miércoles, 12 de mayo de 2010

Las nuevas medidas anunciadas por el Gobierno de España

- Reducción de las retribuciones del personal del sector público en un 5 por ciento de media en 2010 y congelarlas en 2011. La rebaja será proporcional a los ingresos.

- Reducción en un 15 por ciento del sueldo de los miembros del Gobierno.

- Se suspende para 2011 la revalorización de las pensiones, excluyendo las no contributivas y las mínimas.

- Eliminación del régimen transitorio para la jubilación parcial previsto en la ley 40/2007.

- Eliminación del "cheque-bebé" de 2.500 euros a partir del 1 de enero de 2011.

- Adecuación del número de unidades de los envases de medicamentos para ajustarlo a la duración estandarizada de los tratamientos. Se podrán dispensar unidosis mediante el fraccionamiento de los envases.

- Reducción del precio de aquellos medicamentos no genéricos excluidos del sistema de precios de referencia.

- La ayuda oficial al desarrollo se reducirá entre 2010 y 2011 en 600 millones de euros.

- Se prevé una reducción de 6.045 millones de euros entre 2010 y 2011 en la inversión pública estatal.
- Previsión de un ahorro adicional de 1.200 millones de euros por parte de las Comunidades Autónomas y entidades locales.

- Las solicitudes para dependencia tendrán que resolverse en seis meses y se eliminará la retroactividad.


En total, alrededor de 15.000 millones de euros para los dos próximos años. El déficit de 2009 fue de casi 100.000 millones de euros.


¿Qué se puede decir de estas medidas? Ayer me planteaba el optimismo y reconocía que la realidad me impedía ser optimista. Hoy ocurre lo mismo. Son medidas drásticas, son medidas incompletas, son medidas inevitables. Son, por supuesto, medidas que no gustan.


¿Por qué no me gustan? Ha sido, es y (como no se evite al tiempo) será más fácil hacer la vida más difícil a los de siempre, a los que menos tienen. Otros “los de siempre”, las rentas altas, los de la casa en Miami, los de la cuenta en las Caimán, los Botín, los Florentino, etcétera, no tendrán problemas. Nos tenemos que hacer la pregunta “por qué siempre tenemos que sufrir nosotros”. Va siendo hora de levantarse y decir algo.


¿Por qué son inevitables? Sostener un Estado de Bienestar no sale gratis. Sin una sociedad desarrollada, que genere riqueza y funcione un sistema fiscal racional es imposible. Nos ha pasado como a la compañera de la hormiga, la cigarra. Nos hemos dedicado a vivir de las rentas del anterior ciclo económico y no se ha sido capaz de desarrollar una alternativa de crecimiento distinta. Que todo ello se hubiera realizado antes no nos hubiera librado de la crisis económica, pero sí por lo menos habríamos sentado las bases para salir de ella lo antes posible.


Los datos dados por el Presidente del Gobierno son vagos. ¿Cómo van a hacer las comunidades, gobernadas por conservadores o socialistas, para reducir su enorme déficit? Parece que las medidas propuestas son fáciles, pero no lo son. El ahorro es mínimo y no servirá de nada si la economía no se recupera y se recaudan más ingresos; no sólo combatiendo el fraude fiscal, tocado de pasada, sino por generación de empleo y riqueza. Lo mismo ocurre con la subida del IVA, que afecta al consumo de todos los ciudadanos: el que más tiene poco le importa, el que menos lo sufre más. No me parece más a las rentas del capital, pero no se tocan los de las rentas del trabajo de los que más ganan.


La reducción en la inversión pública estatal, ¿a qué sectores afectará? ¿A las universidades, muchas ya con verdaderos problemas económicos? ¿A la educación en general? Si se estrangula inversión en educación estamos condicionando nuestro futuro en varias generaciones, estamos prolongando los efectos de la crisis en una peor cualificación de todos los licenciados o profesionales y en un mayor fracaso escolar. La mejor forma para salvar el presente es destruir el futuro.


La reducción y congelación de salarios de los funcionarios, ¿será tan general? ¿Por qué no se dice la verdad? Y la verdad es que el funcionariado que más crece es el de las comunidades autonómicas. Tienen cada vez más competencias, es verdad, pero no compensa su crecimiento exponencial con su calidad. Menos cuando se da la existencia de muchos cargos públicos creados ad hoc para colocar a las clientelas de cada grupo político que, además, ¡no hacen nada! Dinero tirado, pero los salarios de aquellos funcionarios esenciales, como profesores, maestros o médicos… serán recortados. Además de pocos, peor pagados.


¿Por qué no se reconoce en todas esas medidas no sólo la responsabilidad del Gobierno, que es loable, sino la de los otros poderes públicos? ¿Es que todo deberá pasar por el debilitamiento del poder central? ¿Cuándo se tomarán medidas, no sólo para repartir el pastel de la financiación, sino para el control del déficit autonómico?


¿Por qué no se renuncia a la hipocresía? El Gobierno es reacio a tomar medidas drásticas por miedo a que quiebre la paz social, y es comprensible. Pero no ha dejado de dar en todo momento la idea de improvisación, y eso no da confianza ni a los mercados ni a los ciudadanos. La oposición conservadora, ¿qué tiene que decir? ¿Acaso no controlan comunidades y ayuntamientos que colaboran a engrosar paro y déficit? ¿Antes sus éxitos eran propios y ahora los fracasos son ajenos? Curioso reparto de competencias.


¿Estaríamos mejor si estuvieran otros? En absoluto, pero eso no es un consuelo para el Gobierno o para los progresistas, es un dato desolador. Aquí no valen dogmas, consignas o una dualidad de buenos contra malos, aquí solo cabe reconocer la verdad.


Está dejando de valer que los de siempre soporten todas las medidas contra la crisis. Cuando hay una enfermedad, se combate a la enfermedad, no se mata al cuerpo. ¿Qué queda de todas aquellas promesas pomposas de combatir el fraude y los paraísos fiscales? Los gobiernos han cedido la soberanía de la nación al mercado, el nuevo internacionalismo, cruel ironía del destino.

martes, 11 de mayo de 2010

Elogio del optimismo



Hace muchos días que llevo reflexionando que, si me pongo a ver todas las entradas que he escrito (demasiadas, tanto como para olvidarme muchas veces de qué he escrito), la mayoría pueden dar sensaciones negativas de la realidad, de la actualidad, de muchas cosas. Básicamente, las entradas donde transmito algo netamente positivo son reducidas.


¿Podría ser de otra manera? Si me pongo a pensar, ¿hay razones para ser optimista o transmitir algo optimista? Si pasamos, aunque sea levemente, por encima del mundo y observamos su desarrollo desde que tenemos consciencia, podríamos irnos a dormir con mal cuerpo. Bastan pocos hechos: en la época donde se producen más alimentos que nunca, el Proyecto Hambre de la ONU estima que 24.000 personas mueren al día por hambre y la FAO que hubo 1.020 millones de personas desnutridas en 2009. Frente a este hecho está la inacción de los gobiernos del planeta, la corrupción de las élites dirigentes o la ceguera de aquellos de mente cerrada que no ven más allá de sus fronteras.


El hambre es sólo un ejemplo, pero también existe la falta de libertad, la violencia de las guerras desatadas por el control de recursos económicos (qué otro tipo de guerra puede existir acaso), la censura, la manipulación informativa, la crisis económica, el desempleo, la pobreza, la riqueza excesiva, la enfermedad, la desigualdad… el mundo del nuevo milenio sigue caminando hacia la pesadilla. Hay una cosa que no puedo soportar: el sufrimiento en un niño. La peor desgracia es que todo lo anterior lo sufran los niños.


Quería ser algo optimista, y sólo acabo mostrando la realidad, y la realidad me impide ser optimista. Quizás para el futuro inmediato.


Me he preguntado si soy un pesimista antropológico, lo mismo que hay optimistas antropológicos. Me gusta definirme como un optimista informado. Me gusta analizar las cosas y ver su aspecto más favorable, pero saberlo todo, no obviar ninguna característica. Para mí, es inevitable buscar o ver el lado negativo de las cosas. Prefiero no sólo alabar las cosas positivas, a veces ni mencionarlas, sino criticar las negativas, que son las que tienen que cambiarse.


Ciertamente, los optimistas son más felices, tienen mejor salud, encaran las cosas mucho mejor que otras personas… mi salud es buena, ahora que pienso; otras cosas que vienen con esa felicidad, no lo sé. Por eso mi elogio a los optimistas, pero a los de verdad, los que no sólo ven el lado bueno de las cosas sino que luchar por cambiar y mejorar el otro lado, los que creen que los desafíos del mundo son reversibles, que hay que hacer todo lo posible por cambiarlos.


Soy, o me gustaría ser, optimista. Quiero que la falta de libertad, las guerras, la pobreza… todo lo que he mencionado desaparezca un día, pero que ese día llegue pronto, no debemos dejarlo para mañana.


Puede resultar cínico, estoy aquí escribiéndolo, en mi ordenador, en mi casa, a salvo de toda esa crueldad del mundo. Sólo soy una hormiga en la inmensidad. De momento, mi mejor contribución es mi palabra escrita para que, cuando vosotros, queridos lectores, abráis vuestro ordenador, entréis en Internet y, (con un poco de suerte) leáis este blog y también os convirtáis en optimistas u os reafirméis en vuestro optimismo. En definitiva, para que estas palabras trasciendan las pantallas y todos compartamos, no sólo el ideal de cambiar el mundo, sino las fuerzas para hacerlo hoy. No mañana.


Enlaces de interés:

http://es.wikipedia.org/wiki/Optimismo

http://depsicologia.com/optimismo-un-modo-de-vida/

http://www.fao.org/hunger/hunger-home/es/

http://es.wikipedia.org/wiki/Hambre#Datos_sobre_el_hambre_en_el_mundo

lunes, 10 de mayo de 2010

Los chicos de Historia



El jueves David y yo acudimos a ver en los Teatros del Canal Los chicos de Historia, una obra de Alan Bennett, que en España dirige José María Pou. Es una crítica no sólo a la educación que se imparte, sino a la sociedad que exige una forma y un método de educación específicos (el desenfado de Héctor con la competitividad de Irwin en la obra), cuando ya no es importante el conocimiento para ser personas sino lograr objetivos, aprender datos con los que convencer a las altas instituciones educativas de ser merecedores de un puesto destacado en la sociedad.


En ese juego, a veces no importa que algo sea verdad, que Stalin fuera un ángel o un demonio o el ingenio de Shakespeare sucumba frente a lo que es más correcto decir. O aparentar.


Sobra decir que me encantó la obra y la interpretación. Se aprenden conocimientos para pasar un examen, pero hay vida después del examen. “Los exámenes son los enemigos de la educación, y la propia educación, enemiga de la educación”, sostiene el maestro en la obra.

viernes, 7 de mayo de 2010

Hung parliament

Partido Conservador: 36,1% (+3,8) 305 (+107)

Partido Laborista: 29,1% (-6,2) 258 (-98)

Partido Liberal Demócrata: 23% (+0,9) 57 (-5)


Las elecciones son la encuesta más fiable de la opinión y sentimientos de la ciudadanía. Con estos resultados, el Partido Conservador cumple las expectativas con la victoria electoral. Una victoria, sin embargo, incompleta. Sin un gran crecimiento electoral y sin mayoría absoluta.


Aunque la victoria del ganador ha sido muy moderada, sí que hay un perdedor claro. El Partido Laborista de Gordon Brown ha perdido las elecciones. Por otra parte, su resultado es loable teniendo en cuenta lo mal que les fue la campaña electoral, los patinazos del premier y con toda la prensa en contra.


Los Liberal Demócratas de Clegg han salido de las elecciones sin haber recogido el gran apoyo que fueron cosechando. Mejoran sensiblemente su voto popular pero pierden peso parlamentario. Sin duda, el miedo a que una fuerte caída laborista diera una gran mayoría a los conservadores ha provocado el voto útil. Aún así, sus nuevos 57 diputados pueden tener mejor rentabilidad parlamentaria, en un parlamento sin mayoría, al anterior, con la mayoría absoluta laborista. Por ellos pasa la mayoría absoluta, y tanto Cameron como Brown intentarán llegar a un acuerdo de gobierno con ellos. Su fracaso electoral puede ser una victoria parlamentaria.


Sin duda, Nick Clegg exigirá, para dar sus votos, que el nuevo gobierno que se forme incluya la reforma electoral que su partido defiende. Los números son los números. Los conservadores están en mejor situación que los laboristas para investir a su líder como primer ministro: conservadores y liberales suman 362 escaños (326 es mayoría absoluta), laboristas y liberales 315, lo que llevaría a apoyarse en otros partidos. Una alternativa que, en un país con vértigo a los parlamentos en minoría, sería mal recibida.


Los otros partidos en los Comunes son: Partido Unionista Democrático (norirlandés protestante) con 8 escaños, Partido Nacional Escocés con 6, Sinn Féin 4, Plaid Cymru (galés) 3, Partido Socialdemócrata y Laborista (norirlandés católico) 3, y Verdes con 1, el primero de su historia.


Nick Clegg ya ha reconocido que Cameron está en mejores condiciones para negociar un gobierno. Habrá que ver qué pasa. Aunque esto finalmente ocurra, incluso será una buena noticia. Los laboristas no han conseguido convencer de que era necesario que siguieran en el 10 de Downing St., ni yo creo que debieran seguir. Si pasan a la oposición es su oportunidad para volver a convencer a los británicos de que, en un futuro, deben volver a gobernar.


¿Y el sistema electoral, qué pasará? Ningún sistema electoral es perfecto. Reino Unido debe perder su miedo a los parlamentos sin mayorías absolutas y a dar suficiente presencia a su diversidad social, que no son sólo laboristas y conservadores. Pero, y es muy importante, deben evitar perder la relación que existe entre diputado y votante. Si la pierden habrán consagrado la partitocracia.

"Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organí­cense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza".

Antonio Gramsci, Fundador del Partido Comunista Italiano

Bienvenidos

Bienvenidos al Árbol Socialdemócrata, un sencillo blog que pretende dar su pequeña aportación a los ideales del socialismo democrático y de la libertad.

Os invito a leerme, no sólo por afinidad, conformidad a lo escrito o discrepancia, sino para que cada uno cree conciencia propia y ajena. Todos tenemos que contribuir a la libertad, ser una nueva ventana a la esperanza por un mundo mejor.

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