martes, 19 de junio de 2012

Análisis y claves de las elecciones griegas


Hace ya más de un mes que no escribo. Lo echaba mucho de menos. Es lo que tienen los estudios. Pero, una vez más liberado al respecto, vuelvo a mi querido blog y a comentaros mis impresiones, queridos lectores. ¡Han pasado tantas cosas desde la última entrada! Elecciones griegas (primera y segunda parte), elecciones egipcias (y la contrarrevolución militar), elecciones francesas, deterioro de la crisis económica en España, decepción ante la falta de respuestas del Gobierno de Rajoy y la incertidumbre tras el rescate financiero a España. A su debido tiempo.

Hoy toca hablar del resultado de las elecciones griegas. Parece que, esta vez, no habrá que volver a repetirlas y que, definitivamente, saldrá una coalición de gobierno. Antes de este comentario acerca del análisis y claves de las elecciones griegas, habría que resaltar que la apelación a la ciudadanía para marcar un sentido a la resolución de los problemas de un país es un sano ejercicio democrático; no obstante, un uso excesivo es siempre perjudicial, por un sencillo motivo: son los políticos, como representantes del pueblo, quienes tienen que resolver los problemas existentes, buscando y negociando acuerdos, no trasladando continuamente a la ciudadanía sus problemas por la falta de acuerdos o de la necesaria madurez que se requiere para la gestión de la cosa pública.

En el estudio de la historia, y en el de la ciencia política, siempre es interesante los grandes cambios políticos. En el período 2009-2012 se ha iniciado una gran recomposición del arco político griego.

Recordemos algunos datos: durante los últimos años del sistema democrático griego, los grandes partidos alternantes en el poder, el socialista PASOK y el conservador Nueva Democracia manipularon los datos de la economía helena. Este falseamiento fue descubierto por la Unión Europea, provocando la caída del gobierno conservador de Karamanlis, la victoria del socialista Papandreu y el comienzo de un doloroso ajuste para la economía y el pueblo griegos: el rescate económico y las condiciones impuestas por las instituciones comunitarias y el gobierno alemán -el conocido memorándum- solo han servido para lastrar aún más la economía griega. El desempleo ha aumentado, el Estado ha sido obligado a privatizar empresas públicas, a recortar el Estado de Bienestar y, a cambio, la economía sigue sin crecer y el país es incapaz de pagar ni la deuda ni sus intereses. El fraude fiscal es cada vez más grave y el Estado es incapaz de combatirlo. A la crisis económica se suma la crisis política: los socialistas de Papandreu, que capitanearon al país en la senda del ajuste y del rescate, se quemaron políticamente. En la oposición, el principal partido, ND, dirigido por Antonis Samaras, inicialmente se negó a la colaboración -esperando que la crisis quemara a los socialistas y los griegos llamaran de nuevo al poder a los conservadores- y, posteriormente, por presión de la derecha europea, aceptó integrarse en un gobierno de unidad nacional con el PASOK -liderado por el independiente Papadimos, con el beneplácito de la UE y la presión de Merkel- y seguir con la política de recortes.














Ese es el contexto en el que se desarrollan las elecciones de mayo y junio de 2012. Como vemos en el cuadro 1, la crisis griega ha roto los esquemas previos: el sistema tradicional bipartidista ND-PASOK, así como el eje izquierda-derecha, ha pasado a un sistema de pluralismo polarizado y de múltiples ejes: a la izquierda-derecha se le debe sumar el eje partidarios/detractores del memorándum, que es el que se ha impuesto como dominante en estas elecciones para la formación de un nuevo gobierno.

Como resultado de este nuevo cleavage o "línea de ruptura", han surgido nuevos partidos o se han fortalecido los marginales: Griegos Independientes (ANEL) surge como una escisión euroescéptica o antieuropea y nacionalista de ND, con el 10% de votos, así como Alianza Democrática (DISY) o Acción-Alianza Liberal (DRASI-FS), que resultaron extraparlamentarios; del PASOK surgió Acuerdo Social (KOISY) y, junto a una escisión de SYRIZA, Izquierda Democrática (DIMAR), este el único que consiguió representación parlamentaria. La Coalición de Izquierda Radical, SYRIZA, consiguió capitalizar buena parte de la caída socialista, situándose como segundo partido más votado y el primero del campo de la izquierda. El comunista KKE, aunque en las elecciones de mayo ganó votos, no recibió los frutos esperados de su acción política contra los recortes, cosa que DIMAR y SYRIZA sí consiguieron. En la extrema derecha, los populistas de LAOS pagaron cara su entrada en el gobierno de concentración nacional convirtiéndose en fuerza extraparlamentaria, siendo sustituidos por Amanecer Dorado (XA), el partido neonazi griego. Los partidos extraparlamentarios, que en 2009 consiguieron el 4,5% de los votos, aumentaron hasta el 19,6% -sumados con los votos de LAOS- y sin representación parlamentaria. Buena parte de este aumento se debía a los partidos surgidos al albor de la crisis política -DISY, KOISY, DRASI-FS- y los reforzados como Los Verdes, aunque sin el peso necesario para alcanzar representación parlamentaria.

La repetición de elecciones en junio ha venido a consolidar este nuevo sistema polarizado, manteniendo los partidos que obtuvieron representación en mayo y concentrando en estos, en especial los más grandes -Nueva Democracia y SYRIZA- los votos. Es reseñable que el peso de los partidos extraparlamentarios se reduce a niveles previos por un voto útil a las formaciones parlamentarias, sin olvidar constatar que dos de los partidos extraparlamentarios, el derechista DISY y el socialdemócrata KOISY, optaron el primero por presentarse con ND y el segundo por no hacerlo. El sistema que se está formando, de momento, apunta a una bipolarización en torno a ND y SYRIZA, con la existencia de formaciones menores. De estas, es importante apuntar el papel de bisagra de los socialdemócratas del PASOK y de DIMAR y la caída del KKE, sin duda por su negativa a integrarse en pactos, manteniendo una política maximalista. La caída comunista le supone no solo una pérdida de votos respecto a las elecciones de mayo, sino también una pérdida de votos respecto a niveles anteriores a la crisis económica o política: el KKE ha perdido la capitalización de la crisis griega.


El característico sistema electoral griego, que por una reforma constitucional pasaba a otorgar un premio de 50 diputados a la formación más votada, ha producido un perverso efecto distorsionador: como puede verse en el cuadro 2, superior a estas líneas: pese a que las formaciones de derecha tienen un nivel de votos inferior a la izquierda, su menor fragmentación y la concentración de voto en torno a ND ha venido a beneficiarle. Por el contrario, la división de la izquierda en cuatro partidos juega en su contra, aunque sumados los tres partidos democráticos de izquierda (SYRIZA, PASOK y DIMAR) su porcentaje de voto es mayor.



Pero como decía, la comparativa entre partidos por el eje clásico izquierda-derecha ya no es suficiente. No desaparece, pero no es suficiente. Por la división de posiciones respecto al memorándum, la política de pactos se condiciona a este. Los partidos democráticos están de acuerdo en su renegociación: ND y PASOK en cambios mínimos que consideren que pueden contentar a los griegos, y la izquierda de SYRIZA y DIMAR en cambios profundos que primen el crecimiento sobre el pago inmediato de la deuda. La negativa de la derecha nacionalista de ANEL, del KKE y de la extrema derecha de Amanecer Dorado directamente les deja excluidos. Como se ve en el cuadro superior, la solución triunfante, por votos y reforzado por la prima al más votado, es la de una negociación mínima, una salida que contenta bastante a los mercados financieros. La posición de los partidos maximalistas se reduce.

Esa mayoría parlamentaria clara a los partidarios de la negociación mínima, ND y PASOK, favorece su acuerdo para un gobierno de coalición. Es la solución querida por los mercados financieros y por el Gobierno alemán. No porque una victoria de la coalición de partidos que han arruinado a Grecia vaya a ser su salvación, sino porque son los partidos que están de acuerdo en el pago de la deuda por encima de todo. 

La posición de Nueva Democracia, como vimos, fue ambigua y con un claro objetivo político: neutralizar a los socialistas como fuerza de oposición y volver al poder. La satanización de la izquierda de SYRIZA pretende reforzar su papel como garante del sistema establecido y de la moderación, un juego en el que han caído no solo los socialistas griegos, sino también buena parte de la opinión pública progresista en Europa y de algunos partidos socialistas europeos. 

El PASOK, que ha capitalizado las iras de su más directo electorado y ha perdido la posición predominante que gozaba en las últimas décadas, se ve convertido en un complemento a la mayoría de Nueva Democracia, presionado por los mercados financieros y por la derecha europea a sostener a Samaras. Al parecer, esta nueva postura es acogida sin excesivas resistencias en el partido: huidos los grupos más izquierdistas a DIMAR y SYRIZA, en el partido quedan aquellos más afectos al poder que a las ideas progresistas. Nunca sabremos qué habría decidido el PASOK de haber ganado en estas elecciones SYRIZA.

La historia más reciente nos demuestra que la izquierda política tiene que ser capitaneada por un partido democrático y moderado. SYRIZA ha pasado de una pequeña coalición de partidos eurocomunistas, trostkistas y socialistas a, aun englobando a estos, moderar sus postulados para prepararse a ocupar, de momento, la primacía en el seno de la izquierda griega. Sin abandonar un discurso ciertamente populista, ha introducido elementos de izquierda responsable: defensa clara de la Unión Europea y del euro, lejos de la demagogia que hacen gala sobre este tema sus partidos homólogos en Europa. Si quiere mantener la posición conquistada de primer partido de la izquierda griega, es posible que entre en tensiones con sus sectores más radicales, y se acabe en la configuración definitiva de un partido de izquierda socialdemócrata, manteniendo su discurso de reforma radical del Estado griego. 

Perder esa oportunidad podría suponer la recuperación del PASOK -no olvidemos que el Partido Socialista griego aún conserva un gran poder regional y local que puede emplear para recuperar su capital político- o la apuesta de la izquierda social por DIMAR, que se sitúa en una tercera vía entre un PASOK más preocupado por el poder y SYRIZA. DIMAR hace gala de una izquierda pragmática, opuesta a los recortes por encima del crecimiento y partidaria de pactos de gobierno amplios.

En el campo de la derecha, la mala noticia es el apoyo estable a los neonazis de Amanecer Dorado. Que reciban votos es un dato preocupante. El nuevo gobierno tiene que dar soluciones destinadas a reducir ese apoyo, que se basa en el desempleo, la reducción de ayudas sociales y señalar al inmigrante como culpable de todo. No solo bastan decisiones políticas, sino legales: la violencia que está desatando XA debe ser combatida policial y jurídicamente. En democracia se pueden defender desde vías pacíficas todas las opiniones, pero aquellas actuaciones que siembran el odio, son violentas y antidemocráticas deben ser perseguidas y cortadas de raíz. Obviamente, no solo vale la vía legal, sino una labor de concienciación social.

En un aspecto más amplio, hay que destacar la presión internacional a la que han sido sometidos los griegos y que ha influido de manera notable en el resultado electoral. Una decisión libre ha sido condicionada por los miedos reflejados en los mercados financieros, todos temerosos de una victoria de SYRIZA, a la que han anatemizado previendo los mayores desastres para Grecia y la Unión Europea si esta ganaba, desde la salida del euro al cierre del grifo del dinero. Lo cierto es que, como ya temíamos, la derrota relativa de SYRIZA no ha supuesto un alivio en la economía. En España, como hemos comprobado, la prima de riesgo sigue desbocada y los intereses que se pagan por la deuda son inaceptables. En Grecia, habrá que ver si el nuevo gobierno es capaz de sacar adelante una renegociación del memorándum y hacer las reformas que el Estado necesita para generar crecimiento y recaudar impuestos. Grecia tiene un grave problema de liquidez y de credibilidad. La Unión Europea y el proyecto federalista están en peligro, no por Grecia, sino por los gestores de la crisis económica y su sumisión a los mercados. Se esperan respuestas progresistas. Estaremos atentos a Francia.

PD: os añado una tabla más, una descripción de los partidos parlamentarios griegos, no solo por situación ideológica sino por sus posturas referentes a pactos, memorándum, rescate...









miércoles, 18 de abril de 2012

La nación como proyecto político: Argentina y España


Nunca me he sentido cómodo hablando de mí mismo y, por eso, me va a resultar tan incómodo hacerme una reseña de mí mismo, aunque accedí por petición externa. Vamos a intentarlo.

La nación fue creada por el nacionalismo. No al revés. Las naciones no son entes abstractos inmemoriales como algunos contemporáneos quieren creer. La nación se creó al calor de las revoluciones burguesas y los fundamentos ideológicos de la Ilustración. Declaraciones como la de independencia de Estados Unidos o la de derechos del hombre y del ciudadano de la Francia revolucionaria fueron el punto de partida del concepto de nación. La burguesía declaraba su independencia y se arrogaba para sí la representación de la nación, una comunidad política que enterraba al súbdito y daba nacimiento al ciudadano. La nación era, y es, el proyecto político del nuevo grupo dirigente de la sociedad.

En el solar del Imperio español, la invasión napoleónica de la metrópoli provocó un vacío de poder. El orden tradicional del Antiguo Régimen dio paso, sin muchos sobresaltos, a procesos políticos en la península y las colonias que alumbraron, lentamente y con ciertas dificultades, en nuevos regímenes liberales y democráticos.

En mi trabajo, me preocupo por realizar una vista a los procesos políticos que arrancan con las declaraciones de autonomía e independencia de una de las colonias españolas, el Río de la Plata, actual República Argentina, y la promulgación de la Constitución de Cádiz, que este año vive su Bicentenario. Con el repaso de los estudios de ciertos autores, declaraciones y constituciones de la época, me propongo demostrar el carácter de la nación como proyecto político de las élites dirigentes de los dos países.

Obviamente, los procesos de Argentina y España son de muy distinta naturaleza. El proceso, no obstante, es convergente, en el sentido de que los dos países han tenido una larga trayectoria, llena de altibajos, donde han basculado el liberalismo clásico a la democracia, pasando por largos períodos autoritarios. En ese sentido, el proceso ha sido dinámico: la interacción de las élites dirigentes con nuevos grupos sociales, cómo se fueron resolviendo y cómo se reelaboró el discurso acerca de la nación y sus integrantes. Del la "civilización y barbarie" de Argentina, a la "criollización" de los nuevos grupos sociales inmigrantes; en España, la discusión fundamental ha sido acerca del "fracaso" de la construcción del Estado nacional y las causas del surgimiento del nacionalismo periférico (debilidad o excesiva centralización estatal). Las lecturas son muchas. Que el lector escoja cuidadosamente.

Documentos de trabajo, nº 37, abril de 2012, Instituto de Estudios Latinoamericanos (IELAT)
Bouzas Herrera, Javier: "Una aproximación a la creación de la nación como proyecto político en Argentina y España en los siglos XIX y XX. Un estudio comparativo"

miércoles, 28 de marzo de 2012

El Ayuntamiento de Madrid roba las fiestas de los barrios y en Aluche nos las usurpa


Aluche es un barrio madrileño, situado al sudoeste de la capital, en el Distrito de Latina (256.000 hab.), uno de los más populosos de la villa y Corte, con 78.000 vecinos. Tradicionalmente, ha sido un barrio residencial de clases trabajadoras y medias. Siempre ha sido un barrio receptor de inmigrantes: primero del interior de España, con una gran presencia de extremeños, castellano-leoneses y castellano-manchegos; luego de fuera de España, sobre todo de América Latina.

Cuando España empezaba a salir de la longa noite de pedra que fue la dictadura franquista, en 1976, en plena efervescencia del movimiento vecinal, el movimiento vecinal de Aluche (al principio las asociaciones de vecinos de Aluche y Puerto Chico) comenzó a desarrollar las fiestas del barrio. En 1979, con la constitución de los ayuntamientos democráticos, el Ayuntamiento de Madrid, en ese momento gobernado por el socialista Enrique Tierno Galván, se incorporó a la Comisión de Fiestas encargada de organizarlas, conjuntamente con el resto de asociaciones vecinales y partidos políticos.

Desde entonces y aunque el Ayuntamiento de Madrid pasara a manos de la derecha en 1991, las Fiestas de Aluche no han dejado de crecer en tamaño y popularidad, y aunque el resto de barrios de Latina tenían sus fiestas (como Lucero, Batán, Las Águilas, Los Cármenes, etcétera), ninguna ha alcanzado tanta notoriedad como las de Aluche. Su situación, por otra parte, es excelente: el Parque Aluche, uno de los pulmones del distrito, bien comunicado y con unos espacios e infraestructuras considerables para su desarrollo.

Pero desde que la crisis económica ha afectado a las administraciones municipales, y con más fuerza a Madrid por la mala gestión del ya ex alcalde Gallardón, la deuda y la falta de fondos municipales ahogan al Ayuntamiento de la capital. En la frenética carrera en la que han caído las administraciones para recortar gastos, que han ahogado el crecimiento más que conseguir cuentas saneadas, el Ayuntamiento que actualmente dirige Ana Botella decidió recortar drásticamente el dinero destinado a las fiestas de los barrios, un 61,2%. Muchos distritos de la capital se han quedado sin fiestas. Otros, como en Latina, su junta de distrito decidió dejar de destinar dinero a las fiestas de los barrios. No obstante, se celebrarían unas fiestas, llamadas "del distrito", cuya localización y fechas son las mismas que las de las fiestas de Aluche... esta medida ha contado con el apoyo de los grupos del PP y de UPyD.

El Ayuntamiento y la junta de distrito de Latina han hecho mal al acabar con esas maneras con las fiestas de los barrios, sin hablar con las asociaciones. Porque, lo que dice la junta, es que si esas asociaciones quieren hacer fiestas, que se las paguen. Muchas no pueden. En el caso de Aluche, la más populosa y la de las asociaciones más fuertes, ni siquiera puede plantearse celebrar las fiestas pagadas con su propio bolsillo (que tampoco podría). El problema, como he dicho arriba, es que se han usurpado las fechas y zonas donde siempre han celebrado.

Una de las intenciones del equipo de gobierno es la privatización de las fiestas, un punto más del programa ideológico de la derecha por hacer negocio con la política. Es un robo descarado a unas fiestas que han sido iniciativa de las asociaciones de vecinos, con unas casetas llevadas directamente por los vecinos (menos algunas, como la del PP, subcontratada, ellos no se manchan). Ha sido esa iniciativa vecinal la que ha dotado a estas fiestas de los barrios de arraigo popular. No deja de ser paradoja con el supuesto liberalismo del que quiere hacer gala el PP: porque si ellos defienden que la sociedad civil se organice, están ahogando a la sociedad civil de Aluche y del resto de barrios de Latina. El cierre del grifo a las fiestas de barrio y la creación ex novo de unas fiestas de distrito cambia las reglas del juego: ahora es la administración quien decide quién participa y quién no. Y ya hay algunos que se están quedando fuera.

A los vecinos de Aluche nos queda protestar, movilizarnos. Todos los barrios de Latina tienen derecho a celebrar sus tradicionales fiestas populares, organizadas por los vecinos. Pero los vecinos de Aluche lo tenemos más difícil, al sentirnos expulsados, con unas fiestas usurpadas. Esasas fiestas del distrito quieren usurpar también el prestigio de las fiestas de Aluche. No pueden hacerlo. Porque no es solo el sitio y la fecha, sino su origen: el movimiento vecinal. Todo junto son las fiestas de Aluche, unas fiestas que nos han gustado muchos años, que nos han molestado muchas veces con el ruido en época de exámenes, pero que son nuestras, de los vecinos. Aluche no va a callar ni a claudicar. Lucharemos por nuestras señas de identidad.

Enlaces de interés:
Comunicado conjunto de las asociaciones vecinales
Historia de Aluche
Madrid recorta un 61,16% el gasto en fiestas de barrio

Actualización acerca de las elecciones andaluzas y asturianas


Hoy, terminado el escrutinio del voto del exterior en Asturias, ha cambiado sensiblemente el resultado electoral. Un nuevo escaño engrosa el futuro grupo parlamentario de la FSA-PSOE hasta los 17 parlamentarios, en detrimento de Foro, que pasa de 13 a 12 diputados regionales. Este pequeño cambio es de enorme trascendencia: los bloques de izquierda (PSOE e IU) y derecha (Foro y PP) empatan en escaños a 22, quedando como llave de gobierno el único parlamentario de UPyD.

Está ahora en manos de Ignacio Prendes, cabeza de lista de UPyD en la circunscripción central de Asturias, decidir el futuro del gobierno del Principado. Es el resultado más cómodo, como dije, para el PP: que UPyD se decante a dejar gobernar a los socialistas, los más votados, le ahorraría la humillación de tener que votar a Álvarez-Cascos como presidente de Asturias.

La pelota cae sobre el tejado de UPyD. La tesis principal de esta formación, a caballo entre izquierda y derecha, es dejar gobernar a la lista más votada. Es lo que ha hecho en la mayoría de municipios donde ha obtenido representación, aunque creo que en algún municipio andaluz contravino ese principio. De todos modos, según ese principio, Javier Fernández no tendría problemas en alcanzar la presidencia de Asturias. No obstante, Rosa Díez, demostrando que es la única cuya voz tiene valor dentro de su partido, ha querido hacernos ver que empieza a tragarse ese principio por un sentido más pragmático de la política, con algunas declaraciones suyas y de su diputado asturiano, en contradicción con lo que dijo en las últimas elecciones municipales.

Así pues, para los que queremos que el centroizquierda vuelva a gobernar en Asturias, tendremos que esperar a: o bien UPyD quiere encontrar más afinidades ideológicas y programáticas con el PSOE que con Foro, o Álvarez-Cascos renuncia a presentar su candidatura a una sesión de investidura o que el PP anuncie que no piensa apoyar al líder de Foro Asturias. Tiene que darse una de esas condiciones para que el PSOE vuelva al gobierno asturiano. Como una circunstancia más, no conviene olvidar que, en el Congreso de los Diputados, UPyD y Foro Asturias llegaron a un acuerdo para que el partido magenta pudiese tener grupo parlamentario propio. Entre otras razones, se hizo para evitar que la mesa del Congreso interpretara de forma amplia el reglamento de la Cámara y reconocerles tanto a Amaiur como a UPyD grupo parlamentario.

En definitiva, en cuanto al próximo gobierno en Asturias, habrá que seguir esperando a tener una certeza clara.

Una reflexión más: vista la cara y portadas de la caverna mediática de la derecha respecto al resultado electoral de las elecciones andaluzas, su reacción ha sido la esperada. No han faltado no ya las críticas, sino los insultos, desde los votantes de Izquierda Unida a los del PSOE, pero también a todo el conjunto de andaluces. "Andalucía no cambia", como se lamentaba El Mundo, tiene mucho doble sentido. Las firmas de ABC, están más que rabiosas por la humillación que ha sufrido la centenaria cabecera de los Luca de Tena, desde la nefasta campaña contra los socialistas andaluces al gatillazo que tenían preparado para saludar una mayoría absoluta de Javier Arenas. De Intereconomía, es mejor no hablar... en Diestralandia está una selección de las perlas dichas por sus acólitos. Andalucía ha pasado de ser una comunidad hastiada y ansiosa por echar a los socialistas del gobierno ha repetir el tópico de andaluces vagos, vividores del PER y condescendientes con la corrupción, en resumen, una panda de estómagos agradecidos. Insultos tan claros hacia todos los andaluces que no son solo una rabia ancestral contra la izquierda, sino un anticipo de que habrá cuatro años más de acoso y derribo contra el socialismo andaluz y contra Andalucía. Una señal al PSOE de que debe hacer muy bien las cosas para entender la oportunidad que le han concedido los andaluces y regenerar su proyecto, no solo en Andalucía, sino también en Asturias y en toda España.

lunes, 26 de marzo de 2012

Análisis de las elecciones andaluzas y asturianas


Este domingo los ciudadanos asturianos y andaluces, en el libre ejercicio democrático de su voto, han renovado sus parlamentos autonómicos. Se puede volver a repetir que la victoria tiene cien padres y la derrota es huérfana. No obstante, los ciudadanos de estas dos regiones españolas han repartido premios y castigos para todos, y por supuesto que hay derrotados, aunque no lo reconozcan. Por mi parte, estoy muy sorprendido con los resultados, no esperaba una salida así.

El Partido Socialista celebra su consolidación como primer partido asturiano en un parlamento más fragmentado, y Javier Fernández tiene serias opciones de encabezar el gobierno si el voto del extranjero da un escaño más a los socialistas en detrimento de Foro, y si UPyD se retrata, optanto por un bloque de izquierdas o de derechas con su voto positivo o neutral. En Andalucía, Griñán ha conseguido hacer frente a unas encuestas que todos creímos que auguraban el cierre de un extenso capítulo de gobierno socialista. En lugar de la brutal derrota con la que soñaba la prensa de derechas -que apostó bien fuerte para movilizar al electorado conservador y desmovilizar al progresista sacando a relucir por encima de todo la corrupción de los ERE; ABC ha perdido las elecciones andaluzas-, el PP ha ganado en votos las elecciones andaluzas, sí, pero con una distancia de poco más de 40.000 votos y un escaso punto porcentual, una distancia muy raquítica comparada con elecciones cercanas como las municipales o las generales. Comparadas con las de 2008, es cierto que la caída socialista es impresionante: los años de gobierno, la corrupción y el agotamiento de un modelo clientelar pasan factura, y se espera que, de llegar a un acuerdo con IU -que debería entrar en el gobierno andaluz-, debe hacer una profunda limpieza interna e institucional si no quiere verse dentro de cuatro años con una derrota total. Los ciudadanos no deben aceptar bromas.


Es cierto que Griñán ha protagonizado una resurrección milagrosa que no solo rompe los planes de Javier Arenas de asaltar, por fin, el gobierno de la junta de Andalucía. De renovar el gobierno con IU, Griñán se convierte en el presidente autonómico socialista con más poder institucional, una gran plataforma para hacer oposición a las contrarreformas neoliberales de Mariano Rajoy con un modelo alternativo socialdemócrata. Es de esperar que la derecha nacional haga todo lo posible por seguir marginando a Andalucía y castigando la libre elección de sus votantes: la derecha mediática ya ha arrancado la típica retahíla de insultos; la máscara demócrata quema mucho ante fachadas tan autoritarias. Pero Griñán también rompe los planes del equipo de Rubalcaba, en concreto los de Manuel Chaves y Gaspar Zarrías, de eliminar un sucesor incómodo y que apostó por Carme Chacón en el 38º Congreso socialista. Aunque a Rubalcaba le perturba bastante un líder socialista poco afín con poder institucional, no hay mal que por bien no venga: lo importante es que el PSOE andaluz, y si se une también el PSOE asturiano, han conseguido conjurar un terrible peligro para la democracia, que sería la concentración excesiva de poder institucional en manos de un solo partido. Sobre todo, más terrible cuando ese mismo partido encarna un proyecto de desmantelamiento del Estado del bienestar.

El Partido Popular, aunque tiene como alegrías del domingo ganar en votos las elecciones andaluzas por primera vez en su historia y ser determinantes en Asturias si el voto del exterior no arrebata la mayoría de derecha, su situación es complicada. Pese a todos los esfuerzos propios y de su aparato mediático por desgastar al socialismo andaluz y conseguir la ansiada mayoría absoluta, Javier Arenas pierde su cuarto intento de llegar al poder. Personalmente, es una gran satisfacción ver a alguien tan autoritario fuera del poder. Al PP y su aparato mediático les ha pasado lo que a la del cuento de la lechera: soñaban demasiado y han tropezado con las urnas. Al PP le ha perdido las contrarreformas que Rajoy ha hecho y anunciado, y también las contrarreformas que aún no ha anunciado. Las formas jugaron un papel muy importante: un nuevo programa electoral poco concreto y la soberbia de rechazar el debate televisivo le han hecho perder votantes potenciales, porque realmente los andaluces sentían necesario un cambio de gobierno, pero no al gobierno que les ofrecía el PP de Arenas. En Asturias ha ocurrido algo parecido, y ni el cambio de candidata ha conseguido que el PP salga de su condición de tercera fuerza, estrenada el año pasado, con la posible humillación de tener que votar a Álvarez Cascos.

Izquierda Unida tiene más cosas que celebrar. Ha aumentado en votos y escaños en las dos comunidades, pese al aumento de la abstención. En Andalucía, la sorpresa ha sido mayúscula, y no solo se evita una mayoría de derecha sino que se aleja el peligro de un extremadurazo con el posible voto díscolo de Sánchez Gordillo, empeñado en no pactar con los socialistas: la mayoría PSOE-IU es cómoda. Estoy de acuerdo que IU de Andalucía debe influir y mucho en el nuevo gobierno de Griñán y en lo que vaya a hacer el PSOE andaluz: la corrupción existente en los ámbitos de poder de los tres partidos debe atajarse de una vez. Pero la IU andaluza debe entrar en el ejecutivo de Griñán: es necesario que se conviertan en una fuerza seria de gobierno, implicándose en el día a día del ejercicio del poder, desmontando de una vez por todas ese discurso purista que solo genera má frustración en la izquierda más utópica. En Asturias debe ocurrir lo mismo: si el voto del exterior da mayoría al centroizquierda y UPyD da su voto o abstención para que Javier Fernández sea el nuevo presidente del Principado, la IU asturiana también debe participar de la responsabilidad de gobierno.

*Gráfico cortesía de Iván Llera

El Foro de Álvarez-Cascos, en Asturias, hizo una apuesta arriesgada al disolver anticipadamente la asamblea del Principado. Quería ganar una cómoda mayoría a costa de culpar a socialistas y populares de no votar unos presupuestos que Cascos no quería negociar, sino imponer. Cascos no ha aprendido cómo funciona el sistema parlamentario y la apuesta está a poco de resolverse. Si la mayoría de centroderecha se consolida, el PP debe tragarse todo lo que le molesta la deserción de Cascos y apoyarle. Si PSOE e IU suman mas, el experimento de Cascos habrá acabado, de momento. Lo paradójico de estas elecciones sería que su causa, esto es, la división y falta de acuerdo entre los dos partidos de derecha, se tradujera en un acuerdo entre esas dos fuerzas políticas. Porque, para ello, lo lógico hubiera sido que ocurriera en la legislatura disuelta y ahorrar a los asturianos ser llamados a elecciones como un arbitraje para desbloquear la situación política.

UPyD, por su parte, fracasa en su intento de abrirse un espacio en el Parlamento andaluz, un alivio por cuanto era cada vez más evidente su posición de sumisión al PP andaluz para darles el gobierno si se hubiera clavado el resultado de las encuestas. En Asturias, su entrada les obligará a retratarse entre optar por dejar que gobierne la izquierda o la derecha, esperando, claro, a saber qué ocurre con el escaño que baila entre Foro y socialistas por el voto del exterior. Esa posibilidad sería un alivio para el PP asturiano, evitando la humillación de votar a Álvarez Cascos y pasarle el muerto al partido magenta.

Cuestión muy importante es el aumento de la abstención en ambas regiones. Lejos del mensaje antisistema de que los actuales partidos no representan a la sociedad, lo cierto es que hay un cansancio y desafección muy grande al comportamiento de la clase política: la abstención ha aumentado porque los ciudadanos no creen que la crisis económica se resolverá por la vía electoral, ni con el PSOE ni con el PP ni con ningún otro. También han castigado la falta de acuerdos estables en Asturias y la corrupción en Andalucía. Los partidos, realmente, son un reflejo de la sociedad que les vota. Pero es cierto que existen grandes distancias entre los intereses de sus élites dirigentes y los intereses reales de los ciudadanos, cuestión que el 15-M quería que se resolviese, y yo suscribo esa necesidad de acercar de nuevo los partidos a la ciudadanía.

sábado, 24 de marzo de 2012

Ante las elecciones asturianas y andaluzas


El domingo los andaluces y los asturianos están llamados a renovar sus respectivos parlamentos autonómicos. Estas dos elecciones autonómicas, tras las generales del 20-N, suponen una primera valoración de parte de la ciudadanía española bajo la hégida de un gobierno conservador embarcado en una contrarreforma sistemática del Estado de bienestar, auspiciado por los vientos neoliberales que circulan por la mayoría de gobiernos europeos.

Los andaluces acuden a una convocatoria ordinaria, marcada por el desgaste del PSOE andaluz tras treinta años de gobierno, al que se une el desgaste que sufre el PSOE nacional por su parte de la gestión de la situación económica y laboral. A todo ello se une también los escándalos de corrupción de los ERE, mina de oro para la prensa conservadora -que los ha destacado incluso por encima de otros de otras afinidades políticas, como el Gürtel o el caso Palma Arena-, unida ante la muy cercana posibilidad de acabar con la hegemonía del PSOE en Andalucía.

En democracia, los excesos nunca son buenos. En Suecia, los socialdemócratas han gobernado en la mayoría de los últimos setenta años, sin perjuicio de su excelente salud democrática, y han perdido el poder cuando no han sabido responder correctamente a los problemas de la ciudadanía, y se mantienen en la oposición por no saber ofrecer una alternativa atractiva. En España, ojalá hubiera funcionado algo parecido de este modo. Con frecuencia, en España los gobiernos prolongados de un solo partido han ido unidos a un impresionante despliegue de corrupción, clientelismo y despilfarro. Independientemente de qué partidos sean. Ha ocurrido en Cataluña, ocurre en Valencia y ocurre también en Andalucía. En este sentido, es cierto que el PSOE andaluz ha generado unas prácticas nada sanas para una democracia seria, inexcusables y penosas. Por cierto que parece que existen dos tipos de corrupción que son castigadas de forma distinta por la ciudadanía: una más visible, que es el robo de dinero público; otra más comprensible, que es el tráfico de influencias, aunque también haya malversación de fondos públicos. También temo que distintas partes de nuestra sociedad se enfrentan a la corrupción de distinta forma: los más progresistas tienden a castigar sin compasión a su partido de referencia, y es bueno que así sea; pero los de tendencia conservadora tienden a comprender y premiar a los suyos, y esto sí que es alarmante. No olvidemos que la política refleja la sociedad donde se desarrolla. A lo mejor hay que debatir seriamente sobre la calidad de nuestra sociedad.

Pese a la clara afinidad ideológica, las prácticas del PSOE andaluz no hacen sino apenarme por la situación, porque actos así merecen el castigo ciudadano, que seguramente tendrá, pero que la perspectiva de la oposición mayoritaria como minoritaria no hace sino agravar. Porque el recambio democrático, con mayoría absoluta o sin ella, no va a suponer sino un quítate tú para ponerme yo, o peor, un nuevo puntal para el neoconservadurismo que nos gobierna para seguir desmantelando sin compasión ni oposición el Estado de bienestar. Y aún mucho peor, que es la gran concentración de poder nacional, autonómico y local que goza y va a seguir gozando el Partido Popular, con los peligros que entraña siempre toda concentración del poder en manos de un solo partido. No puedo sino desear la victoria de la izquierda que representa el PSOE, pero un PSOE renovado, limpio y reconciliado con los ciudadanos. Si eso no puede ser ahora, quizás unos años de oposición no le vengan mal. La desgracia para los andaluces será eso, que ellos mismos pueden acabar con una mala situación para empezar otra peor. ¡Ah, si un pacto con IU resolviera la situación! Imposible cuando están embarcados en una lucha sistemática por la desunión de la izquierda y elevan a práctica política una inquina contra los socialistas que tiene mucho de los males unidos al sentimiento de inferioridad. Ninguna solución ni postura es fácil, y esta no se escapa a esa lógica: se me hace difícil pensar que el domingo los andaluces resuelvan realmente sus problemas.

En Asturias, las condiciones son distintas. En primer lugar, estas elecciones son una repetición de las del año pasado, una demostración del fracaso de mayo de 2011, que acaban repentinamente con la legislatura pero van a dar paso a una legislatura breve, hasta mayo de 2015. El nuevo gobierno que salga de las urnas, si es estable, tendrá menos tiempo para arreglar la situación económica que vive el Principado. Los asturianos coinciden, en gran mayoría, en atribuir la responsabilidad del desgobierno al Foro de Álvarez-Cascos y al PP, que pese a contar con mayoría de las derechas en el parlamento autonómico, sus rencillas les han impedido llegar a acuerdos estables, como sería lo lógico dadas sus grandes coincidencias ideológicas. Las diferencias son personales; el PP no perdona a Cascos su fuga para colmar su ambición por presidir Asturias y Cascos ha demostrado que no sabe el funcionamiento de un sistema parlamentario: si no tienes mayoría hay que llegar a pactos. Él no ha sabido llegar a pactos, pues él demuestra que no sabe gobernar en nuestro sistema democrático.

Ante el desgobierno de la derecha, se debería abrir una esperanza para la izquierda, expulsada del poder en mayo de 2011. En Asturias, PSOE e IU sí han gobernado juntos y la estabilidad, más o menos, ha funcionado. Por ello, estas nuevas elecciones serían idóneas para iniciar la recuperación de los socialistas que, si no ganaran en Asturias y Andalucía, se verían fuera de todos los gobiernos autonómicos, menos Euskadi, y en Canarias y Navarra, donde participan como socios menores. Asturias necesita ser una nueva Covadonga donde los socialistas tuvieran su referencia para recuperarse en la oposición a nivel nacional y en el resto de autonomías y frenar la dañina concentración de poder en manos de la derecha.

A diferencia de Andalucía, donde se tiene más presente la necesidad de cambio político, el freno a la corrupción última de los ERE y la situación económica, en Asturias la economía ha pasado a segundo plano, en beneficio de la búsqueda de la estabilidad. El CIS parecía dar un poco de esperanza a los socialistas, en tanto que ellos no son vistos como culpables del bloqueo político que ha sufrido la región en 2011 y generan más simpatía que los partidos de la derecha asturiana. Lo paradójico es que unas elecciones donde prima la búsqueda de la estabilidad puedan dar lugar, si las encuestas se acercan al resultado que conoceremos el domingo, a una asamblea con más fragmentación política. Los socialistas volverían a ganar por votos, y ahora por escaños, las nuevas elecciones, pero PP y Foro podrían tener mayoría absoluta o acercarse más a ella que los partidos de izquierda. Si UPyD consigue entrar en la asamblea tendría la llave del gobierno, pudiendo optar entre un bloque Foro-PP, si llegasen a un acuerdo, o a una alianza PSOE-IU, si estos también acercan posturas. En cualquier caso, las elecciones serán muy reñidas y habrá muchas esperanzas en juego. Personalmente, no me gustan las posturas de UPyD como tampoco las de IU, renuentes a entrar en gobiernos. IU por una inmediata estrategia de desgastar todo lo posible a los socialistas, aun provocando la entrega del poder a la derecha. UPyD por su hipócrita crítica hacia el comportamiento de los partidos nacionalistas como partidos bisagra, cuando lo que quiere hacer en Andalucía y Asturias es exactamente lo mismo: condicionar gobiernos sin mojarse en la gestión del poder. Si no hay mayorías absolutas, el poder debe compartirse todo lo posible, con mayorías estables y con la implicación de todos los partidos que sostengan dichas mayorías.

Si el PSOE puede gobernar en Andalucía o Asturias, y no tiene mayoría absoluta, debe hacer todo lo posible por integrar a otros partidos en el ejercicio de gobierno. En Andalucía, por supuesto, debería hacer todos los esfuerzos posibles por renovarse y purificarse. En Asturias, IU ve la posibilidad de que la izquierda acaricie la vuelta al poder y, en ocasiones, habla de la posibilidad de entrar en el gobierno. La política no debería ser, o no es solo, una lucha por el poder, sino por saber negociarlo y compartirlo. Quizás la sociedad española no esté muy sana democráticamente, pero los partidos y sus líderes, si tienen sentido de Estado, deberían tener en cuenta que ellos deben dar ejemplo.

jueves, 15 de marzo de 2012

Réplica a la izquierda mundial de Wallerstein

Este escrito es una réplica al artículo de Immanuel Wallerstein “La izquierda mundial después de 2011”, enlazado aquí. Su artículo gira en torno a dos cuestiones. La primera, el desarrollo de los nuevos movimientos sociales surgidos con el desarrollo de la última crisis mundial del capitalismo y también de los sucesos conocidos como la “Primavera Árabe”, aunque apenas se centra en ellos. La segunda, y más importante, es su reflexión acerca del papel que le toca a la izquierda en el nuevo contexto mundial y su actual división entre pragmáticos y utópicos, caracterizaciones dentro de las cuales existen aún más divisiones y el relato principal es su impotencia para unirse y disputar la hegemonía al centroderecha.

Surge en la escena política mundial una nueva oleada de movimientos sociales (jóvenes con perspectivas muy precarias, indignados), que se suman a los tradicionales de movimientos ecologistas, feministas o altermundistas. Estos nuevos movimientos recogen el tradicional debate de los movimientos socialistas y de liberación nacional acerca del poder del Estado como medio de transformación social. En muchas ocasiones, no se trata de conquistar el Estado o superarlo, como podría ser el discurso de la extrema izquierda, sino que se trata de que cumpla el papel formal que recogen sus leyes fundamentales o inspiraciones teóricas: una distribución más equitativa de la riqueza, la lucha contra la corrupción y el acercamiento de la política a los ciudadanos, muy alejada y dominada por unos pequeños grupos elitistas que compiten por el poder. Se trataría, en suma, de democratizar la democracia, el cumplimiento mínimo de la democracia liberal como imperio de la ley y de la socialdemocracia plasmada en el Estado de bienestar. Este argumento se vincularía con el discurso tradicional de la izquierda de transformación social, donde el Estado aún tiene algo que decir, si bien limitado por el desarrollo de la globalización económica y la emergencia de nuevos poderes supranacionales, sean estos alejados del control democrático, como las empresas multinacionales, o impulsados por los gobiernos nacionales, como la Unión Europea.

El caso de la Primavera Árabe es distinto. En primer lugar, no es una, sino varias Primaveras. El caso de Túnez ha sido tomado como paradigma de revolución árabe: movimientos populares contra la dictadura y resistencia de las fuerzas de represión (policía y ejército) para acabar con las revueltas y acabar finalmente apoyándolas y obligando al régimen a abrir un proceso democrático. Algo parecido sucedió en Egipto, y en otros países, los que tienen monarquías pseudoconstitucionales como Marruecos o Jordania, consiguieron llegar a una especie de consenso y canalizar las protestas. Los casos de Libia o Siria son distintos, pues a las protestas no ha seguido la caída de la dictadura sino la resistencia y la represión indiscriminada, con el resultado que sabemos en un caso, y en el otro se permanece a la espera. La principal crítica realizada a las revoluciones árabes es el peligro de los movimientos islamistas, crítica no solo realizada por los gobiernos occidentales –con el argumento de la seguridad de los intereses occidentales en la región y el equilibrio de poder en zonas geoestratégicas– sino también por la extrema izquierda, asistiendo a insólitos apoyos a dictadores como Gaddafi o Bashar al-Asad bajo argumentos donde se mezclan la laicidad frente al islamismo radical, la independencia nacional o factores de progreso económico. Este miedo se vería confirmado por las victorias electorales en Túnez y Egipto de partidos islamistas y la introducción de la agenda islámica (confesionalidad del Estado, inspiración religiosa de la ley, la posición respecto a minorías religiosas, el estatus de la mujer…) en los debates constitucionales. Se tiende a olvidar el papel que ha jugado el movimiento islamista, radical o moderado, como movimiento político de oposición a los regímenes autoritarios del mundo árabo-musulmán, y como movimiento social, desplegando fundaciones de asistencia social, sanitaria y educativa a las clases populares, cuestión capital en Estados con una estructura asistencial muy débil. Ese papel es parecido a la labor asistencial de la Iglesia Católica en Occidente. Hay que recordar que comprendemos la evolución del mundo árabo-musulmán desde nuestra perspectiva occidental, de ahí la incomprensión hacia si se embarcan o no en un proyecto de democracia que tendrá una gran inspiración en el Islam (democracia islámica) o de ver la faceta social de los movimientos islamistas.

Wallerstein da a los partidos un papel esencialmente estatal. Mas, si no nos podemos sustraer a las dinámicas globalizadoras, los partidos, sobre todo las fuerzas de izquierda y centroizquierda, se verían aún más limitados en su potencial capacidad transformadora de la realidad. Ese defecto de los partidos, su estrechez nacional, ha venido a ser beneficioso para el desarrollo de los nuevos movimientos sociales, que sí han o pueden alcanzar una dimensión supraestatal y centrar sus críticas y luchas contra los actores internacionales como empresas multinacionales, los foros económicos como el de Davos, organismos internacionales como el FMI o el Banco Mundial y cumbres europeas. En estos foros es donde tienen cabida muchas decisiones que acaban afectando a la acción de los Estados y que quedan muy alejadas de cualquier control democrático. Por su parte, parte de la izquierda mundial, partidos de izquierda, movimientos sociales progresistas y otros grupos altermundistas han dado lugar a diferentes respuestas, como el Foro de Sao Paulo, el Foro Social Europeo o el Foro Social Mundial, como alternativa al discurso neoliberal.

La alusión de Wallerstein a los profundos desacuerdos en el seno de la izquierda mundial y a los pocos progresos en cuanto a superar las divisiones no es otra cosa que el clásico dilema de la izquierda en cuanto a reformistas y revolucionarios, entre los defensores de llegar al poder y los de oponerse radicalmente a él. La cuestión no es entre blanco y negro, por cuanto existen multitud de matices: dejando a un lado el movimiento anarquista, totalmente contrario a la participación dentro del Estado y la concurrencia electoral, otros movimientos socialistas defendieron la participación electoral y la reforma a la vez que la revolución cuando se cumpliesen las condiciones objetivas para tal fin. En esta izquierda política, la diferencia principal es dar un valor retórico o dotar de contenido real a la revolución, cuestión que la práctica cotidiana del poder o la expectativa de llegar a él relegaba a meras alusiones cosméticas en los discursos políticos, no solo en la socialdemocracia, sino en el comunismo, aunque se presentara como oposición al reformismo socialdemócrata: la construcción del Estado soviético en el antiguo imperio de los zares no cumplió totalmente con las expectativas de una sociedad realmente socialista ni con una real libertad para el ser humano. En su lugar, la tesis estalinista de “socialismo en un solo país” tuvo más fundamentos de pragmatismo que de espera real a la revolución mundial y más nacionalistas que internacionalistas; además, la posterior expansión de sistemas socialistas en buena parte del planeta reprodujeron las contradicciones intrínsecas del Estado soviético de pobreza material, totalitarismo y represión, sin que las contrapartidas objetivas de relativa igualdad económica y ciertos niveles de asistencia social lo compensaran o se convirtieran realmente en una alternativa al sistema-mundo capitalista, sobre todo cuando la socialdemocracia lograba establecer en la Europa occidental un Estado de bienestar como consenso interclasista, manteniendo y gestionando el capitalismo a la vez que aprovechándolo para aumentar el nivel de vida, económica, social e intelectual de las clases trabajadoras. El fin del consenso del Estado de bienestar no se rompió por la caída de las dictaduras socialistas; su razón de ser como alternativa había dejado de existir mucho antes: la extrema izquierda abrazó el trotskismo y el maoísmo contra una Unión Soviética a la que veían como imperialista y alejada de cualquier ideal socialista, y los principales partidos comunistas europeos, como el francés o el italiano, que tenían un gran poder regional o local y las expectativas de llegar de forma democrática al poder –lo mismo esperó en su momento el PCE al inicio de la transición de la dictadura a la democracia y bajo el liderazgo de Carrillo–, se embarcaron en el eurocomunismo, que se puede interpretar como una revisión democrática del comunismo y vuelta a las esencias de la socialdemocracia revolucionaria de discurso y reformista de práctica de principios de siglo XX o como una constatación de la moderación que obliga la posibilidad de poder y de la que no puede sustraerse nadie, excepto los movimientos marginales y radicales. El fin del consenso del Estado de bienestar provocó la revisión neoliberal, el vaciado sustancial de los programas sociales y el combate sistemático contra el sindicalismo y los valores progresistas. De ahí una de las críticas a la socialdemocracia por haberse desideologizado en el poder y no ser capaz de elaborar un nuevo discurso que renueve los apoyos al centroizquierda contra el embate neoliberal, esa acusación cuasi-ritual de la extrema izquierda de acusar a la socialdemocracia de ser una derecha camuflada –que recuerda a la acusación de “socialfascista” de la época de entreguerras.

Wallerstein parece pretender algo iluso como es la superación de las divisiones y la unión de las izquierdas, si bien es algo que muchos querrían –quisiéramos–. Si bien el debate acerca de las tesis desarrollistas o del crecimiento frente a la antidesarrollista –mejor podría denominarse del decrecimiento, como sostiene Carlos Taibo– es un debate muy interesante por cuanto se proponen discursos alternativos o superadores del actual sistema-mundo capitalista, no es, sin duda, el principal escollo que separa a la izquierda “mundial”. Es un apelativo que, al contrario que Wallerstein, personalmente me es difícil de otorgar a la izquierda por cuanto, pese a la existencia de Foros Sociales mundiales o la de Internacionales de partidos, el esquema nacional sigue imperando y constriñendo las alternativas contrarias al capitalismo, sea radicalmente a cualquier capitalismo o al del sesgo más descarnadamente neoliberal. El principal obstáculo es la posibilidad de unión electoral entre las diferentes opciones de izquierda. Si Wallerstein pide “aceptar de buena fe las credenciales de izquierda del otro”, esto es difícil, y conecta con todo lo anterior, acerca del debate entre reformistas y revolucionarios, que es también un debate entre los que tienen más facilidades para gobernar y los que no las tienen; es decir, las acusaciones de derechismo vienen de sectores que difícilmente llegarán a tener una gran representación electoral o ganar unas elecciones y, por tanto, están alejadas de cualquier experiencia de gobierno y la toma de decisiones que conlleva, más cercana al pragmatismo que al idealismo, sujeto por la realidad existente y los equilibrios de poder. Por el otro lado, la experiencia de poder puede generar en una excesiva moderación o identificación con el orden existente y defraudar las expectativas de los ciudadanos, en la idea que el radicalismo no ayuda y no cambia las relaciones de poder existente, y puede crear el efecto contrario, esto es, la reacción y reagrupamiento de las fuerzas del centroderecha. Entre los que acusan de derechismo a la socialdemocracia también se encuadran aquellos que desconfían de las elecciones para transformar la sociedad –en ello tiene mucho que ver su escasa relevancia electoral y peso social–, planteamientos que se alejan de principios democráticos y están más cercanos del dogmatismo, autoritarismo y anquilosamiento que sufre la extrema izquierda.

Finalizando, Wallerstein no propone elementos de unión entre las izquierdas, aparte de una declaración mutua de buenas intenciones. Si hay que propiciar el cambio social, hay que mirar con perspectiva histórica y criterio las experiencias previas de los viejos movimientos socialistas, de los nuevos movimientos sociales y de las nuevas condiciones del sistema-mundo. En cierto modo de respuesta y conclusión, si el sistema-mundo capitalista ha roto con una cierta vía de progreso en la democratización, inclusión de las masas en un sistema democrático y de cierta igualdad política y económica, las respuestas a ello han de ser fuerzas unidas bajo unos mínimos de respeto del principio democrático y construcción de un nuevo bloque histórico que conquiste la hegemonía, como requisito previo para el cambio social.

viernes, 3 de febrero de 2012

Carme Chacón: un impulso necesario por la renovación


"La respuesta socialista" es el lema con el que abre el 38º Congreso del Partido Socialista Obrero Español. En Sevilla, el principal partido de la oposición tiene como tarea para este fin de semana

- Realizar una dura autocrítica por las severas derrotas de 2011 y la línea política seguida durante el inicio de la crisis económica.

- Elegir entre Carme Chacón o Alfredo Pérez Rubalcaba para dirigir al partido en los próximos cuatro años e iniciar la renovación tanto en ideología y discurso como en cuadros.

- Hacer una verdadera "respuesta socialista", un impulso necesario por recuperar el proyecto socialdemócrata y europeísta que devuelva la confíanza en el proyecto europeo y el crédito al Partido Socialista como partido progresista de gobierno.

Más de 950 delegados, elegidos por congresos provinciales, y estos a su vez por los militantes de cada agrupación del partido, son los elegidos para dar esta respuesta. Se discutirán más de 16.000 enmiendas, una cifra bastante relevante, si la comparamos con las apenas 1.500 enmiendas que discutirá el congreso del Partido Popular dentro de poco, en la misma capital andaluza. Es, quizás, un dato muy importante si queremos medir la calidad democrática y participativa entre los dos grandes partidos de España, máxime cuando el centenario PSOE vive momentos muy duros, fuera de muchos gobiernos autonómicos, reducido su poder local y mermada su militancia, frente a un partido conservador que, hoy por hoy, aglutina el máximo poder local, autonómico y nacional en toda su corta historia. El PSOE es un partido con tanta historia que no es posible entender buena parte de la historia contemporánea de nuestro país sin él; por eso, el trabajo de los delegados tiene un valor adquirido, y es que el PSOE no puede degenerar a la irrelevancia política; tiene, por obligación histórica, reconectar con su base social, que a día de hoy está totalmente indignada con las decisiones recientes de la pasada legislatura. El PSOE necesita urgentemente reconstruir los puentes destruidos, tras haber bajado de la barrera psicológica del 30% de votos a nivel nacional, perder cuatro millones de votos y mantener la posibilidad de perder, por primera vez, Andalucía, y -aunque ganó las elecciones en número de votos- seguir fuera del gobierno del Principado de Asturias en la nueva convocatoria electoral tras el fiasco de la experiencia de Álvarez Cascos.

La socialdemocracia jugó un gran papel histórico para construir el Estado de bienestar y consolidar la democracia en Europa. El neoliberalismo ha roto el consenso sociadelmócrata y se propone destruir todo lo que la socialdemocracia significa; el poder se ha desplazado de los ciudadanos a un reducido núcleo plutócrata, que no es ni siquiera nacional, es transnacional, porque el poder del capitalismo no conoce fronteras. La socialdemocracia no se puede quedar reducida en las estrechas fronteras de la nación, la ciudadanía no puede languidecer y encogerse de brazos por miedo o pérdida de la confianza. El socialismo democrático no solamente tiene que ofrecer una nueva fuerza para recuperar lo perdido y seguir progresando; es la ciudadanía la que tiene que devolver su confianza a un movimiento pragmático, realista pero combativo. Eso tiene que ser la socialdemocracia, y no el apéndice de un sistema económico que les conduce a la irrelevancia. A izquierda y derecha de la socialdemocracia queda el populismo y la reacción, las respuestas vacías y retóricas o las acomodaticias y serviles.

No es solo el PSOE quien tiene que recuperar ese espíritu, sino toda la socialdemocracia europea. Hay que romper y superar esas fronteras estrechas de la nación, sustituirlas por el federalismo europeísta, la unión y la respuesta conjunta de la ciudadanía europea. No es por la identidad ni un "destino histórico" que se quiere ver a las naciones, es porque es la mejor vía para defender nuestros valores y nuestra sociedad.

En un fin de semana no se pone punto y aparte a un partido con varios errores en su política, sin olvidar sus muchos aciertos. Hay que renovar los cuadros dirigentes y cambiar sus prácticas. Hay que abandonar la pobreza ideológica, el caudillismo y servilismo de algunos. El partido tiene que estar abierto a la sociedad y a sus estratos activos, y su actual estructura supone una rémora para el nuevo siglo. Tampoco un fin de semana gesta y da a luz la renovación: la renovación comienza en este Congreso, que alumbra un período donde el partido habrá de dotarse de nuevas prácticas, ideas y propuestas que ofrecer como alternativa a las políticas de contrarreforma y estrangulamiento de la economía que ejecutan los conservadores.

Poniendo directamente sobre la mesa mis preferencias, mi apuesta es por el proyecto que lidera Carme Chacón. No es cuestión de apostar por personas, no por ser de tal sexo o tal región, no porque lo apoye fulano o mengano. Ese es el juego de la prensa y su estrechez de visión, la misma estrechez que provoca la ironía de leer y escuchar críticas, antaño, por la falta de debate y contestación a los liderazgos caudillistas; y ahora, esa estrechez provoca hablar de "guerras civiles" por la discusión y puesta en debate de dos candidaturas. Esas candidaturas, lógicamente, comparten lo esencial, pero son las diferencias de criterio, respuestas y perspectivas las que las separan y nos permiten, o deberían permitirnos, dejarnos llevar libremente por nuestro criterio para decantarnos hacia una u otra dirección.

Por ello, creo que el proyecto de Carme Chacón es el mejor para comenzar la renovación del partido, trazar un nuevo discurso para España y colaborar en una socialdemocracia europea que, en el futuro, debe estar cada vez más unida y ser un referente como movimiento progresista europeo. Hay que hayar la combinación necesaria entre ruptura y continuidar; ruptura con los errores que han desconectado al partido de la sociedad; continuidad con lo que supone el proyecto socialdemócrata y libertador de un partido histórico. Si triunfa el proyecto de Chacón, las ideas cobrarán un nuevo protagonismo para dotar al partido de las respuestas necesarias que la sociedad necesita de su referente socialdemócrata. El enquistamiento y la irrelevancia no son la respuesta, sólo caminar hacia adelante, innovando y arriesgando.


Enlaces de interés:
El momento decisivo
Cinco claves sobre el congreso del PSOE
Una alternativa por hacer

jueves, 2 de febrero de 2012

La contrarreforma educativa de los conservadores

Ayer, el nuevo ministro de Educación, José Ignacio Wert, anunciaba en sede parlamentaria los cambios que el nuevo ejecutivo de Rajoy iba a realizar en la educación nacional. Resumidamente, las medidas son las siguientes:

- Sustitución de Educación para la ciudadanía por una asignatura de Educación Cívica y Constitucional.

- Reducción de la ESO a tres años y ampliación del Bachillerato y la FP de grado medio a tres años.

- Reforma en el acceso a la carrera docente y creación del Estatuto del docente.

- Fomento del bilingüísmo castellano-inglés.

Las dos primeras son las más polémicas, básicamente el núcleo de los cambios en la educación, por lo que la medida, más que reforma, es contrarreforma. Es comprensible el alto grado de indignación que tienen docentes, estudiantes de profesorado y expertos en la materia. Aunque no se va a realizar una nueva ley educativa que sustituya a la actual LOE de 2006, esta reforma en sí desvirtúa completamente el espíritu de la ley. La reforma, en definitiva, supone una nueva ley de partido que en nada va a mejorar la situación de la educación pública; no es, tampoco, la intención del gobierno conservador que, en sintonía con lo que vienen predicando desde la era Aznar, apuesta por la educación concertada. La comunidad de Madrid es un triste ejemplo de la degradación de la escuela pública a favor de un sistema completamente descontextualizado del momento de su creación.

La sustitución de Educación para la Ciudadanía, que no eliminación, supone un reconocimiento implícito de que era necesaria una asignatura que fomentase los valores democráticos y occidentales de nuestra sociedad, aunque esta cuestión ya venía siendo suplida, en buena parte, por la asignatura de Ciencias Sociales e Historia, así como de Filosofía. La queja sustancial de la derecha era el "adoctrinamiento" de la asignatura. Según el decreto de enseñanzas mínimas de la ESO, EpC tiene

"la preocupación por promover una ciudadanía democrática (...), el aprendizaje de los valores democráticos y de la participación democrática con el fin de preparar a las personas para la ciudadanía activa, en sintonía con la Recomendación (2002) 12 del Consejo de Ministros del Consejo de Europa".

¿Dónde está el problema? La EpC tiene como objetivos, siguiendo con el decreto,

"favorecer el desarrollo de personas libres e íntegras a través de la consolidación de la autoestima, la dignidad personal, la libertad y la responsabilidad y la formación de futuros ciudadanos con criterio propio, respetuosos, participativos y solidarios, que conozcan sus derechos, asuman sus deberes y desarrollen hábitos cívicos para que puedan ejercer la ciudadanía de forma eficaz y responsable. Esta nueva materia se propone que la juventud aprenda a convivir en una sociedad plural y globalizada en la que la ciudadanía, además de los aspectos civiles, políticos y sociales que ha ido incorporando en etapas históricas anteriores, incluya como referente la universalidad de los derechos humanos que, reconociendo las diferencias, procuran la cohesión social (...) se incluyen, entre otros contenidos, los relativos a las relaciones humanas y a la educación afectivo-emocional, los derechos, deberes y libertades que garantizan los regímenes democráticos, las teorías éticas y los derechos humanos como referencia universal para la conducta humana, los relativos a la superación de conflictos, la igualdad entre hombres y mujeres, las características de las sociedades actuales, la tolerancia y la aceptación de las minorías y de las culturas diversas".

Lo único claro es que no se tiene nada claro. ¿Qué significa para el gobierno "adoctrinamiento"? La asignatura es necesariamente "dogmática", entendida como transmisora de los valores que tiene nuestra sociedad, y en tales valores se educan a los estudiantes como ciudadanos de una sociedad. Todos los regímenes han tenido una asignatura así, los no democráticos y los democráticos, con la diferencia de que en los regímenes democráticos estos valores son necesariamente los propios de una ciudadanía crítica, participativa, democrática, tal y como se enseña en el resto de Europa. Las palabras son muy importantes: "Educación PARA la ciudadanía" tiene más valor, a mi entender, que "Educación cívica y constitucional", en el sentido que el título expresa una voluntad no solo de transmisión de valores, sino de comprenderlos, cuestionarlos y debatirlos; no es "esto es lo que hay", sino "por qué lo hay".

¿Cuál es realmente el problema? No de la asignatura en sí, sino de otros poderes fácticos, en estrecha conexión con la derecha política y social de nuestro país: la Iglesia católica y adláteres. Es el viejo problema de nuestro país, la misma piedra contra la que chocamos una y otra vez: una educación que no esté separada e independiente de la sombra de la Iglesia no podrá formar verdaderos ciudadanos. No se trata de fabricar ateos o anticristianos, eso es muy difícil (y lo rechazo frontalmente), porque nuestra sociedad tiene unos valores que deben mucho a la cultura clásica y la cristiana. Como digo, y repito, se trata de libertad, libertad de verdad, libertad de criterio y lealtad constitucional, una esfera totalmente separada de la fe.

La reducción de la secundaria obligatoria plantea un nuevo problema, que creo que la derecha no ha meditado seriamente al elaborar su propuesta electoral en educación. Es incongruente acortar en un año la educación obligatoria, y a la vez obligar a un año de Bachillerato o FP, que es lo que muchos estudiantes se enfrentarían si no repiten curso. ¿Y si no quieren cursarlos? ¿Por qué cursarlos, si no se les va a dar un título? Será un año perdido. La idea de ampliar el Bachillerato y la FP no me parece mal, pero creo que se comete un error ampliándolo por el principio, y no por el final: habría que plantearse seriamente cuándo un estudiante adolescente está preparado para decidir qué itinerario desea tomar. La LOE acertaba al plantear 4º de ESO como un curso preparatorio para esos itinerarios. Una buena idea hubiera sido mantener los cuatro cursos de ESO y ampliar el Bachillerato y la FP tres años, hasta los 19 años del estudiante. Añadir un año más de estudio permitiría ayudar al alumno a adquirir la madurez suficiente como para decidir qué camino desea tomar: hay muchos alumnnos de primer curso de universidad, entre 18-19 años, que abandonan la carrera y se cambian a otra.

Si, como cacarea la derecha mediática, lo que se quiere es buscar "el esfuerzo y la calidad" en la educación, la solución no es poner patas arriba el sistema educativo de nuevo, o privilegiar, una vez más, a la enseñanza concertada. Tampoco lo es hablar de la "competencia" entre diversas escuelas, porque la realidad no sería la competencia: lo que los conservadores esconden tras esas palabras es la creación de centros para "buenos" y "malos" alumnos, segregados por nota y por condición social, algo que va radicalmente en contra del espíritu de cualquier ley educativa que se precie.

Calidad es tener una clase docente bien preparada y apoyada por la administración, calidad es tener un sistema educativo consensuado para ser longevo en el tiempo, lo suficiente como para no someter al profesorado a infinitos cambios que afectan a la educación de los jóvenes. Estas cuestiones, como se ve, son incapaces de ser planteadas seriamente por la derecha. Compete a la izquierda seguir apostando por un modelo educativo que busque la calidad, y también el esfuerzo, sí, pero porque hay detrás de los estudiantes un sistema educativo público que les motiva, forma y educa.

Habrá que esperar a que el ministro de Educación concrete las contrarreformas, y si se buscará el consenso político o el encuentro con la comunidad educativa, cosa que dudo, porque lo propuesto va radicalmente en contra del camino iniciado anteriormente. Tampoco se plantean serias respuestas a los problemas de los docentes, que es la carga de trabajo y la falta de plazas para atender las aulas masificadas. El "rigor" presupuestario, además de estrangular totalmente la economía, volverá a crear más "generaciones perdidas", que quizás tengan trabajo en el futuro, sí, pero de peor calidad, y además con peor formación, tanto técnica como intelectualmente, el fin de la ciudadanía y de todo lo que ese concepto supone.

La izquierda tiene que tener muy claro lo que supone el desafío de la derecha y responder claramente con una propuesta bien formada.






"Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organí­cense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza".

Antonio Gramsci, Fundador del Partido Comunista Italiano

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Manuel Azaña

Manuel Azaña

"Causas de la guerra de España", Manuel Azaña

En nuestros conflictos políticos, la República tiene que ser una solución de término medio, transaccional y la válvula de seguridad contra sus desaciertos es el sufragio universal. Lo que se pierde en unas elecciones, puede recuperarse en otras. Nada duradero se funda sobre la desesperación y la violencia. La República no puede fundarse sobre ningún extremismo. Por el solo hecho de ser extremismo, tendría en contra a las cuatro quintas partes del país.

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