viernes, 19 de agosto de 2011

El origen histórico del papado


No escapa a la atención de nadie la visita de Joseph Ratzinger, papa Benedicto XVI, a Madrid con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud católica. Más allá de iniciar un debate teológico, una crítica al servilismo de la administración para facilitar un evento -que tiene todo el derecho de celebrarse- mientras obstaculizó otro hace apenas pocos meses, lo que pretendo es reflexionar acerca de los orígenes históricos del papado. Sumerjámonos en la historia, "sin ánimo de ser exhaustivos", como diría cierto locutor de radio.

Antes de la aceptación del culto cristiano en el Edicto de Milán de 313, en el Imperio romano las comunidades cristianas se encontraban relativamente aisladas unas de otras, a excepción de irregulares concilios entre los obispos, cabezas de las comunidades más importantes. Por ello, no eran infrecuentes las "herejías", que eran básicamente las interpretaciones que hacía cada obispo de las escrituras. Al pasar el cristianismo de religión perseguida a tolerada e incluso la más importante del Imperio -que no la única, aún-, se convirtió en un instrumento de la élite dirigente romana: una reformulación del sistema del "dominado" implantado por Diocleciano. El emperador, hasta Graciano (367-383), siguió manteniendo el título tradicional de "Pontifex Maximus", que no fue usado por ningún obispo -aunque los obispos eran mencionados como "pontífices" en los textos de la época- en el tiempo inmediatamente posterior. Las fuentes contienen diversas variantes: para la Enciclopædia Británica señala que el título fue recogido por el papa León I (440-461); el Diccionario Oxford de la Iglesia Cristiana, por el contrario, indica que el término se incluyó al resto de títulos papales en el siglo XV en el Renacimiento.

Pero, ¡ya he dicho que León I era papa! ¿Quién fue el primer papa? ¿Es el obispo de Roma el único papa? La tradición católica señala a Pedro, discípulo de Jesús, como primer papa, al ser declarar este "A ti te daré las llaves del Reino de los cielos; y todo lo que atares sobre la tierra será también atado en los cielos; y todo lo que desatares sobre la tierra será también desatado en los cielos" (Mateo 16, 18-20). Obviamente, en su tiempo Pedro nunca fue llamado papa. "Papa" ("tutor", "padre") era el término usado para referirse, en los tiempos primitivos del cristianismo, a los obispos de las diócesis más importantes y en Asia Menor a todos los obispos. Recordemos que, en la Iglesia Ortodoxa, los obispos siguen denominándose "popes" y a los curas y obispos cristianos sus fieles siguen refiriéndose a ellos como "padres". Así pues, no hubo un primer papa, sino que existieron varios, al mismo tiempo, y el obispo de Roma era uno de ellos. Según el Online Etymology Dictionary, el término fue exclusivo para el obispo de Roma en 1073.

La Iglesia sólo pudo fortalecerse a raíz de la paulatina decadencia del poder del emperador romano. El cambio, como la misma caída de la pars occidentalis del Imperio, fue imperceptible para sus contemporáneos. Una de las primeras manifestaciones del aumento del poder de la Iglesia fue, no lo olvidemos, la penitencia impuesta por Ambrosio, obispo de Milán, al emperador Teodosio I por la matanza de Tesalónica. El emperador fue excomulgado temporalmente hasta que hiciera penitencia pública y arrepentimiento. Fue bajo Teodosio cuando el cristianismo fue elevado a la categoría de religión oficial del Imperio y todos los demás cultos prohibidos. Sus sucesores, sin apenas poder real, perdieron influencia en beneficio de los líderes de la Iglesia. Merece la pena recordar la leyenda del papel jugado por León I para convencer a Atila de no invadir Roma en el año 452; verdad o no, señalaba que eran los obispos y no los emperadores occidentales los hombres fuertes del mundo romano-cristiano.

No olvidemos a la Iglesia en la pars orientalis del Imperio. Junto con el obispo de Roma, los obispos de Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén eran considerados los cinco patriarcas de la Iglesia. Es decir, se reconocían cinco grandes sedes de la cristiandad, en igualdad de condiciones y cada uno con su propia jurisdicción. Obviar a la Iglesia oriental y a sus patriarcas tiene mucho que ver con las intenciones de los nuevos poderes occidentales (el obispado de Roma y los nuevos reinos germanos) para legitimar la situación de cada uno y distanciarse del emperador oriental, que mantenía la legitimidad histórica del Imperio Romano. Aunque repito, el cambio fue imperceptible y durante la tardoantigüedad los reinos germanos siguieron reconociendo al emperador de Constantinopla como el único soberano de la cristiandad, una cuestión más simbólica que real.

Los momentos más simbólicos de esta ruptura entre Occidente y Oriente fueron la época de Carlomagno y el Cisma de Oriente y Occidente de 1054. En la navidad del año 800 el rey de los francos, Carlos I, llamado Carlomagno, fue proclamado emperador por el papa de Roma, León III. ¿Por qué? ¿Qué justificación tenía el obispo de Roma para coronar a Carlomagno emperador? ¿Qué justificación tenía Carlomagno para aceptar el título imperial? ¿No seguía existiendo acaso un emperador en oriente?

La historia es muy interesante. Para los expertos, las relaciones entre el Imperio Romano oriental (llamado con mucha intencionalidad "bizantino") y el obispo de Roma, patriarca de la iglesia occidental, se deterioraron con el acceso al poder de la facción iconoclasta y la destrucción de las imágenes de culto. Además, el poder imperial estaba de nuevo en retroceso: tras la recuperación de territorios bajo el control directo del emperador en la época de Justiniano el acoso de los lombardos, persas, búlgaros, eslavos y árabes hizo que el imperio viera reducido su territorio a Grecia, los Balcanes y Asia Menor. Por si esto no fuera poco, tanto Carlomagno como León III poseían otro argumento: el Imperio oriental no tenía ningún emperador. Y esto era cierto, porque... gobernaba una emperatriz, Irene (797-802). En la mentalidad de la Europa de aquellos tiempos, el gobierno de una mujer era visto como nefasto.

Más allá de los argumentos teóricos, el papa era práctico: necesitaba a Carlomagno para proteger los territorios de Italia central tanto de los lombardos como del Imperio oriental, territorio que había sido concedido por el padre de Carlomagno, Pipino el Breve, y que la Iglesia posteriormente legitimó con la fraudulenta "donación de Constantino". Además, coronarle emperador hacía que el obispo de Roma se arrogase el derecho de dar el título imperial como una concesión de la Iglesia, con el evidente influjo que tendrían así desde entonces todos los papas sobre los emperadores, situándose por encima de ellos en la dirección del mundo cristiano. Para Carlomagno, el título imperial significaba la legitimidad de sus conquistas por Europa occidental sobre el resto de pueblos germanos y romanos. Sin embargo, parece que Carlomagno no estaba del todo de acuerdo con las maquinaciones de León III y que ese título imperial no tenía la suficiente legitimidad. Eso parece demostrarlo el envío de embajadas a la emperatriz Irene proponiéndola matrimonio, como único modo de legitimarse como emperador romano. Irene, por su parte, aceptó la propuesta, puesto que si bien era la gobernante efectiva del imperio -cegando a su propio hijo para serlo- el reino franco podría aportar el poder militar que ella no tenía. Sin embargo, la oposición interna y los complots para derrocarla impidieron esta salida "pactada". Irene perdió su trono en el año 802 y Carlomagno fue emperador y rey de los francos hasta su muerte en 814.

Como vemos, el papa de Roma era en la tardoantigüedad y en la Alta Edad Media un personaje de mucha influencia y poder. Tenía poder para nombrar obispos -aunque en muchas ocasiones eran los poderes locales quienes nombraban obispos y el papa lo ratificaba- y tenía como ámbito de actuación la antigua parte occidental del Imperio y los nuevos territorios que se iban cristianizando. No lo tenía, como recordamos, sobre la Iglesia oriental, con sus propios patriarcas. Visto desde una perspectiva más amplia y menos eurocéntrica, el papa de Roma seguía siendo uno de los cinco patriarcas de la Iglesia. Todo eso pareció cambiar con el cisma de 1054. La explicación sencilla fue una serie de excomulgaciones recíprocas entre Humberto de Silva, legado del papa de Roma, y el patriarca de Constantinopla Miguel I Cerulario, quien había expulsado al legado romano por poner en duda su legitimidad al patriarcado oriental. Lo cierto es que lo que estaba detrás de este "incidente diplomático" era una lucha entre ambos patriarcados por la supremacía. El obispo de Roma reclamaba la autoridad sobre los patriarcados orientales, mientras que el patriarca de Constantinopla, por su situación en la capital imperial y la debilidad del resto de patriarcados orientales (mermada su influencia por el dominio islámico), reclamaba su propia autoridad o, si acaso, reconocía que el obispado de Roma tenía un carácter de primus inter pares por la interpretación de las escrituras.

Con el cisma de 1054 y la acusación (mutua) de alejamiento de la "Iglesia verdadera" el papa de Roma pudo así declararse cabeza ecuménica de la Iglesia, por encima del emperador y sin ningún igual, en base a su legitimidad como sucesor de Pedro. La consideración del Imperio oriental como bizantino (y por tanto griego y no romano) y de su Iglesia como ajenos a Europa (o lo que era lo mismo, la cristiandad) fueron conceptos que poco a poco fueron asentándose en el imaginario colectivo. En una época donde la historia era escrita por cronistas a servicio de la élite gobernante y pocos los que tenían acceso a leer y escribir, no fue muy difícil. Así, desde la Alta Edad Media el papado ha ido poco a poco adquiriendo, perdiendo y evolucionando sus atribuciones hasta hoy día.

viernes, 29 de julio de 2011

El "mal holandés"

En la década de 1960, los Países Bajos encontraron yacimientos de gas natural en el pueblo de Slochteren, cerca del mar del Norte. El descubrimiento incrementó las exportaciones de este hidrocarburo y a finales de la década de los 60 produjo un efecto nefasto para la economía neerlandesa: como consecuencia del aumento de la entrada de divisas el florín neerlandés experimentó una gran apreciación y dañó al resto de exportaciones del país, perjudicando a la industria clásica por la desindustrialización provocada por el aumento de mano de obra e inversiones al nuevo sector económico.

El llamado "mal holandés" ha quedado como un ejemplo para la teoría económica de cómo el aumento espectacular de la riqueza repercute negativamente si se destina a la compra de bienes nacionales no importados y no a la importación. Los Países Bajos consiguieron reponerse a este acontecimiento y aprendieron: cada diez años realizan profundas reformas económicas para adaptarse a los ciclos cambiantes. En consecuencia, los Países Bajos siguen siendo una de las grandes economías de la Unión Europea y del mundo, con un muy bajo desempleo e inflación.

Ejemplos como el neerlandés se han dado antes en la historia, como en la entrada de oro americano en la España del siglo XVI, la fiebre del oro de Australia de la década de 1850, y otros tantos en el siglo XX y XXI en diversos países, casi todos relacionados con el descubrimiento de hidrocarburos. Muchos países supieron emplear con acierto los beneficios de su sector petrolífero, y gobiernos como el noruego crearon un fondo de inversiones (Oljefondet) donde destinar los ingresos del petróleo para hacer frente a las variaciones del precio del crudo y para una futura disminución de ingresos y otro fondo para garantizar las pensiones del país.

Sería interesante que el debate público en España, una vez liberados del debate sobre la fecha electoral, abriera un frente sobre la reforma de la economía. No ya de la prima de riesgo o de la colocación de la deuda española, sino de la estructura económica de nuestro país. Aun con todas las reformas, la bajada del empleo anunciada hoy se debe al sector público y la construcción. Seguimos confiando en la construcción. Quizás habría que plantearse por qué la Unión Europea pierde en competitividad y por qué España es tan conservadora para emprender. Al final, volvemos al quiero y no puedo: la necesidad de invertir más en educación y en I+D+i, que como vemos en algunas comunidades, no parece estar en las preocupaciones del cortoplacismo político.

Enlaces de interés:
Christine Ebrahim-zadeh - El síndrome holandés: demasiada riqueza malgastada
Rafel Pampillón - ¿Qué es la enfermedad holandesa (mal holandés)?

viernes, 22 de julio de 2011

Una vuelta a la pregunta ¿qué es la Historia?


Hace casi dos años hice en este blog una reflexión personal acerca de lo que es la Historia. Casi dos años después, quiero volver a plantearme esa cuestión.

En la entrada de septiembre de 2009, recogí su origen griego, ἱστορία, "conocer, informarse de". Los historiadores siempre han pretendido llegar a la verdad de los hechos pasados. Como dije, la "verdad" es algo tan subjetivo que ha querido significar cosas muy distintas. En la gran, si no toda, mayoría de ocasiones, como recogía mi amigo Rou en los comentarios, la Historia "sigue sometida a los designios del importante, del que vence y por lo tanto la objetividad es imposible". Ciertamente, los cronistas trabajaban para las distintas cortes, elaborando una historia que legitimara la posición de los que detentaban el poder.

Algo que parece tan indiscutible, como es la idea de decadencia del Imperio Romano - aunque estuviera presente en los escritos de los romanos de incluso antes del Principado-, es un constructo de los pensadores de la Alta Edad Media para justificar las nuevas monarquías germanas. Los contemporáneos de los últimos emperadores occidentales no tuvieron esa impresión, ni siquiera en 476, año de la caída de Rómulo Augústulo. ¿No siguió existiendo un Imperio Romano en Oriente hasta 1453? Los orientales se consideraban tanto griegos como romanos, sinónimos para ellos, y denominaban a su imperio Romania. Sus conquistadores turcos lo tenían muy claro y lo denominaban Rûm: cuando los turcos selyúcidas conquistaron Anatolia llamaron a su nuevo dominio "Sultanato de Rûm", porque estaba establecido en un territorio que había sido durante mucho tiempo posesión del Imperio Romano. Como la idea de decadencia, la consideración del Imperio oriental como griego y no romano fue establecido en la Alta Edad Media, esta vez por los carolingios y luego por los emperadores del Sacro Imperio Germánico y por el Papado, para justificar la "independencia" de Occidente del Imperio y de la Iglesia oriental y legitimar tanto la preeminencia en Europa occidental del obispo de Roma como la proclamación de Carlomagno y sus vástagos como emperadores. Esa idea fue aceptada por la Ilustración, donde historiadores como Gibbon intentaron descubrir las razones de esa decadencia. Como vemos, la Historia ha ido construyéndose al calor de los intereses de los grupos dominantes e ideas construidas se han convertido en "eternas" y universalmente aceptadas.

En el templo de Delfos estaba inscrita una frase que era de suma importancia para los griegos, "conócete a ti mismo". La Historia forma parte de ese proceso de conocimiento de uno mismo y de los demás. No es sólo mostrar "lo que realmente aconteció", en palabras de Ranke. Bitdrain comentó también en este blog que la Historia "es el arte de proyectar hacia adelante las consecuencias que hacen el presente". Su opinión me parece bastante complementaria a la de E. H. Carr, es "un continuo proceso continuo de interacción entre el historiador y sus hechos, un diálogo sin fin entre el presente y el pasado".

La Historia, por añadir una opinión más, es comprender el pasado para entender el presente. Tiene sus riesgos, obviamente; muchas veces intentamos comprender el pasado o lo que nos rodea desde perspectivas muy contemporáneas o, en nuestro caso, eurocéntricas. La Historia fue moralizante; quizás nunca pierda un poco de eso, si antes servía para dar ejemplos de moral y comportamiento de las grandes figuras de la humanidad, ahora permite comprender cómo vivían, qué pensaban y cómo se comportaban nuestros antepasados y por qué, abriéndonos las puertas al conocimiento de los demás, y por tanto a entendernos a nosotros como parte una sociedad.

jueves, 21 de julio de 2011

El gürtel puede con Camps


Nos habíamos acostumbrado a la fanfarronería de los líderes conservadores. Rajoy no dejaba de apoyar a Francisco Camps, sus lugartenientes desdeñaban la labor de la justicia y el presidente valenciano confundía votos con fallos judiciales inapelables. Por eso, su última victoria electoral, hace apenas dos meses, le convenció de que los votos perdonan todos los delitos, delitos de los que, decía, no era culpable "porque se paga sus trajes".

Bien, al menos los trajes del caso Gürtel, con los que se le acusa de cohecho, no están pagados por él. Porque cuando el juez ya no ha dejado otra opción entre declararse culpable o ir a juicio de una vez, a Camps se le han cerrado todas las salidas: o se enfrentaba al escarnio de seguir siendo presidente de la Comunidad Valenciana declarándose culpable y pagar una multa por evitar un juicio, pero pasando a poseer antecedentes penales, o enfrentarse al juicio y a la posibilidad de ser condenado por cohecho e inhabilitado. Al final, mientras otros acusados han aceptado declararse culpables, Camps ha optado por la vía del medio al hacer caso de las presiones personales y políticas por dejar su cargo. ¿Por qué? Porque en el camino al poder de Mariano Rajoy, un curioso camino donde el caminante no camina, sigo que permanece en el mismo sitio, esperando que le concedan la victoria, no puede haber ningún obstáculo, y la mancha de un presidente conservador condenado, que había sido uno de los principales apoyos de Rajoy contra las pretensiones de otros barones regionales -o baronesas- era una piedra demasiado grande para sortearla.

No obstante, la mancha sigue ahí. Camps no ha dimitido pidiendo perdón, ni reconociendo su culpa. Su discurso de dimisión, que he leído íntegro, es un sinsentido de cabo a rabo. No dice la razón de su dimisión. Es "un sacrificio político y familiar" para la victoria de Rajoy por un proceso, el del Gürtel, "que nadie entiende". Poco más nos explica Camps, ninguna razón real da, pero sigue totalmente convencido que tres mayorías absolutas consecutivas dan la absolución judicial.

Actitudes tan canallas como la del dimitido presidente valenciano evidencian una grave degradación de la política. Personas como esta intentan dar la razón a los que piensan que "todos los políticos son iguales" o que la política no tiene nada que ver con la gente normal. Pero no es cierto. Como en todo, en la política nos encontramos desde la gente más honesta a la más deleznable, y hay muchos así, ciertamente. Pero la política es todo lo que tenga que ver con el ordenamiento de la polis, la cosa pública, que pertenece a todos los ciudadanos. Los ciudadanos tenemos que vigilar con ahínco las decisiones de nuestros representantes y premiar o censurar en consecuencia.

Es necesario, en suma, poseer la virtud política, que deben tener todos aquellos que quieren vivir en sociedad. Políticos como Camps, Rajoy, o muchos otros y de tantos partidos, si aceptan la existencia de gente que abusa de su poder en beneficio personal, carecen de virtud. Los ciudadanos también tienen su parte de la culpa. El voto es libre, cierto, pero concedido a mayores de edad que se supone responsables de sus actos. Votar a un político que se sabe corrupto -¿o es que no sabíamos lo que pasaba con los trajes de Camps hace dos meses, cuando ganó las elecciones regionales?- demuestra muy poca virtud política. Vale el ejemplo de Camps como el de cualquier otro: ninguna persona merece el voto sea de la ideología que sea. Actitudes como la de los políticos corruptos victoriosos electoralmente perjudican el sistema democrático: la mayoría electoral desvirtúa el sentido de la voluntad general y la sustituye por la tiranía de la mayoría, la voluntad de una mayoría movida por sus propios intereses, la oclocracia, en definitiva.

martes, 19 de julio de 2011

A vueltas con España y el Estado Español


La construcción de la nación en España ha traído de cabeza a los historiadores. Entre ellos, por citar dos ejemplos, Borja de Riquer cree que la monarquía de los Austrias no logró integrar los diversos estados de la corona y que el proyecto de nación española del siglo XIX fue un intento fallido y posibilitó el surgimiento del nacionalismo periférico. Juan Pablo Fusi entiende que la construcción nacional española fracasó por la debilidad del Estado al no tener ni recursos ni un proyecto político nacionalizador, pero también por verse desafiado por el nacionalismo periférico. El fuerte localismo controlado por el caciquismo y la inexistencia de un proyecto educativo para alfabetizar y nacionalizar a los españoles, entre otras cosas, provocó esa distinción entre la "España real" y la "España oficial" que mencionaba Ortega y Gasset.

Este largo debate nunca se ha resuelto. La construcción nacional de España, como vemos, fracasó en el siglo XIX e inicios del XX. La II República, de no ser por su brutal y prematuro final, quizás hubiera tenido éxito a largo plazo con sus proyectos de autonomía regional, su ambiciosa reforma educativa inspirada en los valores de la Institución Libre de Enseñanza y la abortada colaboración política entre partidos con vías a la moderación: la Izquierda Republicana de Azaña con los socialistas y la Esquerra Republicana catalana, entonces federalista, por un lado; y la colaboración entre las derechas vasconavarras (PNV, carlistas, católicos) por la autonomía del País Vasco-Navarro y la formación del bloque de derechas con la CEDA y la Lliga Catalana. En un ambiente distinto, de moderación, quizás se hubiera resuelto el problema regional y hubiera triunfado un concepto de España más progresista y liberal. Como sabemos, no sólo la Guerra Civil sino todos los problemas arrastrados sin resolver desde el siglo anterior imposibilitaron esta vía.

El franquismo fue el culpable de la negativización y negación de España: la imposición de un nacionalismo homogeneizador, negando las diferencias culturales regionales, y aplicando una política unitarista y asimilacionista creó una imagen tan negativa de España -católica, uniforme y autoritaria- que el efecto fue la polarización y la reafirmación del nacionalismo periférico, ahora con nuevos argumentos frente al nacionalismo españolista, larvando hasta el fin de la dictadura. Entre esos dos mensajes, la realidad del país -la pluralidad cultural de la sociedad, heterogéneamente diversa incluso en las regiones con mayores particularidades culturales- quedó manipulada. La dictadura consiguió convertir ese proyecto de España como el único existente, como el demonio a combatir por el nacionalismo y la izquierda federalista o autonomista.

El nacionalismo periférico y la extrema izquierda, en su negación de España, la han venido a denominar como "Estado español". "España" es, a pesar de ser la denominación oficial del país, una palabra tabú, un reconocimiento como nación que, a su juicio, no puede tener. Quizás tenga su modo de ser para el argumentario y los textos nacionalistas y antiespañolistas. Por supuesto, confundirlo en términos académicos es un gravísimo error.

¿Qué es un Estado? ¿Qué es una nación? En definitiva, ¿cuándo es acertado decir España o decir Estado español? Por ir a una definición sencilla de lo que es Estado, el Diccionario de la RAE lo define como "conjunto de los órganos de gobierno de un país soberano". Por añadir la definición de Max Weber, el Estado posee el monopolio legítimo para la coacción o la violencia. Para nación, la RAE señala dos acepciones: "conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno" o "conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común". Y, finalmente, país es la "nación, región, provincia o territorio".

Con estos conceptos, deberemos concluir que no podemos establecer "Estado español" como sustituto de "España" de la manera tan insistente que quieren creer algunos. Para los habitantes de España, es lógico decir "vivo en España" y no "vivo en el Estado español" ya que, según la definición de Estado que hemos recogido, es imposible. Mencionaremos Estado para referirnos a todos o uno de los órganos de gobierno que lo conforman. Al citar, por ejemplo, a las decisiones que han realizado varios países sobre un tema, sabemos que los han ejecutado sus gobiernos, que son representantes de sus países y reconocidos como tales por su población y por la comunidad internacional; por ello, es indistinto decir que "(tal país) ha decidido esto o lo otro" que "(tal gobierno) ha decidido esto o lo otro", puesto que sabemos a qué nos estamos refiriendo. Hace no poco escuché la frase "... Portugal, Francia, Estado español (...) han hecho tal cosa". Aquí se ve una connotación política clara, forzando el lenguaje de una manera ridícula.

Por supuesto que la voz "Estado español" es válida para otras situaciones: comparaciones entre diversos Estados entendidos como superestructuras jurídico-políticas, por emplear un término marxista, donde pudiéramos diferenciar, por ejemplo, la organización federal del "Estado alemán" de la organización autonómica del "Estado español". Este ejemplo nos lleva a una paradoja: gran parte de las fuerzas políticas que critican al "Estado español" forman parte de este al tener representación en diversos órganos como municipios, autonomías, etcétera. Diferenciar estos de los órganos centrales del Estado posee otra connotación política, negando de hecho que esas instituciones son integrantes del Estado legitimado por la Constitución de 1978. Muchas veces oiremos, no solo en los discursos nacionalistas, sino en la prensa menos nacionalista o de boca de muchos entender el Estado como el gobierno y el parlamento central. Sin llegar a ser mussolinianos, nada (de las instituciones españolas) quedan fuera del Estado.

Concluyendo, en este texto no se ha entrado en el tema identitario, aunque nos hemos acercado a él, pues está íntimamente ligado con lo que hemos discutido. No obstante, hay que saber qué conceptos manejamos u oímos y quién o por qué se distorsionan en nombre de qué intenciones.

miércoles, 6 de julio de 2011

"Amreeka", una mirada árabe de Estados Unidos


"(...) He aprendido todo el lenguaje y lo he deshecho para componer
una única palabra: Patria..."

Yo soy de allí
Mahmud Darwish

Patria. ¿Qué es la patria? En wikipedia se recoge un comentario a un ministro italiano: "¿Qué entiende por nación, señor ministro? ¿Es una masa de infelices? Sembramos trigo pero no comemos pan blanco. Cultivamos la vid pero no bebemos vino. Criamos ganado pero no comemos carne. No obstante, usted nos aconseja que no abandonemos nuestra patria. ¿Pero es una patria el lugar donde alguien no puede vivir del propio trabajo?"

Con estas mismas palabras podríamos empezar a hablar de "Amreeka" (la pronunciación en árabe de América), película de la cineasta estadounidense de origen palestino, Cherien Dabis. El título señala la intención de la directora por plasmar en una palabra "que resumiera la mezcla de las dos culturas", la árabe-palestina y la estadounidense, que se relacionan, se chocan y se encuentran finalmente en este precioso relato.

La narración comienza en Palestina, en los territorios ocupados por Israel, donde Muna, una palestina divorciada trabaja en un banco y cuida a su familia, un hijo adolescente y una madre anciana. Cada día, Muna, junto con otros tantos miles de palestinos, sufren la humillación del lento tránsito por los controles del ejército israelí bajo la sombra del nuevo muro de la vergüenza. Humillación que se convierte en una tortura psicológica cotidiana, convertidos todos los palestinos, de todas las condiciones -edad, condición social, sexo...- en un único ser: el sospechoso, el enemigo, el terrorista. Así es la verdadera manifestación del muro: no es la seguridad, es la humillación a todo un pueblo y un insulto perpetuo a la humanidad.


La vida de Muna y su hijo dan un vuelco cuando les conceden el permiso de trabajo en Estados Unidos. Con mucho dolor, dejan su patria y a su familia por la tierra de las oportunidades. Mientras, esa misma tierra, the land of the free and the home of the brave, bombardea e invade Irak. Muna y su hijo Fadi son como aquellos inmigrantes de siglos pasados, los venidos de un continente roto por eternas guerras y, como aquellos, quedan asombrados por las luces y las vastas dimensiones del Nuevo mundo, ese cuyo horizonte está coronado por grandes rascacielos que proclaman en sus cabezas el honor de ser esa patria de la libertad, como antaño la Estatua de la Libertad recibía a los recién llegados recitando con una potente voz silenciosa el poema de Emma Lazarus:

"¡Guardaos, tierras antiguas, vuestra pompa legendaria!, grita ella.
Dadme a vuestros rendidos, a vuestros pobres
vuestras masas hacinadas anhelando respirar en libertad
(...) ¡Yo elevo mi faro detrás de la puerta dorada!"

Pero, como los inmigrantes de hace un siglo, ellos tenían su Isla de Ellis, una nueva humillación modernizada donde también son el mismo estereotipo: el extranjero, el árabe, el posible terrorista. A partir de aquí, Muna y Fadi deben enfrentarse a un país que aún tiene presente la tragedia del 11-S y está convencido de su liderazgo internacional contra un terrorismo que, resumidamente, creen que combaten en cada país que el gobierno de Bush ha señalado como enemigo. "Mi hermano está luchando en Irak para que sean libres", señala un adolescente en la película, perfecto resumen de las consecuencias de tanta propaganda producida desde el poder: la ignorancia. Porque, ¿no se decía lo mismo de Vietnam?

Dentro de tanta hostilidad y desconfianza, surgen aquellos personajes que no están cortados con el mismo patrón de esa masa recelosa. Con esa visión alegre que nos transmite la película, la conversación entre Muna y el director del nuevo instituto de Fadi, el señor Novatski, es quizás una de las miradas más desenfadadas que resumen las sinrazones de los conflictos: la ignorancia y el temor que caen cuando se descubre que el otro no es como pensábamos, y nos percatamos que no somos tan distintos. En el caso de Novatski, él aprende que no todos los árabes son musulmanes -Muna y su familia son cristianos, "somos una minoría aquí y también allí", se lamenta ella-, y Muna descubre que no todos los judíos son como le han enseñado en Palestina. Y esa es quizás la lección más importante que nos puede dar "Amreeka", que quizás los conflictos serían muchos menos si se dejara a la gente conocerse y hablar tranquilamente, liberados de los prejuicios y estereotipos con los que somos constantemente bombardeados.

"(...) Todos los pájaros que ha perseguido
la palma de mi mano a la entrada del lejano aeropuerto,
todos los campos de trigo,
todas las cárceles
todas las tumbas blancas
todas las fronteras
todos los pañuelos que se agitaron,
todos los ojos,
estaban conmigo, pero ellos
los borraron de mi pasaporte (...)"

Pasaporte
Mahmud Darwish


martes, 5 de julio de 2011

SeR de esta semana

Escrito en el que se hace un resumen de las publicaciones de esta semana en SeR (Socialistas en Red) ###






img logo ser socialistas en red rosa roja
Les presentamos una selección de los escritos de los amigos y compañeros de SeR (Socialistas en Red). Selección acotada entre los días Lunes 27 de junio y Sábado 2 de julio, ambos inclusive.

















img javier bouzas
La cultura de la Transición, ¿qué es? y ¿se muere?

La irrupción del movimiento de los indignados retoma el debate, iniciado hace relativamente poco tiempo, de la denominada "cultura de la Transición". La cultura de la Transición, como cultura dominante, es un modo de entender la situación española tras 1978, las relaciones entre el Estado como promotor de un discurso de legitimación, los intelectuales encargados de "producir" ese discurso y su incidencia en nuestras interacciones con ellos y con el modo de comprender el presente. Nuevos actores y el resurgimiento de antiguos elementos "problemáticos" ¿están suponiendo una amenaza a una forma de gobierno, la democracia representativa y de sistema de partidos actual? o, por el contrario, ¿es una señal de un conflicto generacional en España, basadas en una diferencia de experiencias vividas?



















miércoles, 29 de junio de 2011

Cultura de la Transición: ¿qué es? y ¿se muere?


De estos días que uno pasa el tiempo mirando por la ventana del tren, abstraído en diversos pensamientos, o leyendo artículos académicos de diversa índole, la mente suele divagar y formular preguntas. Unido al contexto -la indignación ciudadana por/y la crisis económica- surge plantearse la llamada "cultura de la Transición" o CT.

Pero,
¿qué es la cultura de la Transición? Para una aproximación es bastante recomendable la definición que da Guillem Martínez en dos artículos en El País y en Público. Martínez define a la cultura de la Transición, originada a partir del proceso político homónimo, como una cultura que elimina "cualquier posibilidad desestabilizadora y problemática". En pocas palabras, resume, "todo lo que sea problemático no es cultura de la Transición". La cultura de la Transición, "una cultura tutelada y que tutela", necesita "no construir objetos problemáticos", "no meterse en política", o "en el trance de hacerlo, darle la razón al Estado".

En base a esta definición, podemos entrar en la discusión.
¿Por qué surge la cultura de la Transición? ¿Cuáles son los elementos "problemáticos"? A la primera pregunta, la CT parece ser una construcción de la izquierda, según Guillem Martínez, una cultura "que deja ser el territorio en el que se crea lo problemático (...) la CT es la única cultura europea que tiene como principal función denunciar e impedir lo problemático, y crear cohesión full-time". Lejos de compartir totalmente esa apreciación, si la cultura de la Transición fue una creación de la izquierda, la derecha y el centro han aceptado de forma entusiasta una formulación que legitima la actual forma de Estado y la vía seguida para el establecimiento de la democracia en España: en definitiva -se lee entre líneas- no había, no hay, otra alternativa. Actuando de modo vertical, la cultura -como conjunto de todos los modelos a través de los cuales se manifiesta la sociedad en sus costumbres, prácticas, códigos, rituales, comportamientos, etcétera- es un elemento de propaganda del sistema y la cultura de la Transición no escapa a esta definición.

Ahora bien, ¿cuáles son los elementos "problemáticos? No es difícil elaborar una lista concisa de estos: las discusiones sobre la estructura actual del Estado -desde su articulación federal a su disolución por la secesión de Euskadi o Cataluña-, la monarquía, la democracia representativa, el sistema económico, el planteamiento de la memoria histórica... hasta llegar a algo que existe desde los primeros tiempos de la democracia -el revisionismo histórico de la derecha- a un elemento novedoso. Sí, el movimiento de los indignados, el 15-M.

¿Cuál es la argumentación "oficial" o "mayoritaria"?
Las izquierda y derecha oficiales parecen estar de acuerdo que el actual sistema democrático y todo lo que ello conlleva -desde la monarquía hasta las autonomías- fueron dados por los españoles a sí mismos. Es esa "ruptura pactada", la reforma "de la ley a la ley a través de la ley" en palabras de Fernández-Miranda, la que construye un nuevo edificio político desde la herencia del franquismo aunque parezca emitir la impresión de ex novo. El régimen surgido de la Transición, surgido de la legalidad franquista destruyó la dictadura y estableció la democracia en la Constitución de 1978 en 169 artículos y once disposiciones. La república, la guerra civil y la represión posterior quedaban para siempre en los libros de historia, junto a los otros regímenes fracasados y los sangrientos enfrentamientos de los españoles. En este sentido, el de dar a España un sistema democrático estable y reconocido por la amplísima mayoría de sus ciudadanos, la Transición culminó en éxito rotundo pero no exento de riesgos.

El conservadurismo que produce la cultura de la Transición
se basa en proclamar el actual sistema como el definitivo y único estadio posible de convivencia entre españoles, lo que no deja de revelar uno de los peores cimientos sobre los que se basa esta cultura: el miedo a los españoles. La idea de minoría de edad permanente de los españoles pesa sobre las conciencias de los padres fundadores del régimen y de sus sucesores. Es verdad que desde Cádiz, allá por 1812, los españoles -o mejor dicho, sus élites, ya sea por la tradición o la representación- no han estado de acuerdo en muchos aspectos fundamentales: liberalismo o tradición, república o monarquía, federalismo o centralismo, libertad u orden... pesan mucho y convencen de que, a la mínima que se de a los españoles un espacio de debate trascendental, estos volverán a las históricas andadas.

Cuando se dice "
este es el marco de convivencia que nos dimos los españoles" o "hemos luchado durante 40 años para conseguir la democracia" tropezamos con los sagrados límites de derecha e izquierda. Sí, los españoles aprobaron una Constitución donde monarquía y democracia venían en el mismo paquete; y sí, hubo mucha gente que luchó de diversas maneras para exigir el fin del franquismo. Pero este mensaje pierde convicción cuando se repite demasiado. Han pasado casi 33 años desde aquel 6 de diciembre de 1978, durante los cuales han nacido y crecido generaciones que, ya no es que no vivieran la guerra, es que ni siquiera han vivido la dictadura. Los hijos de la Transición, o de la democracia, ciertamente, pueden matar al padre. La memoria transmitida de la guerra, de los dos bandos, y ahora también de la Transición, siguen perviviendo en las conciencias de las nuevas generaciones. Pero ya no son tan relevantes.

Se parte de una nueva experiencia,
la toma de conciencia en una España democrática y desarrollada, muy lejana a la de 1975 o la de 1931. Las nuevas generaciones poseen una dialéctica que la cultura de la Transición no puede responder. En cierta medida, ¿estamos ante las primeras señales de cambio de una élite por otra? Se dirá que esa nueva élite no se manifiesta, que los indignados no poseen líderes reconocidos por el movimiento, que los cachorros crecen a la sombra de los partidos tradicionales. Sí. Lo que se puede decir es que el movimiento puede aportar nuevos mensajes y nuevos cuadros a los cachorros de la política, mensajes de regeneración de la democracia y regeneración de las ideologías.

Tomando esto en cuenta,
¿se muere la cultura de la Transición? ¿Asistimos al "final de la democracia postfranquista", en palabras de Ramoneda? Parece agotarse al no dar las respuestas necesarias para vencer, neutralizar o integrar a los elementos "problemáticos", esto es, el recurrente nacionalismo que no sabemos si solo tira o quiere soltar amarras, la ofensiva revisionista en lo histórico y neoliberal en lo económico de la derecha y el surgimiento de un amplio sentimiento de indignación contra los defectos del sistema. En otras palabras, el Estado y sus portavoces culturales, creadores de opinión, no han conseguido convencer por qué una España unida conviene a sus ciudadanos o no han podido llegar a una "fórmula de compromiso", es decir, la tan anunciada "España federal". Tampoco han podido reaccionar, en este caso los historiadores y académicos, al abordaje revisionista de la historia: digan lo que digan las fuentes o su ausencia, han metido en el subconsciente colectivo que Carrillo impulsó los asesinatos de Paracuellos o que la República era la culpable de la guerra civil, ¡que es como culpar a un hijo del enfrentamiento entre sus padres!. Y, por supuesto, no están respondiendo adecuadamente a la indignación y, lo que es peor para la cultura dominante, se le están escapando los apoyos: el movimiento ha encontrado simpatizantes en la inmensa mayoría de la ciudadanía y en buena parte de los viejos intelectuales y creadores de opinión, amén de los nuevos.

En definitiva, lejos de una visión apocalíptica, si esta crisis de la cultura dominante encumbra un nuevo marco más pluralista, libre y democrático de la realidad española, una reformulación del perfectible sistema democrático y un revivir de las ideologías que dan respuestas a nuestra sociedad,
bienvenida sea la muerte de la cultura de la Transición. En una visión pesimista, esto puede ser solo el cambio de marco, la sustitución de una cultura dominante por otra, el desplazamiento de una élite por otra. Sea cual sea, los cambios no serán instantáneos, pero serán cambios. También puede ocurrir, por contra, que nada cambie, o que todo llegue a ser una ilusión gatopardista; en ese caso, como dijo Unamuno a los rebeldes, "venceréis, pero no convenceréis".

Enlaces de interés:

Blog de Guillem Martínez

lunes, 27 de junio de 2011

Bildu ya gobierna


Con el gobierno de la Diputación de Guipúzcoa y más de la mitad de los ayuntamientos de esa provincia, amén de otros tantos en el País Vasco y Navarra, Bildu, la coalición de EA, Alternatiba y los independientes abertzales obtiene el registro más alto de gobiernos forales y locales en toda la historia de la izquierda independendista.

Esta es la oportunidad histórica, no solo de la izquierda abertzale, sino también del conjunto de los vascos y navarros de normalizar por fin una situación que, desde el inicio de la democracia en España, ha pasado por múltiples fases y en ningún momento, excepto hasta ahora, ha camino tan obviamente hacia la posible resolución del terrorismo y de la reconciliación.

Ni siquiera en los años 80, cuando Herri Batasuna era legal, la izquierda abertzale obtuvo resultados electorales tan destacables. Han cambiado las condiciones: ETA está débil y se le escapa el control de su antigua base social, lo que es la mejor noticia; la izquierda abertzale ha sabido iniciar el camino a la paz, soltando el lastre de todo lo que conlleva la sumisión a la organización terrorista; todo ello le ha sido premiado en votos, no solo por su apuesta por la vía política, sino merced a un voto de castigo a otras opciones políticas -PNV, Aralar, EB...- que trataron captar votos en ese sector, además de cierto voto por simpatía frente a la amenaza de ilegalización o gracias a que otras fuerzas políticas -PNV, PSE, PP- le prestaron una gran ayuda en la campaña electoral.

EA, junto con las otras fuerzas que componen Bildu, perdió en las elecciones autonómicas su espacio político. En cierto modo, el éxito de Bildu no ha sido su éxito, si acaso que ha conseguido incluir a la izquierda abertzale dentro del campo de las fuerzas democráticas. Pero lo que no ha conseguido es la moderación de la ideología socialdemócrata que inspiró a Eusko Alkartasuna, sino que, en cambio, ha tenido que adoptar el discurso más radical de los abertzales.

Ahora Bildu ya gobierna tres exponentes de la vida pública vasca: los municipios rurales, antiguos feudos abertzales, la ciudad de San Sebastián y la diputación foral. Ahora, Bildu tiene una gran responsabilidad: tiene que demostrar que la izquierda abertzale puede no solo mantener el ritual soberanista, sino tambien gobernar, y gobernar bien, cumpliendo la ley y respetando las reglas de la democracia.

Las primeras medidas tomadas por Bildu desde sus diferentes administraciones -la retirada de retratos del rey o de la bandera, la prohibición de los escoltas, la petición de retirar la policía y el ejércto de Euskadi...- son, principalmente, simbólicas. Tampoco sorprenden. Lo que sí hacen es alentar aquellas voces que ahora dicen "¿véis cómo teníamos razón al pedir que fueran ilegales?" Obviamente aceptar y alegrarse su legalización para presentarse a las elecciones no es lo mismo a suscribir su programa.

La conclusión no es tan simple. Por supuesto, como demócratas, como progresistas y como partidarios de la unidad, muchos no podemos compartir esa decisión. La democracia exige que participen todas las opciones políticas. Recordemos que han sido sus votantes, y no el Tribunal Supremo o el Constitucional -mucho menos el gobierno- el que ha metido a Bildu en las instituciones. Nunca puede ser democrático excluir la opción política de, ahora, un cuarto del electorado vasconavarro. Estas medidas y las futuras que le corresponde tomar a Bildu exigirán, si están dentro de la legalidad, por supuesto, respuestas políticas y sociales.

Entre las medidas futuras, por ejemplo, parece que Bildu desea paralizar la alta velocidad en Euskadi. Independientemente de la criticable falta de política en infraestructuras de ferrocarriles regionales y convencionales que tiene el gobierno nacional, el ideario de Bildu revela la concepión tradicional que la izquierda abertzale ha tenido de Euskadi: una arcadia como se reconoce en "La pelota vasca", una versión moderna del tradicionalismo carlista. En resumen, el paraíso euskaldún de Bildu pasa por su aislamiento, algo que en un mundo globalizado ninguna región puede permitirse sin condenar a su sociedad.

Esas son las cosas que, dentro del juego democrático, hay que hacer ver y convencer de que esa opción no es deseable, ni para la sociedad vasca en particular ni para la española en general. Estoy en desacuerdo en pedirles a los cargos electos de Bildu una declaración diaria de condena de la violencia. Ya lo han realizado, por ello son legales. Si no lo hicieran o se mostraran contradictorios con sus principios, ya existen vías legales -la ley de partidos- y políticas -las elecciones- para subrayar que solo se puede participar en la vida pública por medios pacíficos, como hace el movimiento del 15-M. Ojalá se fuera tan escrupuloso con la ley con otros políticos, como los corruptos que, aunque no recurren al terrorismo, también sus actos causan daño a la sociedad.

martes, 21 de junio de 2011

Las otras guerras y conflictos existentes (y II)


-Insurgencia en el noreste de India: iniciada en 1964 y con un balance de 25.000 muertos, este conflicto es, en realidad, varios conflictos entre la Unión India y diversos grupos armados que reclaman desde mayor autonomía a la independencia total de sus regiones. También se aduce la marginación política que sufren desde el gobierno central a las diferencias étnicas existentes, así como conflictos territoriales entre las diversas regiones. Actualmente, las tensiones se han reducido por las políticas del gobierno indio por el desarrollo de la zona, pero aún permanecen activas algunos de los grupos armados en Assam, Manipur, Nagaland y Tripura.

-Insurgencia en las Filipinas: a finales de los años 60, un grupo del Partido Comunista filipino organizó un ejército guerrillero, el Nuevo Ejército del Pueblo, que prosigue su actividad desde la isla de Luzón, aunque con menor impulso tras la revisión de la estrategia contrainsurgente bajo la presidencia de Corazón Aquino. Igualmente, desde la década de los 60 operan en otras islas guerrillas islamistas separatistas. La Operación Libertad Duradera actuó en Filipinas contra esta guerrilla islamista, aunque actualmente se ha cambiado la estrategia por el diálogo entre el gobierno y las guerrillas comunista e islamista. En total, desde sus inicios las guerrillas se han cobrado la vida de más de cien mil personas.

-Conflicto kurdo en Turquía: desde finales de los años 70, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), comunista, y junto a otras organizaciones revolucionarias y separatistas kurdas mantiene un largo conflicto, con 45.000 víctimas, contra el Estado turco por la independencia de los kurdos de Turquía por la histórica marginación social y política que han venido sufriendo hasta hace bien poco. El PKK, considerado una organización terrorista, se vale del Kurdistán iraquí como base de operaciones contra Turquía. Igualmente, aparte de típicas acciones guerrilleras en el sudeste de Turquía, se han empleado atentados en el oeste del país. Actualmente la marginación de los kurdos en Turquía está reduciéndose, se permite la enseñanza del kurdo y la emisión de canales de televisión en ese idioma y el parlamento cuenta con diputados pro kurdos, si bien el anterior partido pro kurdo, el Partido de Sociedad Democrática fue ilegalizado, acusado de complicidad con el PKK y sustituido por el Partido de la Paz y la Democracia.

-Insurgencia del Ejército de Resistencia del Señor: esta guerrilla de inspiración cristiana inició su lucha en 1987 en el norte de Uganda, aunque actualmente ha ampliado su zona de ataques a Sudán del Sur, a la República Democrática del Congo y a la República Centroafricana. El ERS busca crear una república teocrática cristiana en Uganda y castigar a la etnia acholi, empleando a miles de niños como soldados y esclavos sexuales y, en lo que va de conflicto, ha causado 12.000 muertes directas y más de dos millones de desplazados.

-Conflicto de Cachemira: el conflicto estalló en 1947 tras la independencia y partición de la colonia británica de la India entre Pakistán y la Unión India. La región estaba gobernada por hindúes pero poblada mayoritariamente por musulmanes, y tanto un país como el otro reclaman que el territorio les pertenece, apoyando a diversos grupos terroristas y guerrilleros que se han cobrado la vida de entre 60.000 y 100.000 personas.

-Conflicto de Casamance en Senegal: considerado como una guerra civil de bajo nivel desde 1990 entre el Movimiento de las Fuerzas Democráticas de Casamance y Senegal por la independencia de la región de Casamance, de mayoría jola. Los alto el fuego no dieron resultados a finales de los 90 el movimiento independentista se dividió en dos y comenzó a luchar entre sí, manteniendo los enfrentamientos con el ejército senegalés. El conflicto ya ha provocado la muerte de unas mil personas.

-Insurgencia en el Magreb: tras el final de la guerra civil argelina, del régimen autoritario contra el islamismo, desde 2002 varios grupos guerrilleros y terroristas, como los salafistas o Al Qaeda del Magreb Islámico han llevado a cabo ataques, secuestros y otras acciones en Argelia, Mauritania, Marruecos y Mali, no solo contra sus respectivos Estados o civiles, sino también contra extranjeros -turistas y activistas-, cuyos secuestros provocaron la atención de los medios de comunicación.

-Conflicto en el delta del Níger: el delta del río Níger, en Nigeria, es objeto de frecuentes luchas desde 2004 entre el Estado y los grupos separatistas del Movimiento para la Emancipación y las Fuerzas Voluntarias Populares, de las etnias ogoni e ijaw, por el control de los pozos petrolíferos y justificándolo por la pobreza y la corrupción de la región y el país. Hasta ahora, el conflicto arroja un balance de unos 4.000-5.000 muertos.

-Conflicto de Baluchistán: los insurgentes baluchis luchan contra Irán y Pakistán por la independencia de esta región controlada por los dos Estados. El conflicto ha conocido diversas fases de tranquilidad y lucha desde 1948; el actual período de enfrentamientos surge en 2004, con 7.000 muertos desde entonces. En la zona también han colaborado diversos actores, como los talibanes, o incluso Estados Unidos e Irak para desgastar a Irán.

-Conflicto Irán-kurdos: el Partido por la Vida Libre de Kurdistán (PJAK), al que algunos ven relación con el PKK, pero también con Estados Unidos, sostiene un débil enfrentamiento contra el régimen teocrático iraní por la libertad del Kurdistán de Irán, no necesariamente la independencia, sino bajo un régimen federal y democrático donde se reconozcan los derechos de las otras minorías nacionales que viven en Irán. Las acciones del PJAK se han limitado a la teoría de la acción-represión-acción, al asesinato de miembros de fuerzas de seguridad iraníes en venganza por muertes de kurdos iraníes o en el derribo de helicópteros y pequeños ataques a soldados iraníes. En total, el conflicto lleva unas trescientas muertes desde 2004.

-Insurgencia del sur de Tailandia: desde 2004 la violencia en las provincias más al sur de Tailandia ha aumentado. Los grupos insurgentes, acusados de terrorismo y de vínculos con Al Qaeda y con las guerrillas islamistas de Filipinas, justifican sus actos como respuesta a la falta de representación de los musulmanes en la política tailandesa, así como la pobreza de la zona. Las acciones de los insurgentes, que tienen entre 500 y 15.000 efectivos según las fuentes, se basan en ataques de bombas contra ciudades y edificios oficiales y llevan ya 7.000 muertos.

-Cuarta guerra civil de Chad: mantiene la estela de conflictos anteriores entre árabes musulmanes del norte y africanos cristianos del sur, la lucha por el poder y la tierra, ocultos tras la lucha contra Sudán como excusa para el enfrentamiento entre los diversos grupos sociales rivales. Las nuevas negociaciones, lideradas por las Naciones Unidas y la ayuda humanitaria de Canadá, permitieron el "fin" del conflicto en 2010, a la espera de nuevas elecciones para normalizar la situación. Desde 2005 hasta 2010, ha habido más de mil muertos.

-Insurgencia en el norte del Cáucaso: pese al fin oficial del conflicto de Chechenia y tras las acciones bélicas contra Georgia, la región sigue siendo inestable, con la actividad guerrillera de grupos islamistas en las repúblicas de Chechenia, Daguestán, Ingusetia y Kabardino-Balkaria, concentradas en acciones terroristas de ataques a edificios oficiales, medios de transporte, etcétera, con un balance de 900 muertos. Reclaman la independencia de esas regiones bajo regímenes islamistas, o luchando entre sí, sosteniendo diversas interpretaciones islámicas como el salafismo o el sufismo, mientras el régimen de Putin mantiene el control de la región por el ejército y las violaciones de los derechos humanos en los diversos bandos.
"Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organí­cense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza".

Antonio Gramsci, Fundador del Partido Comunista Italiano

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En nuestros conflictos políticos, la República tiene que ser una solución de término medio, transaccional y la válvula de seguridad contra sus desaciertos es el sufragio universal. Lo que se pierde en unas elecciones, puede recuperarse en otras. Nada duradero se funda sobre la desesperación y la violencia. La República no puede fundarse sobre ningún extremismo. Por el solo hecho de ser extremismo, tendría en contra a las cuatro quintas partes del país.

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