"Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organí­cense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza".

Antonio Gramsci, Fundador del Partido Comunista Italiano

lunes 8 de febrero de 2010

La nación cristiana de Zapatero


En el Desayuno de Oración en Washington, Zapatero hizo alarde de la capacidad que España puede tener para conciliar de una vez religión y libertad y así poder llegar a una verdadera libertad religiosa. La cuestión religiosa en España ha sido una batalla incesante entre anticlericales y clericales, liberales y conservadores, rojos y azules, laicos y serviles… Zapatero ha conseguido demostrar que la laicidad del Estado puede beneficiar el ejercicio de la religión, no sólo lo ha demostrado ante los españoles, sino ante el país que hizo de la libertad religiosa rasgo de su identidad nacional, los Estados Unidos.

Los lacayos de la institución religiosa más intolerante, la Iglesia católica, atacan al presidente por su "empeño" en "borrar a Dios de España" o "destruir la religión católica". El odio nace de la ignorancia y la concordia se construye sobre el conocimiento, dijo Zapatero ante Obama, y es la respuesta de la verdad y de la libertad frente al dogma caduco.

La Iglesia católica, por ser katholikós “universal", quiere extender el mensaje universal y redentor de Jesús, y es legítimo que así lo haga, pero ha confundido el mensaje de Jesús, que es de liberación, con su propio mensaje, que es de dominación. Los colonos que dieron vida a Estados Unidos en cambio, no se confundieron, y por eso las iglesias estadounidenses no están unidas al Estado. Son ekklēsía, asamblea de fieles. El mensaje universal de Jesús se protege cuando estas iglesias no se atribuyen la universalidad.

La libertad es la verdad cívica, la verdad común. Es ella la que nos hace verdaderos, auténticos como personas y como ciudadanos, porque nos permite a cada cual mirar a la cara al destino y buscar la propia verdad. Esto dijo Zapatero, y a él hay que reclamarle que la libertad sea celosamente protegida para que el verdadero mensaje cristiano, independientemente de si se es o no creyente en algo, pueda llegar a permitir el conocimiento, y con él, construir la concordia.

jueves 4 de febrero de 2010

El esfuerzo patriótico de Adolfo Domínguez


Después de escribir ayer "El Gobierno debe reflexionar su política económica y exigir un esfuerzo patriótico" me encontré con las declaraciones del diseñador de moda Adolfo Domínguez que vienen a ser, por ser radicalmente contrarias a mi tesis, un ejemplo de la resistencia de grandes empresarios y fortunas por dar con una solución a la crisis que no pase por el sufrimiento de los de siempre, de los trabajadores.

No voy a explayarme con lo que ha dicho, los mejores enlaces son los que adjunto, desde el ultra Minuto Digital hasta Público. Los comentarios del diseñador son claramente elitistas, y por tanto crueles y egoístas. No está de más recordar que él empezó dirigiendo la tienda de ropa de su padre, y que con su trabajo pasó de la nada al éxito, algo muy al "american way of life", pero falaz, ya que sólo beneficia a un porcentaje minúsculo de trabajadores.

"No creo en derechos que no podamos pagar" ¿O por los que no quieren colaborar? "Reforma laboral profunda" ¿Cuál? El despido libre, como admite él, a la vez que critica al Estado del Bienestar por desindustrializar Europa pero apuesta por la expansión de las empresas en el exterior. ¿Qué mejor lugar de expansión que Asia o el norte de África, allí donde las condiciones laborales son las que sueña la clase empresarial?

Hay sin embargo cosas con las que se puede estar meridianamente de acuerdo, como la edad de jubilación (pero ojo, una cuestión que debe ser estudiada detenidamente), el fraude que se origina en la Seguridad Social (pero demasiado escaso como para ser preocupante), o reconocer que esta sociedad genera muy pocos ingenieros o científicos.

Su esperanza en que sus ilusiones reaccionarias se harán, "protesten lo que protesten", como dijo es, simplemente, recuerdos autoritarios de una era ya pasada. A la reacción de los grandes empresarios y poderes económicos del país sólo se puede contestar con la lucha sin cuartel de los trabajadores, en la que se espera que los sindicatos y los partidos cedan en sus intereses personalistas en beneficio de la razón.

Éste es el esfuerzo patriótico que exigen los grandes empresarios, pedir y no dar, lamentarse por los traslados de la industria a otros países ¡siendo ellos mismos quienes lo hacen! Pero es que piden que el esclavismo que practican en Asia o África se desarrolle aquí de nuevo, es que se siguen creyendo por encima del resto de ciudadanos como "superhombres" a los que hay que mantener en su esfera de privilegios y lujos para "motivarles" a emprender.

Creo que el elogio de la pereza que tanto critica Adolfo Domínguez no viene de los trabajadores, sino de la clase empresarial. Y es a esos perezosos a los que hay que exigir el esfuerzo patriótico, no sólo fiscal, no sólo recaudar por recaudar, sino para dedicar el máximo de inversiones posibles a la educación y a la investigación.

Me quedo con un comentario en Minuto Digital (a menos que haya sido censurado por el diario antidemócrata): "Pero ojo, que a veces esa gente que él (Adolfo Domínguez) dice a veces se motiva poniendo guillotinas en las plazas y viendo como ruedan las cabezas de los sinvergüenzas".

miércoles 3 de febrero de 2010

El Gobierno debe reflexionar su política económica y exigir un esfuerzo patriótico


Cuatro millones de parados está costando el mantenimiento de la actual estructura económica española. Cuatro millones de parados por no saber crear la alternativa al ladrillo, cuatro millones de parados por la especulación urbanística, cuatro millones de parados por congelar las ayudas a la educación y a la investigación cada vez que el panorama económico se nubla (y cuando no, también). Cuatro millones de parados junto al robo de millones de euros y recursos económicos por la corrupción, la especulación y la comodidad de la clase política.

Ya no se puede vivir en las bases dadas por Solbes en 1993-1996 que dieron vida al ciclo económico alcista de 1996-2008, ese ciclo ha llegado a su fin. Ahora se trata de crear uno nuevo, por lo que la nueva ley de economía sostenible debería ponerse en vigor inmediatamente. Pero esa ley es insuficiente, ya que se requiere un cambio revolucionario y una nueva estructura moral.

Se debe acabar con la idea de resolver los problemas económicos en base al abaratamiento del despido o la reducción de los salarios. Los trabajadores no tienen la culpa de querer vivir, comer y desarrollarse con bienestar, que es un derecho inalienable. Como tampoco la mayoría de empresarios tienen la culpa de la crisis ni que les sea cada vez más difícil evitar que las pérdidas se coman las ganancias.

Grecia, con un Gobierno socialista, va a subir los impuestos a los carburantes, a la propiedad inmobiliaria y a eliminar las exenciones fiscales, así como a subir la edad de jubilación… a los 65 años. Como debe ocurrir en España, a los ciudadanos con rentas más altas se les debe exigir un esfuerzo patriótico, ya que en los países mediterráneos de la Unión es donde los impuestos son más bajos en comparación con el norte.

Hemos de cambiar de moral. La solución de los más ricos no puede ser la huída fiscal a los paraísos de Suiza, Luxemburgo o las preciosas islas del Caribe, eso es deleznable y, en la actual situación económica la peor traición a la patria: el egoísmo y la insolidaridad para con el resto de ciudadanos.

Pero la solución no pasa por pedir más, que es lo justo, a los más ricos. No se trata de exprimir lo que ya existe, sino de crear para el futuro. La inversión en la educación no sólo nos hará más cultos y más responsables de nuestros actos y de la defensa de nuestra libertad, sino que contaremos con mejores trabajadores, mejores científicos, mejores médicos… y mejores empresarios.

Ésta es la única respuesta positiva de la socialdemocracia frente al fracasado neoliberalismo.

martes 2 de febrero de 2010

Populismo de derechas

Hay teóricos (los estructural-funcionalistas) que sostienen que el fenómeno del populismo sólo puede darse en aquellos países con menor grado de desarrollo y débil consolidación democrática. Pero yo no creo que esto sea así. Esos parámetros son válidos para el populismo de izquierdas, aquel que incorpora a las masas empobrecidas al sistema. Pero, ¿acaso no hay un populismo de derechas, un populismo para ricos?


El populismo crea la idea de un “pueblo” como una totalidad de individuos enfrentados a los que no son el “pueblo”, en el caso del populismo de izquierdas el pueblo es la masa empobrecida, discriminada de la participación política, contra las viejas élites, celosas de sus privilegios. En el populismo de derechas la situación se invierte: el pueblo está formado por individuos dotados de un buen nivel de vida (gracias al desarrollo del Estado de bienestar socialdemócrata) pero que se niegan a abrirlo a las nuevas capas sociales, sobre todo inmigrantes, parados, incluso jóvenes, a los que se tilda de “vagos” para negarles las ayudas del bienestar. A los inmigrantes incluso se les cataloga como enemigos de la sociedad por el “peligro que suponen” sus costumbres y cultura.


El populismo de derechas no deja de ser un ideario de derecha, profundamente elitista, ya que las instituciones deben estar controladas por un número reducido de clientelas controladas. Pero, fiel al ideal liberal de que el individuo debe crearse su propio camino sobre el resto para ser ciudadano, crea la ilusión de hacer partícipes de la vida pública a esos mismos ciudadanos que han adquirido un buen nivel de vida. El populismo de derechas hace que quieran identificarse con la élite, situándose, como pueblo, por encima de esos “peligros” que he citado anteriormente. Para crear esta idea es muy importante la figura del líder.


El líder debe tener el carisma weberiano. Es él quien representa a la totalidad de ese “pueblo”, y el partido no es más que un instrumento para el dominio. El líder se identifica con el pueblo, adopta un aire campechano, lejos de cualquier ideal culto, pero sin dejar de tener un aire elitista. El “pueblo”, a su vez, ve en él su modelo, con el que quieren identificarse, cercano pero superior, y así crean esa motivación de formar parte de la élite, por encima de los elementos nefastos de la sociedad.


El control se asegura por la distribución de los cargos públicos como premios por la fidelidad, y no por las capacidades de los individuos. Así, se tenderá a apartar a los “disidentes” y a mantener coaliciones de personalidades por las prebendas del poder público, que no son sólo puestos bien retribuidos, sino la influencia que generan. La corrupción es inevitable, pero no es censurada, ya que se esgrime que los beneficios que genera esa administración son mayores que lo que han robado, aspectos circunstanciales inherentes al poder. La corrupción se presenta como un mal inevitable, pero justificado, y como modelo para la sociedad, que ve el éxito que han tenido y quieren emularlos.


¿Y la oposición? La oposición existe, pero es incapaz de tomar el poder. Primero, porque se halla dividida; segundo, porque su programa alternativo, casi siempre moralista y republicanista, no convence porque no presenta los “beneficios” del gobierno populista; tercero, sus líderes no gozan del carisma del líder populista, no son capaces de aunar voluntades; y cuarto y último, parte de la oposición está comprada por el poder o animada por éste a dividir las fuerzas opositoras. Si por casualidad consiguen llegar al poder, son desestabilizados de tal forma que no puedan o no se atrevan a llevar a cabo reformas tendentes a acabar con este populismo de derechas. Los recursos son amplios: compra de votos, disgregar la coalición gobernante, desprestigiarlos, ¡acusarlos de corrupción!...


Con estas premisas se entiende el populismo que han creado Berlusconi en Italia, Sarkozy en Francia (con menores resultados), y en España los caudillos regionales de Madrid y Valencia. Con esto se entiende el trágico papel que han asumido el PS francés, el PD italiano, el PSOE madrileño o valenciano, las “traiciones” de los centristas franceses, del italiano Mastella, de los Tamayo y Sáez, las triquiñuelas que se esconden en las leyes-escudo de Berlusconi, la caza de enemigos de Sarkozy como Villepin, las tejemanejes de Caja Madrid o los trajes de Camps… y, sobre todo, por qué por estos motivos la sociedad no ha acabado con su voto con los corruptos, con los ladrones, con los populistas que han asesinado a la democracia política y a la libertad.

lunes 1 de febrero de 2010

El rival de Sarkozy, el rival de Aguirre

Al presidente de la república francesa no le salen todas las cosas bien. Su popularidad está muy baja, pero tiene a su favor la falta de candidatos fuertes a su izquierda… pero ya no en la derecha. Dominique de Villepin, ese aristócrata de la derecha pija, enmarcado con el aura de rechazar en la ONU la guerra de Irak, ha salido indemne del proceso Clearstream (otra cosa es que realmente sea inocente, no se puede estar seguro de que la justicia sea tan dura con los poderosos como lo es contra los débiles) y está en disposición de plantarle cara: de momento, un sondeo le da un 8% de votos en las próximas presidenciales de 2011.


La relación Sarkozy-Villepin es muy parecida a la que en España tienen Aguirre y Gallardón. Ambos son de derechas, ambos su mayor rival está en el propio partido, uno con una cara más amable, más culto, mejor hablado; otro es más populista, con un lenguaje chabacano y unas ansias de poder y de prácticas maquiavélicas que ya no esconde.


Aquí Aguirre no nos producirá el “morbo” de ver a Gallardón sentado en un banquillo, ella es más de purgas estalinistas contra los “disidentes” de su partido. A Aguirre le va más las prácticas de la mafia, poniendo en puestos de los consejos de administración a unos quitándolos a otros (el misterioso hijop…), a ver a quién de los suyos ponen en comisiones de control y, cómo no, espiando al rival, todo en un juego donde no se toca a la oposición, porque no se puede tocar a lo que no existe.

viernes 29 de enero de 2010

Davos redefine el capitalismo

Mientras el capitalismo retoma la tranquilidad en el Foro Económico Mundial de Davos, donde Sarkozy, entre otros, defienden controles a la medida de los que preconiza Obama en Estados Unidos, la izquierda ha demostrado que 2009 fue el año del fracaso, de la imposibilidad de construir una alternativa creíble y situarse al lado de los que más sufren, los trabajadores. No se les ha apoyado en la exigencia de que no sólo sean ellos los que hagan sacrificios, sino que las dos partes las lleven a cabo; no se les ha ofrecido una fuerza política en la que confiar; no se ha salvado la distancia entre las élites dirigentes y las bases ciudadanas.


Decepción, ésa es la palabra que está en la mente de todos. Es muy duro tener unas esperanzas y unos ideales cuando quienes están al frente de las organizaciones que las deben llevar a cabo, defenderlas y aunar esfuerzos te decepcionan, porque, una vez más, son sus intereses y no los de una mayoría social los que prevalecen. No hay mayor paradoja que los líderes de los progresistas sacrifiquen sus bases por frívolas prebendas, a la semejanza de aquellos pueblos antiguos que, previendo su fin frente a un enemigo más fuerte, se entregaban a la más absoluta decadencia moral y física. Su ejemplo no es la resistencia de la Numancia celtíbera, sino el Saló de Pasolini.

miércoles 27 de enero de 2010

La escasa proyección internacional de la Europa de Lisboa

Guido Westerwelle, Catherine Asthon y Bernard Kouchner
la diplomacia alemana, "europea" británica y francesa


La Unión Europea, tan presente en la escena internacional cuando su diplomacia corría a cargo de Javier Solana, inicia un bajo perfil. La cumbre internacional para la reconstrucción de Haití se ha celebrado sin la presencia de la alta representante de política exterior, Catherine Asthon y, en su nombre, no ha estado Moratinos, como ministro de asuntos exteriores del país que ejerce la presidencia de turno de la Unión, sino el ministro francés, Bernard Kouchner.


Moratinos y Asthon debían estar en el Consejo de asuntos generales en Bruselas, pero nadie ha querido retrasarlo para poder acudir a la cumbre internacional, importante no sólo para ayudar a Haití a reconstruirse, sino para mostrar el músculo diplomático de la Unión frente a Estados Unidos, representado por Hillary Clinton. Ese consejo, sin embargo, no es impedimento para que sea Kouchner quien vaya a la cumbre.


¿Suspicacias por el protagonismo de la presidencia española? La Unión es mucho más que un eje Londres-Berlín-París. Lo cierto es que Asthon ha cometido un error muy grave. ¿De quién es la competencia de coordinar la ayuda a Haití?, se preguntaban en DW-World, “Mía, en coordinación con la presidencia española”, dice la alta representante. Pero a la vez rechaza ir, ni a la cumbre ni a Haití, porque no es “ni bombero ni policía”. Es mucho peor, es un cero a la izquierda.


Vivimos el comienzo de un mundo marcado por la multipolaridad. Estados Unidos va cediendo su papel de única gran potencia para dejar paso a nuevos actores internacionales: China, Brasil, India y Rusia. La Unión Europea no puede faltar en el nuevo escenario. Pero para estar, es imprescindible ser una Unión, con una única diplomacia, no una simple alianza de intereses. La Unión no es capaz de abandonar el papel de subsidiaria de Estados Unidos. Esos son los problemas de poner a la diplomacia en manos del Reino Unido.

viernes 22 de enero de 2010

El chivo expiatorio (y II): los inmigrantes



Ya ha habido otras entradas donde he hablado del tema de la inmigración. Los más intolerantes/ignorantes lo resumen en la asimilación de inmigración=problema. Su portavoz más destacado es la derecha política. Las excusas de esta derecha son netamente una manifestación de la estrechez de miras del nacionalismo, sea éste españolista o periférico.

Los nacionalistas catalanes exigen un carnet por puntos “que diera «ventajas» a los inmigrantes que mostraran mayor voluntad de integración en la sociedad catalana”. ¿Exactamente qué ventajas? ¿Exactamente qué tipo de integración? Su idea de integración es comulgar con sus postulados, y esas “ventajas” un principio de discriminación. Mientras, Rajoy dice que el debate es está “cuál es la capacidad de acogida” de España.

Volvemos al “aquí no cabemos todos”. Donde no cabemos es en viviendas cada vez más pequeñas, y ya ni siquiera podemos entrar sin conseguir hipotecas de cincuenta años. Ahí es donde está el verdadero debate. España es un país de 505.000 km² con una densidad de 91,13 hab/km²; Francia tiene 675.500 km² y una densidad de 95,2 hab/km²; Italia 301.000 km² y densidad de ¡198 hab/km²!

Cuando hay un problema como el paro y la crisis económica, ahí están los inmigrantes para culparlos. Se les acusa de “robarnos” los empleos, se les acusa de no integrarse y se les acusa de la delincuencia.

Por el contrario, no hay ningún “nacional” que esté dispuesto a aceptar los empleos que ellos aceptan, a aceptar el salario que les ofrecen y a aceptar las condiciones laborales que sufren. Muchos de los “liberales” que creen en la intervención del Estado y en la cobertura social como negativas para la economía no tienen esas carencias en sus empleos y, lo peor, a lo que aspiran es a calentar sillones de consejos de administración y a jubilaciones millonarias por hacer nada. Sencillamente, no tienen autoridad moral para criticar nada.

Los inmigrantes vienen a un país que tiene una cultura distinta de la de sus países de origen y, en vez de ayudarlos nosotros a adaptarse y a integrar su forma de ver la vida y sus costumbres, les damos la espalda. Ya sabemos que ser marginado por la sociedad, sea a los inmigrantes o a los nacionales con fracaso escolar, social o laboral son un factor determinante para incurrir en la delincuencia y malas compañías como vía de escape y hacerse partícipes de algo.

Los xenófobos esgrimen los aspectos negativos de sus culturas. ¿Qué pensarán otros países de las corridas de toros o de nuestra mala educación? Si en otro país escuchas a un grupo de personas hablando en voz alta y molestando al resto, como pude comprobar en Praga, o son españoles o son italianos (o son hooligans británicos). Los xenófobos obvian la diversidad que existe en los grupos humanos, y como no todos los españoles somos maleducados, no todos los que no son españoles tienen costumbres que nos chocan o nos parecen malas.

Otro factor que obvian es la situación de cada persona que viene. La gran mayoría de españoles ha tenido un familiar o varios trabajando en el extranjero hasta hace menos de cincuenta años, incluso ahora muchos van a trabajar fuera por las pocas posibilidades que pueden existir ahí. ¿Es que no son inmigrantes? ¿Deberían tratarlos tan mal como pretenden aquí los xenófobos o echarlos de los países donde viven? No somos capaces de pensar en los demás.

jueves 21 de enero de 2010

La Concertación chilena se resquebraja

Fernando Meza, líder del PRSD


Mientras los empresarios chilenos lanzan una propuesta para bajar el salario mínimo a los jóvenes, la derrotada Concertación está empezando a sufrir los efectos del resultado electoral: el oportunismo, la huida en busca de nuevos réditos, lo que dice mucho de la clase política. Un apunte: habrá que ver que hará Piñera con su canal, Chilevisión, si sigue los pasos berlusconianos de concentración de la información.


El Partido Radical Socialdemócrata chileno, perteneciente a la Internacional Socialista, ha llegado a un acuerdo con los partidos de la alianza derechista, Renovación Nacional y Unión Demócrata Independiente, para repartirse el control de la mesa del Congreso.


Este hecho ha generado un alud de críticas de sus aliados de la Concertación, PS, DC y Partido por la Democracia, que señalaban el pacto como una traición y la muerte de la actual coalición de centro izquierda, exigiendo a la presidenta en funciones, Michelle Bachelet, que expulse del Gobierno a los miembros radicales. El miedo ha debido ser muy grande en el Partido Radical, ya que su presidente Fernando Meza, quien firmó el acuerdo, declaró posteriormente su “desconocimiento” y abandonó a sus correligionarios parlamentarios radicales, que también firmaron.


El PRSD revive las prácticas del viejo partido madre, el Partido Radical, tan sobresaliente en el siglo XX como tan proclive a ir con la derecha o la izquierda según se acomodaran a sus intereses. El resultado de su vaivén político se tradujo en convertirse en un residuo electoral al robarle el centro la Democracia Cristiana. El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.


A la espera de conocer qué sucederá finalmente, si el PRSD se echa atrás o mantiene su huida a la derecha, cabe reflexionar sobre la integridad ética y la valentía de la clase política. Un partido que fue elegido en las listas de una coalición que no era la triunfante cambia su política y se pasa de bando, hechos que los electores no se esperaban.


Los representantes públicos no tienen un mandato imperativo, pero como se supone que son personas, también se supone que poseen una moral y una conciencia que les guía, además de una coherencia. Unir ética con clase política es, desgraciadamente, una feliz utopía.


El ciudadano, al que no le queda más que confiar en sus representantes para resolver los problemas del país y defiendan sus intereses, se ve trágicamente desamparado. La clase política demuestra ser marxista (pero de Groucho) para cambiar sus principios si no son del agrado de los que ahora tienen la sartén por el mango. Y el ejemplo de los radicales chilenos no es único, en todas partes son capaces de todo por mantener sus sillones. ¡Ay, que inevitable es pensar en lo que ocurre en las latitudes madrileñas y españolas! Sí, realmente tiene razón Ominami, y hay que redefinir la futura Concertación de izquierda.


La clase política está, como digo, para resolver nuestros problemas. Si vamos a tener que resolverlos nosotros, la clase política pierde su razón para existir.

El chivo expiatorio (I): el antisemitismo


Los inicios del siglo XX mantuvieron la herencia del antisemitismo, reactivada por la eclosión de los ideales del nacionalismo. En las nuevas naciones modernas, caracterizadas por una defensa de las semejanzas (raza, lengua, religión) no había espacio para las diferencias. En las naciones modernas no cabía ese pueblo sin patria, a menos que renunciase a su distinción y se integrara en un todo uniforme. Me refiero a los judíos.


Cuando había problemas en la Europa de cambio de siglo, crisis económicas, crisis alimenticias, etcétera, se culpaba a los judíos. Los judíos controlaban la economía, los judíos odiaban a los nacionales y les querían matar de hambre, decían. Esos mensajes fáciles nos hacen comprender los pogromos rusos, no sólo bajo el zarismo, sino también bajo el comunismo: los sentimientos irracionales del pueblo eran más fáciles de explotar que los ideales racionales y abstractos. Los liberales gran rusos y los bolcheviques soñaban con liberar al pueblo ruso de siglos de atraso cultural y político, pero en lugar de eso persistieron en mantenerlo controlado en base a la miseria y la ignorancia, manteniendo las bases para la posterior tiranía estalinista.


Otro tanto ocurrió en la Alemania de Weimar y del III Reich. Los judíos eran los culpables de la derrota alemana, los judíos habían humillado a Alemania en la paz de Versalles porque controlaban el sistema económico internacional.


Hoy en día los judíos, los israelíes en este caso, son el chivo expiatorio de sus vecinos regímenes autoritarios como culpables de la situación de Oriente Próximo, son su modo de desviar la atención de sus propios problemas y construir una legitimidad basada en el odio al distinto. Estoy describiendo el nacionalismo.


En Europa, actualmente, el antisemitismo se ha transformado. Es un odio amainado; Israel está en otro espacio geopolítico y se muestra de dos formas. Una es una minoría que mira con nostalgia un pasado idealizado del fascismo europeo y que niega el Holocausto; otra persiste, entre líneas, en la oposición a Israel por sus ataques a los árabes palestinos o, directamente, por la ocupación de la totalidad de la región palestina, exigiendo su destrucción (habría que ver si es en clave de deportación o de exterminio, como sueña el régimen teocrático de Irán). Las posiciones maximalistas, en clave de buenos (palestinos) y malos (israelíes), las que no son capaces de ver todas las variables del conflicto, son las que tienen ese antisemitismo de fondo. Para ellos, la solución pasa por un Estado, pero no un Estado más. El Estado árabe palestino, para ellos, sólo es posible por la negación del Estado israelí.


Mi propósito inicial era hablar del odio hacia los diferentes de hoy, los inmigrantes, pero la divagación en esta introducción ya ha hecho esta entrada muy extensa. Mañana hablaré sobre los inmigrantes.