- Reducción de las retribuciones del personal del sector público en un 5 por ciento de media en 2010 y congelarlas en 2011. La rebaja será proporcional a los ingresos.
- Reducción en un 15 por ciento del sueldo de los miembros del Gobierno.
- Se suspende para 2011 la revalorización de las pensiones, excluyendo las no contributivas y las mínimas.
- Eliminación del régimen transitorio para la jubilación parcial previsto en la ley 40/2007.
- Eliminación del "cheque-bebé" de 2.500 euros a partir del 1 de enero de 2011.
- Adecuación del número de unidades de los envases de medicamentos para ajustarlo a la duración estandarizada de los tratamientos. Se podrán dispensar unidosis mediante el fraccionamiento de los envases.
- Reducción del precio de aquellos medicamentos no genéricos excluidos del sistema de precios de referencia.
- La ayuda oficial al desarrollo se reducirá entre 2010 y 2011 en 600 millones de euros.
- Se prevé una reducción de 6.045 millones de euros entre 2010 y 2011 en la inversión pública estatal.
- Previsión de un ahorro adicional de 1.200 millones de euros por parte de las Comunidades Autónomas y entidades locales.
- Las solicitudes para dependencia tendrán que resolverse en seis meses y se eliminará la retroactividad.
En total, alrededor de 15.000 millones de euros para los dos próximos años. El déficit de 2009 fue de casi 100.000 millones de euros.
¿Qué se puede decir de estas medidas? Ayer me planteaba el optimismo y reconocía que la realidad me impedía ser optimista. Hoy ocurre lo mismo. Son medidas drásticas, son medidas incompletas, son medidas inevitables. Son, por supuesto, medidas que no gustan.
¿Por qué no me gustan? Ha sido, es y (como no se evite al tiempo) será más fácil hacer la vida más difícil a los de siempre, a los que menos tienen. Otros “los de siempre”, las rentas altas, los de la casa en Miami, los de la cuenta en las Caimán, los Botín, los Florentino, etcétera, no tendrán problemas. Nos tenemos que hacer la pregunta “por qué siempre tenemos que sufrir nosotros”. Va siendo hora de levantarse y decir algo.
¿Por qué son inevitables? Sostener un Estado de Bienestar no sale gratis. Sin una sociedad desarrollada, que genere riqueza y funcione un sistema fiscal racional es imposible. Nos ha pasado como a la compañera de la hormiga, la cigarra. Nos hemos dedicado a vivir de las rentas del anterior ciclo económico y no se ha sido capaz de desarrollar una alternativa de crecimiento distinta. Que todo ello se hubiera realizado antes no nos hubiera librado de la crisis económica, pero sí por lo menos habríamos sentado las bases para salir de ella lo antes posible.
Los datos dados por el Presidente del Gobierno son vagos. ¿Cómo van a hacer las comunidades, gobernadas por conservadores o socialistas, para reducir su enorme déficit? Parece que las medidas propuestas son fáciles, pero no lo son. El ahorro es mínimo y no servirá de nada si la economía no se recupera y se recaudan más ingresos; no sólo combatiendo el fraude fiscal, tocado de pasada, sino por generación de empleo y riqueza. Lo mismo ocurre con la subida del IVA, que afecta al consumo de todos los ciudadanos: el que más tiene poco le importa, el que menos lo sufre más. No me parece más a las rentas del capital, pero no se tocan los de las rentas del trabajo de los que más ganan.
La reducción en la inversión pública estatal, ¿a qué sectores afectará? ¿A las universidades, muchas ya con verdaderos problemas económicos? ¿A la educación en general? Si se estrangula inversión en educación estamos condicionando nuestro futuro en varias generaciones, estamos prolongando los efectos de la crisis en una peor cualificación de todos los licenciados o profesionales y en un mayor fracaso escolar. La mejor forma para salvar el presente es destruir el futuro.
La reducción y congelación de salarios de los funcionarios, ¿será tan general? ¿Por qué no se dice la verdad? Y la verdad es que el funcionariado que más crece es el de las comunidades autonómicas. Tienen cada vez más competencias, es verdad, pero no compensa su crecimiento exponencial con su calidad. Menos cuando se da la existencia de muchos cargos públicos creados ad hoc para colocar a las clientelas de cada grupo político que, además, ¡no hacen nada! Dinero tirado, pero los salarios de aquellos funcionarios esenciales, como profesores, maestros o médicos… serán recortados. Además de pocos, peor pagados.
¿Por qué no se reconoce en todas esas medidas no sólo la responsabilidad del Gobierno, que es loable, sino la de los otros poderes públicos? ¿Es que todo deberá pasar por el debilitamiento del poder central? ¿Cuándo se tomarán medidas, no sólo para repartir el pastel de la financiación, sino para el control del déficit autonómico?
¿Por qué no se renuncia a la hipocresía? El Gobierno es reacio a tomar medidas drásticas por miedo a que quiebre la paz social, y es comprensible. Pero no ha dejado de dar en todo momento la idea de improvisación, y eso no da confianza ni a los mercados ni a los ciudadanos. La oposición conservadora, ¿qué tiene que decir? ¿Acaso no controlan comunidades y ayuntamientos que colaboran a engrosar paro y déficit? ¿Antes sus éxitos eran propios y ahora los fracasos son ajenos? Curioso reparto de competencias.
¿Estaríamos mejor si estuvieran otros? En absoluto, pero eso no es un consuelo para el Gobierno o para los progresistas, es un dato desolador. Aquí no valen dogmas, consignas o una dualidad de buenos contra malos, aquí solo cabe reconocer la verdad.
Está dejando de valer que los de siempre soporten todas las medidas contra la crisis. Cuando hay una enfermedad, se combate a la enfermedad, no se mata al cuerpo. ¿Qué queda de todas aquellas promesas pomposas de combatir el fraude y los paraísos fiscales? Los gobiernos han cedido la soberanía de la nación al mercado, el nuevo internacionalismo, cruel ironía del destino.
