aunque se presentara como oposición al reformismo socialdemócrata: la construcción del Estado soviético en el antiguo imperio de los zares no cumplió totalmente con las expectativas de una sociedad realmente socialista ni con una real libertad para el ser humano. En su lugar, la tesis estalinista de “socialismo en un solo país” tuvo más fundamentos de pragmatismo que de espera real a la revolución mundial y más nacionalistas que internacionalistas; además, la posterior expansión de sistemas socialistas en buena parte del planeta reprodujeron las contradicciones intrínsecas del Estado soviético de pobreza material, totalitarismo y represión, sin que las contrapartidas objetivas de relativa igualdad económica y ciertos niveles de asistencia social lo compensaran o se convirtieran realmente en una alternativa al sistema-mundo capitalista, sobre todo cuando la socialdemocracia lograba establecer en la Europa occidental un Estado de bienestar como consenso interclasista, manteniendo y gestionando el capitalismo a la vez que aprovechándolo para aumentar el nivel de vida, económica, social e intelectual de las clases trabajadoras. El fin del consenso del Estado de bienestar no se rompió por la caída de las dictaduras socialistas; su razón de ser como alternativa había dejado de existir mucho antes: la extrema izquierda abrazó el trotskismo y el maoísmo contra una Unión Soviética a la que veían como imperialista y alejada de cualquier ideal socialista, y los principales partidos comunistas europeos, como el francés o el italiano, que tenían un gran poder regional o local y las expectativas de llegar de forma democrática al poder –lo mismo esperó en su momento el PCE al inicio de la transición de la dictadura a la democracia y bajo el liderazgo de Carrillo–, se embarcaron en el eurocomunismo, que se puede interpretar como una revisión democrática del comunismo y vuelta a las esencias de la socialdemocracia revolucionaria de discurso y reformista de práctica de principios de siglo XX o como una constatación de la moderación que obliga la posibilidad de poder y de la que no puede sustraerse nadie, excepto los movimientos marginales y radicales. El fin del consenso del Estado de bienestar provocó la revisión neoliberal, el vaciado sustancial de los programas sociales y el combate sistemático contra el sindicalismo y los valores progresistas. De ahí una de las críticas a la socialdemocracia por haberse desideologizado en el poder y no ser capaz de elaborar un nuevo discurso que renueve los apoyos al centroizquierda contra el embate neoliberal, esa acusación cuasi-ritual de la extrema izquierda de acusar a la socialdemocracia de ser una derecha camuflada –que recuerda a la acusación de “socialfascista” de la época de entreguerras.

Wallerstein parece pretender algo iluso como es la superación de las divisiones y la unión de las izquierdas, si bien es algo que muchos querrían –quisiéramos–. Si bien el debate acerca de las tesis desarrollistas o del crecimiento frente a la antidesarrollista –mejor podría denominarse del decrecimiento, como sostiene Carlos Taibo– es un debate muy interesante por cuanto se proponen discursos alternativos o superadores del actual sistema-mundo capitalista, no es, sin duda, el principal escollo que separa a la izquierda “mundial”. Es un apelativo que, al contrario que Wallerstein, personalmente me es difícil de otorgar a la izquierda por cuanto, pese a la existencia de Foros Sociales mundiales o la de Internacionales de partidos, el esquema nacional sigue imperando y constriñendo las alternativas contrarias al capitalismo, sea radicalmente a cualquier capitalismo o al del sesgo más descarnadamente neoliberal. El principal obstáculo es la posibilidad de unión electoral entre las diferentes opciones de izquierda. Si Wallerstein pide “aceptar de buena fe las credenciales de izquierda del otro”, esto es difícil, y conecta con todo lo anterior, acerca del debate entre reformistas y revolucionarios, que es también un debate entre los que tienen más facilidades para gobernar y los que no las tienen; es decir, las acusaciones de derechismo vienen de sectores que difícilmente llegarán a tener una gran representación electoral o ganar unas elecciones y, por tanto, están alejadas de cualquier experiencia de gobierno y la toma de decisiones que conlleva, más cercana al pragmatismo que al idealismo, sujeto por la realidad existente y los equilibrios de poder. Por el otro lado, la experiencia de poder puede generar en una excesiva moderación o identificación con el orden existente y defraudar las expectativas de los ciudadanos, en la idea que el radicalismo no ayuda y no cambia las relaciones de poder existente, y puede crear el efecto contrario, esto es, la reacción y reagrupamiento de las fuerzas del centroderecha. Entre los que acusan de derechismo a la socialdemocracia también se encuadran aquellos que desconfían de las elecciones para transformar la sociedad –en ello tiene mucho que ver su escasa relevancia electoral y peso social–, planteamientos que se alejan de principios democráticos y están más cercanos del dogmatismo, autoritarismo y anquilosamiento que sufre la extrema izquierda.

Finalizando, Wallerstein no propone elementos de unión entre las izquierdas, aparte de una declaración mutua de buenas intenciones. Si hay que propiciar el cambio social, hay que mirar con perspectiva histórica y criterio las experiencias previas de los viejos movimientos socialistas, de los nuevos movimientos sociales y de las nuevas condiciones del sistema-mundo. En cierto modo de respuesta y conclusión, si el sistema-mundo capitalista ha roto con una cierta vía de progreso en la democratización, inclusión de las masas en un sistema democrático y de cierta igualdad política y económica, las respuestas a ello han de ser fuerzas unidas bajo unos mínimos de respeto del principio democrático y construcción de un nuevo bloque histórico que conquiste la hegemonía, como requisito previo para el cambio social.

viernes 3 de febrero de 2012

Carme Chacón: un impulso necesario por la renovación


"La respuesta socialista" es el lema con el que abre el 38º Congreso del Partido Socialista Obrero Español. En Sevilla, el principal partido de la oposición tiene como tarea para este fin de semana

- Realizar una dura autocrítica por las severas derrotas de 2011 y la línea política seguida durante el inicio de la crisis económica.

- Elegir entre Carme Chacón o Alfredo Pérez Rubalcaba para dirigir al partido en los próximos cuatro años e iniciar la renovación tanto en ideología y discurso como en cuadros.

- Hacer una verdadera "respuesta socialista", un impulso necesario por recuperar el proyecto socialdemócrata y europeísta que devuelva la confíanza en el proyecto europeo y el crédito al Partido Socialista como partido progresista de gobierno.

Más de 950 delegados, elegidos por congresos provinciales, y estos a su vez por los militantes de cada agrupación del partido, son los elegidos para dar esta respuesta. Se discutirán más de 16.000 enmiendas, una cifra bastante relevante, si la comparamos con las apenas 1.500 enmiendas que discutirá el congreso del Partido Popular dentro de poco, en la misma capital andaluza. Es, quizás, un dato muy importante si queremos medir la calidad democrática y participativa entre los dos grandes partidos de España, máxime cuando el centenario PSOE vive momentos muy duros, fuera de muchos gobiernos autonómicos, reducido su poder local y mermada su militancia, frente a un partido conservador que, hoy por hoy, aglutina el máximo poder local, autonómico y nacional en toda su corta historia. El PSOE es un partido con tanta historia que no es posible entender buena parte de la historia contemporánea de nuestro país sin él; por eso, el trabajo de los delegados tiene un valor adquirido, y es que el PSOE no puede degenerar a la irrelevancia política; tiene, por obligación histórica, reconectar con su base social, que a día de hoy está totalmente indignada con las decisiones recientes de la pasada legislatura. El PSOE necesita urgentemente reconstruir los puentes destruidos, tras haber bajado de la barrera psicológica del 30% de votos a nivel nacional, perder cuatro millones de votos y mantener la posibilidad de perder, por primera vez, Andalucía, y -aunque ganó las elecciones en número de votos- seguir fuera del gobierno del Principado de Asturias en la nueva convocatoria electoral tras el fiasco de la experiencia de Álvarez Cascos.

La socialdemocracia jugó un gran papel histórico para construir el Estado de bienestar y consolidar la democracia en Europa. El neoliberalismo ha roto el consenso sociadelmócrata y se propone destruir todo lo que la socialdemocracia significa; el poder se ha desplazado de los ciudadanos a un reducido núcleo plutócrata, que no es ni siquiera nacional, es transnacional, porque el poder del capitalismo no conoce fronteras. La socialdemocracia no se puede quedar reducida en las estrechas fronteras de la nación, la ciudadanía no puede languidecer y encogerse de brazos por miedo o pérdida de la confianza. El socialismo democrático no solamente tiene que ofrecer una nueva fuerza para recuperar lo perdido y seguir progresando; es la ciudadanía la que tiene que devolver su confianza a un movimiento pragmático, realista pero combativo. Eso tiene que ser la socialdemocracia, y no el apéndice de un sistema económico que les conduce a la irrelevancia. A izquierda y derecha de la socialdemocracia queda el populismo y la reacción, las respuestas vacías y retóricas o las acomodaticias y serviles.

No es solo el PSOE quien tiene que recuperar ese espíritu, sino toda la socialdemocracia europea. Hay que romper y superar esas fronteras estrechas de la nación, sustituirlas por el federalismo europeísta, la unión y la respuesta conjunta de la ciudadanía europea. No es por la identidad ni un "destino histórico" que se quiere ver a las naciones, es porque es la mejor vía para defender nuestros valores y nuestra sociedad.

En un fin de semana no se pone punto y aparte a un partido con varios errores en su política, sin olvidar sus muchos aciertos. Hay que renovar los cuadros dirigentes y cambiar sus prácticas. Hay que abandonar la pobreza ideológica, el caudillismo y servilismo de algunos. El partido tiene que estar abierto a la sociedad y a sus estratos activos, y su actual estructura supone una rémora para el nuevo siglo. Tampoco un fin de semana gesta y da a luz la renovación: la renovación comienza en este Congreso, que alumbra un período donde el partido habrá de dotarse de nuevas prácticas, ideas y propuestas que ofrecer como alternativa a las políticas de contrarreforma y estrangulamiento de la economía que ejecutan los conservadores.

Poniendo directamente sobre la mesa mis preferencias, mi apuesta es por el proyecto que lidera Carme Chacón. No es cuestión de apostar por personas, no por ser de tal sexo o tal región, no porque lo apoye fulano o mengano. Ese es el juego de la prensa y su estrechez de visión, la misma estrechez que provoca la ironía de leer y escuchar críticas, antaño, por la falta de debate y contestación a los liderazgos caudillistas; y ahora, esa estrechez provoca hablar de "guerras civiles" por la discusión y puesta en debate de dos candidaturas. Esas candidaturas, lógicamente, comparten lo esencial, pero son las diferencias de criterio, respuestas y perspectivas las que las separan y nos permiten, o deberían permitirnos, dejarnos llevar libremente por nuestro criterio para decantarnos hacia una u otra dirección.

Por ello, creo que el proyecto de Carme Chacón es el mejor para comenzar la renovación del partido, trazar un nuevo discurso para España y colaborar en una socialdemocracia europea que, en el futuro, debe estar cada vez más unida y ser un referente como movimiento progresista europeo. Hay que hayar la combinación necesaria entre ruptura y continuidar; ruptura con los errores que han desconectado al partido de la sociedad; continuidad con lo que supone el proyecto socialdemócrata y libertador de un partido histórico. Si triunfa el proyecto de Chacón, las ideas cobrarán un nuevo protagonismo para dotar al partido de las respuestas necesarias que la sociedad necesita de su referente socialdemócrata. El enquistamiento y la irrelevancia no son la respuesta, sólo caminar hacia adelante, innovando y arriesgando.


Enlaces de interés:
El momento decisivo
Cinco claves sobre el congreso del PSOE
Una alternativa por hacer

jueves 2 de febrero de 2012

La contrarreforma educativa de los conservadores

Ayer, el nuevo ministro de Educación, José Ignacio Wert, anunciaba en sede parlamentaria los cambios que el nuevo ejecutivo de Rajoy iba a realizar en la educación nacional. Resumidamente, las medidas son las siguientes:

- Sustitución de Educación para la ciudadanía por una asignatura de Educación Cívica y Constitucional.

- Reducción de la ESO a tres años y ampliación del Bachillerato y la FP de grado medio a tres años.

- Reforma en el acceso a la carrera docente y creación del Estatuto del docente.

- Fomento del bilingüísmo castellano-inglés.

Las dos primeras son las más polémicas, básicamente el núcleo de los cambios en la educación, por lo que la medida, más que reforma, es contrarreforma. Es comprensible el alto grado de indignación que tienen docentes, estudiantes de profesorado y expertos en la materia. Aunque no se va a realizar una nueva ley educativa que sustituya a la actual LOE de 2006, esta reforma en sí desvirtúa completamente el espíritu de la ley. La reforma, en definitiva, supone una nueva ley de partido que en nada va a mejorar la situación de la educación pública; no es, tampoco, la intención del gobierno conservador que, en sintonía con lo que vienen predicando desde la era Aznar, apuesta por la educación concertada. La comunidad de Madrid es un triste ejemplo de la degradación de la escuela pública a favor de un sistema completamente descontextualizado del momento de su creación.

La sustitución de Educación para la Ciudadanía, que no eliminación, supone un reconocimiento implícito de que era necesaria una asignatura que fomentase los valores democráticos y occidentales de nuestra sociedad, aunque esta cuestión ya venía siendo suplida, en buena parte, por la asignatura de Ciencias Sociales e Historia, así como de Filosofía. La queja sustancial de la derecha era el "adoctrinamiento" de la asignatura. Según el decreto de enseñanzas mínimas de la ESO, EpC tiene

"la preocupación por promover una ciudadanía democrática (...), el aprendizaje de los valores democráticos y de la participación democrática con el fin de preparar a las personas para la ciudadanía activa, en sintonía con la Recomendación (2002) 12 del Consejo de Ministros del Consejo de Europa".

¿Dónde está el problema? La EpC tiene como objetivos, siguiendo con el decreto,

"favorecer el desarrollo de personas libres e íntegras a través de la consolidación de la autoestima, la dignidad personal, la libertad y la responsabilidad y la formación de futuros ciudadanos con criterio propio, respetuosos, participativos y solidarios, que conozcan sus derechos, asuman sus deberes y desarrollen hábitos cívicos para que puedan ejercer la ciudadanía de forma eficaz y responsable. Esta nueva materia se propone que la juventud aprenda a convivir en una sociedad plural y globalizada en la que la ciudadanía, además de los aspectos civiles, políticos y sociales que ha ido incorporando en etapas históricas anteriores, incluya como referente la universalidad de los derechos humanos que, reconociendo las diferencias, procuran la cohesión social (...) se incluyen, entre otros contenidos, los relativos a las relaciones humanas y a la educación afectivo-emocional, los derechos, deberes y libertades que garantizan los regímenes democráticos, las teorías éticas y los derechos humanos como referencia universal para la conducta humana, los relativos a la superación de conflictos, la igualdad entre hombres y mujeres, las características de las sociedades actuales, la tolerancia y la aceptación de las minorías y de las culturas diversas".

Lo único claro es que no se tiene nada claro. ¿Qué significa para el gobierno "adoctrinamiento"? La asignatura es necesariamente "dogmática", entendida como transmisora de los valores que tiene nuestra sociedad, y en tales valores se educan a los estudiantes como ciudadanos de una sociedad. Todos los regímenes han tenido una asignatura así, los no democráticos y los democráticos, con la diferencia de que en los regímenes democráticos estos valores son necesariamente los propios de una ciudadanía crítica, participativa, democrática, tal y como se enseña en el resto de Europa. Las palabras son muy importantes: "Educación PARA la ciudadanía" tiene más valor, a mi entender, que "Educación cívica y constitucional", en el sentido que el título expresa una voluntad no solo de transmisión de valores, sino de comprenderlos, cuestionarlos y debatirlos; no es "esto es lo que hay", sino "por qué lo hay".

¿Cuál es realmente el problema? No de la asignatura en sí, sino de otros poderes fácticos, en estrecha conexión con la derecha política y social de nuestro país: la Iglesia católica y adláteres. Es el viejo problema de nuestro país, la misma piedra contra la que chocamos una y otra vez: una educación que no esté separada e independiente de la sombra de la Iglesia no podrá formar verdaderos ciudadanos. No se trata de fabricar ateos o anticristianos, eso es muy difícil (y lo rechazo frontalmente), porque nuestra sociedad tiene unos valores que deben mucho a la cultura clásica y la cristiana. Como digo, y repito, se trata de libertad, libertad de verdad, libertad de criterio y lealtad constitucional, una esfera totalmente separada de la fe.

La reducción de la secundaria obligatoria plantea un nuevo problema, que creo que la derecha no ha meditado seriamente al elaborar su propuesta electoral en educación. Es incongruente acortar en un año la educación obligatoria, y a la vez obligar a un año de Bachillerato o FP, que es lo que muchos estudiantes se enfrentarían si no repiten curso. ¿Y si no quieren cursarlos? ¿Por qué cursarlos, si no se les va a dar un título? Será un año perdido. La idea de ampliar el Bachillerato y la FP no me parece mal, pero creo que se comete un error ampliándolo por el principio, y no por el final: habría que plantearse seriamente cuándo un estudiante adolescente está preparado para decidir qué itinerario desea tomar. La LOE acertaba al plantear 4º de ESO como un curso preparatorio para esos itinerarios. Una buena idea hubiera sido mantener los cuatro cursos de ESO y ampliar el Bachillerato y la FP tres años, hasta los 19 años del estudiante. Añadir un año más de estudio permitiría ayudar al alumno a adquirir la madurez suficiente como para decidir qué camino desea tomar: hay muchos alumnnos de primer curso de universidad, entre 18-19 años, que abandonan la carrera y se cambian a otra.

Si, como cacarea la derecha mediática, lo que se quiere es buscar "el esfuerzo y la calidad" en la educación, la solución no es poner patas arriba el sistema educativo de nuevo, o privilegiar, una vez más, a la enseñanza concertada. Tampoco lo es hablar de la "competencia" entre diversas escuelas, porque la realidad no sería la competencia: lo que los conservadores esconden tras esas palabras es la creación de centros para "buenos" y "malos" alumnos, segregados por nota y por condición social, algo que va radicalmente en contra del espíritu de cualquier ley educativa que se precie.

Calidad es tener una clase docente bien preparada y apoyada por la administración, calidad es tener un sistema educativo consensuado para ser longevo en el tiempo, lo suficiente como para no someter al profesorado a infinitos cambios que afectan a la educación de los jóvenes. Estas cuestiones, como se ve, son incapaces de ser planteadas seriamente por la derecha. Compete a la izquierda seguir apostando por un modelo educativo que busque la calidad, y también el esfuerzo, sí, pero porque hay detrás de los estudiantes un sistema educativo público que les motiva, forma y educa.

Habrá que esperar a que el ministro de Educación concrete las contrarreformas, y si se buscará el consenso político o el encuentro con la comunidad educativa, cosa que dudo, porque lo propuesto va radicalmente en contra del camino iniciado anteriormente. Tampoco se plantean serias respuestas a los problemas de los docentes, que es la carga de trabajo y la falta de plazas para atender las aulas masificadas. El "rigor" presupuestario, además de estrangular totalmente la economía, volverá a crear más "generaciones perdidas", que quizás tengan trabajo en el futuro, sí, pero de peor calidad, y además con peor formación, tanto técnica como intelectualmente, el fin de la ciudadanía y de todo lo que ese concepto supone.

La izquierda tiene que tener muy claro lo que supone el desafío de la derecha y responder claramente con una propuesta bien formada.






viernes 20 de enero de 2012

Hungría eterna o el síntoma de la Europa enferma


En abril de 2010, Viktor Orbán y su partido conservador, Fidesz-Partido Civico Húngaro, ganaba las elecciones en Hungría con el 53% de los votos y una mayoría de dos tercíos en el Parlamento magiar. La ciudadanía húngara castigaba duramente la gestión de los socialistas en la crisis económica, pero había algo más: los húngaros están muy desilusionados con los partidos que les han gobernado desde el fin del régimen comunista, con la corrupción y las promesas incumplidas. El resultado ha sido la confianza electoral a un partido y un líder, Fidesz y Orbán, que ha abandonado el liberalismo y la democracia por el neopopulismo y el nacionalismo autoritario; además, ha supuesto la emergencia de un partido de extrema derecha, también nacionalista, xenófobo y autoritario como Jobbik-Movimiento para una Hungría mejor, que casi arrincona al Partido Socialista como tercera fuerza parlamentaria.

Con un Parlamento escorado a la derecha, la clase media empobrecida y el país en camino de quebrar, Viktor Orbán inició su "revolución nacional": había que volver a la "Hungría eterna", de orgullo nacional, limpia de los enemigos que la han humillado y minado moralmente, es decir, todas las minorías y movimientos que son la "bestia negra" de los nacionalismos centroeuropeos. Gitanos, homosexuales, socialistas y periodistas independientes. Esta "revolución nacional" se inició con la ley de comunicación de medios de 2010, que silencia a los medios de comunicación con fuertes multas si vulneran la "objetividad", si no revelan sus fuentes... además, los medios estatales tienen que cumplir con su función como medios de propaganda oficial, difusores de los valores que encarna la nueva Constitución: Hungría eterna, cristianismo... en definitiva, la ley de Orbán intenta acabar con la libertad de prensa.

La ley de ciudadanía es otra piedra en la reconstrucción de la "Gran Hungría": concede la nacionalidad a las minorías húngaras fuera de la República húngara. 3,5 millones de húngaros, repartidos entre Eslovaquia, Austria, Croacia, Serbia, Eslovenia y Ucrania pasan a disfrutar de los mismos derechos que los húngaros de la República magiar. Esta iniciativa también cuenta con el beneplácito de la extrema derecha de Jobbik, que por su parte ampara la escalada de violencia contra la minoría gitana de Hungría.

La última piedra es la Constitución de 2011. En ella, las fuentes de la nación húngara vienen de Dios ("Dios bendiga a los húngaros", comienza el texto constitucional), de la cristiandad como concepto indivisible de la nacionalidad y del papel del rey San Esteban, "constructor del Estado húngaro". El Estado asume también la protección de los húngaros de otros países. La familia está basada en la "unión voluntaria de hombre y mujer". El Tribunal Constitucional será ampliado y renovado por afines a Orbán, además de crear otros tribunales especiales, como la Curia, para controlar el poder judicial. La separación de poderes desaparece y se sustituye por el predominio del ejecutivo sobre todos los demás, con control y vigilancia estrictos. Todo bajo la apelación a la nación. Cualquier vestigio democrático queda bajo sospecha: la Constitución, rompiendo toda la evolución política europea, deja de ser un contrato social construido bajo el consenso de la nación. Es una Constitución a la medida del Fidesz, para preservar la hegemonía política, social e institucional del Fidesz. Una Constitución resultado de la dictadura de la mayoría actual.

En la Unión Europea han saltado las alarmas sobre la deriva autoritaria de Orbán, apodado "Viktator" por la oposición socialista en el Parlamento, y social y sindical en la calle, desde la ley de medios de comunicación y también con esta abominable Constitución. La Comisión y el Parlamento europeos han pedido al gobierno magiar que rectifique la deriva autoritaria, amenazando con privarle de derecho a voto en la Unión y, junto a Estados Unidos y el FMI, negarse a concederle ayudas económicas para salvar a Hungría de la bancarrota. La "blandura" de la Comisión ya ha sido criticada por los socialistas y los liberales europeos, y por Daniel Cohn-Bendit, líder de los verdes en el Parlamento Europeo, calificó a Viktor Orbán de emular a Hugo Chávez.

Posiblemente, Orbán maniobrará para limar los aspectos más escandalosos de sus autoritarias leyes. Pero quedan las actitudes. La sociedad húngara se escinde entre una minoría violenta, xenófoba, nacionalista y homófoba, y otra minoría defensora de las libertades, la separación de poderes y el respeto por la democracia y las minorías. En medio, como siempre, una mayoría silenciosa, frustrada, que es el fiel de la balanza entre uno u otro. La frustración y las promesas de una vida mejor mediante la recuperación del orgullo nacional pueden llevarles a los brazos de los populistas; una escalada más autoritaria, y no ya silenciosa sino violenta y ruidosa puede devolverles al otro lado. Pero quizás, sea demasiado tarde. Esto no pasa sólo en Hungría. En la Unión, en todos sus países miembros, se vive la misma frustración con lo existente, ese mismo silencio de la mayoría ante los recortes del Estado de bienestar, la corrupción y las escandalosas actitudes de las élites económicas de la sociedad.

De esta desgracia también participan los demócratas, esos liberales y socialdemócratas desconectados de la sociedad, de dirigentes demasiado conservadores y cómodos en su condición de élites, que no han visto o no quieren ver que están cavando su tumba, y con la suya la de la democracia. Las propuestas que se escuchan por reformar las instituciones, ¿por qué no se hicieron antes? ¿Por qué se abandonaron? ¿Por qué se permite que en la educación pública se abandonen los valores cívicos esenciales para nuestra sociedad? Si no se transmiten esos valores democráticos, que son la base del europeísmo que necesitamos, la Unión Europea seguirá enferma, foco de frustración de los europeos.

La democracia no puede sobrevivir con el silencio pasivo de la sociedad, porque ya sabemos que para que el mal triunfe solo es necesario que los hombres buenos no hagan nada; solo puede sobrevivir con el compromiso activo. La indiferencia es el peor enemigo de nuestra sociedad actual.

Enlaces de interés:
Presseurop en español - La Hungría de Viktor Orbán
Constitución húngara de 2011 (en inglés)
Regresión húngara
Hungría gira hacia el autoritarismo
Hungría en infracción
El espantajo de la revolución cínica de "Viktator"

viernes 30 de diciembre de 2011

Las premisas del socialismo y las tareas para el PSOE de cara al Congreso

A poco más de un mes de la derrota electoral, el Partido Socialista da muestras de querer recuperar el espacio perdido. Es normal para muchos partidos derrotados verse tentados de radicalizar sus postulados con objeto de mantener la tensión y la movilización de sus electores. En el contexto actual, y por la práctica ejemplar que el Partido Socialista debe mantener, no se puede emular los siete años de acoso y derribo que la derecha política y mediática ha realizado contra el gobierno anterior. La práctica que debe seguir el PSOE es distinta, y para ello el próximo Congreso ha de ser un espacio donde se analice correctamente y con gran autocrítica el camino realizado por el partido, esclarecer las premisas y establecer las tareas para el nuevo período de oposición, reestructuración y trabajo.

Los movimientos para proponer diferentes alternativas de liderazgo en el partido están comenzando o ya han arrancado. Hemos conocido ya el manifiesto "Mucho PSOE por hacer", hemos leído su réplica "Yo también estuve ahí", asistimos al movimiento de "Bases en Red" y Rubalcaba ha presentado oficialmente su candidatura a liderar el partido, a la espera de otras candidaturas, presumiblemente Carme Chacón, y con las dudas de si habrá alguna otra candidatura.

Es irónico que desde algunos medios de comunicación se tilden estos movimientos de "guerra interna", y la labor de algunos dirigentes del partido no hace sino dar alas a esa idea. Para empezar, lo que se ha de hablar es de proyectos, no de personas, aunque sin duda es muy importante quién va a liderar cada proyecto, por las cualidades que cada personalidad puede tener a la hora de plasmar físicamente las alternativas. En este sentido, el manifiesto "Mucho PSOE por hacer" sí que se propone ofrecer un proyecto concreto, socialdemócrata, europeísta e integrador. Igualmente creo que Rubalcaba también lo quiere llevar a cabo. Obviamente, dentro de un partido, las diferencias de proyecto son mínimas, pero sí puede haber diferencias en cuanto a la hoja de ruta. ¿Cómo recuperar el espacio perdido y volver a desarrollar el proyecto socialista?

Hay que ser claros: el PSOE no solo ha perdido por la izquierda, ha perdido por el centro, de ahí el trasvase de votos a UPyD y PP. El PSOE no tiene que ir más al centro o más a la izquierda, tiene que abarcar, como siempre lo ha hecho, un amplio espectro basado en el pragmatismo y el reformismo, que no puede ser otra cosa que progresista. El adversario poderoso no está a la izquierda, está en la derecha, que es al que hay que disputar a las clases medias, y en la izquierda convencer de la necesidad de mejorar las condiciones de la sociedad por la reforma y no por el populismo.

Europa es un concepto fundamental. Me alegra saber que Rubalcaba propone una gran conferencia política para todos los socialdemócratas europeos como antesala para un proyecto único, que es lo mismo que se recoge en el manifiesto "Mucho PSOE por hacer". Es imprescindible un Partido Socialista Europeo único para una Unión Europea que debe estar más unida y tener una única propuesta socialdemócrata para todos los europeos, único camino para defender a todos los trabajadores, el Estado de Bienestar y la libertad.

En definitiva, a los que organicen el Congreso, a los que se presenten a liderar el partido y a los que finalmente lo dirijan hay que pedirles y/o exigirles ciertas premisas: europeísmo, defensa del Estado de Bienestar, democracia interna y recomposición de la base social de la socialdemocracia.

sábado 24 de diciembre de 2011

Feliz Navidad


Si echásemos un vistazo y observáramos cómo se encuentra nuestro mundo, tendríamos pocos motivos para celebrar. Mucha gente hoy no va a poder disfrutar de lo que otros tienen. Cierto es que muchos habitantes de nuestro planeta tienen otras creencias o culturas y hoy no celebran nada, una festividad que, desgraciadamente, tiene mucho más de consumista que espiritual. Igualmente, muchas personas siguen atravesando momentos malos en sus vidas, en sus trabajos, aquí y en otros muchos lugares de nuestro planeta. Otros, en cambio, aunque la situación no es la mejor y las expectativas no son muy halagüeñas, disfrutaremos unos días en la intimidad familiar.

Lo más importante, ahora, es pasar estos días con los seres queridos. Desgraciadamente, no con todos. Desde aquí, un saludo afectuoso a todos mis familiares y amigos a los que no puedo ver. A algunos los veré pronto, a otros espero que no muy tarde, a otros será más difícil, y es a los que echo mucho de menos. Por ello, para ellos el saludo es más especial, no me olvido de vosotros. Y, por supuesto, os deseo unas muy felices fiestas a todos los lectores del Árbol Socialdemócrata y a los compañeros de Socialistas en Red.

martes 29 de noviembre de 2011

Breves apuntes sobre la reforma electoral propuesta por el PP de Madrid

Hoy el PP de Madrid ha presentado en la Asamblea regional una propuesta de ley para reformar la ley electoral de la Comunidad de Madrid. Inmediatamente, se ha generado un gran revuelo y han empezado a llover críticas muy duras. A la espera de poder leer detenidamente la propuesta, vamos a considerar los avances dados por la prensa:

- De los 129 diputados actuales, un tercio, esto es, 43 escaños, serían elegidos en distritos uninominales. Supuestamente, la fórmula sería "first-past-the-post", es decir, mayoría simple a una vuelta.

- Esos 43 distritos serían fruto de la agrupación de varios municipios, o individuales para ciudades mayores y para los distritos más poblados de la capital.

- Los 86 diputados restantes serían elegidos de modo proporcional con escrutinio de lista (presumiblemente cerrada y bloqueada, si no dicen lo contrario) para partidos por encima del 5% de votos válidos.

A simple vista, podría parecer una propuesta por crear una supermayoría artificial conservadora en la región, ya que el PP suele ser, por ahora, el partido más votado en la mayoría de municipios, así como podría obtener facilidades para conseguir diputados con pocos votos (por ejemplo, el hipotético representante de la zona norte, de 29.000 habitantes) o por el gerrymandering de unir Arganda con Rivas, como han denunciado detractores de la reforma propuesta. En este caso, es de suponer que la negativa del resto de partidos impediría tal solución.

Si el PP de Madrid presenta esta propuesta, está obligado a la negociación, no sólo con el principal partido opositor, esto es, el PSM, sino que sería bueno para la salud democrática de la región buscar el consenso total, creando una ley que cuente con el apoyo de IU y de UPyD. Por ello, creo que la base de partida es muy interesante: se viene reclamando desde muchos foros la reforma de la ley electoral y acercar los diputados a los electores, ¿qué mejor oportunidad que ésta?

No entiendo, pues, la gran oposición inicial, menos de los que aceptan la reforma electoral en un sentido más próximo elector-representante. Podrá decirse, claro, de qué sirve elegir un diputado por distrito cuando se unirán a los elegidos por vía proporcional, pero entonces la ley actual también serviría de poco... ¿conocemos los nombres de los 129 diputados madrileños? ¿O de los 129 candidatos que iban en la lista del PP? ¿O en la del PSM? y así...

Por ello, creo que el PSM debería considerar la propuesta y avenirse en discutirla, si bien teniendo en cuenta ciertas premisas:

- Se podría intentar que esos 43 diputados no sean elegidos por mayoría simple, sino por el sistema de voto preferencial, de manera que el elector tenga tres votos por orden de preferencia para, a través de recuentos, posibilitar que el diputado elegido tenga la mayoría absoluta de votos, además de permitir los acuerdos entre distintas fuerzas políticas. Este es el sistema irlandés.

- Habría que tener muy claro si los 86 diputados por lista proporcional no se unen a los 43 ya elegidos, de modo que la Asamblea tuviera una distribución desproporcionada respecto al número de votos de los partidos; tomando como referencia el modelo alemán, si un partido obtuviera una sobrerrepresentación por distritos uninominales, esto se atenuaría recibiendo menos diputados de la lista proporcional, de tal forma que se mantendría la proporcionalidad, exactamente igual que en Alemania: allí, SPD y CDU/CSU obtienen todos los escaños uninominales, pero el saldo final es proporcional por la corrección en las listas proporcionales.

Si consigo leer la propuesta del PP, ya confirmaré o revisaré estas tesis. Pero antes de criticar por criticar, hay que informarse o contemplar las diversas posibilidades potenciales.

jueves 17 de noviembre de 2011

Este país necesita algo más que un Parlamento, necesita esperanza: reflexiones antes del día de reflexión

Mañana se acaba ya la campaña electoral. Dentro de tres días estaremos votando. Uno se pregunta el por qué de ciertas costumbres en las elecciones de nuestro país. Desde el martes previo a la jornada electoral se prohíben encuestas, el día anterior a las elecciones se prohíbe pedir el voto para garantizar una jornada de reflexión, algo que en pocos países existe; se ha convertido, más bien, en un día de descanso tras dos semanas intensivas de promesas, anécdotas, mucho debate (poco entre los presidenciables) y demasiada información acerca de los programas electorales. Esto último es una broma, en estas elecciones. A juzgar por las encuestas, pocos parecen tener aún dudas acerca de su voto; si una campaña existe para dar a conocer un programa, pedir el voto, y hacer que el electorado se vaya moviendo, esta es una campaña con un sonoro fracaso. Esto lleva a otras reflexiones, por ejemplo, de qué sirve hacer mítines hacia grupos que ya están convencidos de su voto, ¿no es quizás el mitin un acto electoral desfasado? Pero, al parecer, queda muy bien en la pequeña pantalla diez segundos de cualquier líder hablando ante miles de personas, atento a la lucecita roja que indica que proceden a grabarle para el telediario del mediodía o de la noche. A pesar de la importancia de la pequeña pantalla, lo que no se ha hecho en cuatro, o en dos años, es imposible cambiarlo en dos semanas.

Rajoy, hay que reconocerlo, lo ha demostrado con creces. En dos semanas no ha hecho lo que tampoco ha realizado en cuatro o dos años. Ciertamente, su estrategia es la de permanecer callado y esperar, y muchas cosas indican que, por desgracia, tendrá éxito aunque, sin querer adelantarme, es una gran verdad que las elecciones las pierde el gobierno y no las gana la oposición. A lo sumo, Rajoy nos dio un par de silogismos sobre economía pero no nos respondió a cómo usaría su varita para resolverlo todo si ganase las elecciones. Sin embargo, creo que terminó por creerse el mantra conservador que, de ganar su partido las elecciones, al día siguiente todo iría por "el buen camino", que dijo hoy Esperanza Aguirre (me aterra que pueda haber ideas tan divergentes sobre el buen camino). Ahora, parece querer curarse en salud y ya va advirtiendo de que "el gobierno no lo puede hacer todo" (que se lo digan a Zapatero) y, si primero decía que no iba a tocar nada de los servicios públicos, ahora es tocar todos, menos las pensiones. ¿Y si en el próximo aviso son todos, y también las pensiones? Elecciones ya pasadas, claro está. Rajoy tiene una máxima: contar la verdad antes de unas elecciones es la mayor insensatez.

Es curioso cómo los políticos se acercan, a regañadientes, a la realidad. Primero el PSOE negó la crisis, pero el PP la quiso ver antes de tiempo, y ni unos ni otros previeron que esta crisis no iba a ser un bache en el camino, ni para España ni para Europa. Rajoy tiene razón: si hay empleo hay más ingresos. Al PSOE le ha ocurrido lo contrario: a menos empleo menos ingresos, y de ahí está cayendo el frágil castillo de naipes de la economía nacional. El PSOE se está quemando haciendo lo que puede para que el barco no se vaya a pique; ciertamente, España no ha sido intervenida, como Irlanda, Grecia o Portugal, pero me temo que la situación no se puede sostener mucho. Sin ingresos, ni la socialdemocracia ni el liberalismo pueden salvar una economía. En un mundo globalizado, y más en un mercado tan integrado como el europeo y sin soberanía monetaria, un país puede hacer muy poco. El PSOE llevaba una lógica: si se aguanta hasta que la economía mundial se recupera, el país se recupera. Por desgracia, la crisis no ha terminado. ¿Y que ocurriría si en pocos meses España necesita un rescate europeo? Rajoy, y Rubalcaba, lo tienen en mente, aunque no lo digan. A Rajoy se le nota, y sus lugartenientes ya lo avisan: si ellos gobiernan, habrá movilizaciones populares, una especie de "os lo advertimos y no tenéis derecho a quejaros".

Hay quienes dicen que Zapatero ha hecho los recortes más grandes de nuestra historia. Lo que no dicen es que si no ahora estaríamos peor. Personalmente, me puse en contra de los recortes (está expuesto en este blog) y, como otros, nos lamentamos de que no se hubiera hecho algo en la época de vacas gordas. Pero, ¿quién lo hubiera hecho? ¿Quién pensaba que se aproximaba este tsunami financiero? La política más antisocial es quedarse sin financiación. Otros, en su programa electoral, hablan también de crear empleo por financiación pública. Sí, a muchos nos parecería bien pero, ¿se podría hacer en este contexto? Porque estamos en lo mismo: el Estado está endeudado, necesita más deuda y esta se encarece cada vez más. ¿Cómo se resuelve? Argumento de Rajoy: más empleo, más ingresos. Sin el cómo, vamos listos. Argumento de Izquierda Unida: empleo pública. ¿Cuáles, cómo, para qué? El mismo callejón sin salida. Argumento de Rubalcaba: inversión en I+D+i y en educación. Otra vez a lo mismo, con qué dinero, pero es el argumento que más se aproxima a la realidad. Las políticas a largo plazo son las más acertadas, pero las que nadie ve ni reconoce. A izquierda y derecha del PSOE se dan respuestas populistas, irreales y a corto plazo. No se puede resolver así nada. Rubalcaba, y cualquier político, tienen difícil vender y ganar con políticas de largo plazo. La herencia de Zapatero es envenenada, sí, pero si no estuviera él, sería la herencia envenenada de cualquier otro, de izquierda o derecha.

Zapatero debe ser, actualmente, el político más odiado de España. La derecha le odia desde siempre, y para ellos el 20 de noviembre es el día del desquite. No sé si a partir de entonces sus brazos mediáticos se moderarán, pero les niego cualquier raciocinio, a juzgar por su comportamiento ilógico. A riesgo de comparar, Zapatero es el Suárez actual. Suárez también dejó una herencia económica nefasta, y era odiado a derecha e izquierda; unos no le perdonaban una reforma en vez de ruptura y otros no le perdonaban una ruptura en vez de reforma. Ahora, izquierda y derecha le alaban, le mitifican y los que tanto le repudiaban antaño ahora intentan reivindicarle. ¡Ay, si Suárez pudiera recordar! Lo mismo que le sucedió a Suárez le sucedió a Carrillo, y ahora a Llamazares, los mismos que le odiaban ahora le reivindican como mejor orador de la última legislatura. Tiene mucha razón Andreotti al decir que existen "amigos, enemigos y compañeros de partido". ¿Signfica esto que Zapatero será reivindicado en el futuro? Lo dejo a los historiadores del futuro.

Unas elecciones sin ilusión, apáticas (será la primera vez que pudiera producirse un cambio político con menos participación), sin hablar sinceramente de economía ni de la Unión Europea. Se necesita más que nunca una agenda única socialdemócrata: el Estado nación ya no sirve como marco de referencia para las políticas económicas y sociales. La Unión Europea necesita una reconversión más política y fiscal para responder a la crisis y, dentro de ella, la emergencia de un Partido Socialista único para todos los europeos. Realmente, estas elecciones no solucionarán nada, ni por la izquierda ni por la derecha, más que victorias pírricas y derrotas inútiles. La respuesta es siempre Europa.

jueves 10 de noviembre de 2011

Debate a dos y a cinco


Viendo los debates que se están desarrollando en algunas de las elecciones españolas, podemos dictaminar que los debates de 1993 fueron un gran éxito: salieron tan bien, influyeron tanto en el electorado que algunos no quisieron volver a repetirlos; o permitir unos debates light, encorsetados, aburridos, limitados... nada que ver con otros países donde existen multitud de debates, incluso entre candidatos de un mismo partido, o más dinámicos.

El debate del lunes entre los dos principales partidos transcurrió, a grandes rasgos, como lo esperado. Rajoy intentó no perder terreno y no arriesgarse, de ahí que sus propuestas fueran apenas débiles esbozos, más bien cuestiones teóricas en las que todos estamos de acuerdo. ¡Cómo no vamos a estarlo, cuando es simple que a más empleo, más ingresos! ¡Ese es justamente el problema que tenemos ahora mismo! Ahora bien, no dio respuestas concretas, excepto alguna ayuda a las PYMEs y cuestiones del IVA, música que suena muy bien, pero con el fondo de bajadas de impuestos y los consiguientes recortes.

Rubalcaba tenía una losa muy pesada que ya le impedía ganar, de entrada, el debate: la pésima situación económica. Con todo, su baza era desarmar el programa oculto de los conservadores. Era una estrategia peligrosa: la impresión que me dio, en algún momento, es que nos estaba relatando el programa de humo -pero programa, al fin y al cabo- del PP, y sus propuestas de transformar el ICO, en la contratación, mejoras en I+D+i, servicios públicos, etcétera, quedaba diluido intentando pillar en un renuncio a Rajoy. Tampoco, claro podía darle muchas alas a su adversario, que salió con un esperado "¿y por qué no hizo todo eso en estos últimos años?"

Durante buena parte del debate, Rubalcaba marcó la agenda, llevando la ofensiva, aunque Rajoy intentó no seguirle el juego y, cuando pudo, este supo embrollarle en las neblinas que leía en sus chuletas, como el tema de las diputaciones para no tener que hablar del matrimonio del mismo sexo, aunque al final tuvo que entrar; no sé si hizo bien, porque me dejó preocupado su afán por crear ciudadanos de segunda clase que se pueden "unir", pero no casar.

Rubalcaba dio una impresión de conocer más su programa que el propio Rajoy, que tenía que leer hasta sus propuestas, recordándonos aquella vez que no recordaba las medidas de su partido para crear empleo. No se puede tener mucha confianza en un candidato que no sabe lo que propone. En definitiva, Rubalcaba tenía difícil, si no imposible, ganar; pero podía haber hecho más. Añado un gran suspenso para los dos candidatos por dedicarle a la Unión Europea como proyecto europeo o a las relaciones internacionales apenas unos breves instantes del final.


En el debate a cinco de ayer, de entrada diré el enorme acierto de permitir que fuera Izquierda Unida, representada por Gaspar Llamazares, la que representara el grupo parlamentario que creó con Esquerra Republicana. A juzgar por la intervención de los otros dos grupos nacionalistas, PNV y CiU, el debate hubiera quedado desfigurado entre los dos grandes partidos nacionales y la intervención de los nacionalistas, sesgada sólo para sus más cercanos conciudadanos -lógico, por otra parte; sólo se presentan en una parte limitada de nuestro país-. Lo mismo digo si en vez de ir Gaspar Llamazares hubiese ido Cayo Lara, que no le llega ni a la suela del zapato en cuanto a argumentaciones y réplicas.

Sí es cierto que los dos partidos nacionalistas hablaron -a veces- de temas más generales, pero para ir de inmediato a los problemas de su región. Y no es cierto que en el debate a dos no se hubiera hablado de Cataluña o Euskadi; por supuesto que se habló, porque se hablaron de los problemas que afectan a nuestro país, donde a día de hoy Cataluña y Euskadi son parte integrante del mismo, aunque no les guste, pero ellos no representan la totalidad de sus regiones. A falta de renovar las Cortes, 9 de los 18 diputados vascos y 25 de los 47 catalanes, así como 9 de los 12 senadores por Euskadi y 8 de los 20 por Cataluña pertenecen al grupo socialista.

Ya Josu Erkoreka, del PNV, reconoció que no era el único vasco del debate pero sí el único que tenía un programa "pensado en Euskadi, por Euskadi y para Euskadi", lo que no estaría mal en unas elecciones regionales, pero el día 20 de noviembre elegimos diputados que representan a toda la nación. Ramón Jáuregui, vasco con orgullo y orgullo para todos los españoles, no sólo hablaba por y para Euskadi, hablaba por y para toda España. A diferencia de Rubalcaba, Jáuregui sí reivindicó la labor del gobierno de Zapatero por resolver, aunque infructuosamente, el golpe de la crisis a la economía española; también reivindicó la labor del gobierno en cuanto a derechos sociales y vertebración del Estado autonómico como garante de su pluralidad social y cultural.

Junto con Jáuregui, y como dije antes, Llamazares fue el otro acierto del debate. Es más, incluso para mí fue el verdadero ganador, capaz de obviar el radicalismo demagogo del programa electoral de Izquierda Unida y, frente al nacionalismo de Pere Macias y de Erkoreka, él vino a "hablar de las personas". También fue ganador por encima de Gallardón, al que debió resultar irónico defender que el PP arregla la economía cuando los recortes de las comunidades gobernadas por los conservadores, las de antes y las nuevas desde este año, siguen creando parados y recortando los servicios públicos, aparte del insulto malsano a los madrileños, a los que deja una deuda astronómica que será -y ya es- difícil de pagar.

En definitiva, para el debate a cinco, mi reconocimiento a Llamazares por su discurso de izquierda, socialdemócrata, sí, porque era más realista que el que enarbola ahora su partido, lo que no deja de ser una desgracia por la estirilidad de su triunfo dialéctico.

Un dato: en las elecciones de 2008 ya flotaba sobre el ambiente el fantasma de la crisis, y se celebró un debate económico entre el ministro de economía, Solbes por entonces, y el "ministrable" conservador, Manuel Pizarro. En 2011, cuando la economía es la principal preocupación de los españoles, ni existe un debate monográfico de economía ni existen ministrables reconocidos en uno y otro partido.

Otro dato: la ambigüedad calculada de los conservadores respecto al matrimonio del mismo sexo es preocupante, y las referencias de portavoces del PP en los medios infunden más temor que tranquilidad. Hay que dejarlo bien claro: los derechos no se crean, se reconocen, y no se pueden eliminar. No se pueden crear ciudadanos de segunda, el derecho a la vida es también el derecho a vivirla como queremos, sin hacer daño a los demás. Todos los derechos reconocidos son innegociables.

sábado 5 de noviembre de 2011

Una vez más... recuerden, recuerden...


Escribir cada año una referencia más de V de Vendetta, cómic y película, empieza a consolidarse como una costumbre en este blog. Últimamente los quehaceres de los estudios me absorben tanto, y escribo tan poco... qué ironía, un socialdemócrata que apenas tiene tiempo para escribir algo acerca del socialismo democrático, del Partido Socialista o de su candidato a las elecciones encuentra un resquicio para homenajear a un personaje de ficción que, además, es anarquista.

El año pasado hice una semblanza un poco más psicológica y personal de V, víctima y a la vez villano -pero, si alguien tuviera en sus manos su poder, ¿quién no lucharía contra un poder tiránico aun derramando sangre, sangre culpable?-, las anteriores fueron reflexiones personales y cuestiones más de actualidad. ¿Qué podríamos decir este año? Siguen existiendo motivos para luchar por nuestra libertad, pues vivimos en un mundo que se convierte en nuestra pesadilla: que, en nombre de nuestra libertad, se nos ha coartado, instalándonos de nuevo el miedo en la sociedad occidental al "enemigo", comunista en su momento y, una vez caído el muro de Berlín, en este nuevo siglo el enemigo es el musulmán, el inmigrante, el extraño, en definitiva; en nombre del progreso, del empleo y de la felicidad, se nos arrebatan las tres, echan la culpa de la crisis económica al común y nos quieren seguir engañando ofreciéndonos el consumo irresponsable mientras nos arrebatan las bases de la verdadera felicidad.

Justicia, igualdad y libertad, como dijo V, son algo más que palabras, son metas alcanzables. Se nos está arrancando la condición de ciudadano, poco a poco, hasta que la palabra pierda todo su significado, porque justicia, igualdad y libertad son también responsabilidad, pensamiento y solidaridad, sin las cuales no puede existir sociedad humana, que es el reino de la ley, que procede de nuestra participación y consentimiento, sin opresión. Que nadie nos engañe, la libertad no está en los mercados ni en naciones, está en la gente, como ciudadanos y no como consumistas.

En dos semanas elegimos un nuevo parlamento en nuestro país. Somos tan conscientes de qué poco pueden cambiar las cosas... porque sabemos que elegir un reducto tan pequeño de soberanía no arregla las cosas, no sin unión -europea, mínimo-, y plantarle cara a esa clase tan difusa que domina los mercados financieros. Sí, existe la lucha de clases, es estúpido negarla, y seguirá existiendo mientras unos pocos sigan queriendo dominar a la mayoría. Este país necesita algo más que un parlamento, necesita esperanza.
"Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organí­cense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza".

Antonio Gramsci, Fundador del Partido Comunista Italiano

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En nuestros conflictos políticos, la República tiene que ser una solución de término medio, transaccional y la válvula de seguridad contra sus desaciertos es el sufragio universal. Lo que se pierde en unas elecciones, puede recuperarse en otras. Nada duradero se funda sobre la desesperación y la violencia. La República no puede fundarse sobre ningún extremismo. Por el solo hecho de ser extremismo, tendría en contra a las cuatro quintas partes del país.

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