martes, 23 de marzo de 2010

¿Quién define lo progresista?

(RAE) Progresista: 1. adj. Dicho de una persona, de una colectividad, etc.: Con ideas avanzadas, y con la actitud que esto entraña. Apl. a pers., u. t. c. s.


Hace unos días que quería hacer esta entrada. Son varias declaraciones, ciertos comentarios… a lo largo del tiempo, y todo gira, obviamente en el mundo de la izquierda, de actitudes, medidas e ideas que sean “progresistas”. Es decir, ¿qué es lo progresista y quién lo define?


El mundo actual es un mundo esencialmente diverso en todos los ámbitos. A la cada vez mayor circulación, primero, de capitales, luego, de personas, siempre ha estado unida una gran circulación de las ideas. Cada vez hay nuevos planteamientos que descubrir, adaptarse o rebatir. Los postulados que unen a la sociedad se van reduciendo con el paso del tiempo, pero los básicos para asegurar una sociedad moderna son los siguientes: el respeto a la libertad y a la igualdad de oportunidades. Cosa que no quiere decir que se cumplen, pero son los mínimos y son el núcleo del pensamiento progresista desde la Ilustración. Su éxito radica en que su sencillez los hacen, pese a su moderno origen europeo y occidental, en potencialmente universales.


Sin duda lo menos progresista es ahogar, no sólo al otro, al discrepante, al disconforme o al que simplemente tiene una visión distinta acerca de un punto cualquiera. Simplemente, eso es reaccionario y la puerta al pensamiento único. El éxito de lo progresista vendrá cuando haya menos organismos, instituciones o personas que marquen a los individuos la línea a seguir, no sólo en el pensamiento, sino en la conducta.


No es descabellado decir que es progresista pensar que a cuanto menos injerencia de un poder en ese ámbito más sociedad civil. Es decir, el hombre libre para pensar, actuar y relacionarse. Lo reaccionario vuelve cuando se confunde eso con el descontrol de las relaciones económicas que permiten la explotación del hombre por el hombre. El no ser capaz de hacer esa distinción hace mucho daño al pensamiento progresista contemporáneo.


Ésa es la base del republicanismo, lo que salen de las líneas de la tercera vía de Anthony Giddens o del republicanismo cívico de Philip Pettit. El problema viene cuando aquí tampoco hacemos una distinción entre la realidad del mensaje y su utilización por parte de los más poderosos para justificar su ejercicio del poder que, en líneas generales, no ha cambiado excesivamente desde hace unas décadas.


Es de rigor superar modas y consignas marcadas desde lo alto, simplemente para que desde abajo nadie se convierta en una marioneta sujeta al control de nadie.

lunes, 22 de marzo de 2010

Análisis de la segunda vuelta de las elecciones regionales francesas


Resultados finales:

Unión de izquierda (más listas por separado): 46,4%+8,01%, 54,41%

Mayoría presidencial: 35,47%

Frente Nacional: 9,17%

Abstención: 48%


Con nueva abstención récord, el 48%, pero inferior a la participación, las elecciones regionales dan definitivamente un grave castigo para el ejecutivo de centroderecha de Sarkozy. En la Francia metropolitana repiten los gobiernos regionales de la izquierda unida, ganando Córcega. 21 de 22 regiones. Cabe destacar el resultado de Midi-Pyrénées, con el 67,8% de votos para la izquierda (gracias al apoyo del centrista Movimiento Demócrata) y de Poitou-Charentes de Ségolène Royal, con el 60,6%.


Todas las opiniones, todas las noticias de prensa, parecen hablar de la resurrección de la izquierda francesa y en concreto del Partido Socialista francés. A mi juicio, en una comparativa con la variación de resultados entre los distintos tipos de elecciones francesas, es equivocado. Lo que se jugaba en estas elecciones es algo bien distinto a unas presidenciales o legislativas. Las regiones francesas, al contrario que el gobierno central o las comunas locales, no tienen apenas competencias, y el voto se presta a mostrar el castigo al gobierno.


Aquí ha pesado el voto de castigo a Sarkozy, en unos futuros comicios presidenciales se valorarán otras cosas, como la conveniencia de renovar en el cargo a Supersarko o en lo que ofrezca el campo contrario, si a Aubry o a Ségolène, lo que cambiaría bastante la situación, o la capacidad de la izquierda clásica de superar a un candidato del Frente Nacional, del centro o del emergente ecologismo.


En la derecha, la derrota electoral erosiona el control de Sarkozy. Dominque de Villepin, su eterno rival en la UMP, podría estar dispuesto a formar su propio partido para disputarle el espacio electoral. Cabrá esperar si los franceses vuelven a extasiarse con un truco más del mago o por el contrario abren los ojos. El ascenso del Frente Nacional es, no obstante, algo circunstancial, una vía de escape de la derecha descontenta con Sarkozy, y sin mucho recorrido exitoso para el futuro, a menos de un agravamiento de la crisis económica en período electoral o de una candidatura de izquierda poco ilusionante.


En la izquierda, se antoja necesaria una competición limpia y digna por la nominación a las presidenciales, de las que no sólo debe salir un candidato, sino todo un programa ambicioso y una unidad férrea para ser una seria alternativa a Sarkozy. Los castillos en el aire no son creíbles para los franceses, ellos votan seriedad, y la izquierda deben ofrecerles seguridad y renovación democrática, la misma que en su día ofreció Ségolène en 2007. Si hay que marcar una opción para la izquierda francesa, ésa no es Martine Aubry, que dirige el PS merced al frente antiSego en el anterior congreso del partido. Es Ségolène Royal, la que sí ha mostrado tener un programa serio.


No valdrá de nada exigir cerrar filas en torno a lo que nadie cree y no es digno o sincero. La izquierda debe ser capaz de dar un programa y una nueva moral que regenere la democracia, algo difícil en unos mundillos caracterizados por el arribismo, las rencillas y los juegos de equilibrio. Un caso más así y no estarán lejos de obtener los resultados del corrupto socialismo italiano.

jueves, 18 de marzo de 2010

“La política es para adultos con experiencia”

“No es para jóvenes con familias. Tampoco para solteros”. Así ha terciado Piet Hein Donner, uno de los ministros democristianos del Gobierno en funciones de Holanda, a las dos dimisiones acaecidas en su élite política. Una, la del líder del socialdemócrata PvdA, Wouter Bos; otra, la del ministro democristiano de Transportes Camiel Eurlings. ¿Las razones que se han dado? El primero estar más cerca de sus hijas, el segundo al decir “no deseo mirar hacia atrás cuando cumpla 50 años y encontrarme solo”.


Son dignos de admiración. Hay pocos políticos dispuestos a renunciar a sus cargos o a retirarse de la vida pública. Normalmente se espera a la caída en desgracia, a la derrota electoral o al hecho biológico, máxime cuando estamos asistiendo a la consolidación de la figura del político profesional, es decir, el político que ha hecho toda su carrera en el partido, y su carrera laboral fuera de él es relativamente escasa.


Es una desgracia que se esté formando una separación cada vez más clara entre el ciudadano de a pie y la élite política, ya que lo ideal, lo que pensaban los padres de la democracia política era una nación virtuosa que participara en la vida pública. En su tiempo, los propietarios. Con la irrupción del movimiento socialista, el resto de los ciudadanos. Fracasar en esto es el fracaso del socialismo.


Creo que las razones de Bos y Eurlings hablan por sí solas. Las de Donner es la de ese viejo elitismo, cosa que explicaría muy bien la desafección creciente de los ciudadanos ante las convocatorias electorales en los últimos procesos democráticos en Europa. Un día se quedarán solos y no sabrán averiguar las causas, tan bajo es el nivel de esta élite política actual.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Hatmatzan



¿Israel está derivando hacia un régimen de Apartheid? Basta coger un mapa de la región geográfica de Palestina, fijarnos en la situación actual de Cisjordania y comprobar que los territorios administrados directamente por la ANP se asemejan a los bantustanes de la Sudáfrica de los nats. El ejército israelí controla todas los checkpoints, no solo hacia afuera de Cisjordania, sino dentro del propio territorio. Las familias están incomunicadas. Aquel árabe que se vaya de Jerusalén a ver a un familiar no le dejarán volver.


El muro, (llamado por la sociedad israelí, junto a todo el conflicto, eufemísticamente hatmatzan, “la situación”), no es un único muro. Son varios, en la frontera o dentro de Cisjordania. Se ha llegado al extremo de hacer muros “electrónicos”, donde cualquier persona que toque un punto del muro inmediatamente está controlado por una cámara de vigilancia que, además, viene acompañada de una ametralladora. Ni Orwell se lo imaginó así.

Los árabes palestinos sufren la crueldad de verse encerrados en su tierra. Sin futuro, sin esperanza. Su desgracia es mayor por los líderes que tienen. Todos corruptos, todos dando vagas promesas sobre todo, incluso de los refugiados en los países vecinos. Para comprobar esto, y con un toque de humor, recomiendo ver “El cumpleaños de Laila”, una película palestina.


La sociedad israelí se ve también en una cárcel de sus propias palabras. Por un lado reivindican la naturaleza democrática de Israel. Esa naturaleza democrática impide al Tsahal perpetrar un número mayor de “asesinatos selectivos”, ejecuciones sumarias, y lo que sería la verdadera deportación de todo un pueblo. Por otro lado, Israel mantiene lagunas democráticas que tarde o temprano la llevarán a una contradicción irreversible. Sus ciudadanos árabes israelíes poco a poco van perdiendo sus derechos de ciudadanía (que siempre fueron de segunda) al ir incorporando el régimen militar de Gaza y Cisjordania al interior del propio Israel. Los judíos israelíes que atacan esta tropelía sufren también: los que critican la acción del ejército o la política para Palestina corren el riesgo de verse tildados de “antisionistas” o lo que es lo mismo: traidores. Y verse sometidos a un proceso judicial.


El viernes, en una conferencia en la UAM con Sergio Yahni, de la AIC, oí que el ejército mantiene a una mujer israelí en prisión a la espera de juicio, sin información transparente sobre el proceso. Realmente, no hay información transparente en ninguno de estos procesos.


Intelectuales, escritores y periodistas israelíes sufren la indiferencia social, como el escritor David Grossman o Michel Warschawski, defensor de una solución binacional. El Estado judío camina a una militarización irreversible en búsqueda de la seguridad, jugando con los miedos de los ciudadanos y manipulándolos. Ello conllevará, a medio plazo, el fin de la democracia, a la disgregación de una sociedad ya muy dividida y al recurso autoritario como salvación de la nación.


Si la comunidad internacional y el rigor legal del Tribunal Supremo israelí impiden que la situación se convierta en un infierno aún más grave, en cambio, no pueden hacer nada, o no quieren, frente a la tortura. Es una “expulsión interior”. Los palestinos no pueden irse, pero los humillan, acaban con su futuro, con sus familiares, les llevan a una tortura psicológica colectiva y les anulan su condición humana. Que muchos palestinos opten por el martirio no debería de extrañar. Más que esa promesa del cielo de los mártires, los suicidas se están también liberando de esa cárcel gigantesca. Donde los jóvenes sueñan con el martirio, al otro lado del muro sueñan con cumplir el servicio militar. Todo conduce a la violencia.


¿Qué pasará? La tragedia. Si no se llega a una convivencia, aunque sea la más mínima, uno de los dos pueblos acabará bajo el peso de los bulldozers o bajo el mar. Hay que llegar al compromiso, aunque acabe con la separación estricta, uno al lado del otro y sin poderse ver. Pero el odio y el miedo han llegado a límites muy extremos como para permitir una convivencia pacífica general.


¿Qué puede hacer la sociedad internacional? ¿Qué pueden hacen los Estados y los ciudadanos? Los Estados occidentales callan ante los abusos israelíes. Sólo quedará por ver qué resulta del pulso que Obama ha lanzado a Netanyahu. Dudo que Estados Unidos corte con su aliado de Oriente Próximo, pero sin el agónico imperio americano Israel quedaría en una situación muy comprometida en la región en su afán de colonizar Jerusalén y Cisjordania. En el otro lado, los Estados orientales siguen con sus juegos de equilibrio, no enfadar al gigante americano pero tampoco verse como pusilánimes frente al empuje iraní.


El antisemitismo que exudan los discursos de Ahmadineyad, soñando con echar a los judíos al mar, en la más “moderada” de las situaciones, ponen a la sociedad internacional en un dilema difícil de salir. Los que somos defensores de los derechos humanos, de la paz y de la vida no podemos permitir la deportación palestina, pero tampoco otro genocidio. La desgracia es que ese dilema no se lo plantean muchas voces en Occidente, favorables a la causa palestina. Israel es culpable, piensan, y si debe desaparecer físicamente, mejor.


ShImon Peres se pregunta “por qué resulta tan difícil hacer las paces con los palestinos”, algo que saliendo de él no deja de tener un sesgo hipócrita. Pero yo me pregunto, si nos resulta tan difícil tener unos sinceros sentimientos democráticos y humanos en el continente de la Ilustración, ¿cómo no será difícil en una región tan desgarrada por la violencia?


Finalizo con una frase de David Grossman: “sólo pido un poco de aburrimiento, sinónimo de normalidad".



Enlaces de interés:

Entrevista a Shimon Peres

Entrevista a David Grossman

Israel y EEUU atraviesan su peor crisis

El cumpleaños de Laila (sinopsis)

El cumpleaños de Laila (tráiler)

Checkpoint Rock (tráiler)

Grupo palestino DAM

"Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organí­cense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza".

Antonio Gramsci, Fundador del Partido Comunista Italiano

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