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jueves, 9 de diciembre de 2010

Julian Assange, ¿héroe o villano?


La mayor filtración de Wikileaks en su historia, la de los documentos del Departamento de Estado de Estados Unidos o Cablegate, sin duda va camino de convertirse en el acontecimiento del año. No ha sido, claro está, la primera de las filtraciones de Wikileaks, con poco más de tres años de vida, pero sí es la más impactante: a medida que se van conociendo los cables entre el Departamento de Estado y las embajadas estadounidenses, el miedo y la ira de la administración norteamericana y del establishment no dejan de aumentar.

No es únicamente Estados Unidos quien ve al descubierto su diplomacia secreta. Al mismo tiempo, ve la luz el doble rasero de muchos otros gobiernos en el mundo: China, Reino Unido, Rusia, Italia, España, Francia... ninguno escapa de las revelaciones de estos cables diplomáticos. Desde el 28 de noviembre, día que comenzó la publicación de las filtraciones en El País, Le Monde, Der Spiegel, The Guardian y The New York Times, parece habérseles caído una fina máscara a los gobiernos de muchos países.

Hay quienes pensaban que estas filtraciones eran un simple cotilleo. En muchos casos, venían a confirmar muchos de los rumores que circulan sobre los líderes y los gobiernos del mundo. Desde los líos de Sarkozy a los de Berlusconi, la espina de las Malvinas para Argentina a los temores de los países árabes a un Irán nuclear... Luego vinieron otros datos: presiones de Estados Unidos hacia sus aliados para defender sus intereses (ya sea desde el caso Couso a las ventas de armas a Venezuela por parte de España y Rusia), los planes secretos de China sobre la península de Corea, la corrupción en Rusia... en fin, muchos temas y para su recolección ya están los diarios antes citados y, sobre todo, la página de El País a tal efecto.

A los distintos gobiernos se les ha creado un nuevo abismo, mucho más infinito que cualquier otro hasta ahora, entre ellos y sus ciudadanos. En sus reacciones, poco pueden decir excepto intentar negarlo todo, en vano. En esta cuestión (y en otras) nadie les cree ya, tan grande es la desconfianza que poseen entre los ciudadanos, bien cultivada a lo largo de muchos años. Otros gobiernos optan por dar la callada por respuesta, sabiendo que aún no se sabe todo y puede quedar mucho todavía por saber. Tampoco ha hablado la clase política de cada país de forma clara, todos sabiendo lo que se juegan, unidos por un pacto de silencio.

Los distintos gobiernos han perdido legitimidad. Ya no pueden presentarse como reflejo de la voluntad popular y garantes de la independencia nacional. ¿Será el gobierno yemení independiente cuando no puede hacer frente a insurgentes y necesita el apoyo en la sombra del poderío militar norteamericano? ¿Será independiente el gobierno español que entre bambalinas intercedió en favor de los intereses norteamericanos en el Caso Couso? ¿Será el gobierno ruso reflejo de la voluntad popular o de la oligarquía del régimen de Putin?

En muchos casos, la bandera del nacionalismo es una fina cáscara que esconde la sumisión al aún imperio de nuestro tiempo o la hipócrita excusa para mantener, una vez más, la dominación de las minorías dirigentes sobre la mayoría de los dominados.

En estas circunstancias, ¿cómo se puede hablar de democracias, Estados de derecho e independencia en la aldea global? La globalización, inicialmente económica, va dando pasos hacia la globalización de las relaciones humanas paralelas a la del Estado-nación, proceso lento y difícil; en cambio, la globalización de la información es ambivalente. La Red no es inmune a la manipulación o a la opacidad, caso de China. Todos a una, gobierno y oposición, clase política, en definitiva, el establishment de cada país hace piña contra las revelaciones de Wikileaks. En España, los rumores sobre los movimientos dentro de la derecha española se confirman, incluso corroborando que Rajoy no es favorito ni para Estados Unidos, ni para el resto de sus correligionarios.

Al gobierno estadounidense no le ha quedado otra opción que huir hacia adelante y querer matar al mensajero, a Julian Assange. En este caso, el presidente Barack Obama no ha hablado hasta hace bien poco sobre Assange y Wikileaks y ha dejado en manos de su secretaria de Estado, Hillary Clinton, la responsabilidad de enfrentarse a la opinión pública nacional e internacional. Mientras, los miembros del Congreso norteamericano y otras figuras relevantes del panorama político estadounidense, como Sarah Palin o Joe Lieberman, piden desde el asesinato a la detención del terrorista Assange, así como prohibir consultar la página de Wikileaks, amén de querer privarla de cualquier servidor para poder seguir operando. Nos han querido mostrar los límites de la libertad de expresión y así lo han hecho: con el imperio no se juega.

¿Nos ha hecho un favor Julian Assange? Sí, sin duda. El lema de Wikileaks, "we open governments", se cumple o se desborda con creces. Cierto es que todo es siempre una amplia gama de colores grises: las acusaciones de abusos sexuales son graves, igual que las de opacidad de las cuentas de Wikileaks. Una cosa no deslegitima ni quita validez a la otra. No debemos ser ciegos apoyos a una persona y una empresa con sus propios (y legítimos) intereses, como tampoco furibundos opositores y situarnos en el lado peligroso del debate de cuáles son los límites de la libertad de información.

Hemos de mantener una independencia de criterio a la vez que conocer los argumentos y motivaciones de ambas partes. Por ejemplo, leo en ABC que Alonso de los Ríos acusa a Wikileaks de "delictiva" y la prensa que revela su información como la terminal del negocio "criminal" del portal de filtraciones, así como comete el error de englobar en el mismo saco las acciones de Wikileaks, El País y Anonymous, como si fueran parte de una nueva teoría de la conspiración, a imagen de la que la derecha española quiso ver para el atentado del 11-M. Lejos de reconocer al antiguo marxista un profundo amor por una profesión periodística que obtiene de forma limpia la información de sus fuentes, hay una línea clara del periódico monárquico de lamentarse no ser uno de los cinco periódicos que disfrutan de una exclusiva tan jugosa.

¿Qué supondrá Wikileaks y el proceso contra Assange? La posible extradición de Assange de Reino Unido a Suecia, y puede que de Suecia a Estados Unidos para juzgarlo por la filtración de los documentos no será un juicio a una persona concreta, sino un juicio a la libertad de información y a los límites de ésta. Es pronto para determinar si Julian Assange es un héroe de estos tiempos posmodernos o el violador autoritario y sombrío que nos pintan desde otros lares. De momento, es personaje del año para Time. Mientras, sabremos, sabemos ya, que los gobiernos defienden la libertad y la democracia con pasión, pero una pasión muy pequeñita.

¿Por qué calla la clase política? Wikileaks no descubre el Mediterráneo mostrando la verdadera faz de una minoría persiguiendo sus intereses personales y encadenada a los intereses de la clase económica o a los de Estados Unidos. No hay un ataque a la política; en todo caso, podría haber una crítica a aquellos que consideran la política, en toda su extensión, como la esfera de actuación de una minoría con unos intereses concretos en juego.

Sintiendo pecar de utópico, idealista u optimista, no es/no debe ser así, y los ciudadanos tienen el derecho a saber la verdad. No secretos de estado, eso es un consenso universal: Wikileaks no ha dado información que vulnere la seguridad nacional, ni códigos nucleares. Nos ha dado algo más potente: el simple conocimiento, para que cada cual pueda informarse y hacerse una mejor opinión. Así, podrán formarse mejores elecciones de cara al futuro. La minoría y élite que es la clase política es "elegida", en un sistema democrático, para llevar a cabo políticas que vayan en beneficio del interés general. Es una bonita teoría, y por lo tanto irreal.

El profesor Javier Redondo lamenta en La aventura de la Historia la banalización de la política, con la decepción de la democracia 2.0 como un fracaso en la participación de la ciudadanía en un sentido republicano liberal (también llamado republicanismo cívico, que tan en moda estuvo una vez en boca de Zapatero), viendo cómo el ideal democrático y liberal es sustituido por una política del entretenimiento y del pensamiento rápido y simple.

martes, 23 de febrero de 2010

China (y IV): La ideología del régimen chino, ¿autoritarismo o totalitarismo?


La ideología oficial del régimen Chino se construye a través de interpretaciones de Marx, Lenin y Mao que hizo Deng Xiaoping con sus propias aportaciones para justificar el dominio del PCCh sin romper con la legitimidad que le otorga el pasado y unirlo a la legitimidad que le otorga la eficacia económica. La recuperación de la teoría de fases económicas marxista explica así que se empleen métodos capitalistas argumentando que con ello se posibilita la creación del socialismo en un futuro abierto, sin fecha definida.


De Lenin, a través de Mao, el PCCh justifica su mantenimiento como un aparato burocrático, con el control de los medios de coacción para mantenerse en el poder, unido a la incorporación de la nueva clase empresarial para ampliar su base social. El control del poder por el partido es muy rígido y no admite discusiones o protestas sociales, que son duramente reprimidas. Aquí también argumenta su legitimidad en que es el único garante de la unidad del Estado, del desarrollo económico y de la paz social (en la línea de la teoría del tutelaje de Dahl). Teóricamente, mantiene todos los postulados del marxismo leninismo (control del poder por el partido, control del partido por una minoría revolucionaria, ideario comunista) pero en la práctica los transforma en conceptos más confucianos de respeto a la autoridad.


Sobre la naturaleza autoritaria o totalitaria del régimen, es muy difícil dictaminarlo claramente. Combina aspectos totalitarios con los propios del autoritarismo burocrático, que es a lo que tiende. El PCCh controla todos los ámbitos de poder desde lo más local o lo más nacional por una estructura paralela a la del Estado, de tal modo que éste no toma directamente las decisiones sin la aprobación de la sección correspondiente del partido. Pero el control no es únicamente Estado-partido o de arriba-abajo, sino que el PCCh no es un todo monolítico sino una coalición de redes clientelares formadas por la nueva élite empresarial privada, los empresarios del sector público y los dirigentes regionales, que básicamente comparten el actual modelo del sistema y no lo discuten, y es en él donde compiten moderadamente entre sí por conseguir influencia política y la extensión de sus redes.


El sistema es totalitario en sentido que el PCCh controla todos los ámbitos de la vida pública y económica, pero porque reúne en sus filas a las élites políticas y económicas de la sociedad; es autoritario y no totalitario en sentido que su dominio sobre la sociedad se va basando cada vez menos en el terror, en que las élites interactúan en el seno del partido y, si bien el sistema no es en absoluto democrático, está atento a la opinión pública, al menos de los sectores pujantes de la economía. En este caso quiero señalar un aspecto que leí hace poco en un artículo de Robert Fogel en la revista Foreign Policy (nº37 febrero/marzo de 2010, pps. 80-85)), “123.000.000.000.000 $”, donde señala el debate en el seno de la Sociedad de Economistas Chinos sobre cuestiones de diversa índole económica o social, hablar de la planificación y conseguir recoger la atención del Gobierno para escuchar sus opiniones.


El poder del partido es progresivamente más “blando” en la búsqueda de ampliación de su base y legitimidad en base a la eficacia económica para ganarse a la élite económica y tranquilizar a la sociedad. El sistema es altamente burocrático ya que no hay que olvidar que tanto los aparatos del Estado como los paralelos del PCCh requiere un gran aparato burocrático para proponer, legislar, ratificar leyes, elaborar la planificación económica, otorgar contratos y permisos, colocar en puestos clave a la clientela política, etcétera. Con el fin de los grandes liderazgos de Mao y Deng esto se amplía por la descentralización de las decisiones, el reparto de poder en un aparato cada vez más tecnocrático y la institucionalización de un Estado de Derecho que garantice la seguridad jurídica, la independencia de la justicia y la economía de mercado, al menos todo esto en teoría, y sin obviar la gran corrupción que impera en el seno de la burocracia, que no tiene visos de permitir una competencia libre por el poder.

domingo, 10 de enero de 2010

El derecho a formar una familia


Artículo 16.1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:

Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio.


Artículo 36 de la Constitución portuguesa de 1976:

36.1 Todos tienen derecho a formar familia y a contraer matrimonio en condiciones de plena igualdad.

36.7 La adopción está regulada y protegida en los términos que establezca la ley, la cual debe determinar formas rápidas para la tramitación respectiva.


Artículo 32.1 de la Constitución española de 1978:

El hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica.


Estos son tres artículos fundamentales para incorporar al debate generado por la aprobación incompleta del matrimonio del mismo sexo en nuestro país hermano, Portugal. Estos tres artículos permiten la existencia, para desgracia de los reaccionarios, de cualquier tipo de matrimonio y de la plena igualdad jurídica.


No sólo eso, sino que también reconocen el derecho de Todos a formar una familia. En este caso, la reciente ley aprobada por la Asamblea de la República mantiene el incumplimiento de la Constitución portuguesa.


Dos derechos entran en este conflicto: el derecho a formar una familia, que pertenece a los cónyuges, y el derecho a la adopción, esto es, a ser adoptados y a adoptar. Cuando existen las condiciones requeridas para formar una familia mediante la adopción, carece de sentido la existencia de leyes que impiden ejercer ese derecho.


Hay que eliminar los obstáculos a la adopción. En esto se demuestra que la lucha no puede nunca ceñirse a una lucha nacional, sino que debe ser a escala internacional, una prueba más de que el nacionalismo es ineficiente en este siglo. Lo que ocurre en Portugal, con la nueva ley, o en Irán, con su persecución de homosexuales y ahora de opositores, merece la misma atención y preocupación que el actual temporal de nieve en España, la economía o la vivienda. Hay muchos países que tienen una legislación discriminatoria hacia los matrimonios del mismo sexo de los países donde están reconocidos.


La lucha por los derechos de homosexuales, bisexuales y transexuales, al igual que la lucha general por la libertad, tiene que traspasar las fronteras: exigir el fin de todas las discriminaciones y de todas las restricciones en todos los países del planeta, y eso vale tanto para exigir al Gobierno portugués que culmine el proceso cuanto antes como para reclamar a China que cambie su legislación.


Pero no hay que ceñirse únicamente a la adopción. Eso lo dejo para más adelante…

lunes, 23 de noviembre de 2009

China (III): “Una sociedad moderadamente acomodada”


El régimen chino comprende que su supervivencia pasa por limar las desigualdades sociales y la reducción de la pobreza. La mayoría de la población, el 60%, vive en el medio rural, y el 40% de la población activa desarrolla tareas agrícolas. En muchas regiones la situación del campesinado es de extrema pobreza. La liberalización económica ha permitido el surgimiento de una élite económica ligada al Partido Comunista, pero también ha generado una gran desigualdad social. Las diferencias no son sólo ricos y pobres, sino costa e interior o campo y ciudad. La migración supone el desplazamiento de más de 130 millones de personas, de las cuales 20 millones no consiguen encontrar empleo. La renta per capita del campo es de 260€ frente a 790€ en las zonas urbanas.


La corrupción se extiende con facilidad debido a la debilidad del Estado de derecho. El rule of law (imperio de la ley) no existe, sustituido por el rule of man. Muchas leyes no se pueden cumplir, o son muy ambiguas. En esta situación, cobran especial importancia los contactos personales, la dependencia del favor de los dirigentes del Partido, el poder de la burocracia y el pago de sobornos.


La propiedad privada ha ido reconociéndose progresivamente desde 1982, cuando se autorizó la llamada “economía individual”. En 1988 se redefinió como “economía privada” y en 1989 se incluyó como una parte de la “economía socialista de mercado”, junto a la propiedad pública. La reforma constitucional de 1999 reconoció el derecho de propiedad privada de los medios de producción. En 2004 se declaró inviolable, pero inferior a la “sagrada” propiedad pública. Por último, la reforma de 2007 garantiza la propiedad privada de edificios, rentas, bienes personales y de producción. La teoría y la práctica continúan distantes. No es lo mismo propiedad en zonas urbanas que en las rurales. Las expropiaciones en el campo dejan a muchos campesinos sin tierras de las que vivir y no encuentran asistencia legal o indemnizaciones por parte de las autoridades. Más de 65 por ciento de las manifestaciones en las zonas rurales se atribuye a problemas por la expropiación de tierras.


Textos recomendables:

Observatorio de la política china

Constitución de la República Popular China (1982)

20 millones de trabajadores que migraron del campo a la ciudad han perdido su empleo

La propiedad privada no llega al campo

China y la propiedad privada

Propiedad privada en China

Pueblo en línea: Entrevista de Lebroni (Intereconomía)

"Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organí­cense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza".

Antonio Gramsci, Fundador del Partido Comunista Italiano

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