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miércoles, 18 de abril de 2012

La nación como proyecto político: Argentina y España


Nunca me he sentido cómodo hablando de mí mismo y, por eso, me va a resultar tan incómodo hacerme una reseña de mí mismo, aunque accedí por petición externa. Vamos a intentarlo.

La nación fue creada por el nacionalismo. No al revés. Las naciones no son entes abstractos inmemoriales como algunos contemporáneos quieren creer. La nación se creó al calor de las revoluciones burguesas y los fundamentos ideológicos de la Ilustración. Declaraciones como la de independencia de Estados Unidos o la de derechos del hombre y del ciudadano de la Francia revolucionaria fueron el punto de partida del concepto de nación. La burguesía declaraba su independencia y se arrogaba para sí la representación de la nación, una comunidad política que enterraba al súbdito y daba nacimiento al ciudadano. La nación era, y es, el proyecto político del nuevo grupo dirigente de la sociedad.

En el solar del Imperio español, la invasión napoleónica de la metrópoli provocó un vacío de poder. El orden tradicional del Antiguo Régimen dio paso, sin muchos sobresaltos, a procesos políticos en la península y las colonias que alumbraron, lentamente y con ciertas dificultades, en nuevos regímenes liberales y democráticos.

En mi trabajo, me preocupo por realizar una vista a los procesos políticos que arrancan con las declaraciones de autonomía e independencia de una de las colonias españolas, el Río de la Plata, actual República Argentina, y la promulgación de la Constitución de Cádiz, que este año vive su Bicentenario. Con el repaso de los estudios de ciertos autores, declaraciones y constituciones de la época, me propongo demostrar el carácter de la nación como proyecto político de las élites dirigentes de los dos países.

Obviamente, los procesos de Argentina y España son de muy distinta naturaleza. El proceso, no obstante, es convergente, en el sentido de que los dos países han tenido una larga trayectoria, llena de altibajos, donde han basculado el liberalismo clásico a la democracia, pasando por largos períodos autoritarios. En ese sentido, el proceso ha sido dinámico: la interacción de las élites dirigentes con nuevos grupos sociales, cómo se fueron resolviendo y cómo se reelaboró el discurso acerca de la nación y sus integrantes. Del la "civilización y barbarie" de Argentina, a la "criollización" de los nuevos grupos sociales inmigrantes; en España, la discusión fundamental ha sido acerca del "fracaso" de la construcción del Estado nacional y las causas del surgimiento del nacionalismo periférico (debilidad o excesiva centralización estatal). Las lecturas son muchas. Que el lector escoja cuidadosamente.

Documentos de trabajo, nº 37, abril de 2012, Instituto de Estudios Latinoamericanos (IELAT)
Bouzas Herrera, Javier: "Una aproximación a la creación de la nación como proyecto político en Argentina y España en los siglos XIX y XX. Un estudio comparativo"

jueves, 28 de octubre de 2010

Kirchner marcó una época


"Kirchner marcó una época". Así titula en portada Clarín, principal diario de la República Argentina (y alejado en intereses e ideología con el peronismo gobernante) la muerte del ex presidente Néstor Kirchner.

Su muerte ha cogido a todos por sorpresa. Tan pronto como se supo la noticia se pusieron en marcha tanto los periódicos para los acostumbrados obituarios, comentarios de expertos... como los políticos argentinos a especular qué sucederá ahora.

La historia reciente argentina no puede explicarse sin el peronismo. No es un movimiento social al uso ni un partido político corriente. Es algo más. La historia del peronismo es muy recurrente y repleta de figuras y modelos que ahora todos usamos para analizar qué está pasando.

Hay quienes comparan la figura de Néstor Kirchner con la de Juan Domingo Perón o Carlos Menem, amados y odiados a partes casi iguales por la sociedad argentina. Motivos no les faltan. En su presidencia, Kirchner tuvo que enfrentarse a la penosa situación económica precedente, caracterizada por el corralito, la falta de confianza en la clase política y el deterioro del nivel de vida. Hasta la crisis económica mundial, la economía ha crecido con fuerza y las clases más desfavorecidas, la base del peronismo kirchnerista, han visto mejorar sus condiciones de vida. Kirchner había conseguido una legitimidad carismática que en su momento sólo han tenido Perón y Evita. Incluso en la presidencia de su mujer, Cristina Fernández de Kirchner, su sombra tras el poder ha sido alargada, preparando su vuelta a la primera magistratura de la nación argentina.

Igualmente, Cristina Fernández también es comparada con otras dos figuras importantes del peronismo: Eva Duarte de Perón, Evita, y María Estela Martínez de Perón, Isabelita. La comparación no se ha hecho a la ligera: sin el soporte de su marido, Cristina debe demostrar la fortaleza de su posición en el gobierno y en el peronismo, si será la Evita fuerte del golpe del 45 o la Isabelita de la guerra sucia e incapaz frente al caos social, político y económico de los años 70.

La supuesta imagen de una Cristina Fernández débil y aislada sin la influencia de su marido no deja de tener cierta carga machista y de subestimar su figura política. No hay que olvidar que en los comienzos de los Kirchner en los cargos públicos Cristina ocupó puestos más elevados que su marido, siendo legisladora provincial de Santa Cruz entre 1987 y 1995, y diputada y senadora nacional entre 1995 y 2007. Por su parte, Néstor Kirchner fue intendente de Río Gallegos de 1987 a 1991 y gobernador de Santa Cruz de 1991 a 2003.

¡Fuerza, Cristina!, animan los simpatizantes peronistas. Los problemas a los que ahora se enfrenta Cristina Fernández en solitario son ya conocidos: pérdida de la mayoría en la Cámara de Diputados, conflictos con la CGT (el sindicato peronista), conflictos con la prensa por la controvertida Ley de Radiodifusión, conflictos con la patronal agropecuaria, deterioro de la situación económica... con o sin su marido, estos problemas requieren de mucho diálogo, negociación y compromisos. Sin duda, muchos políticos ambiciosos querrán sacar rédito electoral para desgastar a la presidenta argentina en beneficio propio.

¿Qué sucederá? Aún es pronto para saberlo. Se concretarán alianzas para el futuro, puede que Cristina vea reforzada una imagen de mujer luchadora contra la adversidad, puede que sin la legitimidad carismática de su marido pierda apoyos... La movilización de las bases peronistas será fundamental en el futuro, la mismo que la continuación de la campaña de la prensa en contra de la actual administración para la oposición. La oposición no es un bloque homogéneo (formada por radicales, peronistas disidentes y pequeños grupos de izquierda y derecha) que no puede sobrevivir a base de ser anti-Kirchner. A día de hoy, no hay en Argentina una alternativa única al peronismo kirchnerista. Quizás así sobreviva unos años más. Quizás mañana todo sea distinto. El tiempo lo dirá.

jueves, 8 de abril de 2010

Enfrentarnos a nuestro pasado: las dictaduras en España, Europa y Latinoamérica


La imputación al juez Garzón por investigar los crímenes del franquismo y exhumar a los desaparecidos pone de actualidad los problemas a los que se enfrentan las sociedades que vivieron una dictadura en el pasado. Los crímenes que cometió el bando republicano, sin embargo, fueron investigados y severamente castigados en las peores circunstancias posibles por instituciones surgidas de la reacción al gobierno frentepopulista. Es desalentador que aún hoy no seamos lo suficientemente maduros como para reconocer los horrores cometidos y pasar página definitivamente encontrando a nuestros desaparecidos.


Que se acabe condenando judicialmente aquello que ha desaparecido, la dictadura, o a aquellos que participaron en ella y van dejando paso al imperativo biológico es secundario. Ya va siendo demasiado tarde. Quizás sea entonces el momento para los historiadores de verdad de reconocer realmente quién hizo qué y llamar a las cosas por su nombre: muchos fueron asesinos y muchos fueron héroes. Pero son cosas, como digo, que ya pertenecen a la historia.


España no es una isla en medio de un mar de raciocinio. No hay que ir muy lejos para saber que en nuestro país vecino los colaboradores de la dictadura salazarista no sufrieron un revanchismo exacerbado. Tampoco en muchos de los antiguos países del bloque socialista. Los miembros de la Stasi y los millones de informadores prácticamente se confundieron con el paisaje. Los antiguos gobernantes se reciclaron y aún hoy sus herederos siguen participando en la vida pública a izquierda y derecha.


En los casos de Chile y Argentina, por poner los ejemplos de las dictaduras americanas más relevantes, sólo hasta hace pocos años se ha podido sentar en los banquillos a parte de esos que hicieron desaparecer o fusilar a millares de ciudadanos. Las resistencias y obstáculos han sido enormes: Pinochet se quedó encerrado en su casa, así como los dictadores argentinos, muchos han muerto en sus camas y lo peor todo han sido las leyes de amarre y punto final, las “leyes de la impunidad”.


¿Y por qué? Pues porque esas dictaduras no eran sólo las de un puñado de militares reaccionarios o de revolucionarios exarcebados. Como dice el profesor Labandeira, es mentira que a Franco no le quisiera nadie. Allí y acá amplios poderes de la sociedad civil, y gran parte de la sociedad civil, respaldaban esas dictaduras. Y no hay que olvidar que en todas, incluso en Portugal, las transiciones de la dictadura a la democracia contaron con el protagonismo o la colaboración de las antiguas autoridades. ¿Acaso Spínola no era un general crítico pero no opositor del ejército salazarista? ¿No pactó el régimen de Pinochet con la Concertación los pasos a la democracia vigilada? ¿Y de dónde venía Suárez?


Hubo más reforma que ruptura, y eso implica un acuerdo por ambas partes. Desgraciadamente, conllevaba dejar a un lado muchas causas pendientes. La tragedia es que una parte no sea capaz de reconocer nuestra propia historia. Otros lo han hecho. Santos no ha habido ni va a haber.

miércoles, 24 de febrero de 2010

El régimen cubano mata a Orlando Zapata

Orlando Zapata, albañil y disidente cubano, ha muerto tras 85 días de huelga de hambre. Independientemente de si hay que alimentar a la fuerza o no a una persona que toma esa decisión, el régimen lo ha matado. Lo ha matado con su calculada lentitud de permitir el deterioro de su salud y, finalmente, lo ha matado porque el régimen cubano está matando la libertad de las personas. Orlando Zapata sabía las consecuencias que podía tener esa decisión y, por ello, es un mártir por la libertad y el respeto de los derechos humanos, aunque sean para respetar sus derechos como recluso.


Vamos a dar por superadas las legitimaciones del régimen en materias sociales, su fracaso por dar una vida digna, material y de espíritu, a los cubanos le arrebata cualquier legitimidad. La libertad personal y colectiva, así como el bienestar material, no son materias prescindibles en búsqueda de un mundo mejor, en ese régimen y en cualquier otro, sea por el socialismo sea por la libertad económica. Parece que seguimos olvidando que el protagonista de la Historia es el hombre, y no la economía o la doctrina, materias subordinadas a la humanidad, y ésta a la naturaleza, aunque no lo piense Ana Botella.


Lula da su apoyo al régimen cubano. ¿Y por qué? Porque ha causado un gran revuelo en el mundo tras la muerte de Zapata. Los motivos de Lula son débilmente ideológicos (pues comparte los ideales originarios de la revolución, algo que muchos podemos estar de acuerdo, pero que se han subvertido con la evolución de la dictadura) y más políticos, puesto que representa a la nueva potencia emergente y rival de Estados Unidos en la hegemonía en el sur de América, y la cuestión cubana le proporciona los apoyos de los regímenes afines al castrismo.


Lula sueña con convertirse en el gran estadista latinoamericano del siglo XXI, y seguramente así quede para la Historia. La ayuda económica que proporciona a Cuba está, en su mente, para propiciar el desarrollo económico de la isla y así abrir la puerta a la posibilidad de la democratización del régimen. Que quede en el recuerdo no sólo el ascenso de Brasil a gran potencia regional, sino también las bases para el reforzamiento de la democracia en América Latina.


Por otro lado, ¿está la comunidad internacional legitimada para reprocharle algo a Lula? Puesto que las grandes potencias del planeta dan su apoyo, colaboran o aceptan regímenes autoritarios, no sólo de la talla de China, sino también de aquellos pequeños países cuya hipotética inestabilidad pudiera desestabilizar los mercados mundiales de materias primas o las rutas comerciales (uranio nigerino, bauxita guineana, gas argelino, etcétera). No es el papel de la comunidad internacional de Estados reprochar nada, ése es el papel de la sociedad civil.


¿Por qué ha de sufrir la sociedad cubana por el régimen? Estoy en contra del bloqueo económico, que no hace sino mantener el control de la élite sobre la sociedad, favorece la corrupción y el empobrecimiento de las clases más humildes. Es muy hipócrita la política internacional de muchos países respecto a los regímenes autoritarios, distinguiendo buenos de facto de "malos".


PD: no quiero hablar de ese tal John Cobra, no vamos a darle pábulo para que viva del cuento a costa de nosotros. “Los directos son así”, dijo Alberto Oliart en el Senado, y aquí se debería zanjar. Lo que sí quiero hacer una breve reflexión sobre las cuentas de Francisco Camps, su situación económica me hace recordar que Esperanza Aguirre decía que no llegaba a fin de mes. ¿Ése es todo el patrimonio de Camps? ¿O es sólo su patrimonio en España?...

jueves, 21 de enero de 2010

La Concertación chilena se resquebraja

Fernando Meza, líder del PRSD


Mientras los empresarios chilenos lanzan una propuesta para bajar el salario mínimo a los jóvenes, la derrotada Concertación está empezando a sufrir los efectos del resultado electoral: el oportunismo, la huida en busca de nuevos réditos, lo que dice mucho de la clase política. Un apunte: habrá que ver que hará Piñera con su canal, Chilevisión, si sigue los pasos berlusconianos de concentración de la información.


El Partido Radical Socialdemócrata chileno, perteneciente a la Internacional Socialista, ha llegado a un acuerdo con los partidos de la alianza derechista, Renovación Nacional y Unión Demócrata Independiente, para repartirse el control de la mesa del Congreso.


Este hecho ha generado un alud de críticas de sus aliados de la Concertación, PS, DC y Partido por la Democracia, que señalaban el pacto como una traición y la muerte de la actual coalición de centro izquierda, exigiendo a la presidenta en funciones, Michelle Bachelet, que expulse del Gobierno a los miembros radicales. El miedo ha debido ser muy grande en el Partido Radical, ya que su presidente Fernando Meza, quien firmó el acuerdo, declaró posteriormente su “desconocimiento” y abandonó a sus correligionarios parlamentarios radicales, que también firmaron.


El PRSD revive las prácticas del viejo partido madre, el Partido Radical, tan sobresaliente en el siglo XX como tan proclive a ir con la derecha o la izquierda según se acomodaran a sus intereses. El resultado de su vaivén político se tradujo en convertirse en un residuo electoral al robarle el centro la Democracia Cristiana. El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.


A la espera de conocer qué sucederá finalmente, si el PRSD se echa atrás o mantiene su huida a la derecha, cabe reflexionar sobre la integridad ética y la valentía de la clase política. Un partido que fue elegido en las listas de una coalición que no era la triunfante cambia su política y se pasa de bando, hechos que los electores no se esperaban.


Los representantes públicos no tienen un mandato imperativo, pero como se supone que son personas, también se supone que poseen una moral y una conciencia que les guía, además de una coherencia. Unir ética con clase política es, desgraciadamente, una feliz utopía.


El ciudadano, al que no le queda más que confiar en sus representantes para resolver los problemas del país y defiendan sus intereses, se ve trágicamente desamparado. La clase política demuestra ser marxista (pero de Groucho) para cambiar sus principios si no son del agrado de los que ahora tienen la sartén por el mango. Y el ejemplo de los radicales chilenos no es único, en todas partes son capaces de todo por mantener sus sillones. ¡Ay, que inevitable es pensar en lo que ocurre en las latitudes madrileñas y españolas! Sí, realmente tiene razón Ominami, y hay que redefinir la futura Concertación de izquierda.


La clase política está, como digo, para resolver nuestros problemas. Si vamos a tener que resolverlos nosotros, la clase política pierde su razón para existir.

lunes, 18 de enero de 2010

Piñera gana el balotaje…


Con un resultado muy ajustado (51,6% frente 48,4%), en la línea que marcaban los sondeos, el empresario Sebastián Piñera ha conseguido que la derecha chilena vuelva a La Moneda tras 20 años desde la dictadura, y 52 años desde las últimas elecciones que ganó con Alessandri hijo.


En un gran gesto público, un gran homenaje a la democracia y a la unidad del país, los dos contendientes comparecieron juntos ante los medios. ¿Qué hará Piñera como presidente? Su programa contempla la reducción de impuestos indirectos, el famoso millón de puestos de trabajo (que previsiblemente constituirá el eje que marque el éxito o fracaso de su período presidencial), construcción de infraestructuras sanitarias y viviendas sociales, “perfeccionar” el sistema electoral binominal y mantener una política contraria al aborto y al matrimonio del mismo sexo (sin embargo, permitir la unión civil).


En otros aspectos, no hay que olvidar si habrá presencia directa, indirecta o nula de viejos colaboradores de la dictadura militar y la influencia del neoliberalismo conservador del ex presidente español Aznar y su fundación FAES, manteniendo la persistencia de querer incidir sobre las campañas electorales latinoamericanas. La “segunda transición” que añora Piñera recuerda demasiado a la segunda transición que preconizaba Aznar al llegar a la presidencia en 1996.


Piñera se encuentra con un Estado no muy amplio, ya que la Concertación apenas pudo empezar a sentar las bases del bienestar por el rechazo de la derecha y los poderes fácticos, residuales, pero que aún eran poderosos. Chile es, sin embargo, uno de los países más desarrollados de Latinoamérica. La tasa de pobreza es del 13% (mucho menor que la española, del 20%) y su desempleo, como recuerdo, del 7,8%. La segunda transición preconizada será más en conceptos de valores: al bloque progresista, Concertación o lo que venga, le corresponderá saber responder mejor que lo que ha hecho la socialdemocracia europea.


¿Qué hará la oposición? La Concertación ya ha iniciado la autocrítica, sin dejar de sentirse orgullosa por el trabajo realizado en veinte años y Enríquez-Ominami criticó la permanencia de “los de siempre”. Ominami apuesta por la reformulación del progresismo para encarar las próximas elecciones de 2014, una nueva y verdadera “tercera vía”. Ya en esta campaña ha desarrollado la respuesta progresista a los valores conservadores del nuevo presidente chileno.


La inclusión del Partido Comunista en el sistema político, tras años de rechazo, viene a redefinir el mapa político y a traer de vuelta el debate acerca del sistema binominal. El nuevo Congreso mantiene un empate (58 diputados oficialistas, 57 de la Concertación y 5 regionalistas e independientes, y en el Senado igualados a 9 senadores Gobierno y oposición) que puede bloquear toda iniciativa política, y es insostenible a largo plazo. La derecha puede sufrir lo que le hizo pasar a la izquierda: que la oposición pueda conseguir la mitad del Congreso con menos votos. Le interesa, sin dudas, resolver este problema del que, inevitablemente, puede y debe salir beneficiada moralmente el centro izquierda, que lleva estos veinte años proponiendo un modelo proporcional.


La alternancia, se dice, siempre es beneficiosa. Aunque duela, para bien o para mal la derecha gobernará ahora. Ahora es el tiempo de eliminar los obstáculos y volver a preparar la alternativa de política y de ideas.

"Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organí­cense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza".

Antonio Gramsci, Fundador del Partido Comunista Italiano

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En nuestros conflictos políticos, la República tiene que ser una solución de término medio, transaccional y la válvula de seguridad contra sus desaciertos es el sufragio universal. Lo que se pierde en unas elecciones, puede recuperarse en otras. Nada duradero se funda sobre la desesperación y la violencia. La República no puede fundarse sobre ningún extremismo. Por el solo hecho de ser extremismo, tendría en contra a las cuatro quintas partes del país.

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