viernes, 20 de enero de 2012

Hungría eterna o el síntoma de la Europa enferma


En abril de 2010, Viktor Orbán y su partido conservador, Fidesz-Partido Civico Húngaro, ganaba las elecciones en Hungría con el 53% de los votos y una mayoría de dos tercíos en el Parlamento magiar. La ciudadanía húngara castigaba duramente la gestión de los socialistas en la crisis económica, pero había algo más: los húngaros están muy desilusionados con los partidos que les han gobernado desde el fin del régimen comunista, con la corrupción y las promesas incumplidas. El resultado ha sido la confianza electoral a un partido y un líder, Fidesz y Orbán, que ha abandonado el liberalismo y la democracia por el neopopulismo y el nacionalismo autoritario; además, ha supuesto la emergencia de un partido de extrema derecha, también nacionalista, xenófobo y autoritario como Jobbik-Movimiento para una Hungría mejor, que casi arrincona al Partido Socialista como tercera fuerza parlamentaria.

Con un Parlamento escorado a la derecha, la clase media empobrecida y el país en camino de quebrar, Viktor Orbán inició su "revolución nacional": había que volver a la "Hungría eterna", de orgullo nacional, limpia de los enemigos que la han humillado y minado moralmente, es decir, todas las minorías y movimientos que son la "bestia negra" de los nacionalismos centroeuropeos. Gitanos, homosexuales, socialistas y periodistas independientes. Esta "revolución nacional" se inició con la ley de comunicación de medios de 2010, que silencia a los medios de comunicación con fuertes multas si vulneran la "objetividad", si no revelan sus fuentes... además, los medios estatales tienen que cumplir con su función como medios de propaganda oficial, difusores de los valores que encarna la nueva Constitución: Hungría eterna, cristianismo... en definitiva, la ley de Orbán intenta acabar con la libertad de prensa.

La ley de ciudadanía es otra piedra en la reconstrucción de la "Gran Hungría": concede la nacionalidad a las minorías húngaras fuera de la República húngara. 3,5 millones de húngaros, repartidos entre Eslovaquia, Austria, Croacia, Serbia, Eslovenia y Ucrania pasan a disfrutar de los mismos derechos que los húngaros de la República magiar. Esta iniciativa también cuenta con el beneplácito de la extrema derecha de Jobbik, que por su parte ampara la escalada de violencia contra la minoría gitana de Hungría.

La última piedra es la Constitución de 2011. En ella, las fuentes de la nación húngara vienen de Dios ("Dios bendiga a los húngaros", comienza el texto constitucional), de la cristiandad como concepto indivisible de la nacionalidad y del papel del rey San Esteban, "constructor del Estado húngaro". El Estado asume también la protección de los húngaros de otros países. La familia está basada en la "unión voluntaria de hombre y mujer". El Tribunal Constitucional será ampliado y renovado por afines a Orbán, además de crear otros tribunales especiales, como la Curia, para controlar el poder judicial. La separación de poderes desaparece y se sustituye por el predominio del ejecutivo sobre todos los demás, con control y vigilancia estrictos. Todo bajo la apelación a la nación. Cualquier vestigio democrático queda bajo sospecha: la Constitución, rompiendo toda la evolución política europea, deja de ser un contrato social construido bajo el consenso de la nación. Es una Constitución a la medida del Fidesz, para preservar la hegemonía política, social e institucional del Fidesz. Una Constitución resultado de la dictadura de la mayoría actual.

En la Unión Europea han saltado las alarmas sobre la deriva autoritaria de Orbán, apodado "Viktator" por la oposición socialista en el Parlamento, y social y sindical en la calle, desde la ley de medios de comunicación y también con esta abominable Constitución. La Comisión y el Parlamento europeos han pedido al gobierno magiar que rectifique la deriva autoritaria, amenazando con privarle de derecho a voto en la Unión y, junto a Estados Unidos y el FMI, negarse a concederle ayudas económicas para salvar a Hungría de la bancarrota. La "blandura" de la Comisión ya ha sido criticada por los socialistas y los liberales europeos, y por Daniel Cohn-Bendit, líder de los verdes en el Parlamento Europeo, calificó a Viktor Orbán de emular a Hugo Chávez.

Posiblemente, Orbán maniobrará para limar los aspectos más escandalosos de sus autoritarias leyes. Pero quedan las actitudes. La sociedad húngara se escinde entre una minoría violenta, xenófoba, nacionalista y homófoba, y otra minoría defensora de las libertades, la separación de poderes y el respeto por la democracia y las minorías. En medio, como siempre, una mayoría silenciosa, frustrada, que es el fiel de la balanza entre uno u otro. La frustración y las promesas de una vida mejor mediante la recuperación del orgullo nacional pueden llevarles a los brazos de los populistas; una escalada más autoritaria, y no ya silenciosa sino violenta y ruidosa puede devolverles al otro lado. Pero quizás, sea demasiado tarde. Esto no pasa sólo en Hungría. En la Unión, en todos sus países miembros, se vive la misma frustración con lo existente, ese mismo silencio de la mayoría ante los recortes del Estado de bienestar, la corrupción y las escandalosas actitudes de las élites económicas de la sociedad.

De esta desgracia también participan los demócratas, esos liberales y socialdemócratas desconectados de la sociedad, de dirigentes demasiado conservadores y cómodos en su condición de élites, que no han visto o no quieren ver que están cavando su tumba, y con la suya la de la democracia. Las propuestas que se escuchan por reformar las instituciones, ¿por qué no se hicieron antes? ¿Por qué se abandonaron? ¿Por qué se permite que en la educación pública se abandonen los valores cívicos esenciales para nuestra sociedad? Si no se transmiten esos valores democráticos, que son la base del europeísmo que necesitamos, la Unión Europea seguirá enferma, foco de frustración de los europeos.

La democracia no puede sobrevivir con el silencio pasivo de la sociedad, porque ya sabemos que para que el mal triunfe solo es necesario que los hombres buenos no hagan nada; solo puede sobrevivir con el compromiso activo. La indiferencia es el peor enemigo de nuestra sociedad actual.

Enlaces de interés:
Presseurop en español - La Hungría de Viktor Orbán
Constitución húngara de 2011 (en inglés)
Regresión húngara
Hungría gira hacia el autoritarismo
Hungría en infracción
El espantajo de la revolución cínica de "Viktator"

viernes, 30 de diciembre de 2011

Las premisas del socialismo y las tareas para el PSOE de cara al Congreso

A poco más de un mes de la derrota electoral, el Partido Socialista da muestras de querer recuperar el espacio perdido. Es normal para muchos partidos derrotados verse tentados de radicalizar sus postulados con objeto de mantener la tensión y la movilización de sus electores. En el contexto actual, y por la práctica ejemplar que el Partido Socialista debe mantener, no se puede emular los siete años de acoso y derribo que la derecha política y mediática ha realizado contra el gobierno anterior. La práctica que debe seguir el PSOE es distinta, y para ello el próximo Congreso ha de ser un espacio donde se analice correctamente y con gran autocrítica el camino realizado por el partido, esclarecer las premisas y establecer las tareas para el nuevo período de oposición, reestructuración y trabajo.

Los movimientos para proponer diferentes alternativas de liderazgo en el partido están comenzando o ya han arrancado. Hemos conocido ya el manifiesto "Mucho PSOE por hacer", hemos leído su réplica "Yo también estuve ahí", asistimos al movimiento de "Bases en Red" y Rubalcaba ha presentado oficialmente su candidatura a liderar el partido, a la espera de otras candidaturas, presumiblemente Carme Chacón, y con las dudas de si habrá alguna otra candidatura.

Es irónico que desde algunos medios de comunicación se tilden estos movimientos de "guerra interna", y la labor de algunos dirigentes del partido no hace sino dar alas a esa idea. Para empezar, lo que se ha de hablar es de proyectos, no de personas, aunque sin duda es muy importante quién va a liderar cada proyecto, por las cualidades que cada personalidad puede tener a la hora de plasmar físicamente las alternativas. En este sentido, el manifiesto "Mucho PSOE por hacer" sí que se propone ofrecer un proyecto concreto, socialdemócrata, europeísta e integrador. Igualmente creo que Rubalcaba también lo quiere llevar a cabo. Obviamente, dentro de un partido, las diferencias de proyecto son mínimas, pero sí puede haber diferencias en cuanto a la hoja de ruta. ¿Cómo recuperar el espacio perdido y volver a desarrollar el proyecto socialista?

Hay que ser claros: el PSOE no solo ha perdido por la izquierda, ha perdido por el centro, de ahí el trasvase de votos a UPyD y PP. El PSOE no tiene que ir más al centro o más a la izquierda, tiene que abarcar, como siempre lo ha hecho, un amplio espectro basado en el pragmatismo y el reformismo, que no puede ser otra cosa que progresista. El adversario poderoso no está a la izquierda, está en la derecha, que es al que hay que disputar a las clases medias, y en la izquierda convencer de la necesidad de mejorar las condiciones de la sociedad por la reforma y no por el populismo.

Europa es un concepto fundamental. Me alegra saber que Rubalcaba propone una gran conferencia política para todos los socialdemócratas europeos como antesala para un proyecto único, que es lo mismo que se recoge en el manifiesto "Mucho PSOE por hacer". Es imprescindible un Partido Socialista Europeo único para una Unión Europea que debe estar más unida y tener una única propuesta socialdemócrata para todos los europeos, único camino para defender a todos los trabajadores, el Estado de Bienestar y la libertad.

En definitiva, a los que organicen el Congreso, a los que se presenten a liderar el partido y a los que finalmente lo dirijan hay que pedirles y/o exigirles ciertas premisas: europeísmo, defensa del Estado de Bienestar, democracia interna y recomposición de la base social de la socialdemocracia.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Feliz Navidad


Si echásemos un vistazo y observáramos cómo se encuentra nuestro mundo, tendríamos pocos motivos para celebrar. Mucha gente hoy no va a poder disfrutar de lo que otros tienen. Cierto es que muchos habitantes de nuestro planeta tienen otras creencias o culturas y hoy no celebran nada, una festividad que, desgraciadamente, tiene mucho más de consumista que espiritual. Igualmente, muchas personas siguen atravesando momentos malos en sus vidas, en sus trabajos, aquí y en otros muchos lugares de nuestro planeta. Otros, en cambio, aunque la situación no es la mejor y las expectativas no son muy halagüeñas, disfrutaremos unos días en la intimidad familiar.

Lo más importante, ahora, es pasar estos días con los seres queridos. Desgraciadamente, no con todos. Desde aquí, un saludo afectuoso a todos mis familiares y amigos a los que no puedo ver. A algunos los veré pronto, a otros espero que no muy tarde, a otros será más difícil, y es a los que echo mucho de menos. Por ello, para ellos el saludo es más especial, no me olvido de vosotros. Y, por supuesto, os deseo unas muy felices fiestas a todos los lectores del Árbol Socialdemócrata y a los compañeros de Socialistas en Red.

martes, 29 de noviembre de 2011

Breves apuntes sobre la reforma electoral propuesta por el PP de Madrid

Hoy el PP de Madrid ha presentado en la Asamblea regional una propuesta de ley para reformar la ley electoral de la Comunidad de Madrid. Inmediatamente, se ha generado un gran revuelo y han empezado a llover críticas muy duras. A la espera de poder leer detenidamente la propuesta, vamos a considerar los avances dados por la prensa:

- De los 129 diputados actuales, un tercio, esto es, 43 escaños, serían elegidos en distritos uninominales. Supuestamente, la fórmula sería "first-past-the-post", es decir, mayoría simple a una vuelta.

- Esos 43 distritos serían fruto de la agrupación de varios municipios, o individuales para ciudades mayores y para los distritos más poblados de la capital.

- Los 86 diputados restantes serían elegidos de modo proporcional con escrutinio de lista (presumiblemente cerrada y bloqueada, si no dicen lo contrario) para partidos por encima del 5% de votos válidos.

A simple vista, podría parecer una propuesta por crear una supermayoría artificial conservadora en la región, ya que el PP suele ser, por ahora, el partido más votado en la mayoría de municipios, así como podría obtener facilidades para conseguir diputados con pocos votos (por ejemplo, el hipotético representante de la zona norte, de 29.000 habitantes) o por el gerrymandering de unir Arganda con Rivas, como han denunciado detractores de la reforma propuesta. En este caso, es de suponer que la negativa del resto de partidos impediría tal solución.

Si el PP de Madrid presenta esta propuesta, está obligado a la negociación, no sólo con el principal partido opositor, esto es, el PSM, sino que sería bueno para la salud democrática de la región buscar el consenso total, creando una ley que cuente con el apoyo de IU y de UPyD. Por ello, creo que la base de partida es muy interesante: se viene reclamando desde muchos foros la reforma de la ley electoral y acercar los diputados a los electores, ¿qué mejor oportunidad que ésta?

No entiendo, pues, la gran oposición inicial, menos de los que aceptan la reforma electoral en un sentido más próximo elector-representante. Podrá decirse, claro, de qué sirve elegir un diputado por distrito cuando se unirán a los elegidos por vía proporcional, pero entonces la ley actual también serviría de poco... ¿conocemos los nombres de los 129 diputados madrileños? ¿O de los 129 candidatos que iban en la lista del PP? ¿O en la del PSM? y así...

Por ello, creo que el PSM debería considerar la propuesta y avenirse en discutirla, si bien teniendo en cuenta ciertas premisas:

- Se podría intentar que esos 43 diputados no sean elegidos por mayoría simple, sino por el sistema de voto preferencial, de manera que el elector tenga tres votos por orden de preferencia para, a través de recuentos, posibilitar que el diputado elegido tenga la mayoría absoluta de votos, además de permitir los acuerdos entre distintas fuerzas políticas. Este es el sistema irlandés.

- Habría que tener muy claro si los 86 diputados por lista proporcional no se unen a los 43 ya elegidos, de modo que la Asamblea tuviera una distribución desproporcionada respecto al número de votos de los partidos; tomando como referencia el modelo alemán, si un partido obtuviera una sobrerrepresentación por distritos uninominales, esto se atenuaría recibiendo menos diputados de la lista proporcional, de tal forma que se mantendría la proporcionalidad, exactamente igual que en Alemania: allí, SPD y CDU/CSU obtienen todos los escaños uninominales, pero el saldo final es proporcional por la corrección en las listas proporcionales.

Si consigo leer la propuesta del PP, ya confirmaré o revisaré estas tesis. Pero antes de criticar por criticar, hay que informarse o contemplar las diversas posibilidades potenciales.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Este país necesita algo más que un Parlamento, necesita esperanza: reflexiones antes del día de reflexión

Mañana se acaba ya la campaña electoral. Dentro de tres días estaremos votando. Uno se pregunta el por qué de ciertas costumbres en las elecciones de nuestro país. Desde el martes previo a la jornada electoral se prohíben encuestas, el día anterior a las elecciones se prohíbe pedir el voto para garantizar una jornada de reflexión, algo que en pocos países existe; se ha convertido, más bien, en un día de descanso tras dos semanas intensivas de promesas, anécdotas, mucho debate (poco entre los presidenciables) y demasiada información acerca de los programas electorales. Esto último es una broma, en estas elecciones. A juzgar por las encuestas, pocos parecen tener aún dudas acerca de su voto; si una campaña existe para dar a conocer un programa, pedir el voto, y hacer que el electorado se vaya moviendo, esta es una campaña con un sonoro fracaso. Esto lleva a otras reflexiones, por ejemplo, de qué sirve hacer mítines hacia grupos que ya están convencidos de su voto, ¿no es quizás el mitin un acto electoral desfasado? Pero, al parecer, queda muy bien en la pequeña pantalla diez segundos de cualquier líder hablando ante miles de personas, atento a la lucecita roja que indica que proceden a grabarle para el telediario del mediodía o de la noche. A pesar de la importancia de la pequeña pantalla, lo que no se ha hecho en cuatro, o en dos años, es imposible cambiarlo en dos semanas.

Rajoy, hay que reconocerlo, lo ha demostrado con creces. En dos semanas no ha hecho lo que tampoco ha realizado en cuatro o dos años. Ciertamente, su estrategia es la de permanecer callado y esperar, y muchas cosas indican que, por desgracia, tendrá éxito aunque, sin querer adelantarme, es una gran verdad que las elecciones las pierde el gobierno y no las gana la oposición. A lo sumo, Rajoy nos dio un par de silogismos sobre economía pero no nos respondió a cómo usaría su varita para resolverlo todo si ganase las elecciones. Sin embargo, creo que terminó por creerse el mantra conservador que, de ganar su partido las elecciones, al día siguiente todo iría por "el buen camino", que dijo hoy Esperanza Aguirre (me aterra que pueda haber ideas tan divergentes sobre el buen camino). Ahora, parece querer curarse en salud y ya va advirtiendo de que "el gobierno no lo puede hacer todo" (que se lo digan a Zapatero) y, si primero decía que no iba a tocar nada de los servicios públicos, ahora es tocar todos, menos las pensiones. ¿Y si en el próximo aviso son todos, y también las pensiones? Elecciones ya pasadas, claro está. Rajoy tiene una máxima: contar la verdad antes de unas elecciones es la mayor insensatez.

Es curioso cómo los políticos se acercan, a regañadientes, a la realidad. Primero el PSOE negó la crisis, pero el PP la quiso ver antes de tiempo, y ni unos ni otros previeron que esta crisis no iba a ser un bache en el camino, ni para España ni para Europa. Rajoy tiene razón: si hay empleo hay más ingresos. Al PSOE le ha ocurrido lo contrario: a menos empleo menos ingresos, y de ahí está cayendo el frágil castillo de naipes de la economía nacional. El PSOE se está quemando haciendo lo que puede para que el barco no se vaya a pique; ciertamente, España no ha sido intervenida, como Irlanda, Grecia o Portugal, pero me temo que la situación no se puede sostener mucho. Sin ingresos, ni la socialdemocracia ni el liberalismo pueden salvar una economía. En un mundo globalizado, y más en un mercado tan integrado como el europeo y sin soberanía monetaria, un país puede hacer muy poco. El PSOE llevaba una lógica: si se aguanta hasta que la economía mundial se recupera, el país se recupera. Por desgracia, la crisis no ha terminado. ¿Y que ocurriría si en pocos meses España necesita un rescate europeo? Rajoy, y Rubalcaba, lo tienen en mente, aunque no lo digan. A Rajoy se le nota, y sus lugartenientes ya lo avisan: si ellos gobiernan, habrá movilizaciones populares, una especie de "os lo advertimos y no tenéis derecho a quejaros".

Hay quienes dicen que Zapatero ha hecho los recortes más grandes de nuestra historia. Lo que no dicen es que si no ahora estaríamos peor. Personalmente, me puse en contra de los recortes (está expuesto en este blog) y, como otros, nos lamentamos de que no se hubiera hecho algo en la época de vacas gordas. Pero, ¿quién lo hubiera hecho? ¿Quién pensaba que se aproximaba este tsunami financiero? La política más antisocial es quedarse sin financiación. Otros, en su programa electoral, hablan también de crear empleo por financiación pública. Sí, a muchos nos parecería bien pero, ¿se podría hacer en este contexto? Porque estamos en lo mismo: el Estado está endeudado, necesita más deuda y esta se encarece cada vez más. ¿Cómo se resuelve? Argumento de Rajoy: más empleo, más ingresos. Sin el cómo, vamos listos. Argumento de Izquierda Unida: empleo pública. ¿Cuáles, cómo, para qué? El mismo callejón sin salida. Argumento de Rubalcaba: inversión en I+D+i y en educación. Otra vez a lo mismo, con qué dinero, pero es el argumento que más se aproxima a la realidad. Las políticas a largo plazo son las más acertadas, pero las que nadie ve ni reconoce. A izquierda y derecha del PSOE se dan respuestas populistas, irreales y a corto plazo. No se puede resolver así nada. Rubalcaba, y cualquier político, tienen difícil vender y ganar con políticas de largo plazo. La herencia de Zapatero es envenenada, sí, pero si no estuviera él, sería la herencia envenenada de cualquier otro, de izquierda o derecha.

Zapatero debe ser, actualmente, el político más odiado de España. La derecha le odia desde siempre, y para ellos el 20 de noviembre es el día del desquite. No sé si a partir de entonces sus brazos mediáticos se moderarán, pero les niego cualquier raciocinio, a juzgar por su comportamiento ilógico. A riesgo de comparar, Zapatero es el Suárez actual. Suárez también dejó una herencia económica nefasta, y era odiado a derecha e izquierda; unos no le perdonaban una reforma en vez de ruptura y otros no le perdonaban una ruptura en vez de reforma. Ahora, izquierda y derecha le alaban, le mitifican y los que tanto le repudiaban antaño ahora intentan reivindicarle. ¡Ay, si Suárez pudiera recordar! Lo mismo que le sucedió a Suárez le sucedió a Carrillo, y ahora a Llamazares, los mismos que le odiaban ahora le reivindican como mejor orador de la última legislatura. Tiene mucha razón Andreotti al decir que existen "amigos, enemigos y compañeros de partido". ¿Signfica esto que Zapatero será reivindicado en el futuro? Lo dejo a los historiadores del futuro.

Unas elecciones sin ilusión, apáticas (será la primera vez que pudiera producirse un cambio político con menos participación), sin hablar sinceramente de economía ni de la Unión Europea. Se necesita más que nunca una agenda única socialdemócrata: el Estado nación ya no sirve como marco de referencia para las políticas económicas y sociales. La Unión Europea necesita una reconversión más política y fiscal para responder a la crisis y, dentro de ella, la emergencia de un Partido Socialista único para todos los europeos. Realmente, estas elecciones no solucionarán nada, ni por la izquierda ni por la derecha, más que victorias pírricas y derrotas inútiles. La respuesta es siempre Europa.

jueves, 10 de noviembre de 2011

Debate a dos y a cinco


Viendo los debates que se están desarrollando en algunas de las elecciones españolas, podemos dictaminar que los debates de 1993 fueron un gran éxito: salieron tan bien, influyeron tanto en el electorado que algunos no quisieron volver a repetirlos; o permitir unos debates light, encorsetados, aburridos, limitados... nada que ver con otros países donde existen multitud de debates, incluso entre candidatos de un mismo partido, o más dinámicos.

El debate del lunes entre los dos principales partidos transcurrió, a grandes rasgos, como lo esperado. Rajoy intentó no perder terreno y no arriesgarse, de ahí que sus propuestas fueran apenas débiles esbozos, más bien cuestiones teóricas en las que todos estamos de acuerdo. ¡Cómo no vamos a estarlo, cuando es simple que a más empleo, más ingresos! ¡Ese es justamente el problema que tenemos ahora mismo! Ahora bien, no dio respuestas concretas, excepto alguna ayuda a las PYMEs y cuestiones del IVA, música que suena muy bien, pero con el fondo de bajadas de impuestos y los consiguientes recortes.

Rubalcaba tenía una losa muy pesada que ya le impedía ganar, de entrada, el debate: la pésima situación económica. Con todo, su baza era desarmar el programa oculto de los conservadores. Era una estrategia peligrosa: la impresión que me dio, en algún momento, es que nos estaba relatando el programa de humo -pero programa, al fin y al cabo- del PP, y sus propuestas de transformar el ICO, en la contratación, mejoras en I+D+i, servicios públicos, etcétera, quedaba diluido intentando pillar en un renuncio a Rajoy. Tampoco, claro podía darle muchas alas a su adversario, que salió con un esperado "¿y por qué no hizo todo eso en estos últimos años?"

Durante buena parte del debate, Rubalcaba marcó la agenda, llevando la ofensiva, aunque Rajoy intentó no seguirle el juego y, cuando pudo, este supo embrollarle en las neblinas que leía en sus chuletas, como el tema de las diputaciones para no tener que hablar del matrimonio del mismo sexo, aunque al final tuvo que entrar; no sé si hizo bien, porque me dejó preocupado su afán por crear ciudadanos de segunda clase que se pueden "unir", pero no casar.

Rubalcaba dio una impresión de conocer más su programa que el propio Rajoy, que tenía que leer hasta sus propuestas, recordándonos aquella vez que no recordaba las medidas de su partido para crear empleo. No se puede tener mucha confianza en un candidato que no sabe lo que propone. En definitiva, Rubalcaba tenía difícil, si no imposible, ganar; pero podía haber hecho más. Añado un gran suspenso para los dos candidatos por dedicarle a la Unión Europea como proyecto europeo o a las relaciones internacionales apenas unos breves instantes del final.


En el debate a cinco de ayer, de entrada diré el enorme acierto de permitir que fuera Izquierda Unida, representada por Gaspar Llamazares, la que representara el grupo parlamentario que creó con Esquerra Republicana. A juzgar por la intervención de los otros dos grupos nacionalistas, PNV y CiU, el debate hubiera quedado desfigurado entre los dos grandes partidos nacionales y la intervención de los nacionalistas, sesgada sólo para sus más cercanos conciudadanos -lógico, por otra parte; sólo se presentan en una parte limitada de nuestro país-. Lo mismo digo si en vez de ir Gaspar Llamazares hubiese ido Cayo Lara, que no le llega ni a la suela del zapato en cuanto a argumentaciones y réplicas.

Sí es cierto que los dos partidos nacionalistas hablaron -a veces- de temas más generales, pero para ir de inmediato a los problemas de su región. Y no es cierto que en el debate a dos no se hubiera hablado de Cataluña o Euskadi; por supuesto que se habló, porque se hablaron de los problemas que afectan a nuestro país, donde a día de hoy Cataluña y Euskadi son parte integrante del mismo, aunque no les guste, pero ellos no representan la totalidad de sus regiones. A falta de renovar las Cortes, 9 de los 18 diputados vascos y 25 de los 47 catalanes, así como 9 de los 12 senadores por Euskadi y 8 de los 20 por Cataluña pertenecen al grupo socialista.

Ya Josu Erkoreka, del PNV, reconoció que no era el único vasco del debate pero sí el único que tenía un programa "pensado en Euskadi, por Euskadi y para Euskadi", lo que no estaría mal en unas elecciones regionales, pero el día 20 de noviembre elegimos diputados que representan a toda la nación. Ramón Jáuregui, vasco con orgullo y orgullo para todos los españoles, no sólo hablaba por y para Euskadi, hablaba por y para toda España. A diferencia de Rubalcaba, Jáuregui sí reivindicó la labor del gobierno de Zapatero por resolver, aunque infructuosamente, el golpe de la crisis a la economía española; también reivindicó la labor del gobierno en cuanto a derechos sociales y vertebración del Estado autonómico como garante de su pluralidad social y cultural.

Junto con Jáuregui, y como dije antes, Llamazares fue el otro acierto del debate. Es más, incluso para mí fue el verdadero ganador, capaz de obviar el radicalismo demagogo del programa electoral de Izquierda Unida y, frente al nacionalismo de Pere Macias y de Erkoreka, él vino a "hablar de las personas". También fue ganador por encima de Gallardón, al que debió resultar irónico defender que el PP arregla la economía cuando los recortes de las comunidades gobernadas por los conservadores, las de antes y las nuevas desde este año, siguen creando parados y recortando los servicios públicos, aparte del insulto malsano a los madrileños, a los que deja una deuda astronómica que será -y ya es- difícil de pagar.

En definitiva, para el debate a cinco, mi reconocimiento a Llamazares por su discurso de izquierda, socialdemócrata, sí, porque era más realista que el que enarbola ahora su partido, lo que no deja de ser una desgracia por la estirilidad de su triunfo dialéctico.

Un dato: en las elecciones de 2008 ya flotaba sobre el ambiente el fantasma de la crisis, y se celebró un debate económico entre el ministro de economía, Solbes por entonces, y el "ministrable" conservador, Manuel Pizarro. En 2011, cuando la economía es la principal preocupación de los españoles, ni existe un debate monográfico de economía ni existen ministrables reconocidos en uno y otro partido.

Otro dato: la ambigüedad calculada de los conservadores respecto al matrimonio del mismo sexo es preocupante, y las referencias de portavoces del PP en los medios infunden más temor que tranquilidad. Hay que dejarlo bien claro: los derechos no se crean, se reconocen, y no se pueden eliminar. No se pueden crear ciudadanos de segunda, el derecho a la vida es también el derecho a vivirla como queremos, sin hacer daño a los demás. Todos los derechos reconocidos son innegociables.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Una vez más... recuerden, recuerden...


Escribir cada año una referencia más de V de Vendetta, cómic y película, empieza a consolidarse como una costumbre en este blog. Últimamente los quehaceres de los estudios me absorben tanto, y escribo tan poco... qué ironía, un socialdemócrata que apenas tiene tiempo para escribir algo acerca del socialismo democrático, del Partido Socialista o de su candidato a las elecciones encuentra un resquicio para homenajear a un personaje de ficción que, además, es anarquista.

El año pasado hice una semblanza un poco más psicológica y personal de V, víctima y a la vez villano -pero, si alguien tuviera en sus manos su poder, ¿quién no lucharía contra un poder tiránico aun derramando sangre, sangre culpable?-, las anteriores fueron reflexiones personales y cuestiones más de actualidad. ¿Qué podríamos decir este año? Siguen existiendo motivos para luchar por nuestra libertad, pues vivimos en un mundo que se convierte en nuestra pesadilla: que, en nombre de nuestra libertad, se nos ha coartado, instalándonos de nuevo el miedo en la sociedad occidental al "enemigo", comunista en su momento y, una vez caído el muro de Berlín, en este nuevo siglo el enemigo es el musulmán, el inmigrante, el extraño, en definitiva; en nombre del progreso, del empleo y de la felicidad, se nos arrebatan las tres, echan la culpa de la crisis económica al común y nos quieren seguir engañando ofreciéndonos el consumo irresponsable mientras nos arrebatan las bases de la verdadera felicidad.

Justicia, igualdad y libertad, como dijo V, son algo más que palabras, son metas alcanzables. Se nos está arrancando la condición de ciudadano, poco a poco, hasta que la palabra pierda todo su significado, porque justicia, igualdad y libertad son también responsabilidad, pensamiento y solidaridad, sin las cuales no puede existir sociedad humana, que es el reino de la ley, que procede de nuestra participación y consentimiento, sin opresión. Que nadie nos engañe, la libertad no está en los mercados ni en naciones, está en la gente, como ciudadanos y no como consumistas.

En dos semanas elegimos un nuevo parlamento en nuestro país. Somos tan conscientes de qué poco pueden cambiar las cosas... porque sabemos que elegir un reducto tan pequeño de soberanía no arregla las cosas, no sin unión -europea, mínimo-, y plantarle cara a esa clase tan difusa que domina los mercados financieros. Sí, existe la lucha de clases, es estúpido negarla, y seguirá existiendo mientras unos pocos sigan queriendo dominar a la mayoría. Este país necesita algo más que un parlamento, necesita esperanza.

jueves, 20 de octubre de 2011

Con la mirada más allá del 20 de noviembre


El 20 de noviembre, salvo sorpresas, parece ser el último acto de un cambio político que se inició el pasado mes de mayo. En términos democráticos y generales esto es sano en la medida que el poder desgasta y se hace necesario en nuestra sociedad un cierto nivel de alternancia política, o turnismo para los críticos, que en poco tiene que identificarse con el canovista. Sin embargo, el nuevo ciclo político puede ser el contrapunto del predominio del signo contrario de 1982. Pudiera haber sorpresas, pero 2011 parece ser muy distinto a 1993 o 1996. Parece; ojalá haya cambios en este mes que falta.

Las elecciones generales de 2011 será la convocatoria electoral menos entusiasta de la democracia. La ilusión por el cambio político o la continuidad, simplemente, no existe, a diferencia de 1982, 1996 o 2004. Coincide con el mayor momento de desconfianza hacia la clase política, ya sea a través del movimiento de los indignados o por la apatía general. La prolongación y el deterioro de la crisis económica en España no sólo ha privado de un fin tranquilo a la presidencia de Zapatero y de una posibilidad a Rubalcaba de presentarse como otra vía alternativa a la seguida por entonces, sino que incluso empieza a calar la idea de que un gobierno conservador tampoco será capaz de sacar a España del agujero donde ha caído. Y es que ni Rajoy tiene la varita mágica de la que brotará el maná, por eso su campaña es la que es, la vía tranquila, esperar a que alguien llame a su puerta y le entregue la cartera de presidente del gobierno. Sin embargo, aunque es el anhelo que le ha tenido esperando ocho años, pese a perder una mayoría absoluta y las siguientes elecciones, este regalo será envenenado. Sea para él o para Rubalcaba. Rajoy puede tenerlo muy fácil: el electorado socialista está indignado, el conservador está activado, motivado por la obsesión por el desquite hacia Zapatero. Nunca le han perdonado que ganara dos elecciones.

No hay ilusión por las elecciones porque estas no resolverán los problemas de España. España por sí sola no puede salir de la crisis, porque la crisis es más profunda, no es solo circunstancial, es estructural, y la crisis financiera y económica reciente solo nos ha roto el espejismo en el que nos quiso meter Aznar a ladrillazos, del mismo espejismo que hemos vivido siete años y en el que, teniendo la oportunidad, no se supo cambiar a tiempo nuestro modelo productivo. Sea por electoralismo o por otra cuestión, la forma del Estado siempre vuelve al debate, la crisis también se está llevando por delante la credibilidad de las autonomías y de los municipios y su vía de financiación, los servicios públicos son los primeros en ser sacrificados y vilipendiados como un lastre para los presupuestos de las administraciones.

¿Y que es acaso la única vía? ¿Quién nos está dando esta vía? ¿No son acaso los intereses de la patronal y de las finanzas internacionales, revestidos de la ideología neoliberal, los que están detrás de esto? Y no quieren acabar con la crisis, no, no. Lo que quieren es acabar con los logros de la socialdemocracia. Los sindicatos no tienen un poder excesivo; tienen su propia crisis, sí, pero son un instrumento esencial para los trabajadores, y una rémora para los que quieren minimizar todo lo posible los derechos laborales. Los servicios públicos no están obsoletos, el Estado no ha abusado de los recursos que disponía. Simplemente, ha perdido esos recursos: a menos recaudación, menos recursos puede gastar. ¿Por qué los ha perdido? Porque las instituciones financieras no invierten, y de ahí se crea un proceso en cadena que va desde los bancos, a las administraciones y acaba en el ciudadano, endeudado por hipotecas, agobiado por los pagos atrasados si tiene una pequeña empresa o temeroso de perder su empleo si trabaja a cuenta ajena. Esto tiene que ver mucho con las impresiones, y la crisis no es solo una realidad, es una percepción, porque detrás del dinero no están máquinas, están personas, sean las que tengan el poder económico como las que no lo tengan.

España sufre mucho esta crisis porque nuestro modelo productivo está obsoleto. No se educa al emprendedor, sea en la investigación o en la empresa. Se potencia la gran superficie, la gran empresa, se ahoga al pequeño empresario, se crean licenciados sin futuro, se recurre en gran medida a las administraciones para repartir contratos: las empresas vinculadas a la administración están sufriendo los apuros económicos de municipios y autonomías. Y sí, en España, como en Europa, como en el mundo, los flujos financieros están descontrolados. Por eso la crisis no la ha podido resolver Zapatero, ni lo podrá hacer Rubalcaba o Rajoy. Ellos solos no. Europa necesita resolverla unida. Más unida: no se pueden tener 27 sistemas fiscales distintos. También los distintos gobiernos mundiales, pero eso ya es más difícil. Mientras halla competencia desleal entre las autonomías en España, entre los países en Europa, no se podrá resolver uno de los puntos principales de la crisis: el descontrol de los flujos financieros. El mercado. España necesita no unas nuevas elecciones sino una reformulación tanto política como nacional.

El nuevo parlamento puede ser uno de los más variados de la democracia: el desgaste socialista puede potenciar a IU, UPyD, CiU, además de abrir la puerta a nuevas formaciones como la abertzale Amaiur y a los ecologistas de Equo. Pero el nuevo parlamento no será el más fraccionado, porque se anuncia una gran mayoría para el partido conservador. Con estos aspectos, una oposición fraccionada, gracias a un partido socialista débil, será un regalo para un gobierno conservador. También la perspectiva de mayoría absoluta puede ser un peligro para el mismo partido conservador: que la ciudadanía obtenga una impresión de miedo ante tanto poder concentrado en un solo partido, sin ningún contrapeso importante.

En términos generales, la concentración de poder en tan pocas manos sólo puede recordarnos a una máxima: el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Un nuevo predominio no será sano para nuestra sociedad y nuestra democracia. Una caída de la socialdemocracia española, más allá de los intereses del Partido Socialista, será una desgracia no solo para la izquierda española, de la que es su mayor representante, sino también para España. Precisamente cuando en Europa central Francia y Alemania empiezan a advertir que la receta neoliberal no ha solucionado nada, y que incluso caminan a nuevas recesiones.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Reivindicando la Unión Europea


¿Podría estar la UE en su peor y, a la vez, mejor momento? Todo depende de qué impulso se le quiera dar. La ciudadanía, qué novedad, sigue viendo las instituciones comunitarias alejadas de su vida cotidiana, pero hay que reconocer la gran influencia que tienen en nuestra vida. Poco a poco, casi sin percibirlo, se crea una ciudadanía europea en la medida en que los distintos habitantes de cada país miembro pueden moverse con libertad dentro de la Unión y se camina a una mayor armonización en diversos aspectos, especialmente la educación superior.

Europa tiene dos caminos que puede recorrer.

Podría seguir como la débil confederación que es o, incluso, debilitarse más aún si decidieran acabar con el experimento del euro o dejar que algún país cayese en la bancarrota, ahogado por las deudas, como algunos quieren hacer con Grecia, Portugal o incluso con Italia y España, sin tener en cuenta las graves consecuencias que ocasionaría en la economía mundial. Ni a Estados Unidos, principal acreedor y deudor de Europa, ni a los países emergentes -el "BRIC"-, principales vendedores de materias primas, les interesa que su mercado europeo se hunda. Marine Le Pen, candidata de la extrema derecha a la presidencia de Francia, preconiza la salida de Francia del euro, y como ella la extrema derecha de los países dentro de la Eurozona pero que no explica los riesgos que tiene salirse de la moneda única. Esa postura es populista y, además, irreal.

Por el contrario, la Unión podría fortalecerse como federación, es decir, dotarse de un fuerte gobierno central. Esta es una opción que ningún político, salvo escasas excepciones, plantea actualmente. En términos prácticos, la existencia de 27 políticas fiscales diferentes es nefasta y se hace necesaria una armonización, si bien igual para todos, o bien con escasos márgenes de autonomía. La ocultación de datos económicos, como ha sido el caso de Grecia, es una experiencia que no debe volver a repetirse, como tampoco el incumplimiento de los límetes de déficit público por parte de grandes países, como ocurrió en su día con Francia y Alemania, sin que les supusiera consecuencias. Esto nos lleva al asunto más espinoso: la federación implica el traspaso de la soberanía de modo irreversible. Incluso en la actual configuración de la Unión ya se ha cedido soberanía en temas monetarios y la salida de un país del seno de la Unión, dentro del euro y con un mercado totalmente ligado a la economía europea sería de graves consecuencias, especialmente para sus ciudadanos. Ya se ha especulado qué podría ocurrirle a Grecia si se viera obligada a salir del euro o incluso de la Unión al ser incapaz de reducir su déficit o estar al corriente del pago de la deuda: una nueva moneda nacional se vería irremediablemente reducida de valor, con el consiguiente aumento de la deuda, el nivel de vida caería en picado, el país se vería obligado a no poder pagar a sus funcionarios, a imponer restricciones a movimientos bancarios fuera del país, a pagar mayores intereses por su deuda... un corralito a la griega.

El fortalecimiento de la Unión depende, en buena medida, de una ciudadanía informada y favorable a esta opción. Por ello es esencial el papel de los medios de comunicación y de los políticos nacionales y comunitarios. También depende de la voluntad del principal motor económico de Europa, que es Alemania, y de Reino Unido, cuyos intereses económicos fuera de la Unión son el principal obstáculo a una Unión homogénea.

La construcción federal de la Unión no es cosa de un día. Es un proceso lento, como lo vamos observando. La comparaciones históricas, como por ejemplo la construcción de los Estados Unidos de América, no tienen sentido si no comprendemos las grandes diferencias que separan uno y otro proceso. No se trata de regiones poco pobladas, de aún gran potencial por explotar y de costumbres en materias como sociedad, política o economía parecidas. En este sentido, el proceso en cada país debe ser convergente, con grandes ejercicios de pedagogía hacia políticos, medios de comunicación y ciudadanos, frente a las voces euroescépcticas o antieuropeas, que señalan un camino fácil, pero de muy corta duración.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Análisis de las elecciones generales de Dinamarca


Dinamarca ha girado al centro-izquierda, terminando un ciclo político de 10 años de gobiernos liberal-conservadores y, de momento, con la influencia del neopopulismo en el gobierno danés. El mapa político nórdico se recompone con mayor presencia socialdemócrata en el gobierno: Dinamarca se suma a Noruega como países dirigidos por sus respectivos partidos socialdemócratas. En Finlandia los socialdemócratas participan en un gobierno presidido por los conservadores, mientras que en Suecia aún permanecen en la oposición.

Lo característico de todos estos países, ahora, es que el neopopulismo de derecha se encuentra en la oposición, pero con situaciones dispares: en Dinamarca experimenta un ligero retroceso, debido a la pérdida de importancia de la inmigración en la campaña electoral -o a la toma de posturas más restrictivas por parte de los partidos principales del bloque de izquierda, socialdemócratas y social-liberales-; en Noruega se ha evidenciado un retroceso significativo del populista Partido del Progreso en las recientes elecciones municipales, más a favor del Partido Conservador que del Laborista; en Finlandia el partido de los Verdaderos Finlandeses encabeza la oposición como tercera fuerza política; y en Suecia los Demócratas Suecos hicieron su primera aparición en el parlamento en elecciones generales del año pasado, privando de la mayoría absoluta al gobierno conservador.

Otro dato característico es la continua fragmentación del mapa político de los países nórdicos y el peso decreciente de los grandes partidos tradicionales (socialdemócratas y liberales/conservadores), bien gracias al crecimiento de partidos a la izquierda de la socialdemocracia o al fortalecimiento de partidos populistas, afectando prácticamente por igual a conservadores y socialdemócratas.

Esto son líneas generales. Habría que entrar de lleno en cada situación para hacer notar las diferencias. En lo que nos ocupa, Dinamarca, existen hechos significativos, que creo que residen en el alto nivel de participación, un 87,7% (un punto más que en 2007). Los sondeos venían apuntando un fuerte apoyo a los partidos de la oposición de centro-izquierda (del orden del 55-52% de votos) y la primera posición para el Partido Socialdemócrata. Los resultados han sido más ajustados: en la Dinamarca continental, la diferencia entre los dos bloques ha sido de unos 17.000 votos y medio punto porcentual. Los socialdemócratas han vuelto a quedar en segundo lugar, perdiendo peso electoral y un diputado, aunque ganando... 500 votos netos. Su directo rival, el Partido Liberal (Venstre), suma un escaño y gana unos 40.000 votos más que, creo, o vienen directamente relacionados por el aumento de participación o han venido del partido populista, que pierde aproxidamente esa misma cantidad. Obviamente, esto no es tan sencillo. El electorado nórdico es más volátil, y sin estudios estadísticos no podemos saber cuántos votantes fueron a las urnas por primera vez o han decidido no abstenerse, cuántos votantes no han ido, bien por fallecimiento, bien por abstención, etcétera. Acaso, se pueden apuntar indicios, pero que parten más de la deducción que de fuentes estadísticas.

Las claves de la victoria del centro-izquierda y la derrota del gobierno hay que buscarlos en los socios menores. En el campo del centro-izquierda, los socialistas de izquierda han debido de perder votos hacia la Lista Unida (alianza roji-verde), situados más a la izquierda. Pero en el ala centrista del "bloque rojo", el Partido Social-Liberal es, tras los roji-verdes, la formación con mayor aumento electoral. En el campo de la derecha, aparte de los liberales del Venstre, la pequeña Alianza Liberal también sube respecto a las anteriores elecciones; el neopopulismo pierde posiciones, pero la caída más notable es del viejo Partido Conservador, que pierde la mitad de sus apoyos pasados y no llega ni al 5%. ¿Cómo habrán sido los trasvases de votos? Posiblemente los conservadores hayan perdido apoyos directos hacia los pequeños liberales, el Venstre y, por qué no, seguramente hacia los social-liberales. También pudiera ser que el Partido Liberal haya perdido votantes a su izquierda, hacia los social-liberales y socialdemócratas, pero que los haya compensado con nuevos votantes a su derecha. Si supiera danés tendría a bien buscar entre la prensa de ese país buscando análisis mucho mejor informados.

Previsiblemente, a Lars Løkke Rasmussen le sucederá como primer ministro Helle Thorning-Schmidt, la líder socialdemócrata. Será la primera mujer primer ministro de Dinamarca, pero ese no es su aspecto más relevante. Thorning-Schmidt causa polémica en las filas socialdemócratas por sus orígenes familiares, más cercanos a la derecha y al centro social-liberal que al tradicional sindicalismo socialdemócrata aunque, como persona de contrastes, se crió en un barrio del sur de Copenhague, de familias modestas y ahora con un alto nivel de población inmigrante; también es conocida por sus malas relaciones con el ala izquierda de su partido y por los escándalos de evasión de impuestos junto a su marido Stephen Kinnock (hijo del antiguo líder laborista británico Neil Kinnock). Por su cuidado vestuario, ha sido calificada como "Gucci Helle" por sus adversarios socialdemócratas.

Lo cierto es que Thorning-Schmidt no ha sabido romper con los marcos creados por la derecha populista respecto a la relación de inseguridad e inmigración y ha aceptado buena parte de la política del gobierno liberal a este respecto, bien sin los controles aduaneros planteados por los populistas. Los socialdemócratas, además, han renunciado a defender en la campaña electoral la entrada de Dinamarca en el euro. El debate principal que ha dominado la campaña electoral ha sido la economía. No tanto el paro, que es bajo (un 6%, aunque para países caracterizados por un desempleo muy bajo es un dato preocupante), sino el déficit público, provocado por la crisis económica, que amenaza al Estado de bienestar danés.


El tema de la reducción de la inversión pública, clave para el mantenimiento del Estado de bienestar, será un punto de fricción entre los potenciales socios de gobierno, así como la política fiscal, esencial para la distribución de la riqueza. Ekstra Bladet, un periódico sensacionalista danés, resalta el perfil femenino de la coalición triunfante. No sólo por Thorning-Schmidt: tanto la roji-verde Lista Unida como el Partido Social-Liberal, los reforzados aliados de la socialdemocracia, están dirigidos por mujeres, Joahnne Schmidt-Nielsen (como portavoz, la dirección es colegiada) y Margrethe Vestager, respectivamente. Thorning-Schmidt tendrá que hacer malabarismos para unir a fuerzas tan dispares como socialistas de izquierda y roji-verdes, defensoras del mantenimiento del Estado de bienestar y euroescépticas, con socialdemócratas y social-liberales, que apuestan por reducir el déficit y, en el caso de social-liberales, bajar los impuestos y quizás las prestaciones sociales. Como contrapartida, Thorning-Schmidt promete aumentar las inversiones en educación, bienestar e infraestructuras.

Según The Guardian, en una sociedad como la danesa de grandes consensos no habrá cambios sustanciales en cuestiones económicas claves. Lo que previsiblemente habrá es una preocupación más social para gestionar los recursos y las inversiones para garantizar el Estado de bienestar de modelo nórdico.
"Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organí­cense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza".

Antonio Gramsci, Fundador del Partido Comunista Italiano

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