lunes, 14 de marzo de 2011

¡Es el metrobús, estúpido! (y II)


El Metro de Madrid es una gran y envidiable red de transporte de nuestra capital y, ciertamente, ha conocido su mayor ritmo de extensión bajo gobiernos conservadores, si bien es cierto que tan prolífica construcción:

1) ha sido o ha producido intereses urbanísticos para el engorde de la explotada burbuja del ladrillo, llevando el Metro a zonas sin urbanizar por entonces,

2) ha endeudado innecesariamente a los ciudadanos de Madrid por la adjudicación millonaria de

-túneles a empresas amigas de los conservadores, en vez de optar por el tren por superficie en el extrarradio madrileño,

-la compra de trenes italianos (AnsaldoBreda, con la amistad Berlusconi-Aznar por medio) en vez de españoles (CAF, la tradicional constructora de los trenes de Metro). (NOTA: sin interés en recurrir a un supuesto nacionalismo económico)

3) ha sido, en muchas ocasiones, un recurso electoralista, produciendo un

4) deterioro de la red ya existente, con la

-sustitución del arte inmueble a lo metro de París por el feísmo del frío metal

-abandono del mantenimiento de la infraestructura y del parque móvil de ciertas líneas (1,5 y 6, sobre todo), grandes arterias de la red empequeñecidas para el volumen de viajeros que suportan,

5) finalmente, pero muy importante, la mentalidad empresarial de Aguirre ha propiciado un paulatino pero evidente cambio de conceptos: si anteriormente las palabras "viajeros" y/o "usuarios" copaban los anuncios de Metro ("este tren no acepta viajeros", "interrumpción del servicio por atención sanitaria a un usuario/viajero", "estimados usuarios", etcétera) ahora es el de "clientes" ("este tren no acepta CLIENTES", más los ejemplos anteriores modificados).

















El antes y el después del andén del Ramal en Ópera











Un servicio público no tiene clientes, tiene usuarios; una empresa sí tiene clientes y posee una legítima mentalidad empresarial de beneficios y pérdidas a las reacciones de la ley de la oferta y la demanda. Un servicio público existe allí donde no hay un inmediato o gran beneficio económico, o donde se requiera una gran inversión que el sector privado no puede cubrir (educación, sanidad, transporte, etcétera). Admitámoslo: una empresa no puede pedir a los ciudadanos que soporten su deuda vía impuestos (aunque el socialismo para ricos de la crisis económica quiera lo contrario); un servicio público como lo es Metro de Madrid sí puede, además de la exigencia de mantener unas tarifas reducidas que, en una lógica de beneficios empresariales, no podrían mantener si no es por la protección del Estado, lo que nos devuelve a la necesidad imperiosa del Estado en los servicios públicos.


La mentalidad empresarial de Aguirre cojea: participación de las empresas privadas en los servicios públicos (sanidad, transporte, educación) gracias a la cobertura del gobierno regional, que sólo puede mantenerse bien pidiendo dinero al gobierno central (tranpasándole la patata caliente del gasto público), bien vía impuestos (cuanto más indirectos mejor, en la lógica neoliberal), bien vía déficit y endeudamiento (que se suma al general de España, atando al gobierno central en su lucha por el recorte del gasto). En suma, los perjudicados son el gobierno central, al que se le culpan de todos los males de España pero, sobre todo, los más perjudicados son los ciudadanos, desamparados ante un gobierno frívolo y clasista como es el que encabeza Esperanza Aguirre.


Hemos hecho un repaso a los "logros" del período conservador en el Metro de Madrid, logros que hay que reconocer pero valorarlos con sus luces y sus sombras. ¿Y qué podemos decir del período socialista de Leguina en la Comunidad? Los conservadores se jactan de haber construído más kilómetros de Metro que sus antecesores. Sin negar esta premisa, hay que observar que:

1) entre los años 80 y 90 se planificaron y construyeron los grandes intercambiadores de transporte público de Madrid: Aluche, Moncloa, Príncipe Pío y Atocha, para absorber el gran tráfico de autobuses, cercanías y metro, facilitando las conexiones entre la capital y su cinturón urbano.

2) en 1985 se creó el Consorcio Regional de Transportes de Madrid, coordinando toda la red de transportes de la Comunidad de Madrid, racionalizando las rutas, sus ampliaciones y sus interconexiones, creando además el

3) abono de transporte como billete integrado, facilitando los trasbordos entre los distintos medios de transporte en base a un sistema racional de tarifas.

4) mejora y ampliación del trazado de Metro, a saber:

-Tramo de la línea 9 Avda. de América-Sáinz de Baranda, uniendo los dos tramos 9a y 9b.

-Conversión de la línea 6 en trazado circular.

-Creación de la conexión de la línea 1 con RENFE con la nueva estación de Atocha-Renfe.

-Tramo de la línea 1 Portazgo-Miguel Hernández.

-Inicio de las obras en la línea 10 para su paso por el intercambiador de Príncipe Pío.


Hay que recordar, no obstante, que el desarrollo de la red metropolitana sigue, en su mayor parte, los estudios de ampliación de Metro de 1967, dentro de los límites de la ciudad por aquel entonces. El gran desarrollo de la línea 10, transformada de Suburbano de Carabanchel a englobar este y la línea 8 original (Fuencarral-Nuevos Ministerios) es, en buena medida, un plan de la dictadura, no de los sucesivos gobiernos socialistas o conservadores y sus promesas electorales. En este sentido, la labor de los socialistas a su paso por el gobierno regional fue la consolidación y la modernización de la red de Metro.

viernes, 11 de marzo de 2011

¡Es el metrobús, estúpido! (I)

esto es un billete de metrobús, ¿realidad o ilusión óptica?

El precio del transporte ha adquirido importancia con la decisión del Gobierno de Zapatero de reducir el precio del transporte público dentro de su plan de ahorro energético. Ya sabemos las negativas del nuevo ejecutivo convergente de la Generalitat de Cataluña y las del Gobierno de la Comunidad de Madrid. Sobra replicar el comentario del gobierno de Aguirre de que el precio del transporte madrileño "es muy bajo", que no es si no una frivolidad más de un gobierno y de un partido conservador que desconocen los problemas de los madrileños. El comentario de Francesc Homs, portavoz de la Generalitat, sí me parece interesante: "ellos invitan a café, la gente se toma el café y después dicen que pagues la cuenta". Hay que tener en cuenta que la gestión de las líneas de Rodalies (Cercanías de Cataluña), explotadas por Renfe, pasaron al gobierno catalán a principios de 2010. Es decir, no es que "inviten a café" al gobierno catalán, sino que le han dado ya el bar, la cafetera y el café, pero aún quieren que los antiguos dueños le financien el bar y le suministren el café, corriendo con todos los gastos, además de dar la cara ante los viajeros/clientes.

Ayer, Modesto Nolla, diputado socialista en la Asamblea de Madrid, criticó la subida del precio de los billetes de transporte en la Comunidad de Madrid y, en especial, la del metrobús de 10 viajes (un 79% desde que gobierna Aguirre). La respuesta que tuvo no pudo dejarle más perplejo a él y al resto de madrileños: "¿qué titulo utiliza usted para coger el transporte público? Yo creo que no lo coge nunca, porque el metrobús yo creo que no existe (...), si va usted a hablar de transporte y de títulos, enterése de qué está hablando". En pocas líneas, su interlocutor no podía haber errado más: Modesto Nolla se caracteriza por ser de los pocos diputados madrileños que usa el transporte público y no tiene coche; además, su replicante demostraba desconocer que el billete de 10 viajes, válido para Metro de Madrid y autobuses de la Empresa Municipal de Transportes (EMT), recibe el nombre de "metrobús", no únicamente coloquial, sino que está impreso en el mismo billete.

El error no hubiera adquirido relevancia si se hubiera dicho en una conversación desenfadada, o lo hubiera pronunciado un diputado que no se hubiera "preparado la materia", pero es que lo dijo el mismo consejero de Transportes, José Ignacio Echeverría. Para añadir un aire de tragicomedia, la bancada conservadora pareció no advertirse del error y apoyó la nefasta intervención de Echeverría con un asentimiento generalizado y un cerrado aplauso, haciendo suyo el chascarrillo. Sobra decir que casi inmediatamente el comentario del consejero se difundió por las redes sociales y (parte de) los medios de comunicación.



Hay que hacerse hoy un breve repaso por la prensa de ámbito nacional para ver la reacción al comentario, no por ensañamiento, sino por comparación, ya que, si hubiera sido pronunciado por un político de signo opuesto habría adquirido dimensiones desproporcionadas. La noticia ha tenido un tratamiento comedido por la prensa no afín al PP: sólo Público lo comenta en su portada como noticia secundaria, y El País lo recoge en su interior y le da cobertura. Por parte de la prensa más acérrima de los conservadores, El Mundo lo trata con relativa prudencia y alguna encuesta en su web sobre si Echeverría debería dimitir; ABC apenas le da espacio y hasta lo disculpan. La Gaceta y La Razón ni se molestan en mencionar la noticia. La COPE permitió que Echeverría pudiera explicarse: alegó que estaba pensando en el desaparecido "bonobús", un billete de 10 viajes válido solo para autobuses de la EMT, que fuera sustituido por el moderno metrobús en 1998. Tuvo que darle muchas vueltas para intentar explicar que él "tenía en mente" el billete de 10 viajes como "categoría general" donde están incluidos varios tipos de billetes, donde estaría el metrobús. Añadió Echeverría que intentaba decirle a Nolla que "estaba anticuado" porque, a su juicio, metrobús es un término que le "suena antiguo".

Antiguo o no, el término permanece en los billetes expendidos por Metro de Madrid (como vemos en la imagen que encabeza esta entrada), además que en ningún momento de su intervención nos lleva a la más mínima alusión del desaparecido "bonobús", término que, siguiendo la "lógica" de Echeverría en su empeño de presentar a Nolla como desfasado, nos sonaría prehistórico.

En un Estado contemporáneo no se puede exigir a sus últimos responsables el conocimiento hasta el más mínimo detalle de su funcionamiento y características, pero desconocer y negar la existencia del metrobús en Madrid escapa a esa lógica: es un mínimo de preocupación, aunque sea aparente, por el ciudadano de a pie. Europa sigue quedando al norte de los Pirineos: si a un ministro alemán le cuesta su cargo copiar una tesis, ¿qué no le ocurriría a cualquier cargo público europeo que no conoce el sistema de transporte público en donde vive? Echeverría, y por extensión y aplauso el resto del Gobierno y del grupo parlamentario del PP de Madrid, han demostrado una total frivolidad ante una cuestión básica del madrileño como no es solo el precio, sino la existencia de un billete de transporte básico. Quizás sea que no lo usen mucho, excepto para fotos; nunca rodeados de sus conciudadanos, aunque les separen un muro de guardaespaldas.

Nota: desde que gobierna Esperanza Aguirre, el precio de los billetes básicos de transporte en Madrid (abono mensual y metrobús, si existe), ha seguido el siguiente incremento recogido en este gráfico elaborado por El País: Resultando que, en palabras de Modesto Nolla: "(antes de Aguirre) cuando un usuario utilizaba el metrobús se ahorraba un 50%; hoy, cuando lo utiliza, solo ahorra 7 céntimos por viaje".

miércoles, 2 de marzo de 2011

Elecciones irlandesas de 2011: entre la "revolución democrática" y las raíces de la historia actual irlandesa

Resultados:
Las elecciones generales de la república de Irlanda han sido, en palabras del líder del democristiano Fine Gael, una "revolución democrática". En efecto, sin poder presuponer que estas elecciones inauguran un nuevo ciclo electoral en Irlanda, el período del Fianna Fáil como partido hegemónico ha terminado.

Fine Gael y Fianna Fáil son dos viejos adversarios políticos desde la independencia de Irlanda. Teniendo ambos su nacimiento en la división del primitivo Sinn Féin entre partidarios y detractores del Tratado Anglo-Irlandés, los primeros aceptaron la independencia de Irlanda como Estado libre ligado al imperio británico. Ello les enfrentó en una guerra civil con los republicanos intransigentes, la facción de Eamon de Valera. La victoria de los pro-tratado, organizados como partido Cumann na nGaedheal, les dio el poder hasta inicios de los años treinta, cuando el Fianna Fáil, el partido republicano de De Valera, ganó las elecciones de 1932. A partir de ese año, y hasta las elecciones de 2007, el FF se convirtió en el partido hegemónico de Irlanda, con porcentajes de voto situados entre el 39 y el 50%, controlando el gobierno durante 67 de esos 79 años.

En las elecciones del pasado 25 de febrero, los resultados del FF no tienen precedentes: 17% de votos frente al 41% y 20 por los anteriores 77. Aun cuando en el período electoral concluido no estaba en el poder, el FF no bajó del 40% de los votos ni de la condición de primer o segundo partido. Ahora, no sólo ha sido sobrepasado por su eterno rival, el FG, sino por el tercer partido clásico del sistema irlandés, los laboristas.

Sin ninguna duda, estas elecciones han sido un verdadero castigo para el partido dominante por la gestión de la crisis económica, la necesidad del rescate por la Unión Europea y las draconianas medidas de recorte en el gasto estatal. El tigre celta se ha comido al padre (el liberal Irish Times tituló uno de sus artículos "Un electorado enojado votó con frialdad por liquidar al Fianna Fáil"), aunque es muy pronto para proclamar el fin de las lealtades clientelares o la conversión del Partido Laborista en segundo partido del país.

En todas las elecciones todos los partidos se proclaman vencedores. Menos en el caso del FF y del Partido Verde, derrotados en todos los niveles (los ecologistas han quedado fuera del parlamento), el resto del arco parlamentario tiene motivos para alegrase: el Fine Gael vuelve al liderazgo del gobierno tras 14 años de oposición, con Enda Kenny y se mantiene dentro de su media de apoyo electoral; el Partido Laborista pasa a ser segunda fuerza y a potencial socio de coalición del nuevo gobierno; los candidatos independientes, sin filiación política o agrupados en el cartel electoral de New Vision, también han aumentado, siendo otra posible fuente de apoyos para el Fine Gael en caso de que los laboristas no entren en el gobierno; el Sinn Féin de Gerry Adams engrosa su grupo parlamentario sumando 10 a sus escasos 4 diputados anteriores, saliendo del crecimiento moderado que experimentaba desde que se presentó a inicios de los años 80, con resultados mediocres; también vuelve a entrar la izquierda más obrerista, unida bajo el cartel electoral de la United Left, agrupando a pequeños partidos de izquierda: el Partido Socialista, el Grupo de Acción de Trabajadores y Desempleados y la Alianza de las personas antes que el lucro, con 5 escaños.

Los buenos resultados de la izquierda unida y del Sinn Féin, junto a los de los laboristas, permiten decir que un tercio de los electores han acudido a opciones de izquierda ante la crisis. Que estas condiciones se mantengan, dependerán de muchos factores: que estos resultados no sean circunstanciales, el papel que juegue el Sinn Féin en las instituciones de las dos partes de la isla y la posición que adopte el Partido Laborista, tanto si entra en el gobierno -exigiendo la renegociación del rescate por la UE y de las instituciones financieras internacionales además del mantenimiento de prestaciones sociales o del impulso de reformas económicas y fiscales- como si permanece en la oposición, por diferencias con el Fine Gael en la forma de resolución de la crisis o por encabezar la oposición y una posible apuesta como potencial partido de alternancia para liderar el ejecutivo. Pero esto es sólo una hipótesis.

¿Cuál es la diferencia sustancial entre el Fine Gael y el Fianna Fáil? Todos los diarios no irlandeses coinciden en etiquetarlos como partidos de centro derecha: el FG situado en el espectro democristiano y el FF en el liberal. La realidad es muy complicada: ambos partidos han desarrollado tanto políticas neoliberales a su paso por el gobierno como políticas socialdemócratas (sobre todo cuando han gobernando en coalición con los laboristas), sin poder etiquetar a uno más a la izquierda o a la derecha que el otro. El FG es miembro del Partido Popular Europeo, el FF, del Partido Liberal Europeo (pero anteriormente del grupo euroescéptico Unión por la Europa de las Naciones), lo que supondría pensar que el FF pasó de la derecha del FG a su izquierda.

Las diferencias, como he dicho antes, vienen desde la independencia, por rivalidad, más que por grandes diferencias ideológicas; con ello también se explica la escasa movilidad del voto y la existencia de fuertes baluartes rurales de los dos partidos. La situación puede cambiar en el mundo urbano: en Dublín, de 47 diputados, los laboristas han conseguido 18 por 17 del FG y sólo 1 del FF, repartidos el resto entre independientes, Sinn Féin y la izquierda. Estas elecciones han derribado el poder rural del Fianna Fáil.


Hay quienes se preguntan, yo incluido, si un voto de castigo de tal envergadura puede reproducirse en el caso español. Obviamente, hay que considerar que España no es Irlanda: no estamos en las mismas condiciones económicas que Irlanda pero tampoco con mejores expectativas, el desempleo en España es mucho más elevado, la banca no estaba tan expuesta al riesgo como la irlandesa y la existencia del empleo sumergido paliaba la situación. Eso como diferencias socio-económicas. En lo político, el sistema electoral y el de partidos impiden el caso irlandés: el voto español está más concentrado en dos grandes partidos -cada uno es la inetivable alternativa al otro- y la ley electoral aplicada en España, con provincias poco pobladas, conlleva un sistema mayoritario donde sólo los partidos de fuerte implantación estatal y/o regional pueden competir con éxito.

En Irlanda, el sistema del voto transferible con distritos de 3 a 5 escaños, a diferencia de España, permite no sólo una proporción votos/escaños aceptable, sino también la existencia de más opciones políticas estatales y la posibilidad de castigar a los candidatos no deseados mediante una sencilla combinación de preferencias en el voto.

En consecuencia, en España el descontento con la actuación del gobierno Zapatero es muy grande, pero también lo es con la oposición conservadora. Esto ha llevado a considerar a la clase política como el tercer problema del país, a tener una muy poca confianza en el gobierno y también en su recambio político. Unido a la imposibilidad de los partidos menores, como veremos abajo, de ser alternativas a los grandes partidos, la respuesta más lógica a la desconfianza hacia el PSOE y al PP puede ser una elevada abstención.

Terceras opciones -IU, UPyD, nuevas formaciones como Equo, y descartados los regionalistas/nacionalistas por su misma naturaleza- son devastadas por el "voto útil", con la única opción de arañar parte del pastel dando sus votos en momentos de ausencia de mayorías absolutas. Cada país tiene una cultura política determinada; la española evidencia una ausencia de cultura de coalición gubernamental a nivel nacional, con la añadidura de la mala experiencia a nivel regional y local.

En una visión más europea, la evolución de la crisis económica va dando diferentes respuestas ciudadanas: en Grecia, la crisis tumbó un gobierno conservador encumbrando uno nuevo socialista, que fue el que tuvo que hacer las reformas más drásticas; en Hungría, la falta de respuestas del ejecutivo llevó al hundimiento del Partido Socialista y una abultada victoria de los conservadores; en Reino Unido, los laboristas dejaron el gobierno y tanto conservadores como liberales obtuvieron muy buenos resultados, tanto que los liberales volvieron a un gobierno de coalición, hecho que no había vuelto a suceder desde los años 30 y los gobiernos de unidad nacional de la II Guerra Mundial; en Alemania, el Partido Liberal ganó una muy buena tercera posición a expensas de democristianos y socialdemócratas.

Uno tras otro, la mayoría de países prácticamente enterraron a la izquierda a mínimos resultados de apoyo. Sin embargo, frente al ansia conservadora por ver destruida a su competencia socialista, no está tan claro. En Alemania, los liberales se hunden en los sondeos y en las elecciones regionales los socialdemócratas recuperan posiciones, dejando a Merkel sin mayoría en el Bundesrat; en el Reino Unido, los laboristas encabezan una renovada oposición con visos de recuperar el gobierno regional de Escocia y los liberaldemócratas encajan el descontento hacia las medidas del gobierno de coalición con Cameron. Como hemos visto, en Irlanda el partido dominante ha dejado de serlo y se han registrado resultados históricos para la izquierda. Puede concluirse que en las democracias sanas, la ineficacia y la falta de alternativas se castigan con severidad.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Mesa redonda "¿Hacia dónde va el mundo árabe? en UAM-Filosofía y Letras


Las revoluciones de Túnez y Egipto -creo que ya podemos calificarlas de tal modo- siguen generando charlas y conferencias de los expertos en el mundo árabe. A día de hoy, sin contar la conferencia de ayer en la Universidad Autónoma de Madrid, he podido asistir a la charla de Casa Árabe del 1 de febrero y al debate del Círculo de Bellas Artes del día después, ambos sobre Túnez. No obvio que se habrán desarrollado muchos otros actos por nuestro país, y también por otros países, que sirven, a todos los que tienen el honor de escuchar las palabras de los entendidos en ese mundo, de conocer un poquito más un mundo cuya impresión está contaminada por los estereotipos, los prejuicios y el sesgo de los medios de comunicación, amén de los intereses de nuestros gobiernos. Estas charlas son una gran oportunidad para intentar superar esos muros con los que habitualmente nos enfrentamos en el día a día. Desde esta modesta posición, y el escaso conocimiento propio, os intentaré sintetizar el acto de ayer, día 15 de febrero, realizado en la facultad de Filosofía y Letras de la UAM.

Organizado por el Departamento de Estudios Árabes e Islámicos y moderado por Ana Planet, profesora de dicho departamento, contó con las intervenciones de dignos expertos en el mundo árabe en nuestro país, muchos agrupados en el Taller de Estudios Internacionales Mediterráneos (TEIM), cada uno intentándonos acercar qué ocurre en cada uno de los países árabe-islámicos.

Miguel Hernando de Larramendi, profesor de la UCLM, nos acercó a la realidad de los regímenes autoritarios árabes y a la serie de revueltas, hoy olvidadas en Occidente. Esas revueltas, que afloraron en los países árabes a finales de los 80, llevaron al derrocamiento de Burguiba por Ben Ali, en Túnez, y al intento de apertura en Argelia, abortado al querer evitar la victoria electoral de los islamistas y la consiguiente guerra civil. Los regímenes autoritarios, en los últimos veinte años, intentaron una serie de reformas de arriba abajo, muy lentas: apertura al exterior, pluralismo limitado y liberalización y privatización de la economía, con la connivencia de su principal aliado, Estados Unidos, unidos a él en un objetivo común tras el 11-S: luchar contra el islamismo y utilizar el miedo a éste en Occidente para resistir a las presiones de democratización.

Luz Gómez García, profesora de la UAM, a través de unos extractos del libro del libanés Samir Kassir (1960-2005), De la desgracia de ser árabe, nos acercó la visión de este autor, asesinado en Beirut. La mentalidad de Kassir era muy pesimista: veía en las causas del subdesarrollo árabe en el analfabetismo, la gran desigualdad social, la superpoblación de las ciudades, la desertización de las provincias, percepción de no existir un futuro... con ello, Gómez García replicaba ese pesimismo a que ahora el espacio público árabe ha cambiado de manos y deja a esa desgracia de ser árabe en paréntesis.

Daniel Marx nos devolvió la atención en Túnez, diluida tras la importancia que ha cobrado la revolución egipcia en los últimos días, hablándonos de las condiciones del régimen de Ben Ali, las causas de su caída y los interrogantes para el futuro. El régimen benalista tenía dos caras, una liberal, por su herencia del régimen de Burguiba y el éxito económico posterior, y otra autoritaria, con un auténtico estado policial donde había 200.000 policías en un país de poco más de diez millones de habitantes. Era un régimen de "consumir y callar", con un potencial acceso a la clase media pero sin derechos políticos. Este régimen cayó desgastado por cuatro factores: un clima de represión y miedo constante sin la excusa real de peligro islamista, la corrupción de los Trabelsi (la familia de la mujer de Ben Ali), la censura a los medios de comunicación y redes sociales y la crisis económica, con la subida del paro joven, hasta un 44,5% entre los jóvenes diplomados. Marx elevó dos interrogantes: ¿Ben Ali se fue empujado por el ejército o pensaba volver para "salvar al país" del caos que pudiera producirse? Como interrogantes para el futuro, planteó el miedo de que el nuevo gobierno provisional, ya sin benalistas, pudiera controlar el caos y la violencia que pueden desatarse en Túnez; también quién pilotará la transición, cómo se depurarán los crímenes de la dictadura, quién ganará las elecciones o quién reformará la constitución.

Para Bárbara Azaola, profesora de la UAM experta en Egipto, la revolución tunecina abrió un momento de esperanza e ilusión en los egipcios, que sentían la desgracia de que no podrían hacer lo mismo que sus hermanos tunecinos. Pero las revueltas han tenido éxito y acabaron con Mubarak. Gracias a ello, los egipcios han perdido el miedo a manifestarse y a soportar las presiones agónicas de Mubarak para desgastar y desacraditar al movimiento ciudadano. A su vez, dentro del régimen se dio lugar a una serie de tensiones entre la nueva y la vieja guardia del partido pero también dentro del ejército, imponiéndose la vieja guardia y tomando el poder tras la salida de Mubarak. Aún está por ver que esto suponga la verdadera entrega del poder a civiles o, por el contrario, los generales sigan controlando el poder. La nueva junta militar va dando pequeños pasos, como la suspensión de la constitución y del parlamento, pero aún no se han liberado los presos políticos, ni se ha reformado la ley de partidos o tomado medidas respecto a la sempiterna ley de emergencia.

Bernabé López García, experto de la UAM en Marruecos, fue un poco pesimista respecto a posibles cambios en nuestro inmediato vecino árabe. Existe, dijo, una sensación de que el "enemigo exterior" quiere que se agite el cambio y eso provoca una cierta contencion pese a que el nivel de insatisfacción es el mismo que en otros países árabes. Hay convocada una manifestación para el día 20 de febrero, pero sin saber dónde y el motivo para manifestarse. El principal escollo es la figura del rey: muchos están cansados de la monarquía y del lastre que supone para la economía del país, pero otros más están acordes con el principio de "viva el rey y muera el mal gobierno": no es el rey el culpable, sino todos los que están directamente por debajo de él, desde sus amigos hasta los políticos que mantienen el sistema corrupto e inoperante. Izquierda y derecha están unidas en un mismo gobierno que es débil e incapaz de desarrollar ninguna política, sólo se reparten el poder y sus prebendas. Las débiles reformas propiciadas por el rey, tales como el estatuto de la mujer, algo avanzado, y el código de familia, se han detenido y aún permanece la incógnita de si la monarquía se parlamentarizará y seguirá el ejemplo de la transición española.

En una línea general, Bernabé López habló de las revoluciones ocurridas como revoluciones de individuos, algo que seria revolucionario en el mundo árabe: el nacimiento del individuo, rebelado frente al clan, la familia y al "papá Estado/rey/presidente". Sería además una "mutación laica", que no daña las religiones existentes.

Desde Yemen vía Skype, Leyla Hamad nos acercó la realidad de un país olvidado, del largo proceso que ha seguido el presidente Saleh desde su inicial mandato como presidente del tradicionalista Yemen del Norte a presidente del Yemen unificado, con la incorporación del sur marxista y la colaboración con la oposición, primero socialista, luego islamista, a la posterior marginación de ambas. El intento de democratización del país, iniciado a mitad de los años 90, se detuvo, derivando al semipresidencialismo y a un cada vez más al presidencialismo autoritario, con la ampliación de los mandados del presidente y de los diputados y el vacíado de competencias del legislativo. A ello se suma la frustración de la oposición y de la ciudadanía por el proamericanismo de Saleh y su eternización en el poder que, pese a prometer en 2006 que no se presentaría a la reelección, se desdijo de sus palabras y ganó unas elecciones claramente falsificadas.

Amaia Goenaga, también vía Skype pero desde Líbano, nos explicó el significado de las últimas manifestaciones en el país de cedro, no relacionadas con las revoluciones del norte de África, sino con asuntos internos. La situación política se degradó más con el nerviosismo de Hezbolá al estar cercano el anuncio de la acusación del tribunal de justicia por el asesinato del primer ministro Rafik Hariri. Hezbolá, temiendo ser acusado, ha mantenido presiones para hacer caer al gobierno y para desacreditar al tribunal. El primer punto ya lo ha conseguido, con la caída del gobierno de Saad Hariri y el nombramiento de un gobierno dirigido por Najib Mikati, con apoyo de Hezbolá y del bloque prosirio. El sistema libanés, pese a garantizar cierta libertad, es sectario, al dividir el poder por cuotas confesionales y estar sometido al control de las élites de cada comunidad religiosa, impidiendo la existencia de un movimiento nacional único.

Rafael Bustos, profesor de la UCM y colaborador del TEIM, habló del caso argelino. Argelia es un caso distinto al de Túnez o Egipto: el régimen no tiene fisuras internas frente a un movimiento de la calle muy dividido, con el recuerdo de la guerra civil de los años 90, que mantiene una sociedad dividida. El gobierno argelino contribuyó a la poca asistencia de la manifestación del 12 de febrero con el bloqueo de los transportes, y el islamismo, en un bloque de oposición diferente, criticó a los convocantes laicos y estudiantiles.

Waleed Saleh, profesor de la UAM, cree que las revoluciones actuales han derrumbado varios mitos: que los árabes sean sumisos a sus gobiernos o que no estaban preparados para la democracia. También habló de la actual situación de su país natal, Irak. Saleh no cree que sea una democracia real: la guerra destruyó un país que, pese a la dictadura de Sadam, funcionaba y contaba con un gran potencial humano. La democracia ha caído en manos de grupos sectarios que no creen en ella: han destruido a la élite cultural y el poder lo pasan a controlar ignorantes que no saben manejar un país. Por ello, ha crecido la sensación de inseguridad, faltan servicios básicos, el petróleo se vende sin control del gobierno central y todas las regiones están controladas por milicias, ya sean suníes, chíies o kurdas. El gobierno central ha perdido su poder y el país se ha dividido en tres zonas: los kurdos, con afán expansionista a Kirkuk por el petróleo de su región; los suníes, y los chíies del sur, que han establecido de facto una república islámica, bajo control e influencia iraní.

Marta Saldaña, becaria del TEIM, hizo un rápido repaso a los países del golfo pérsico, con revueltas en cada país por el paro joven, la corrupción y la violación de derechos humanos, unido a la discriminación de la población chií en países de regímenes suníes. En Kuwait las protestas consiguieron la dimisión del ministro de Información y el mantenimiento de las protestas para pedir democracia. En Bahrein el lunes 14 de febrero hubo manifestaciones masivas en la capital, Manama, con el resultado de un muerto. Protestaban por el fin de la discriminación a los chíies y por los intentos de equilibrio demográfico con la nacionalización de suníes saudíes. En Arabia Saudí hay movimientos reformistas que elevan peticiones al rey, protestas de mujeres por el amejoramiento del abastecimiento de agua, aprovechado para pedir trabajo y criticar la corrupción existente. En Omán las revueltas son por los precios. En Qatar existe una oposición más débil y las reformas se producen, aunque de forma lenta. En los Emiratos existen presiones para convocar nuevas elecciones, las segundas de su historia.

Luciano Zaccara, profesor en la UAM, habló de las reacciones en Irán a las revoluciones árabes. La revolución egipcia, que coincidió con las fiestas de la revolución iraní, fue aprovechado por el ayatolá Jamenei para manifestar que son las reminiscencias de la revolución islámica de Jomeini. Pero, al mismo tiempo, el régimen prohibía manifestaciones de apoyo al pueblo egipcio de los opositores Musavi y Karrubi. En su lugar, se dio lugar a una manifestación oficialista, de menor asistencia, con difusión de imágenes manipuladas de las manifestaciones de 2009 contra Ahmanineyad, más concurridas.

Por último, Carmen Rodríguez, investigadora de estudios turcos en la UAM, habló de la influencia que puede tener o recibir Turquía de las revoluciones del norte de África. Habló de un "invierno democrático", regresión democrática, opuesto al proceso de reformas democratizadoras iniciado en 1999, el "verano democrático", por la oposición de países de la UE a su ingreso, por las medidas ambivalentes del islamista AKP y la debilidad de la oposición laica, configurándose dos bloques, religioso y laico, muy conservadores e inmóviles. A favor de Turquía, posee una sociedad civil consolidada y experiencias democráticas, descontenta con el modelo actual por la falta de laicización, en su opinión, aunque la "primavera árabe" puede dar un nuevo impulso al proceso democratizador.

Y para finalizar esta extensa síntesis, os añado el vídeo que visionaron al principio de la charla, "Sout al horeya", "la voz de la libertad", de la revolución egipcia.



miércoles, 9 de febrero de 2011

Debate "Túnez, la revolución de un pueblo" en el Círculo de Bellas Artes


El pasado 2 de febrero en el Círculo de Bellas Artes se celebró un debate con motivo de la revolución tunecina, "Túnez, la revolución de un pueblo", moderado por Teresa Aranguren, escritora y periodista, con la intervención de Kamel Jendoubi (que ya participó el día anterior en el coloquio "¿Hacia adónde va Túnez?", en Casa Árabe), presidente de la Red Euromediterránea de Derechos Humanos; Miguel Hernando de Larramendi, profesor de Historia en la UCLM y experto en el mundo árabe contemporáneo; y Jesús Núñez, director del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria.

Debido a que Kamel Jendoubi participó en el coloquio del día anterior, que recogí aquí la semana pasada, y que hizo una intervención similar, comentaré la invertención de los otros dos invitados.

El profesor Hernando de Larramendi comentó que las revoluciones del norte de África eran la manifestación de un proceso que nadie quería ver. Nadie pensaba que Ben Ali, el derrocado presidente tunecino, fuera a caer tan rápidamente o que la inmolación de Mohamed Bouaziz llevaría a la situación actual. Dado el tiempo que ha transcurrido, la respuesta que se puede esperar no es si va a haber oportunidad para la democracia, sino si esta perdurará y qué alcance va a tener, tanto para la región del Magreb y del mundo árabe musulmán como para las relaciones internacionales.

Nadie pensaba que esta ola de protestas empezara por Túnez, siguió Larramendi, "fue una sorpresa". Lo ocurrido es, para él, un "efecto demostración" que responde a la sociología del mundo árabe: la juventud ha sido el motor de la revolución. Lo que Túnez está transmitiendo al resto de regímenes "cleptócratas y represores feroces" árabes es que la movilización permite hacerles caer, dado que encierran una gran vulnerabilidad.

Se ha tendido a olvidar por la mediatización entre los regímenes autoritarios y el islamismo que en medio existe una sociedad civil, con formación elevada pero nulas perspectivas laborales. Esas tensiones sociales existen en Túnez y en otros países árabes. Por diferentes motivos y ámbitos había un caldo de cultivo presente que no se ha traducido en movilización política hasta ahora, al unirse las causas políticas con las demandas económicas.

Ya nada será igual. Son revueltas tradicionales frente a la corrupción y a la represión, pero el miedo que había se ha perdido al ver que es posible la confrontación con un Estado incapaz de responder a las demandas expresadas. La revolución en Egipto ayuda a consolidar esta ola de cambios y a que lleguen a otros países (Jordania, Yemen, Palestina, Marruecos...).

Son necesarias las reformas y la democratización. La cumbre de la Liga Árabe celebrada en Túnez en 2004 recurría a argumentos de seguridad para mantener los regímenes autoritarios y negar posibles avances: las reformas nunca pueden venir de fuera sino de dentro, decían.

La capacidad de respuesta en distinta en cada régimen. Túnez no es un ejemplo aislado, proyecta que las demandas económicas buscan atajar el problema de raíz: los regímenes. Nos encontramos, dijo Larramendi, con que, caigan o no, introducir la cuestión de cambio político lleva a que los regímenes tienen que adaptarse: el miedo que existe es que esos cambios sean cosméticos y no reformas profundas.

La respuesta de Mubarak a las protestas es de no aprender del caso tunecino. Como Ben Ali, Mubarak mira al exterior; el tunecino no tuvo quien le apoyase pero Mubarak sabe que su supervivencia depende del apoyo exterior.

Por desgracia, como bien apuntó Larramendi, Túnez ha desaparecido de la actualidad. Su proceso de esperanza hay que seguirlo con atención. Para el resto del mundo árabe, todos los cambios fracasarán si no integran la lección de Túnez de integrar a la juventud como motor de cambio y de la historia.


Jesús Núñez, mucho más crítico con la postura de la Unión Europea y de Estados Unidos, dijo que "no estábamos dormidos". "0jalá", proseguía, porque "sabíamos lo que pasaba". La explicación de Núñez a la postura occidental es que se tomó la opción de asegurar la estabilidad a toda costa de los regímenes existentes, al considerarles como los únicos interlocutores válidos que garantizaban la seguridad de los intereses occidentales en la región. La dialéctica occidental fue la de distinguir a los regímenes entre radicales (ejemplo: Libia) y moderados, añadiendo: "¿por qué hablamos de países moderados, qué vemos a los saudíes?

Esta posición ha funcionado hasta ahora: la estabilidad ha redundado en beneficio de los intereses económicos occidentales. Este juego ya no sirve, en opinión de Núñez: no vale agitar el espanto del islamismo porque antes de los regímenes autoritarios árabes no existía.

Lo que ocurre ahora en el Magreb es un cambio estructural: las cosas no serán igual. No hay que confundir cambio con democracia, porque el primero puede no llevar al segundo. Queda la resistencia de actores locales y externos que apoyaron y apoyan a los regímenes autoritarios; también hay que ver si se consolida la democracia en Túnez: el islamismo no puede destruir la democracia porque aún no existe.

Anteriormente, Obama apoyó a Ben Ali. Ahora dice lo que tiene que decir en el momento de las revueltas. Francia dijo que podía colaborar en la represión policial para mantener el control de la calle. "¿Qué es peor -dijo-, decir o no decir nada como muchos países?", en abierta crítica a muchos países, como España, que no han dicho nada relevante o han esperado hasta ver acontecimientos.

Pesan más los intereses, arrinconando a los valores y principios que defendemos: la UE daba una buena calificación a Túnez para darle el estatuto avanzado a cambio de nada, pese a las denuncias de vulneración de derechos humanos y falta de libertades. Si ahora los regímenes árabes consiguen aguantar la presión un par de semanas y que garantizan la estabilidad a la UE le basta. El interés de la Unión no es que las demandas de la calle se vean satisfechas, sino que haya estabilidad, pues los intereses no han cambiado. Si no se satisfacen las demandas, los futuros estallidos serán más violentos. El protagonismo debe ser local pero la UE tiene que apoyar los cambios o nuevos gobiernos, no atraparlos por la idea europea de estabilidad y dejar que cualquier gobierno lo digo o lo asegure: deben hacerse leyes de amnistía, investigar los crímenes y reformas de las leyes electorales para garantizar la integración de la sociedad.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Conferencia "¿Hacia dónde va Túnez?" en Casa Árabe

La caída de la dictadura de Ben Ali en Túnez es, como vamos comprobando y reflejando desde multitud de foros y medios, la chispa de la oleada democratizadora que protagonizan los ciudadanos árabes. Ayer, en Casa Árabe de Madrid, con Gema Martín Muñoz (directora de Casa Árabe y experta en procesos políticos del norte de África) como moderadora, pudimos conocer las opiniones de Souhayr Belhassen, activista tunecina y presidenta de la Federación Internacional de los Derechos Humanos, y de Kamel Jendoubi, hasta hace poco exiliado tunecino y presidente de la Red Euromediterránea de Derechos Humanos y portavoz del Comité por el Respeto de las Libertades y los Derechos Humanos en Túnez. Asimismo, la conferencia fue de las más concurridas de todas las que organiza Casa Árabe, con una presencia destacada de tunecinos entre el público y de expertos en el mundo árabe-musulmán.

Souhayr Belhassen explicó que el proceso político que está viviendo Túnez es un fenómeno tunecino y que ha servido de catalizador para el resto de los países de su entorno: "está trastocando el mundo árabe", dijo. Por fin, las reuniones de los activistas de los derechos humanos, como cualquier reunión de asociaciones civiles, se pueden celebrar sin el control del "partido-estado".

Para ella, esto ha sido posible por la tradición reformista de Túnez, precursora en el mundo árabe del primer sindicato, de la liga de derechos humanos, el código de las personas más laico y medidas avanzadas en derechos de la mujer, anticoncepción y aborto. ¿Cómo pudieron mantenerse las dictaduras de Habib Burguiba primero y la de Ben Ali después? Burguiba fue un "dictador ilustrado" y Ben Ali prometió desarrollo económico a cambio de "infantilismo político". Pero, a la larga, un régimen no puede perdurar cuando sus valores son el ostracismo, la corrupción y el nepotismo. Ello, unido a la marginación de la población del centro del país del desarrollo económico de la costa, la desesperación de la generación más joven, usuaria de Internet y sin empleo y el empobrecimiento de las clases medias, base del régimen de Ben Ali, fue una frustración contenida, que estalló con la inmolación de Mohamed Bouazizi en la ciudad de Sidi Bouzid.

Los sucesos de Túnez son, para Belhassen, una revolución moderna, mixta, laica, democratizadora y responsable. De momento, no ha experimentado ninguna deriva en la lucha social por la dignidad, la democracia y la libertad.

Más extensa fue la intervención de Kamel Jendoubi. Explicó su alegría y su orgullo de ser tunecino, sin que los represente Ben Ali, como estar "en una nube". Más polémico que Belhassen, Jendoubi recordó que el dictador Ben Ali huyó del país sólo hace unos pocos días, y que el régimen, con toda la tecnocracia y aparatos represivos de los que se sirvió para controlar al pueblo aún existen, sin tampoco olvidar que Ben Ali no contó únicamente con apoyos internos, sino también externos, como todos los gobiernos occidentales. Ahora, dijo, "todos dicen ser revolucionarios", en referencia a todos aquellos que apoyaron a Ben Ali: los medios de comunicación, y los intelectuales e ideólogos afectos al dictador derrocado.

No es, en opinión de Jendoubi, una revolución social -"aún"-, sí una revolución política, iniciada por la fractura del espacio público, causada por el intento del régimen por controlar Internet y, sobre todo, Facebook, usada por miles de jóvenes tunecinos. Es una revolución de los actores de la sociedad civil: los parados universitarios con conciencia, en contacto con los sindicalistas y con los abogados, que han nutrido a las protestas de eslóganes, de conciencia. A la existencia de Internet y Facebook, fundamentales para la difusión de noticias y concentraciones, se ha unido la labor de Al Yazeera al ser un espacio donde "la gente normal ha podido hablar".

El sistema de la dictadura aún permanece. El partido dusturiano, mezclado con el Estado, permanece intacto y los aparatos represivos también: siguen existiendo doce mil miembros de la policía política y toda la red de informadores, la guardia presidencial y las fichas de "nombres negros", los considerados enemigos políticos del régimen, como Jendoubi. Es necesario, añadió, cambiar a los responsables políticos, todos nombrados por el clan de los Trabelsi, la familia de la mujer de Ben Ali.

Existen problemas: el riesgo de que la revolución sea confiscada por cualquiera de las fuerzas políticas, o que por la inexistencia de líderes opositores fuertes los ideólogos del régimen aprovechen la situación, así como el desencadenamiento del caos por la liberación de pequeños criminales para crear inseguridad y así justificar una intervención del ejército o de los aparatos del régimen. A estos problemas le añade el gobierno, que no considera de unidad nacional, o las tres comisiones que se han creado sobre la reforma política, la de investigación de los crímenes y la de anticorrupción. Son comisiones formadas por técnicos nombrados por el gobierno, sin responder a las demandas políticas de la población. Jendoubi se preguntó por las limitaciones de las comisiones, ya que consideró inaceptable que pretendan investigar sólo los crímenes del último mes, cuando son años y décadas las de violaciones de derechos humanos.

Europa debe dejar su papel de "fuerza hipócrita" y ayudar al desarrollo económico de Túnez para ayudar al gobierno a satisfacer las demandas de empleo de los tunecinos, en este impasse de seis meses de transición hasta la celebración de elecciones legislativas y presidenciales.

Con la caída del dictador, el mapa político tunecino se está recomponiendo. El sindicalismo de la UGTT, puntal junto con el partido dusturiano de Burguiba y Ben Ali para la cultura política de la independencia, también está afectado por la corrupción. Pero el sindicalismo y el resto de actores de la sociedad civil deben estar integrados en el nuevo régimen, incluyendo a los islamistas de En Nahda para evitar volver a los viejos tiempos de enfrentamiento entre islamistas y no islamistas, y también a los restos del viejo partido-estado, que reconstituido o con un nuevo partido, sus integrantes también tienen derecho a existir.

Sobre un tema crucial -el papel del islamista En Nahda- Jendoubi recordó que no se quieren presentar a las presidenciales, pero habrá que ver a quién apoyarán, ni intentar dominar el futuro legislativo. Tampoco se sabe cuántos votos recibirán, sólo la capacidad que tengan para llegar a acuerdos con el resto de fuerzas sociales determinará su peso. En Nahda, explicó, "quieren existir políticamente y conciliar Islam y modernidad", en línea con el reformismo tunecino, inspirándose en el modelo turco del AKP. Asimismo, los laicos deben de ser capaces de hacer frente dialécticamente al debate ideológico con los islamistas.

En Nahda no cuestiona el estatuto de las personas, defiende la democracia, la soberanía popular, la libertad de opinión y de conciencia. Todo ello, no obstante, no evita que puedan tener una "agenda oculta", pero eso lo demostrarán los hechos. Por último, Jendoubi explicó que el movimiento islamista está dividido, entre los que querían unirse a Ben Ali y los que se oponían a él, entre la vieja generación de líderes (exiliada) y la nueva (en el interior), que no quiere verse controlada por estos. Y, cuestión muy importante, En Nahda nunca ha recurrido al terrorismo ni llamado a la violencia, excluyendo de sus filas públicamente a los violentos. En pocas palabras, para que el proceso político sea un éxito según Jendoubi, "tiene que prevalecer la inteligencia".

Enlaces destacados:
Vídeos de Casa Árabe
Noticia de la conferencia en El País

jueves, 20 de enero de 2011

Túnez y Egipto o el efecto dominó. ¿Primavera de los pueblos árabes?


Desde hace poco más de un mes asistimos con expectación los acontecimientos que se van desarrollando en Túnez. Hace un mes, nadie pensaba que la inmolación de un joven desesperado por la falta de empleo en su país iba a hacer derrumbarse a uno de los regímenes dictatoriales más estables del múndo árabe-musulmán.

Conviene recordar la situación de la que partía Túnez. Desde 1987, la república tunecina ha estado gobernada por Zine El Abidine Ben Ali hasta su derrocamiento en estas fechas. A su vez, Ben Ali derrocó al primer presidente de la república, Habib Burguiba, héroe de la independencia y líder del partido que lo ha sido todo en Túnez, como movimiento por la independencia y partido dominante desde los años 30 que, con diferentes nombres (Dustur, Neo-Dustur, Partido Nacional Dusturiano, Partido Socialista Dusturiano y, finalmente, Reagrupamiento Dusturiano Democrático) ha controlado el país. En su momento, Ben Ali fue "el hombre del cambio" y despertó tanta esperanza entre los tunecinos como la "revolución" que ahora se está desarrollando.

¿Puede hablarse de una revolución? Aún es prematuro y habrá que esperar a ver qué rumbo toman los acontecimientos. Por ello, hay que hablar de protestas generales y exitosas: el motivo no sólo ha sido solamente la falta de empleo para los licenciados universitarios, que sí que es lo que ha prendido la mecha de las protestas. A ellos se le han unido las reacciones por la respuesta que suelen dar los regímenes dictatoriales: la represión policial. Con ello, la protesta alcanzó todo el territorio de la república e incluso se extendió a otros países árabes. Esta catarsis que están experimentando los tunecinos ha servido para arrinconar al aparato del régimen y privarle de uno de sus pilares, el ejército, que goza de amplio prestigio entre la población. En cuestión de dos días, al régimen se le quemaban todos los cartuchos: el movimiento popular no se contentaba ni con la destitución del ministro del Interior, ni con vagas promesas de combatir la corrupción, ni con el anuncio de que Ben Ali no se presentaría más a las elecciones presidenciales. Las masas de la calle unieron sus voces a un solo grito: "Dégage Ben Ali!" (Lárgate, Ben Ali). La conclusión: Ben Ali hizo las maletas (repletas de dinero) y se marchó a buscar cobijo: primero en Francia, pero a Sarkozy le horrorizaba que relacionaran a la vieja metrópoli con el derrocado dictador (no tiene problema en hacerlo con dictaduras del África negra), y tuvo que acabar en Arabia Saudí, una de las peores satrapías árabes.

Hasta la fecha, no ha habido un gobierno en Túnez aceptado por las masas enfurecidas. La virtud de las protestas es su humilde origen: ni partidos, ni sindicatos ni movimientos organizados han sido sus promotores, sino la explosión de la rabia contenida en la ciudadanía tunecina por la falta de empleos justos y la escandalosa corrupción del régimen dusturiano. El mantenimiento de las protestas frente a cualquier gobierno bajo el control del aparato dusturiano, y la negativa de los minúsculos partidos opositores y del sindicato Unión General de Trabajadores de Túnez (UGTT) a participar, ha dado al traste con cualquier intento de transición controlado en última instancia por los restos del régimen, que quería mantener los ministerios clave (como Interior). El único acuerdo, que se hará oficial dentro de poco, ha sido la desvinculación de cualquier posible ministro del gobierno con el partido desturiano. Incluso el primer ministro, Mohamed Ganuchi, "monsieur oui oui" por su seguidismo de Ben Ali, ha renunciado al partido y a mantenerse posteriormente en el poder, siendo su único cometido dirigir la transición hasta la celebración de elecciones parlamentarias y presidenciales, que deben ser libres.

La participación del islamismo, En Nahda (Renacimiento)
ha sido testimonial, si no inexistente. Pese a sus proclamas de moderación y democracia, el nulo protagonismo del islamismo político fortalece las protestas. Ningún gobierno occidental ni árabe puede argumentar peregrinas justificaciones para torcer la voluntad popular de los tunecinos. Túnez da un ejemplo de movimiento popular, democrático y laico al mundo occidental y al árabe: es posible una alternativa democrática al autoritarismo de los regímenes árabes. Es un movimiento protagonizado por jóvenes, universitarios y desemplados, educados en un sistema laico e igualitario y usuarios de Internet. Con ello, desmonta los tópicos de la islamofobia europea, que quiere meter a todos los árabes en el mismo saco de la intolerancia, el machismo y el integrismo religioso.

¿Es Túnez la primera ficha del dominó? Los sucesos de Túnez han reavivado las esperanzas de muchos ciudadanos árabes en una "primavera de los pueblos". Ya hay un caldo de cultivo previo: en Argelia las manifestaciones tienen los mismos motivos de Túnez, en Yemen el descontento parte de la eternización del presidente Saleh en el poder y la penuria económica, en Egipto al enfado de los coptos por la discriminación y violencia terrorista que padecen se unen 30 años de estado de emergencia y la "siriaciación" del régimen como dictadura hereditaria en el hijo de Mubarak. En Egipto y en Yemen es donde ha calado el efecto dominó. Otros países, como Marruecos o Arabia Saudí, tienen todo el apoyo estadounidense para reprimir las protestas contra la corrupción y la pobreza. Libia es el coto privado de Gadafi. Pero es injusto dirigir todas las sospechas a EE.UU. de posibles involuciones y frustraciones populares. Las dictaduras árabes, coronadas o republicanas, temen esta ola de furia. Hasta Israel teme perder a su "aliado" egipcio y confía, como los países árabes, en que Mubarak reprima con dureza las protestas.

¿El mayor miedo en Egipto? La inestabilidad. Los grupos terroristas islamistas están deseando el derrumbe del régimen egipcio. En Túnez esto es más difícil por el rápido derrumbamiento del régimen dusturiano y la aceptación de la mayoría del aparato dirigente por las reformas, así como el apoyo del ejército al pueblo. En Túnez la única violencia, minoritaria y condenada a la desaparición, vendría de su "búnker". Pero la inestabilidad en Egipto sería catastrófica, con el terrorismo apuntando al turismo y a la minoría copta, por un lado, y los Hermanos Musulmanes como posibles capitalizadores de la inseguridad de la población musulmana. Ése es el argumento que sostiene a Mubarak y a sus aliados para reprimir a la población. Pero, como en Túnez, el protagonista principal de las protestas en Egipto es la juventud, y el principal argumento no es Dios ni la religión, sino empleo, justicia y libertad.

No hay, entonces, un dualismo enfrentado entre mundo occidental-mundo árabe, sino de
democracia contra autoritarismo. Ojalá la ciudadanía occidental volviera al espíritu contrario a la guerra en Irak y acudiera en masa a las calles a apoyar la ola democrática árabe.

Posdata: Vergüenza para la Internacional Socialista. Sabiendo que el partido desturiano RCD formaba parte de la Internacional, me extrañó mucho no encontrármelo en sus listas de miembros. Resulta que tres días después (17 de enero) de la huída de Ben Ali (14 de enero), la IS expulsó al RCD de sus filas, sin hacer pública la noticia hasta el 19 de enero. Tampoco hay que olvidar que, a día de hoy, el Partido Nacional Democrático de Mubarak permanece en la Internacional Socialista. ¿Compañeros incómodos cuando pierden el poder?
"Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organí­cense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza".

Antonio Gramsci, Fundador del Partido Comunista Italiano

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