martes, 23 de octubre de 2012

Elecciones vascas y gallegas 2012 (I): Galicia, cheques, sorpresas y desapego





A grandes rasgos, las dos elecciones autonómicas del domingo pueden darnos varias claves: el PP mantiene Galicia pese -y no gracias- a la nefasta política económica y antisocial del Gobierno de Rajoy, el PNV volverá al Gobierno vasco aún sin saber de la mano de quién o quiénes o qué hará en materia económica, el PSOE es incapaz de liberarse de la desconfianza que provoca en el electorado y, como última clave y a consecuancia de la anterior, a su izquierda se forman grandes movimientos políticos de protesta, concretados en EH Bildu -este también por otras razones- en Euskadi y por Alternativa Galega en Galicia, además de un gran incremento de los votos en blanco y nulos.






En el caso gallego, todo parecía indicar que Feijóo iba a tener complicado mantener la mayoría absoluta y, en la izquierda, la incógnita era si Alternativa Galega de Esquerdas, la coalición de Esquerda Unida y el partido de Beirás iba a conseguir ningún o uno o dos escaños. Las encuestas erraron y a Feijóo le salió bien la jugada de adelantar las elecciones, antes de que Rajoy profundice en sus políticas impopulares: aunque ha perdido una cantidad nada despreciable de votos -más de 135.000- la izquierda ha perdido muchos más, ya que la suma de PSdeG, BNG y AGE pierde más de 170.000, pese al gran ascenso de estos últimos. 

Es notorio que los votos de Alternativa Galega vienen, sobre todo, del BNG, en la batalla particular sostenida entre un Bloque controlado por el comunismo nacionalista de la Unión do Povo Galego, difuminada su condición de "frente popular" del nacionalismo gallego, y la AGE que, encabezada por Beirás, ha ganado la partida quedando por delante del viejo BNG. Los otros escindidos del BNG, la derecha de Compromiso por Galicia, quedan muy por detrás con un 1,1% de los votos. Pero en la nueva AGE también han recibido votos de antiguos votantes socialistas que, posiblemente de no haber existido esta opción, habrían ido a la abstención como ha hecho otro gran número de votantes socialistas, o habrían mantenido su voto sin mucha convicción. Como apunte, es necesario destacar el gran aumento de la opción del voto en blanco y del voto nulo, que suman alrededor de 75.000 votos, confirmando el desapego por las limitaciones de la política.

Convicción. Confianza. Son las palabras malditas para el PSOE. Es obvio que no hay que dudar del compromiso del socialismo con el Estado del Bienestar y de la comprensión de las responsabilidades que se deben tener al gobernar en cualquier administración. Pero no es suficiente para muchos electores. Al PSOE aún le pesa la mala gestión de los primeros años de crisis, y eso ha sido suficiente para que el PP, libre de competidores potenciales cercanos ideológicamente -UPyD no despega como en otras regiones y el partido de Mario Conde no ha convencido a casi nadie-, vuelva a ganar pese a su desgaste. El PSOE pierde y no consigue votos, incapaz de transmitir ilusión al electorado, anatemizado por buena parte de la izquierda y con los lazos con la intelectualidad progresista deshechos.

El PP quiere -y ya lo hace- presentar la victoria de Feijóo como una validación a sus políticas nacionales. Es dudoso que así sea. Rajoy podrá respirar un poco, pero no mucho: los resultados de Euskadi no son nada buenos para él y seguramente los de Cataluña sean aún peores; además, sobre España aún pesa la sombra del rescate. Los problemas siguen sin solucionarse y está por verse que en 2013 haya "brotes verdes" para este Gobierno. Al PP le sigue beneficiando la inexistencia de opciones que compitan nacionalmente en el campo de la derecha, así como la división de la oposición: desgraciadamente, está claro que el proyecto neoliberal que puede ofrecer el PP es el único de la derecha; desgraciadamente, también, la izquierda presenta demasiadas divisiones y enfrentamientos internos, divididos entre la consciencia de la responsabilidad que supone gobernar y el populismo ansioso de pontificar que es la "única y verdadera izquierda". Es esa misma izquierda, por cierto, que permite pasar los presupuestos del gobierno derechista de Extremadura.

Seguramente, de haber existido en Galicia un proyecto ilusionante e integrador de izquierda, las cosas serían distintas. Es indudable que buena parte de esta incapacidad se deba al recuerdo de los últimos años del Gobierno de Zapatero, así como al recuerdo decepcionante del bipartito gallego, que no consiguió ofrecer un modelo de Galicia alternativa al del PP regional, que aprovechó ese tiempo para renovarse. Es también indudable que otra buena parte de los malos resultados del centro izquierda se deban a direcciones políticas bastante desnortadas. En La Voz de Galicia, Roberto L. Blanco Valdés escribe:

"[Los partidos de hoy] son organizaciones controladas por los profesionales de la política que, una vez encaramados en el grupo dirigente, consideran toda ida que se aparte de la línea oficial una herejía cuando no una traición inadmisible. Y así, aquellos intelectuales colectivos que hace un siglo soñó Gramsci se han convertido en partidos cerrados y profundamente jerarquizados, cuyos dirigentes practican una selección inversa de las élites con la finalidad de evitar la entrada de militantes cualificados con posibilidad de disputar la silla a los que mandan".

Gramsci. El recurso al certero pensamiento de uno de los grandes intelectuales italianos no puede ser más acertado. Aplicado al caso del PSOE, el partido está perdiendo sus lazos con la sociedad, no es capaz de integrar a más gente con ideas no ceñidas al control de una organización declinante -como puede ser el caso del PSM- y la jerarquía y el dominio desdibujan a una militancia decaída y retrasan los debates a momentos acaso más propicios. Para los que lo dominan, se entiende. Siempre que ocurren derrotas así se oye decir "tenemos que tomar nota". Esa es la reacción admitida para el grupo dirigiente, porque es neutra, difusa. Pero cuando se existen voces que piden algo más, como revisar la dirección dada y pedir responsabilidades, lo que se oye, desde altas instancias y agradecidos es "ahora no toca". Suele ocurrir que nunca se toma nota y nunca es la hora de que toque. Y así podría entenderse la situación actual del PSOE. Es más necesario que nunca que el PSOE, que es un partido sensato, consciente de la historia reciente de España -porque también ha sido su propia historia-, sea de nuevo un partido centrado en la sociedad, que sea entregado a la sociedad y no sea controlado por un grupo dirigente. Urgen más que nunca debates abiertos, integrar a gente nueva y rehacer los lazos con la sociedad para volver a crear un nuevo bloque que dispute la hegemonía.

¿Y será verdad que Alternativa Galega es la "Syriza gallega", como no se cansan de mencionar las voces más izquierdistas, algunas tan relevantes como Pablo Iglesias Turrión? Yo, personalmente, lo dudo. Es notorio que la existencia de una amplia indignación en la ciudadanía ha calado sobre todo en los más progresistas y en los más perjudicados por la crisis económica, que se traduce en un voto a las opciones más radicales. AGE, por fortuna o infortunio, es conocida por "lo de Beirás". Su crecimiento impresionante -y loable, dada las grandes energías que compensaron la falta de recursos- se debe, sobre todo, al carisma del viejo líder del BNG unido al sentimiento de indignación. Ha pescado allí donde había peces. No obstante, AGE no es una formación ideológicamente coherente; ha tenido, eso sí, grandes resultados hablando más de la crisis y de lo social que de nacionalismo y de modelo de Estado. Mientras hablen contra la gestión de la crisis de Feijóo, les irá bien, y la presencia de Beirás en el parlamento gallego asegura que los portavoces socialista y del Bloque, sean los que sean, habrán de ponerse las pilas para destacar entre los discursos de Feijóo y Beirás. Si, por el contrario, llegan a hablar de modelo de Estado, será un punto de división: sabemos que Beirás es un nacionalista convencido y que la gente de EU habla alegremente del mal concepto que tiene IU del federalismo. También sabemos que la mayoría de gallegos sabe muy bien lo que significa Galicia y lo que significa España: a diferencia de Euskadi, en Galicia no ha entrado en la campaña el modelo de país que se quiere.


Enlaces de interés:
"Desapego", de Alfredo Vara, (La Voz de Galicia, 23/10/2012).
"El PSOE, de la Tierra a la Luna", de Roberto L. Blanco Valdés (La Voz de Galicia, 23/10/2012).
"Feijóo y Beirás: tanto monta, monta tanto", de Xosé Luis Barreiro Rivas (La Voz de Galicia, 23/10/2012).
"Galicia y el efecto Syriza", de Pablo Iglesias Turrión (Blog Otra vuelta de tuerka, Público, 22/10/2012).
"La factura del bipartito", de I. Bermúdez de Castro (La Voz de Galicia, 23/10/2012).
"La irrupción de AGE en Galicia crea un referente para toda la izquierda", (El País, 22/10/2012).

Nota: más tarde subiré mi opinión de los resultados de Euskadi.

martes, 2 de octubre de 2012

Elecciones legislativas de Estados Unidos de 2012


Como hace dos años, este blog vuelve a contar con la colaboración de Dion Baillargeon para acercarnos un poco al desarrollo de las elecciones legislativas de Estados Unidos, en esta ocasión coincidiendo con las elecciones presidenciales. Ambas convocatorias son de las más reñidas de la historia reciente de Estados Unidos y, aunque las presidenciales entre Obama y Romney acaparan toda la atención mediática, las elecciones legislativas tienen una importancia especial, ya que el control de la Cámara de Representantes y del Senado es imprescindible para que el presidente norteamericano para el período 2013-2017 pueda llevar a cabo su agenda política sin obstáculos. En especial, si Obama es reelegido presidente, el control del legislativo por los demócratas puede salvar el programa sanitario del presidente u Obamacare.


El Congreso de los Estados Unidos está compuesto por la Cámara de representantes, que cuenta con 435 miembros elegidos en distritos uninominales repartidos con criterios demográficos, y un Senado de 100 miembros. Cada Estado tiene dos senadores independientemente de su número de habitantes. Los representantes son elegidos cada dos años y los senadores cada seis, de modo que cada dos años 33 senadores y la totalidad de los representantes han de someterse al veredicto de las urnas. La fecha de las elecciones legislativas coincide con las presidenciales cada cuatro años: este año es el 6 de noviembre.

En las elecciones legislativas de noviembre de 2010, los republicanos lograron hacerse con el control de la Cámara de representantes. Entre sus atribuciones está la de aprobar el presupuesto anual y el llamado “techo de gasto”, la cantidad máxima de deuda pública que el departamento del Tesoro puede emitir. El año pasado, la oposición republicana a aumentar el gasto público (alimentada sobre todo por los nuevos legisladores del intransigente tea party) retrasó durante semanas un acuerdo sobre una necesaria elevación de ese techo de gasto, colocando al país al borde de la suspensión de pagos. En consecuencia, en agosto de 2011 Stardard&Poor’s rebajó la calificación crediticia de los Estados Unidos por “su improvisada política fiscal”, China tuvo que retrasar importantes decisiones de política monetaria, y las bolsas europeas vivieron las semanas más volátiles del año, sufriendo  pérdidas sensibles. Dicho de otro modo: un granjero de Missouri elige a un legislador republicano, y la consecuencia última es que una  gran empresa española pierde parte de su valor.

Pues bien, lo que se nos viene encima en 2013 es mucho, mucho peor; los medios americanos lo llaman “the fiscal cliff”,  y consiste en lo siguiente: a principios de año expirarán automáticamente una serie de medidas de gasto extraordinarias (como la prórroga de los famosos recortes de impuestos de Bush) que supondrán una dramática reducción del déficit. Si las cosas siguen su curso,  la oficina del presupuesto del Congreso prevé una contracción de más del 1% del PIB el próximo año. No hace falta decir que una nueva recesión de la economía americana tendría consecuencias globales que muy bien podrían afectar a nuestro ya maltrecho país.

Por tanto son muchos los economistas que abogan por llegar a un nuevo acuerdo que mitigue los recortes de gasto público del próximo año, pero de momento Obama y los republicanos no parecen cercanos a entenderse. Los demócratas han decidido tomar ofensiva en este  tema, proponiendo una prórroga de los recortes de impuestos sólo para aquellos que ganen menos de 250.000 dólares anuales; por su parte, los republicanos dicen que sólo apoyarán la prórroga de los recortes en su integridad. La composición del Congreso la próxima legislatura será por tanto de vital importancia para estas negociaciones.
Creo que son razones más que suficientes para estar atentos a lo que pasa con las elecciones legislativas este noviembre. Para empezar, hay que decir que es altamente improbable que los demócratas recuperen en control de la Cámara de representantes; en cambio, en el Senado (actualmente con una algo escasa mayoría demócrata de 53 a 47) sus expectativas han mejorado los últimos meses. 

Senado:

Hasta hace poco, parecía seguro que los demócratas iban a perder el Senado en 2012. Para empezar, de los 33 senadores que se presentan 23 son demócratas y sólo 10 republicanos. Si excluimos una docena de escaños “seguros” (es improbable que la demócrata Dianne Feinstein de California o el republicano Orrin Hatch de Utah ganen por menos de 20 puntos), la parrilla de salida sigue siendo complicada para los demócratas: han de defender 16 puestos, mientras que sólo hay unos 5 en manos republicanas que se encuentren de verdad en liza. La razón es que se someten a su primera reelección  los senadores de la hornada de 2006, un año en el que los demócratas (propulsados por la impopularidad de Bush y la guerra de Irak) lo ganaron casi todo. También en sitios en los que ahora es complicado repetir victoria.

Para conseguir un control efectivo del Senado, los republicanos (que confiaban en  conservar todos y cada uno de sus 10 escaños en liza) sólo tenían que ganar a 4 de los candidatos demócratas vulnerables. Tan fácil parecía esta tarea que, hasta hace un año, expertos y estrategas conservadores como Dick Morris apuntaban la posibilidad (algo exagerada) de que los republicanos lograran  quedar cerca de una supermayoría de 60 senadores, lo que además privaría a sus adversarios demócratas del poder de veto sobre las votaciones que posee la minoría en esa cámara. Dado que  los Estados de Missouri y Nebraska parecían inclinarse decididamente por ellos, los republicanos sólo necesitaban en realidad ganar dos de la media docena de los escaños demócratas más disputados. Tenían una ventaja clara en varios de ellos como Dakota del Norte, Montana o Wisconsin, y estaban en empate técnico o con una ligera ventaja en Virginia o Massachusetts.  Pensar en una mayoría republicana de 54 o 55 no parecía descabellado hace sólo unos meses, pero de repente las cosas empezaron a torcerse. Veamos dónde y cómo:

Maine. A pesar de ser sólidamente demócrata a nivel presidencial, este Estado de Nueva Inglaterra está representado por dos senadoras republicanas de orientación moderada (una auténtica especie en extinción en la política estadounidense). Pues bien, la senadora Olympia Snowe anunció en febrero que no se presentaba a un cuarto mandato (con alguna crítica al actual posicionamiento de su partido). De este modo se abrió el camino a la candidatura de Angus King, antiguo gobernador del Estado que se presenta como independiente pero que seguramente se unirá al caucus demócrata. Esto supone para los republicanos la pérdida de un asiento que estaban seguros de seguir conservando, porque King tiene una enorme ventaja en las encuestas de unos 20 puntos. Aquí, todo el pescado está vendido.




Missouri. En unas bochornosas declaraciones que llegaron a copar las portadas de la prensa internacional, el candidato republicano Todd Akin aseguró que una mujer no puede quedarse embarazada en caso de violación legítima. Esto ha revivido las posibilidades de reelección de la senadora Claire McCaskill, que hasta entonces languidecía en las encuestas. Akin, que había ganado unas ajustadas primarias con el apoyo del tea party, al principio fue presionado por su propio partido para que abandonara a favor de otro candidato más viable. No obstante, ante su empecinamiento (y las circunstancias crecientemente adversas) algunos donantes republicanos han vuelto a acercarse tímidamente a él. Ahora mismo McCaskill se ha convertido en la favorita a la reelección, pero su ventaja en las encuestas no es tan sólida como para descartar aún del todo una victoria republicana. Como curiosidad, cabe mencionar que este es el mismo escaño que ocupó el presidente Truman entre 1935 y 1945. No dejéis de echarle un ojo a este Estado el día de las elecciones.




Massachussetts. En agosto de 2010 murió Ted Kennedy, el viejo león del Senado, y en las elecciones especiales celebradas para completar el resto de su mandato se impuso por sorpresa el republicano Scott Brown. Su rival demócrata de este año, la profesora de Harvard Elisabeth Warren, es una popular escritora y  todo un símbolo de la defensa de los derechos de los consumidores.  Su fama y su marcado perfil progresista movilizarán sin duda a los votantes de ambos partidos. A pesar de que Brown ha disfrutado durante muchos meses una ligera ventaja en las encuestas (lo cual no es poco meritorio en este Estado profundamente demócrata), Warren ha conseguido ponerse en cabeza tras la exitosa convención de Charlotte y el escándalo de Todd Akin. No obstante, la media de realclearpolitics  le concede poco más de un punto de margen. Este es sin duda uno de los enfrentamientos electorales más reñidos y significativos de la noche del 6 de noviembre: si gana, Warren se reforzará como una de las figuras de referencia del progresismo a nivel nacional; en cambio, si gana Scott se confirmará una de las más grandes humillaciones electorales que han sufrido los demócratas esta última década.

Wisconsin. Esta es otra de las elecciones estatales con mayor carga política de 2012. Los republicanos confiaban en que este iba a ser uno de los Estados clave para sellar su conquista del Senado, gracias a una serie de acontecimientos que han movilizado notablemente su base local. Además de derrotar al popular senador demócrata Russ Feingold, en 2010 también lograron elegir gobernador a Scott Walker, que fue luego forzado a convocar elecciones anticipadas hace sólo cuatro meses por una revuelta de los empleados públicos en contra de una ley que limitaba sus derechos de negociación colectiva. La subsiguiente victoria de Walker, la designación del nativo Paul Ryan como candidato a la vicepresidencia, el retiro del veterano senador  demócrata Herb Kohl (que deja abierta la competición por el escaño que ha ocupado durante más de dos décadas) y la candidatura del antiguo gobernador Tommy Thompson dibujaban un escenario inmejorable para los republicanos. Hasta hace pocas semanas, Thompson disfrutaba de una razonable ventaja sobre su competidora, la joven demócrata progresista Tammy Baldwin, pero las encuestas han dado un vuelco: ahora es Baldwin la que va en cabeza. Si bien la distancia no es insalvable ¿será esta otra oportunidad perdida para los republicanos?

Indiana. El veterano senador Richard Lugar ha sido aquí la última víctima republicana del radical movimiento del tea party en unas elecciones primarias. De haber podido presentarse al que hubiera sido su séptimo mandato en el Senado, Lugar probablemente hubiera sido reelegido por un amplio de margen; no obstante, su apoyo a la reforma migratoria y a los nombramientos de Obama para la Corte Suprema le valieron un profundo odio de los más conservadores (como muestra, valga este video de Dick Morris) que a la postre lograron imponer a Richard Mourdock como candidato. Mourdock y el candidato demócrata, Joe Donnelly, se encuentran ahora totalmente empatados. Aunque Indiana se inclina decididamente hacia los republicanos para las elecciones presidenciales (lo que puede resultar instrumental para una victoria de Mourdock), lo cierto es que los republicanos ven con incertidumbre el resultado para un escaño por el que no deberían estar preocupándose. ¿Le puede volver a costar, como ya sucediera en 2010, el tea party el control del Senado a los republicanos?

En resumen: el súbito empeoramiento de las perspectivas del GOP en estos cinco Estados ha puesto en duda que pueda hacerse con el Senado este año.  Parece que  Montana, donde el demócrata Jon Tester tiene problemas, y Nebraska siguen escoradas de su lado; pero estas hipotéticas victorias serían neutralizadas por la ya segura e inesperada pérdida de Maine y quizá una derrota en Massachussetts (lo que dejaría igual el actual status quo  de 53/47). Además, están a la defensiva en lugares que no esperaban como Indiana. Asumiendo que no sean derrotados en este último Estado (ni en ningún otro, como Nevada o Arizona), los republicanos necesitarían ganar en Dakota del Norte (donde van por delante), además de en tres de estos cuatro: Missouri, Wisconsin, Conneticut y Virginia (donde van ligeramente por detrás). No perder Massachussetts implicaría que sólo tendrían que ganar en dos Estados de este último grupo, lo que facilitaría algo las cosas. La improbable vía alternativa es remontar en Estados que hace un par de años soñaban con conquistar pero que ahora parecen difíciles, como Florida, Ohio o Pennsylvania.

Cámara de Representantes:

Hacer un análisis o una predicción electoral sobre la Cámara de Representantes es aún más complejo que hacerlo sobre el Senado o las elecciones presidenciales. El gran número de distritos uninominales, la posible volatilidad del voto, los incontables factores locales o la falta de encuestas públicas son sólo algunas de las dificultades con las que nos encontramos. No obstante, no parece probable que Nancy Pelosi,  actualmente la líder de la minoría demócrata, vaya a recuperar el próximo enero  la presidencia de la cámara.

En 2010 los demócratas obtuvieron 193 escaños, y los republicanos 242; por tanto, para llegar a la mayoría de 218, los demócratas necesitan imponerse en 25 distritos nuevos. No obstante, según las estimaciones del New York Times y RealClearPolitics, para lograrlo los demócratas deberían no sólo hacerse con la veintena de escaños más disputados, sino también derrotar al menos a una docena de republicanos que parten como favoritos.

Existe un indicador sobre la intención genérica de voto  para el Congreso; es decir, una media indicativa de la gente que piensa votar republicano o demócrata en su distrito. Aunque ahora mismo ambos partidos se encuentran literalmente empatados (lo cual en principio podría parecer un mal augurio para el partido que ostenta la mayoría), el siempre meticuloso Nate Silver estima que los demócratas necesitan tener entre 4 y 5 puntos de ventaja en ese indicador para tener una posibilidad de hacerse con la cámara. Una de las causas de este fenómeno es el infame abuso que los republicanos han hecho del gerrymandering: la manipulación de las lindes de los distritos electorales de un Estado, normalmente para fusionar zonas habitadas por minorías (todas ellas marcadamente demócratas). Esto altera la demografía del resto de distritos del Estado en su favor, al disminuir la proporción de esas minorías. La huella de esta práctica se nota sobre todo en el sur profundo. Os invito a que examinéis la composición de las delegaciones al Congreso de Estados como Alabama, Mississippi o Georgia: entre una abrumadora mayoría de congresistas republicanos suele haber unos pocos demócratas, invariablemente elegidos por llamativos márgenes, y que (¡qué casualidad!) son prácticamente todos afroamericanos.

Dicho esto sólo cabe llamar la atención sobre algunas de las elecciones a la Cámara de representantes más llamativas, y que puede ser interesante seguir la noche del 6 de noviembre. En primer lugar, destacaría el noveno distrito de Ohio. Se trata de un distrito nuevo, creado por la asamblea del Estado (controlada por los republicanos, he aquí otro ejemplo de gerrymandering) mediante la fusión de dos antiguos distritos demócratas, ya que por población, Ohio pierde dos congresistas este año. Esto obligó a enfrentarse en unas agrias primarias al mítico Dennis Kucinich con Marcy Kaptur, en las que ganó esta última (tras 16 años, Kucinich tendrá por tanto que dejar el Congreso el próximo enero). Lo curioso es que el candidato republicano por ese distrito es ni más ni menos que Samuel Wurzelbacher (más conocido como Joe el fontanero), quien saltó a la fama tras un espontáneo encuentro con John McCain en las presidenciales de 2008. Sin duda, Wurzelbacher ha protagonizado uno de los spots más pintorescos de lo que llevamos de campaña.

En segundo lugar, he de mencionar sin duda una de las elecciones más emotivas de este año: la del segundo distrito de Arizona, donde el demócrata Ron Barber tratará de repetir la victoria que consiguió este verano para completar el mandato de la dimisionaria Gabrielle Giffords, que como recordaréis fue salvajemente tiroteada por un fanático en 2011. 

Por último, señalaré algunos distritos especialmente disputados donde podrían ser elegidos miembros del tea party. No hace falta decir que una reducción de la influencia de este grupo en el nuevo Congreso puede ser instrumental para un entendimiento que evite una crisis fiscal y económica el año próximo. Estad atentos al octavo distrito de Minnesota, el octavo distrito de Maryland o distrito nº 24 de Nueva York, donde los actuales legisladores del tea party deberían tenerlo especialmente complicado para repetir victoria. Puede ser interesante también ver los resultados que Michelle Bachmann, la presidenta del caucus del tea party, consigue en su sexto distrito de Minnesota. Os recuerdo que Richard Mourdock de Indiana y Todd Akin de Missouri son los candidatos de este grupo fundamentalista al Senado. 

Mis sinceros agradecimientos a todos los que hayan tenido la paciencia de leer esta crónica de las próximas elecciones legislativas estadounidenses. Espero que os sirva para tener una mejor compresión de todo lo que vertiginosamente se sucederá la noche electoral del 6 de noviembre.

Dion Baillargeon

miércoles, 26 de septiembre de 2012

La oportunidad de los ciudadanos de Cataluña


Artur Mas ha dado por finalizada la legislatura más corta de la historia reciente de la Generalitat de Cataluña y ha llamado a elecciones para el próximo 25 de noviembre. Los adelantos electorales suelen deberse a diversos motivos: la inexistencia de una mayoría parlamentaria para gobernar, la existencia de sondeos favorables a ampliar la mayoría del partido gobernante o el fracaso total de la política del gobierno de turno.

Está claro que no es por la falta de una mayoría. Convergència i Unió tiene mayoría relativa (62 de 135), Artur Mas pudo ser investido presidente gracias a la abstención de los socialistas y ha contado con la ayuda de diversos partidos de la oposición para llevar adelante sus políticas: ha podido contar con el PP para la aprobación de los presupuestos y perpetrar los terribles recortes en la sanidad, en la educación o la introducción del repago; ha podido contar con Esquerra Republicana para evitar llevar al Parlament su corrupción en el caso Palau a cambio de tensar la cuerda con el resto de España y llevar al debate político la idea del pacto fiscal -para cuya aprobación también contó con la ayuda de Iniciativa per Catalunya- y dar ánimos al independentismo y a la extensión de los típicos estereotipos -"España nos roba", "el sur subvencionado", expolio fiscal, etcétera-. Ha sido una legislatura con apoyos variables y bastante fecunda en cuanto a recortes y eclosión del independentismo como vía para desviar la atención. Es cierto que han existido grandes manifestaciones de los trabajadores del sector público (personal sanitario, educativo, bomberos, trabajadores del transporte público, etcétera), pero no han tenido ni la repercusión mediática ni el apoyo masivo que han tenido otras convocatorias, las de tinte identitario y secesionista. Son estas manifestaciones independentistas, como la convocada por la Assemblea Nacional Catalana, a las que han ido dirigidas los mayores esfuerzos de partidos y colectivos que se dicen de izquierda, pero que han prestado un gran servicio a Artur Mas para no hablar de los recortes que sufren las clases medias y trabajadoras. 80.000 enfermos en listas de espera y 800.000 parados (más de 135.000 respecto a 2010) es la herencia de este bienio.

Son a estos manifestantes y a sus mensajes -"Catalunya, nou estat d'Europa"- los que han sido asumidos por Artur Mas para presentar a Rajoy su propuesta de pacto fiscal y, tras recabar la negativa, envolverse en la senyera y apelar a los catalanes y al derecho a decidir. Artur Mas se ha situado en un callejón sin salida, una huida hacia adelante pero de corto recorrido, ya que ha apostado por la unilateralidad y la confrontación no solo con el resto de España sino con las reglas democráticas. Mas, y los líderes de Esquerra, Iniciativa y Solidaritat juegan con el populismo de proclamar que "no hay límites a los deseos de la ciudadanía", obviando que el respeto a las reglas de la democracia no es un límite, es la garantía del respeto a la voluntad popular, la conservación de la convivencia y del respeto a la minoría y de evitar la tiranía de la mayoría. Las proclamas esencialistas del nacionalismo y de los que se suman a ese carro harían que Thomas Jefferson, defensor del republicanismo, se revolviera en su tumba.

La propuesta de resolución para el Debate de Política General del Parlament de Cataluña, defendiendo -una vez más- el derecho a la autodeterminación, en su argumento, dice así: "Bona part d’aquest catalanisme ha volgut trobar durant molts anys un encaix de la nostra realitat nacional al si de l’Estat espanyol mitjançant l’aportació d’estabilitat econòmica i regeneració en les formes de Govern, a canvi del reconeixement de la nostra llengua, la nostra cultura i un cert nivell d’autogovern", no hace falta traducirlo. Parece notorio observar que el catalanismo, en cuanto obtener el reconocimiento del catalán, de la cultura catalana y del autogobierno de Cataluña ha tenido un éxito total. En la Constitución de 1978 se reconocen las nacionalidades que se integran en España y el respeto por el autogobierno de las regiones, en directa influencia de la Constitución de 1931. Pero, añade la propuesta, "diferent en funció del període històric", es decir, abierto. Personalmente, creo que esta interpretación política del catalanismo es una más de las posibles; yo creo que la intención esencial del catalanismo histórico fue la lucha por la democracia y la configuración de una España plural, dado que tan grandes son los lazos de Cataluña con España hasta tal punto que, aunque es imaginable una Cataluña fuera de España, no es imaginable una España sin Cataluña

Sigue la propuesta en mantener los tópicos y retorcer la realidad: "la col•laboració amb l’entrada a la Unió Europea i a l’euro, la contribució a la modernització econòmica i al progrés democràtic, han topat amb una clara voluntat de recentralització i de laminació de l’autogovern –expressada amb les continuades invasions competencials i, de forma molt significativa, amb la sentència del Tribunal Constitucional sobre l’Estatut d’Autonomia de 2006-, l’incompliment dels compromisos continguts en els diferents acords entre Catalunya i l’Estat Espanyol, una inversió en infraestructures molt menor al pes econòmic sobre el conjunt de l’Estat,  el menyspreu i l’assetjament contra la llengua i la cultura catalanes i un dèficit fiscal continuat durant aquest període equivalent anualment al 8% de la creació de riquesa que avui posa en perill la cohesió social i el progrés econòmic". Es decir, acoso a Cataluña manteniendo el fantasma del expolio fiscal -contestado de forma muy buena por Francesc de Carreras, catedrático de la UAB- y presentar el trabajo del Tribunal Constitucional como algo distinto a su observancia de la constitucionalidad de las leyes que emanan de la soberanía nacional, en tanto que el Estatuto de Cataluña de 2006 es una ley orgánica elaborada por el Parlament catalán, sí, pero aprobado en última instancia por las Cortes españolas y refrendado por los ciudadanos de Cataluña -aunque fuera en una consulta con la participación muy reducida, lo que debería haber llevado a reflexión en Cataluña si el nuevo Estatuto era una demanda tan clara de la ciudadanía tal y como se presentaba en 2003-. Las reglas están para cumplirlas y, como son reglas libremente elaboradas, pueden cambiarse. La respuesta del nacionalismo catalán no es pedir el cambio de reglas, sino violarlas. La reivindicación nacionalista y la independencia son legítimas, no las formas en lo que podría sentar un peligroso precedente. ¿Con qué autoridad pretende presentar Artur Mas su transició y sus estructures estatals si alienta la violación de las reglas que no gustan? 

Esta transició y las estructures estatals que utiliza Artur Mas para evitar la palabra independencia son acertadamente replicadas por Guillem Martínez ayer en El País: "vete a saber lo que es". ¿Incluirá Convergència i Unió la independencia en su programa electoral para la nueva convocatoria? Está claro que introducirá el "derecho a decidir" -tan limitado que no se trata de decidir sobre los recortes, que debería ser el tema estrella de las elecciones anticipadas, sino de los temas identitarios, que tapan el verdadero debate que afecta a los ciudadanos en Cataluña y en el resto del mundo- y la promesa de convocar un referendo sobre la autodeterminación pero, ¿incluirá la preferencia de CiU ante hipotéticas consultas? En la posición respecto a España están posicionados claramente el resto del arco político: PSC, PP y C's apuestan por mantenerse en España y, de ellos, el PSC apuesta claramente por una configuración federal del Estado; ERC y Solidaritat per la Independència defienden la separación radical de Cataluña e incluso la declaración de independencia unilateral. Solo CiU es ambigua a este respecto, junto con Iniciativa per Catalunya, que primero defiende un federalismo que es confederalismo encubierto -la izquierda más allá de los socialistas siempre tiene problemas con los conceptos políticos- y luego el derecho a decidir, pero no se han decidido claramente si quieren a Cataluña dentro, fuera o al lado de España.

Una carta al director en El País es bastante elocuente:


Estoy a favor de un referéndum de autodeterminación para acabar de una vez con esta incertidumbre. Ahora bien, en caso de que salga el ,me surgen muchas preguntas:
¿Continuaremos con la impunidad penal de los políticos corruptos?
¿Continuaremos culpabilizando de todo a Madrid?
¿Continuaremos sin pedir responsabilidades a los políticos malversadores?
¿Continuaremos siendo una sociedad acrítica como hasta ahora?
¿Continuará la manipulación mediática y el fomento del pensamiento único?
¿Continuaremos regalando millones de euros a las entidades parasitarias de siempre?
¿Es esta la Cataluña independiente que queremos, una Cataluña endogámica, cerrada en sí misma y que todo el día se mira el ombligo?
¿Queremos una Cataluña donde se persiga la pluralidad, dividida en dos, donde unos son los buenos y los otros los malos (Mas dixit)?
Creo que hablo en nombre de los millones de catalanes que no quieren volver al siglo XIX, los catalanes invisibles a los medios de comunicación de casa. Laia Puig Martí.


Hay un discurso impuesto de que criticar el nacionalismo o al catalanismo, una opción legítima dentro de la libertad de expresión, es un ataque a las esencias de Cataluña. ¡Nada más lejos de la realidad! Cierto que existe un cierto anticatalanismo que, como otros discursos son deleznables, como el de que Extremadura o Andalucía son regiones subvencionadas o subdesarrolladas, como sostuvo un concejal de ICV, y cuyos parados aprovechan el dinero de Cataluña (de Cataluña, dicen, no de los ciudadanos, ni siquiera de los catalanes) para irse a bares, como dijo Duran i Lleida. El discurso victimista me recuerda al discurso sostenido por los políticos y cierta opinión pública de Israel, de que cualquier crítica contra Israel es antisemita y justificaría hasta el Holocausto. Cataluña, como cualquier otra región de España o de Europa, es digna de visitar y disfrutar de su cultura, sus municipios, sus paisajes y su gente. Pero si es una ciudadana de Cataluña, y por cuyo nombre no parece que sería acusada de "inmigrante", "charnega", etcétera, es la que nota que en Cataluña también hay problemas de acriticismo, de señalización de enemigos internos -inmigrantes, "malos catalanes"- o externos -Madrid-, de clientelismo alimentado con el dinero del contribuyente y casi de "sociedad enferma" y prepotente, ¿no será que existe realmente un problema en Cataluña que no se resuelve con la independencia? Ojo, que lo que pasa en Cataluña es lo mismo que pasa en el resto de España o en otros países: superados los argumentos esencialistas de la nación, el modelo del independentismo catalán es el de la Liga Norte de Umberto Bossi, el nacionalismo de ricos.

A la ciudadanía en Cataluña se le presenta una oportunidad. Artur Mas y CiU intentarán que la convocatoria electoral sea una elección entre independencia sí o no, y puede que -desgraciadamente- lo consigan, independiente de que incluyan el soberanismo o no en su programa, aunque se exige un poco de concreción a los ciudadanos. Los recortes quedarán ocultos tras la ola del soberanismo; ERC hablará de que lucha nacional y lucha social son lo mismo, pero, en realidad, Esquerra ha subordinado la denuncia de los recortes sociales en pos del apoyo al gobierno de Mas para la transició nacional; ICV, que es cierto que se ha opuesto con ahínco a los recortes de Mas, ha contribuido a que la cuestión nacional sea el debate predominante en Cataluña con su apoyo al pacto fiscal; el PP ha sido el principal avalista de los recortes de CiU y contribuye, con su nacionalismo español más centralizador, al anticatalanismo y a la separación; Solidaritat, como Esquerra, tendrá difícil situarse si CiU decide capitalizar el independentismo y tendrá que derivar a un nacionalismo más visceral, más retrógrado y antiespañol; Ciutadans parece gozar de un apoyo electoral estable pero estancado en lo que Duverger llamaría "partido testimonial" y, como UPyD, su programa genera un amplio rechazo de la mayoría de los catalanes. ¿Sería la hora del "nou PSC"?

Artur Mas, con el intento de obviar la gran regresión que ha sufrido Cataluña por su propia responsabilidad, quiere que la discusión política se desplace del eje entre izquierda y derecha a independencia-no independencia. Es notoria la esterilidad de este camino: después de la separación, ¿qué? ¿Los problemas se resolverían automáticamente? ¿Cómo se configuraría la política catalana? ¿CiU daría marcha atrás a los recortes y abandonaría su neoliberalismo, que es la marca de CDC, y su conservadurismo, de Unió, por apoyar la lucha social que dice defender Esquerra? ¿Cómo pretenden vender la idea de un Estado soberano pleno, cuando en la UE ya no puede existir tal cosa? ¿Cómo pretenden argumentar si la UE exige a sus socios la transferencia, en fondos de cohesión, de rentas de países más ricos a los más pobres, o las exigencias de Alemania a los países con mayores problemas económicos? Está claro que Cataluña no puede ser la "Holanda del Mediterráneo", como dice Mas, en todo caso podría convertirse en lo mismo que es ahora: un país con muchos problemas económicos de los que los gobiernos catalanes son directamente responsables. El nacionalismo no puede responder ni a la realidad ni a las hipótesis.

No, es necesario que la cuestión social, la defensa del Estado del bienestar y las opciones socialdemócratas a la crisis se cuelen en el debate electoral. El PSC, al que el desafío nacionalista parece haber centrado su defensa del federalismo y de los lazos que existen entre Cataluña y el resto de España, podría convertirse de nuevo en opción alternativa a CiU. Es cierto que el PSC ha tenido muchos complejos para configurar un discurso alternativo al nacionalismo, que su labor en el tripartito deja mucho que desear y que no han contestado con fuerza ni al pacto fiscal ni a los fuertes recortes. Es necesario que se diga claramente a la ciudadanía que la política de recortes y privatizaciones no resuelve la crisis, sino que profundiza la crisis y hace que la gente acepte más sacrificios mientras una selecta minoría, la élite económica, se beneficia; esa es la salida neoliberal, un nuevo fantasma que recorre Europa, pero sembrando el temor y generando apatía entre la mayoría social. Es imperiosa una respuesta unificada de la izquierda europea al desafío neoliberal; es en esta óptica donde se entiende el federalismo que defiende el PSC, de colaboración con el PSOE -porque Cataluña por sí sola no puede resolver la crisis ni reconstruir el Estado de bienestar-, como el socialismo español defiende el federalismo europeo y la unión política de Europa, colaborando con el resto de partidos socialistas europeos.

Parece que el PSC no va a celebrar primarias por la premura de las elecciones. Es algo que deberían haber previsto. Aún así, creo que la celebración de primarias sería una buena oportunidad para situar al PSC en el centro del debate político y así introducir el mensaje socialista en las elecciones frente al nacionalista. Son muchos los problemas que aquejan al PSC: debilidad del liderazgo de Pere Navarro, tensiones con los miembros más sensibles al soberanismo, pérdida del poder municipal, etcétera... el PSC tiene que recuperar el voto de los trabajadores, aquellos que, aunque sus familias no sean de origen catalán, son igualmente catalanes -pese a lo que opinen sectores del nacionalismo más radical- pero les preocupan cuestiones más sociales, porque las identitarias ya están a salvo con el respeto a la Constitución, a la libertad consagrada en ella y en el autogobierno catalán. El PSC tiene que recuperar también los votos de la clase media, mucho más catalanista y ahora empujada por el discurso dominante hacia salidas soberanistas. Ciertamente, la posición dubitativa del PSC respecto al pacto fiscal, apoyando una parte, absteniéndose en otra, es difícilmente defendible, menos cuando se abdica de explicar la realidad, que parece que en Cataluña no llega y que en España no se escucha apenas: que la Unión Europea camina -a ver si es verdad- hacia la unión fiscal, que es un elemento, junto con la unión política, del necesario federalismo europeo. Mientras, en el Parlament catalán, los representantes de los catalanes iban a contracorriente de Europa.

Quizás todo este gran circo quede en nada. Quizás, y seguramente, CiU vuelva a ganar las elecciones y consiga lo que pocos gobiernos han conseguido en Europa: revalidar su mandato tras una política brutal de recortes, aunque está claro que su victoria o derrota no dependerá de este aspecto, sino de si los catalanes consiguen -o quieren- quitarse la venda que el nacionalismo les quiere poner en esa transició nacional y reflexionan si, quizás, la mejor defensa de Cataluña es la defensa de sus propios derechos, la defensa de la libertad individual y colectiva más que la supuesta libertad nacional, que, parece que no, pero están todas recogidas en la Constitución de 1978 y en el Estatuto de autonomía.

Notas:
Catalanistas, amortizados o moderados, Albert Sáez (El Periódico de Catalunya, 5/09/2012).
Catalonian CT, Guillem Martínez (El País, 25/09/2012).
Cataluña es plural, (Editorial de El País, 26/09/2012).
Funámbulos (CiU) y conservadores (PSC), Albert Sáez, (El Periódico de Catalunya, 14/08/2012).
Gigantomaquia nacional, José María Ridao (El País, 26/09/2012).
¿Independencia?, Laia Puig Martí (Carta al director, El País, 24/09/2012).
La independencia no existe, Xavier Vidal-Folch (El País, 25/09/2012).
La salida soberanista, Francesc Valls (El País, 25/09/2012).
Las cuentas de la lechera, Ángel de la Fuente y Sevi Rodríguez Mora (El País, 24/09/2012).
Lo siento, niego la mayor, Francesc de Carreras (La Vanguardia (26/09/2012).
¿Qué ocurre con Cataluña?, Jordi Font (El País, 17/09/2012).
Perturbaciones en la fuerza del PSC, Xavi Casinos (El Periódico de Catalunya, 5/09/2012).
Racionalidad y burbujas, Jordi Gracia (El País, 12/09/2012).

martes, 25 de septiembre de 2012

La Comunidad de Madrid o aguirrismo sin Aguirre


Mientras escribo estas líneas contemplo en la pequeña pantalla -sintonizado el canal de propaganda, antes servicio público, llamado Telemadrid- la investidura de Ignacio González como nuevo presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid.

Es muy cierto que la dimisión de Esperanza Aguirre ha pillado a todos, incluso a sus más próximos, con sorpresa. Una semana antes, en el debate del estado de la región, Aguirre parecía mostrar ganas de seguir gobernando como siempre lo ha hecho: para beneficio de unos pocos, con la desazón de unos muchos y con el asentimiento silencioso y vergonzante de otros muchos más, tal es la desgracia de la Comunidad de Madrid. Sin duda, no conoceremos las causas reales de su dimisión hasta dentro de mucho, lejos de los bulos lanzados que, de ser reales, no los considero suficientes para que esta "dama de hierro" a la madrileña de un portazo no solo a Mariano Rajoy sino a su coto de influencia política. Me aventuro a imaginar que las razones son más económicas y de cara a la historia: la continua degradación económica de España y de Madrid no pueden empañar el aura de "liberal exitosa" de Esperanza Aguirre que sí ensució, entre otras cosas, el recuerdo de su referente británico, Margaret Thatcher.

No notaremos mucho la diferencia en el gobierno del día a día y a largo plazo, porque lo que se va a ensayar es un aguirrismo sin Esperanza Aguirre, es decir: el mantenimiento de los regalos fiscales a los más ricos; el desmantelamiento del Estado de bienestar a cargo de la Comunidad (sanidad, educación, dependencia y transporte público, principalmente), troceado y regalado a los grupos económicos e ideológicos afines; el uso del nacionalismo español y centralista como herramienta política que complementa y retroalimenta al nacionalismo periférico. 

El modelo económico basado en la construcción y recalificación de suelo público, llenando los bolsillos de algunos ricos de dinero gracias a lo que era propiedad y derecho de todos, y también los bolsillos de algunos cargos públicos de comisiones y regalos por los "servicios prestados", ha terminado porque la coyuntura obliga a ello. Pero eso no pone punto final al proyecto de enriquecimiento del neoliberalismo -o neoconservadurismo para otros- que representa la clientela política de Esperanza Aguirre, enriquecimiento para unos pocos y deterioro de los servicios públicos y las condiciones laborales para la inmensa mayoría, ahora con la mirada cambiada del ladrillo al casino, campo en el que el beneficio para la sociedad es limitado y discutible. Lo que no es discutible es que será el negocio para un grupo muy pequeño y la desesperación para la mayoría: esa es la base del neoliberalismo y, con esos mismos parámetros, de momento está teniendo éxito, para desgracia de la mayoría. Otro ejemplo es el credo liberal de que bajar los impuestos beneficia a la mayoría de la población, lo que no es verdad: los más ricos se han beneficiado de esas bajadas y los más humildes, trabajadores y clase media, la han sufrido porque la han compensado con la subida de las precios de las tasas, universitarias y de transporte: está claro que alguien con ingresos elevados no sufre igual que alguien con menos que una matrícula suba de 1.000 a 3.000 euros -y si no, tiene la universidad privada, donde le regalarán el título mientras pague religiosamente-; está claro que alguien con ingresos elevados no sufre igual que alguien con menos que el precio del billete del transporte público suba de forma brutal desde que gobierna Aguirre - subida que no se corresponde con el nivel de vida y menos en un momento de elevado paro-, simplemente porque ese ciudadano de ingresos elevados usa mucho menos el metro y el autobús que las clases medias y trabajadoras. El liberalismo aguirriano, como vemos, solo beneficia a una selecta minoría con la aquiesciencia de la mayoría.

Ignacio González no goza ni del carisma ni la influencia que posee Esperanza Aguirre. Tampoco de su fortaleza política. Es muy seguro que, al menos en sus primeros momentos de gobierno, la influencia de Aguirre sobre el quehacer del nuevo gobierno de González será de una sombra muy alargada -el "efecto" de que Esperanza Aguirre llegue a la Asamblea de Madrid conduciendo su propio coche pero llevando de copiloto a Ignacio González ya es bastante esclarecedor-. Pero, fuera de la Comunidad de Madrid, no corren buenos tiempos para los afines a Esperanza Aguirre: pesa el pulso que Aguirre pareció lanzar a Rajoy en 2008 y el protagonismo desmedido que, si bien proporciona una buena distracción frente a la crisis -fútbol, nacionalismo, "meteduras de pata"- en otras ocasiones puede ser embarazoso, como presuponer que el gobierno nacional cambiará las leyes laborales y antitabaco al gusto de Aguirre y Adelson, en una total intención de invasión de competencias o marcar el camino a otros. Ignacio González tendrá que intentar acercarse a Rajoy para garantizar su lugar en el seno del Partido Popular o confiar en lo que disponga su referencia, Esperanza Aguirre.

Las mayorías absolutas de Esperanza Aguirre se han basado en la construcción de una imagen pública de cercanía, campechanía con el ciudadano madrileño medio, así como en la publicidad que sin descanso ha vendido una idea de eficacia en la Comunidad de Madrid y de trabajo por el bienestar, cuestiones lejos de la realidad y, aunque fácilmente cuantificables, han generado un mito instalado en el imaginario colectivo de los madrileños que es difícil romper. En buena parte el capital político del Partido Popular madrileño se ha basado en ello y en la explotación de su figura pública. 

Sin Esperanza Aguirre, es posible imaginar un escenario más abierto para la competencia de otros partidos y en la configuración de un mensaje alternativo que perdió su oportunidad en 2003. No obstante, el escenario político ha cambiado y ya no hay una oposición clara y más o menos homogénea al neoliberalismo y al conservadurismo del Partido Popular madrileño. A la opción clara del centro izquierda representado en el PSM y apoyado por una IU que se instalaba en la colaboración de las fuerzas de izquierda y en la participación en los gobiernos como método de influencia y demostración de su capacidad de gestión se ha pasado a una oposición muy dividida y aislada. Por un lado, un PSM muy debilitado e inmerso en sus luchas internas aún ocupa el liderazgo de la oposición, pero sin un mensaje alternativo claro -más allá de una defensa del Estado de bienestar, del sector público sin romper el mensaje conservador de que "sector público" se relaciona con "poder sindical" y que todo ello, en conjunto, es malo y perjudicial para el madrileño (sería paradójico, pero la mayoría de la ciudadanía en Madrid se lo cree)- y no tiene al lado aliados potenciales más que interesados. IU juega a la carta de la representación de la "única y verdadera izquierda" pero no goza de la impresión de saber poder gobernar para el conjunto de la ciudadanía, también inmersa cada pocos años en luchas intestinas de reconfiguración del poder entre los sectores del Partido Comunista y la izquierda más abierta. UPyD, la nueva fuerza parlamentaria en Madrid, bascula entre el apoyo casi gratuito al PP madrileño -Getafe, Alcalá de Henares- y la reivindicación de mensajes regeneradores muy interesantes pero más retóricos que cargados de otras cuestiones, como demostrar que pueden ser un partido para gobernar más que un partido para protestar, como le pasa a Izquierda Unida.

Es de esperar que el cambio de Esperanza Aguirre a Ignacio González sea una oportunidad que aproveche la izquierda política de Madrid para configurar un programa alternativo y reconstruya los lazos perdidos con la sociedad y los medios de opinión pública como paso necesario para la cohesión y la construcción de una nueva mayoría. En democracia, la alternancia es sana pero también la existencia de una potencial alternancia.

domingo, 23 de septiembre de 2012

El Partido y los intelectuales

Os enlazo en esta entrada un artículo que he realizado como colaboración en el blog Cafeteoría, una reflexión desde una perspectiva gramsciana del papel del Partido en la sociedad como guía del bloque que debe conquistar la hegemonía y su relación con los intelectuales, que son los que deben dar cohesión ideológica al movimiento, teniendo como base la situación actual, de hegemonía del discurso neoliberal y, en España, de una crisis política que tiene diferentes facetas, una de las cuales es el movimiento del 15 M, como posible cantera de la nueva intelectualidad joven y su dificultad y rebeldía para integrarse dentro de las estructuras políticas existentes.

Que lo disfrutéis, así como os recomiendo seguir con detalle todo lo publicado en Cafeteoría.

martes, 11 de septiembre de 2012

Cataluña ante la Diada de 2012: la cuestión nacional

Cataluña celebra hoy su Día Nacional. Fuera de los actos oficiales de conmemoración y de homenaje a Rafael Casanova -y fuera de la mitificación de su lucha-, miles y miles de catalanes abarrotan el Paseo de Gracia barcelonés para dar comienzo a una manifestación independentista que tiene como lema "Catalunya, nou estat d'Europa".

La manifestación es la plamasción final en la calle de la campaña independentista, organizada por distintos grupos partidarios de la independencia, que arrancó de aquellas consultadas ciudadanas celebradas en 2009 y del estado de opinión molesto por la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el nuevo Estatuto de autonomía de Cataluña. Los grupos independentistas han animado las creencias de "maltrato" de España a Cataluña. Desde la calle y los círculos intelectuales, los grupos por la independencia catalana han ido haciéndose un hueco y colando su discurso, donde se juntan argumentos "históricos", sentimentales, económicos y políticos, más o menos heterogéneos, no muy sólidos, pero lo importante era asentar una idea: el sentimiento independentista es mayoritario en Cataluña, sea o no sea cierto. Un ejemplo: para el nacionalismo hay expolio fiscal, sea o no cierto porque, claro, habrá según la vara de medir.

El contexto les ha sido favorable: la opción independentista siempre ha gozado de un peso importante en la sociedad catalana, minoritario, pero presente. A esa base se ha unido la crisis económica y la crisis política que sufre no solo Cataluña, sino el resto de España y el resto de Europa. La crisis ha erosionado el optimismo anterior y la confianza en las instituciones. Rotas estas, las sociedades se sienten algo huérfanas: los partidos políticos han perdido confianza como canalizadores de la voluntad de los ciudadanos, las instituciones políticas se ven como alejadas e impotentes ante organismos superiores e intereses económicos que escapan de sus manos. En el resto de España, el anticatalanismo militante de la derecha, que arranca desde la aparición de los nacionalismos más reaccionarios en España, ha servido como elemento retroactivo para el discurso del "maltrato", en un sentido de "¿véis como no nos quieren?". 

La crisis política contribuye: CiU, como movimiento nacionalista, siempre vio su sustitución al frente de la Generalitat por parte del PSC como un ataque no solo a su predominio político, sino a su concepción nacional catalana, sobre todo cuando a Pasqual Maragall le sucedió José Montilla, andaluz de nacimiento, como president de la Generalitat. Esta alternancia política de izquierda tuvo una breve y accidentada vida: el PSC siempre ha tenido una característica, que es la existencia de una base electoral trabajadora, de poco pedigrí catalán y poco preocupada por la cuestión nacional, y una élite política suscrita a esta cuestión. La característica podría haber sido virtud: el PSC podría haber contribuido a forjar un discurso de una sociedad catalana más diversa, en lo que está claro que no sería una Cataluña intransigente, ni españolista negando su particularidad, ni catalanista negando su diversidad. Entonces, la característica se transformó en problema: el PSC ha sometido su discurso político al discurso nacionalista de CiU. Además del desgaste que ha sufrido todo el socialismo español, el desgaste del socialismo catalán lo es también por la desafección de ese electorado que se siente huérfano, yendo hacia otras opciones como el PP, Ciutadans o Plataforma per Catalunya. 

Por tanto, hay una absoluta falta de respuesta, fuerte, del interior de Cataluña, al desafío nacionalista, pero no porque no existan las bases, sino porque no existen los cauces. De momento. Quizás una buena noticia para el PSC es la dificultad de su sustitución por otras fuerzas: tanto PP como UPyD generan rechazo por su discurso nacionalista del sentido opuesto, por más que el PP intente disimular ese aspecto; tan grande es aún la huella antiPP, herencia recibida del gobierno de Aznar. ICV únicamente puede aspirar a recoger el voto joven, y tiene la problemática de que su discurso político bascula demasiado al son de la opinión dominante de la izquierda nacionalista; como esa izquierda, su ideología acaba en el Ebro, por lo que no resulta extraño su voto favorable, junto con ERC, al pacto fiscal propuesto por CiU. Pero está claro que el PSC debe reconfigurar su discurso.

La crisis que vive ERC explica buena parte del "auge" del independentismo. Primeramente, su incapacidad para contribuir en los pasados tripartitos a consolidar el proyecto federalista, así como para combatir la hegemonía convergente en el nacionalismo catalán. El discurso de ERC no pudo conciliar el federalismo histórico de la formación con la presión independentista, de la que algunos grupos en su seno se sirvieron para desafiar el liderazgo de Carod Rovira, que no halló otra forma de combatirlo sino copiando su discurso. Los sectores derrotados sirvieron para configurar nuevas formaciones más radicales que Esquerra en cuanto a independentismo, como Reagrupament y Solidaritat. Lo cierto es que a medida que Esquerra apostaba más por el independentismo más caía electoralmente, y ahí están sus resultados desde 2003 hasta 2011.

El gran beneficiado de la crisis del independentismo político ha sido CiU, y si el movimiento independentista goza ahora de una gran cobertura mediática es gracias a la federación nacionalista. CiU, como en otras ocasiones, juega con el sentimiento nacionalista para conseguir dos objetivos: seguir condicionando la política española para conseguir más y más competencias, amenanzando con desatar las fuerzas secesionistas; y mantener la hegemonía de su discurso político. La propuesta del pacto fiscal es la síntesis de la estrategia de CiU. Tal es su capacidad de marcar la agenda política, que hasta Esquerra, olvidando todo su discurso izquierdista y de la ética por la transparencia (que, teóricamente, acompaña a la izquierda) ha salvado a CiU de investigar la corrupción del caso Palau, "en pos de la construcción nacional", cuya estación actual es el pacto fiscal.

Los nacionalistas moderados, a diferencia de los radicales, juegan con la larga duración: por supuesto que quieren la independencia, pero no la quieren mientras suponga una ruptura dramática de la sociedad y una gran incertidumbre para la economía de su clientela política. "Ahora no es el momento". El contexto internacional, ciertamente, no iría en ayuda de una Cataluña independiente: una ruptura unilateral no sería bien vista por la comunidad internacional, así como una economía tan unida al resto de España y la Unión Europea, de la que tendría que salir, así como abandonar el euro, no es un escenario deseado para la burguesía catalana. Obviamente, para el nacionalismo radical esto es secundario: como todo nacionalismo, siempre hay un enemigo externo o interno al que culpar, todo supeditado a la construcción nacional y a un único discurso nacional.

Que el sentimiento independentista sea mayoritario es una cuestión muy relativa. Como se desprende de lo dicho líneas arriba, hay una sensación de que es mayoritario por la gran repercusión mediática que goza. No hay, por supuesto, una opresión real que viene desde Madrid, ese Madrid fuente de todos los males (enemigo externo). En un comentario que un independentista me dijo que la cuestión era "que no se podía sentir catalán". La identidad. Obviamente, en un país democrático y de Estado de derecho como es España es muy difícil legislar los sentimientos, por no decir imposible. La identidad no es algo homogéneo y eso queda reflejado en todas las encuestas, tanto del CIS como del CEO catalán. Esa pluralidad, que niega al discurso homogéneo de todo nacionalismo, obliga a construir una sociedad donde cuenten todos los ciudadanos (el proyecto que debería abanderar el PSC), lo que daría seguramente a una Cataluña no diera la espalda al resto de España. También podría llevar al nacionalismo a negar esa pluralidad, y voces no faltan, ansiosas de señalar quién es o no es un buen catalán, en la tesis que es el nacionalismo quien crea la nación y no al revés. Eso daría una Cataluña que daría la espalda tanto al resto de España como a buena parte de sus habitantes.

En una crisis que se ha llevado por delante la confianza en los partidos tradicionales y en las instituciones es muy fácil que medre el populismo y el radicalismo, y las voces moderadas queden apartadas. Europa tiene demasiada experiencia adquirida de desastres, divisiones y conflictos como para olvidarlos. No hay que olvidar que la historia más fecunda de Europa en lo social, político y económico son los últimos sesenta años, marcados por la construcción europea. Tampoco hay que olvidar que, incluso en Europa en la historia más reciente, la división y el odio a lo diferente han traído guerras y genocidios. España es una sociedad democrática donde todo puede ser discutido desde las bases del respeto y la convivencia. No podemos estar a rastras con  la cuestión nacional, sobre todo cuando la actual Constitución es un contrato social que consagra a España como un Estado que tiene como valores superiores la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo. Es decir, que si hay que cambiar algo, hay que cambiar las bases. Hay países que tienen bien determinado las reglas del juego. La cuestión sería si los nacionalistas aceptarían algo que perjudicara su camino a la construcción nacional, aun cuando busque que el camino sea pacífico, aunque largo o infinito. 

Ciertamente, mientras los europeos sufrimos una crisis económica y política que pone en duda un modelo social justo, divididos ante los poderes económicos, no ayuda mucho que se nos quiera dividir aún más. Hay que apostar por el federalismo, como base para garantizar la diversidad y la identidad de cada uno de los ciudadanos, que son los verdaderos sujetos políticos. Ese debería ser el proyecto del federalismo español y del federalismo europeo.

Catalans, feliç Diada Nacional de Catalunya, ¡visca Catalunya!


Notas de interés:

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"Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organí­cense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza".

Antonio Gramsci, Fundador del Partido Comunista Italiano

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