miércoles, 16 de febrero de 2011

Mesa redonda "¿Hacia dónde va el mundo árabe? en UAM-Filosofía y Letras


Las revoluciones de Túnez y Egipto -creo que ya podemos calificarlas de tal modo- siguen generando charlas y conferencias de los expertos en el mundo árabe. A día de hoy, sin contar la conferencia de ayer en la Universidad Autónoma de Madrid, he podido asistir a la charla de Casa Árabe del 1 de febrero y al debate del Círculo de Bellas Artes del día después, ambos sobre Túnez. No obvio que se habrán desarrollado muchos otros actos por nuestro país, y también por otros países, que sirven, a todos los que tienen el honor de escuchar las palabras de los entendidos en ese mundo, de conocer un poquito más un mundo cuya impresión está contaminada por los estereotipos, los prejuicios y el sesgo de los medios de comunicación, amén de los intereses de nuestros gobiernos. Estas charlas son una gran oportunidad para intentar superar esos muros con los que habitualmente nos enfrentamos en el día a día. Desde esta modesta posición, y el escaso conocimiento propio, os intentaré sintetizar el acto de ayer, día 15 de febrero, realizado en la facultad de Filosofía y Letras de la UAM.

Organizado por el Departamento de Estudios Árabes e Islámicos y moderado por Ana Planet, profesora de dicho departamento, contó con las intervenciones de dignos expertos en el mundo árabe en nuestro país, muchos agrupados en el Taller de Estudios Internacionales Mediterráneos (TEIM), cada uno intentándonos acercar qué ocurre en cada uno de los países árabe-islámicos.

Miguel Hernando de Larramendi, profesor de la UCLM, nos acercó a la realidad de los regímenes autoritarios árabes y a la serie de revueltas, hoy olvidadas en Occidente. Esas revueltas, que afloraron en los países árabes a finales de los 80, llevaron al derrocamiento de Burguiba por Ben Ali, en Túnez, y al intento de apertura en Argelia, abortado al querer evitar la victoria electoral de los islamistas y la consiguiente guerra civil. Los regímenes autoritarios, en los últimos veinte años, intentaron una serie de reformas de arriba abajo, muy lentas: apertura al exterior, pluralismo limitado y liberalización y privatización de la economía, con la connivencia de su principal aliado, Estados Unidos, unidos a él en un objetivo común tras el 11-S: luchar contra el islamismo y utilizar el miedo a éste en Occidente para resistir a las presiones de democratización.

Luz Gómez García, profesora de la UAM, a través de unos extractos del libro del libanés Samir Kassir (1960-2005), De la desgracia de ser árabe, nos acercó la visión de este autor, asesinado en Beirut. La mentalidad de Kassir era muy pesimista: veía en las causas del subdesarrollo árabe en el analfabetismo, la gran desigualdad social, la superpoblación de las ciudades, la desertización de las provincias, percepción de no existir un futuro... con ello, Gómez García replicaba ese pesimismo a que ahora el espacio público árabe ha cambiado de manos y deja a esa desgracia de ser árabe en paréntesis.

Daniel Marx nos devolvió la atención en Túnez, diluida tras la importancia que ha cobrado la revolución egipcia en los últimos días, hablándonos de las condiciones del régimen de Ben Ali, las causas de su caída y los interrogantes para el futuro. El régimen benalista tenía dos caras, una liberal, por su herencia del régimen de Burguiba y el éxito económico posterior, y otra autoritaria, con un auténtico estado policial donde había 200.000 policías en un país de poco más de diez millones de habitantes. Era un régimen de "consumir y callar", con un potencial acceso a la clase media pero sin derechos políticos. Este régimen cayó desgastado por cuatro factores: un clima de represión y miedo constante sin la excusa real de peligro islamista, la corrupción de los Trabelsi (la familia de la mujer de Ben Ali), la censura a los medios de comunicación y redes sociales y la crisis económica, con la subida del paro joven, hasta un 44,5% entre los jóvenes diplomados. Marx elevó dos interrogantes: ¿Ben Ali se fue empujado por el ejército o pensaba volver para "salvar al país" del caos que pudiera producirse? Como interrogantes para el futuro, planteó el miedo de que el nuevo gobierno provisional, ya sin benalistas, pudiera controlar el caos y la violencia que pueden desatarse en Túnez; también quién pilotará la transición, cómo se depurarán los crímenes de la dictadura, quién ganará las elecciones o quién reformará la constitución.

Para Bárbara Azaola, profesora de la UAM experta en Egipto, la revolución tunecina abrió un momento de esperanza e ilusión en los egipcios, que sentían la desgracia de que no podrían hacer lo mismo que sus hermanos tunecinos. Pero las revueltas han tenido éxito y acabaron con Mubarak. Gracias a ello, los egipcios han perdido el miedo a manifestarse y a soportar las presiones agónicas de Mubarak para desgastar y desacraditar al movimiento ciudadano. A su vez, dentro del régimen se dio lugar a una serie de tensiones entre la nueva y la vieja guardia del partido pero también dentro del ejército, imponiéndose la vieja guardia y tomando el poder tras la salida de Mubarak. Aún está por ver que esto suponga la verdadera entrega del poder a civiles o, por el contrario, los generales sigan controlando el poder. La nueva junta militar va dando pequeños pasos, como la suspensión de la constitución y del parlamento, pero aún no se han liberado los presos políticos, ni se ha reformado la ley de partidos o tomado medidas respecto a la sempiterna ley de emergencia.

Bernabé López García, experto de la UAM en Marruecos, fue un poco pesimista respecto a posibles cambios en nuestro inmediato vecino árabe. Existe, dijo, una sensación de que el "enemigo exterior" quiere que se agite el cambio y eso provoca una cierta contencion pese a que el nivel de insatisfacción es el mismo que en otros países árabes. Hay convocada una manifestación para el día 20 de febrero, pero sin saber dónde y el motivo para manifestarse. El principal escollo es la figura del rey: muchos están cansados de la monarquía y del lastre que supone para la economía del país, pero otros más están acordes con el principio de "viva el rey y muera el mal gobierno": no es el rey el culpable, sino todos los que están directamente por debajo de él, desde sus amigos hasta los políticos que mantienen el sistema corrupto e inoperante. Izquierda y derecha están unidas en un mismo gobierno que es débil e incapaz de desarrollar ninguna política, sólo se reparten el poder y sus prebendas. Las débiles reformas propiciadas por el rey, tales como el estatuto de la mujer, algo avanzado, y el código de familia, se han detenido y aún permanece la incógnita de si la monarquía se parlamentarizará y seguirá el ejemplo de la transición española.

En una línea general, Bernabé López habló de las revoluciones ocurridas como revoluciones de individuos, algo que seria revolucionario en el mundo árabe: el nacimiento del individuo, rebelado frente al clan, la familia y al "papá Estado/rey/presidente". Sería además una "mutación laica", que no daña las religiones existentes.

Desde Yemen vía Skype, Leyla Hamad nos acercó la realidad de un país olvidado, del largo proceso que ha seguido el presidente Saleh desde su inicial mandato como presidente del tradicionalista Yemen del Norte a presidente del Yemen unificado, con la incorporación del sur marxista y la colaboración con la oposición, primero socialista, luego islamista, a la posterior marginación de ambas. El intento de democratización del país, iniciado a mitad de los años 90, se detuvo, derivando al semipresidencialismo y a un cada vez más al presidencialismo autoritario, con la ampliación de los mandados del presidente y de los diputados y el vacíado de competencias del legislativo. A ello se suma la frustración de la oposición y de la ciudadanía por el proamericanismo de Saleh y su eternización en el poder que, pese a prometer en 2006 que no se presentaría a la reelección, se desdijo de sus palabras y ganó unas elecciones claramente falsificadas.

Amaia Goenaga, también vía Skype pero desde Líbano, nos explicó el significado de las últimas manifestaciones en el país de cedro, no relacionadas con las revoluciones del norte de África, sino con asuntos internos. La situación política se degradó más con el nerviosismo de Hezbolá al estar cercano el anuncio de la acusación del tribunal de justicia por el asesinato del primer ministro Rafik Hariri. Hezbolá, temiendo ser acusado, ha mantenido presiones para hacer caer al gobierno y para desacreditar al tribunal. El primer punto ya lo ha conseguido, con la caída del gobierno de Saad Hariri y el nombramiento de un gobierno dirigido por Najib Mikati, con apoyo de Hezbolá y del bloque prosirio. El sistema libanés, pese a garantizar cierta libertad, es sectario, al dividir el poder por cuotas confesionales y estar sometido al control de las élites de cada comunidad religiosa, impidiendo la existencia de un movimiento nacional único.

Rafael Bustos, profesor de la UCM y colaborador del TEIM, habló del caso argelino. Argelia es un caso distinto al de Túnez o Egipto: el régimen no tiene fisuras internas frente a un movimiento de la calle muy dividido, con el recuerdo de la guerra civil de los años 90, que mantiene una sociedad dividida. El gobierno argelino contribuyó a la poca asistencia de la manifestación del 12 de febrero con el bloqueo de los transportes, y el islamismo, en un bloque de oposición diferente, criticó a los convocantes laicos y estudiantiles.

Waleed Saleh, profesor de la UAM, cree que las revoluciones actuales han derrumbado varios mitos: que los árabes sean sumisos a sus gobiernos o que no estaban preparados para la democracia. También habló de la actual situación de su país natal, Irak. Saleh no cree que sea una democracia real: la guerra destruyó un país que, pese a la dictadura de Sadam, funcionaba y contaba con un gran potencial humano. La democracia ha caído en manos de grupos sectarios que no creen en ella: han destruido a la élite cultural y el poder lo pasan a controlar ignorantes que no saben manejar un país. Por ello, ha crecido la sensación de inseguridad, faltan servicios básicos, el petróleo se vende sin control del gobierno central y todas las regiones están controladas por milicias, ya sean suníes, chíies o kurdas. El gobierno central ha perdido su poder y el país se ha dividido en tres zonas: los kurdos, con afán expansionista a Kirkuk por el petróleo de su región; los suníes, y los chíies del sur, que han establecido de facto una república islámica, bajo control e influencia iraní.

Marta Saldaña, becaria del TEIM, hizo un rápido repaso a los países del golfo pérsico, con revueltas en cada país por el paro joven, la corrupción y la violación de derechos humanos, unido a la discriminación de la población chií en países de regímenes suníes. En Kuwait las protestas consiguieron la dimisión del ministro de Información y el mantenimiento de las protestas para pedir democracia. En Bahrein el lunes 14 de febrero hubo manifestaciones masivas en la capital, Manama, con el resultado de un muerto. Protestaban por el fin de la discriminación a los chíies y por los intentos de equilibrio demográfico con la nacionalización de suníes saudíes. En Arabia Saudí hay movimientos reformistas que elevan peticiones al rey, protestas de mujeres por el amejoramiento del abastecimiento de agua, aprovechado para pedir trabajo y criticar la corrupción existente. En Omán las revueltas son por los precios. En Qatar existe una oposición más débil y las reformas se producen, aunque de forma lenta. En los Emiratos existen presiones para convocar nuevas elecciones, las segundas de su historia.

Luciano Zaccara, profesor en la UAM, habló de las reacciones en Irán a las revoluciones árabes. La revolución egipcia, que coincidió con las fiestas de la revolución iraní, fue aprovechado por el ayatolá Jamenei para manifestar que son las reminiscencias de la revolución islámica de Jomeini. Pero, al mismo tiempo, el régimen prohibía manifestaciones de apoyo al pueblo egipcio de los opositores Musavi y Karrubi. En su lugar, se dio lugar a una manifestación oficialista, de menor asistencia, con difusión de imágenes manipuladas de las manifestaciones de 2009 contra Ahmanineyad, más concurridas.

Por último, Carmen Rodríguez, investigadora de estudios turcos en la UAM, habló de la influencia que puede tener o recibir Turquía de las revoluciones del norte de África. Habló de un "invierno democrático", regresión democrática, opuesto al proceso de reformas democratizadoras iniciado en 1999, el "verano democrático", por la oposición de países de la UE a su ingreso, por las medidas ambivalentes del islamista AKP y la debilidad de la oposición laica, configurándose dos bloques, religioso y laico, muy conservadores e inmóviles. A favor de Turquía, posee una sociedad civil consolidada y experiencias democráticas, descontenta con el modelo actual por la falta de laicización, en su opinión, aunque la "primavera árabe" puede dar un nuevo impulso al proceso democratizador.

Y para finalizar esta extensa síntesis, os añado el vídeo que visionaron al principio de la charla, "Sout al horeya", "la voz de la libertad", de la revolución egipcia.



miércoles, 9 de febrero de 2011

Debate "Túnez, la revolución de un pueblo" en el Círculo de Bellas Artes


El pasado 2 de febrero en el Círculo de Bellas Artes se celebró un debate con motivo de la revolución tunecina, "Túnez, la revolución de un pueblo", moderado por Teresa Aranguren, escritora y periodista, con la intervención de Kamel Jendoubi (que ya participó el día anterior en el coloquio "¿Hacia adónde va Túnez?", en Casa Árabe), presidente de la Red Euromediterránea de Derechos Humanos; Miguel Hernando de Larramendi, profesor de Historia en la UCLM y experto en el mundo árabe contemporáneo; y Jesús Núñez, director del Instituto de Estudios sobre Conflictos y Acción Humanitaria.

Debido a que Kamel Jendoubi participó en el coloquio del día anterior, que recogí aquí la semana pasada, y que hizo una intervención similar, comentaré la invertención de los otros dos invitados.

El profesor Hernando de Larramendi comentó que las revoluciones del norte de África eran la manifestación de un proceso que nadie quería ver. Nadie pensaba que Ben Ali, el derrocado presidente tunecino, fuera a caer tan rápidamente o que la inmolación de Mohamed Bouaziz llevaría a la situación actual. Dado el tiempo que ha transcurrido, la respuesta que se puede esperar no es si va a haber oportunidad para la democracia, sino si esta perdurará y qué alcance va a tener, tanto para la región del Magreb y del mundo árabe musulmán como para las relaciones internacionales.

Nadie pensaba que esta ola de protestas empezara por Túnez, siguió Larramendi, "fue una sorpresa". Lo ocurrido es, para él, un "efecto demostración" que responde a la sociología del mundo árabe: la juventud ha sido el motor de la revolución. Lo que Túnez está transmitiendo al resto de regímenes "cleptócratas y represores feroces" árabes es que la movilización permite hacerles caer, dado que encierran una gran vulnerabilidad.

Se ha tendido a olvidar por la mediatización entre los regímenes autoritarios y el islamismo que en medio existe una sociedad civil, con formación elevada pero nulas perspectivas laborales. Esas tensiones sociales existen en Túnez y en otros países árabes. Por diferentes motivos y ámbitos había un caldo de cultivo presente que no se ha traducido en movilización política hasta ahora, al unirse las causas políticas con las demandas económicas.

Ya nada será igual. Son revueltas tradicionales frente a la corrupción y a la represión, pero el miedo que había se ha perdido al ver que es posible la confrontación con un Estado incapaz de responder a las demandas expresadas. La revolución en Egipto ayuda a consolidar esta ola de cambios y a que lleguen a otros países (Jordania, Yemen, Palestina, Marruecos...).

Son necesarias las reformas y la democratización. La cumbre de la Liga Árabe celebrada en Túnez en 2004 recurría a argumentos de seguridad para mantener los regímenes autoritarios y negar posibles avances: las reformas nunca pueden venir de fuera sino de dentro, decían.

La capacidad de respuesta en distinta en cada régimen. Túnez no es un ejemplo aislado, proyecta que las demandas económicas buscan atajar el problema de raíz: los regímenes. Nos encontramos, dijo Larramendi, con que, caigan o no, introducir la cuestión de cambio político lleva a que los regímenes tienen que adaptarse: el miedo que existe es que esos cambios sean cosméticos y no reformas profundas.

La respuesta de Mubarak a las protestas es de no aprender del caso tunecino. Como Ben Ali, Mubarak mira al exterior; el tunecino no tuvo quien le apoyase pero Mubarak sabe que su supervivencia depende del apoyo exterior.

Por desgracia, como bien apuntó Larramendi, Túnez ha desaparecido de la actualidad. Su proceso de esperanza hay que seguirlo con atención. Para el resto del mundo árabe, todos los cambios fracasarán si no integran la lección de Túnez de integrar a la juventud como motor de cambio y de la historia.


Jesús Núñez, mucho más crítico con la postura de la Unión Europea y de Estados Unidos, dijo que "no estábamos dormidos". "0jalá", proseguía, porque "sabíamos lo que pasaba". La explicación de Núñez a la postura occidental es que se tomó la opción de asegurar la estabilidad a toda costa de los regímenes existentes, al considerarles como los únicos interlocutores válidos que garantizaban la seguridad de los intereses occidentales en la región. La dialéctica occidental fue la de distinguir a los regímenes entre radicales (ejemplo: Libia) y moderados, añadiendo: "¿por qué hablamos de países moderados, qué vemos a los saudíes?

Esta posición ha funcionado hasta ahora: la estabilidad ha redundado en beneficio de los intereses económicos occidentales. Este juego ya no sirve, en opinión de Núñez: no vale agitar el espanto del islamismo porque antes de los regímenes autoritarios árabes no existía.

Lo que ocurre ahora en el Magreb es un cambio estructural: las cosas no serán igual. No hay que confundir cambio con democracia, porque el primero puede no llevar al segundo. Queda la resistencia de actores locales y externos que apoyaron y apoyan a los regímenes autoritarios; también hay que ver si se consolida la democracia en Túnez: el islamismo no puede destruir la democracia porque aún no existe.

Anteriormente, Obama apoyó a Ben Ali. Ahora dice lo que tiene que decir en el momento de las revueltas. Francia dijo que podía colaborar en la represión policial para mantener el control de la calle. "¿Qué es peor -dijo-, decir o no decir nada como muchos países?", en abierta crítica a muchos países, como España, que no han dicho nada relevante o han esperado hasta ver acontecimientos.

Pesan más los intereses, arrinconando a los valores y principios que defendemos: la UE daba una buena calificación a Túnez para darle el estatuto avanzado a cambio de nada, pese a las denuncias de vulneración de derechos humanos y falta de libertades. Si ahora los regímenes árabes consiguen aguantar la presión un par de semanas y que garantizan la estabilidad a la UE le basta. El interés de la Unión no es que las demandas de la calle se vean satisfechas, sino que haya estabilidad, pues los intereses no han cambiado. Si no se satisfacen las demandas, los futuros estallidos serán más violentos. El protagonismo debe ser local pero la UE tiene que apoyar los cambios o nuevos gobiernos, no atraparlos por la idea europea de estabilidad y dejar que cualquier gobierno lo digo o lo asegure: deben hacerse leyes de amnistía, investigar los crímenes y reformas de las leyes electorales para garantizar la integración de la sociedad.

miércoles, 2 de febrero de 2011

Conferencia "¿Hacia dónde va Túnez?" en Casa Árabe

La caída de la dictadura de Ben Ali en Túnez es, como vamos comprobando y reflejando desde multitud de foros y medios, la chispa de la oleada democratizadora que protagonizan los ciudadanos árabes. Ayer, en Casa Árabe de Madrid, con Gema Martín Muñoz (directora de Casa Árabe y experta en procesos políticos del norte de África) como moderadora, pudimos conocer las opiniones de Souhayr Belhassen, activista tunecina y presidenta de la Federación Internacional de los Derechos Humanos, y de Kamel Jendoubi, hasta hace poco exiliado tunecino y presidente de la Red Euromediterránea de Derechos Humanos y portavoz del Comité por el Respeto de las Libertades y los Derechos Humanos en Túnez. Asimismo, la conferencia fue de las más concurridas de todas las que organiza Casa Árabe, con una presencia destacada de tunecinos entre el público y de expertos en el mundo árabe-musulmán.

Souhayr Belhassen explicó que el proceso político que está viviendo Túnez es un fenómeno tunecino y que ha servido de catalizador para el resto de los países de su entorno: "está trastocando el mundo árabe", dijo. Por fin, las reuniones de los activistas de los derechos humanos, como cualquier reunión de asociaciones civiles, se pueden celebrar sin el control del "partido-estado".

Para ella, esto ha sido posible por la tradición reformista de Túnez, precursora en el mundo árabe del primer sindicato, de la liga de derechos humanos, el código de las personas más laico y medidas avanzadas en derechos de la mujer, anticoncepción y aborto. ¿Cómo pudieron mantenerse las dictaduras de Habib Burguiba primero y la de Ben Ali después? Burguiba fue un "dictador ilustrado" y Ben Ali prometió desarrollo económico a cambio de "infantilismo político". Pero, a la larga, un régimen no puede perdurar cuando sus valores son el ostracismo, la corrupción y el nepotismo. Ello, unido a la marginación de la población del centro del país del desarrollo económico de la costa, la desesperación de la generación más joven, usuaria de Internet y sin empleo y el empobrecimiento de las clases medias, base del régimen de Ben Ali, fue una frustración contenida, que estalló con la inmolación de Mohamed Bouazizi en la ciudad de Sidi Bouzid.

Los sucesos de Túnez son, para Belhassen, una revolución moderna, mixta, laica, democratizadora y responsable. De momento, no ha experimentado ninguna deriva en la lucha social por la dignidad, la democracia y la libertad.

Más extensa fue la intervención de Kamel Jendoubi. Explicó su alegría y su orgullo de ser tunecino, sin que los represente Ben Ali, como estar "en una nube". Más polémico que Belhassen, Jendoubi recordó que el dictador Ben Ali huyó del país sólo hace unos pocos días, y que el régimen, con toda la tecnocracia y aparatos represivos de los que se sirvió para controlar al pueblo aún existen, sin tampoco olvidar que Ben Ali no contó únicamente con apoyos internos, sino también externos, como todos los gobiernos occidentales. Ahora, dijo, "todos dicen ser revolucionarios", en referencia a todos aquellos que apoyaron a Ben Ali: los medios de comunicación, y los intelectuales e ideólogos afectos al dictador derrocado.

No es, en opinión de Jendoubi, una revolución social -"aún"-, sí una revolución política, iniciada por la fractura del espacio público, causada por el intento del régimen por controlar Internet y, sobre todo, Facebook, usada por miles de jóvenes tunecinos. Es una revolución de los actores de la sociedad civil: los parados universitarios con conciencia, en contacto con los sindicalistas y con los abogados, que han nutrido a las protestas de eslóganes, de conciencia. A la existencia de Internet y Facebook, fundamentales para la difusión de noticias y concentraciones, se ha unido la labor de Al Yazeera al ser un espacio donde "la gente normal ha podido hablar".

El sistema de la dictadura aún permanece. El partido dusturiano, mezclado con el Estado, permanece intacto y los aparatos represivos también: siguen existiendo doce mil miembros de la policía política y toda la red de informadores, la guardia presidencial y las fichas de "nombres negros", los considerados enemigos políticos del régimen, como Jendoubi. Es necesario, añadió, cambiar a los responsables políticos, todos nombrados por el clan de los Trabelsi, la familia de la mujer de Ben Ali.

Existen problemas: el riesgo de que la revolución sea confiscada por cualquiera de las fuerzas políticas, o que por la inexistencia de líderes opositores fuertes los ideólogos del régimen aprovechen la situación, así como el desencadenamiento del caos por la liberación de pequeños criminales para crear inseguridad y así justificar una intervención del ejército o de los aparatos del régimen. A estos problemas le añade el gobierno, que no considera de unidad nacional, o las tres comisiones que se han creado sobre la reforma política, la de investigación de los crímenes y la de anticorrupción. Son comisiones formadas por técnicos nombrados por el gobierno, sin responder a las demandas políticas de la población. Jendoubi se preguntó por las limitaciones de las comisiones, ya que consideró inaceptable que pretendan investigar sólo los crímenes del último mes, cuando son años y décadas las de violaciones de derechos humanos.

Europa debe dejar su papel de "fuerza hipócrita" y ayudar al desarrollo económico de Túnez para ayudar al gobierno a satisfacer las demandas de empleo de los tunecinos, en este impasse de seis meses de transición hasta la celebración de elecciones legislativas y presidenciales.

Con la caída del dictador, el mapa político tunecino se está recomponiendo. El sindicalismo de la UGTT, puntal junto con el partido dusturiano de Burguiba y Ben Ali para la cultura política de la independencia, también está afectado por la corrupción. Pero el sindicalismo y el resto de actores de la sociedad civil deben estar integrados en el nuevo régimen, incluyendo a los islamistas de En Nahda para evitar volver a los viejos tiempos de enfrentamiento entre islamistas y no islamistas, y también a los restos del viejo partido-estado, que reconstituido o con un nuevo partido, sus integrantes también tienen derecho a existir.

Sobre un tema crucial -el papel del islamista En Nahda- Jendoubi recordó que no se quieren presentar a las presidenciales, pero habrá que ver a quién apoyarán, ni intentar dominar el futuro legislativo. Tampoco se sabe cuántos votos recibirán, sólo la capacidad que tengan para llegar a acuerdos con el resto de fuerzas sociales determinará su peso. En Nahda, explicó, "quieren existir políticamente y conciliar Islam y modernidad", en línea con el reformismo tunecino, inspirándose en el modelo turco del AKP. Asimismo, los laicos deben de ser capaces de hacer frente dialécticamente al debate ideológico con los islamistas.

En Nahda no cuestiona el estatuto de las personas, defiende la democracia, la soberanía popular, la libertad de opinión y de conciencia. Todo ello, no obstante, no evita que puedan tener una "agenda oculta", pero eso lo demostrarán los hechos. Por último, Jendoubi explicó que el movimiento islamista está dividido, entre los que querían unirse a Ben Ali y los que se oponían a él, entre la vieja generación de líderes (exiliada) y la nueva (en el interior), que no quiere verse controlada por estos. Y, cuestión muy importante, En Nahda nunca ha recurrido al terrorismo ni llamado a la violencia, excluyendo de sus filas públicamente a los violentos. En pocas palabras, para que el proceso político sea un éxito según Jendoubi, "tiene que prevalecer la inteligencia".

Enlaces destacados:
Vídeos de Casa Árabe
Noticia de la conferencia en El País

jueves, 20 de enero de 2011

Túnez y Egipto o el efecto dominó. ¿Primavera de los pueblos árabes?


Desde hace poco más de un mes asistimos con expectación los acontecimientos que se van desarrollando en Túnez. Hace un mes, nadie pensaba que la inmolación de un joven desesperado por la falta de empleo en su país iba a hacer derrumbarse a uno de los regímenes dictatoriales más estables del múndo árabe-musulmán.

Conviene recordar la situación de la que partía Túnez. Desde 1987, la república tunecina ha estado gobernada por Zine El Abidine Ben Ali hasta su derrocamiento en estas fechas. A su vez, Ben Ali derrocó al primer presidente de la república, Habib Burguiba, héroe de la independencia y líder del partido que lo ha sido todo en Túnez, como movimiento por la independencia y partido dominante desde los años 30 que, con diferentes nombres (Dustur, Neo-Dustur, Partido Nacional Dusturiano, Partido Socialista Dusturiano y, finalmente, Reagrupamiento Dusturiano Democrático) ha controlado el país. En su momento, Ben Ali fue "el hombre del cambio" y despertó tanta esperanza entre los tunecinos como la "revolución" que ahora se está desarrollando.

¿Puede hablarse de una revolución? Aún es prematuro y habrá que esperar a ver qué rumbo toman los acontecimientos. Por ello, hay que hablar de protestas generales y exitosas: el motivo no sólo ha sido solamente la falta de empleo para los licenciados universitarios, que sí que es lo que ha prendido la mecha de las protestas. A ellos se le han unido las reacciones por la respuesta que suelen dar los regímenes dictatoriales: la represión policial. Con ello, la protesta alcanzó todo el territorio de la república e incluso se extendió a otros países árabes. Esta catarsis que están experimentando los tunecinos ha servido para arrinconar al aparato del régimen y privarle de uno de sus pilares, el ejército, que goza de amplio prestigio entre la población. En cuestión de dos días, al régimen se le quemaban todos los cartuchos: el movimiento popular no se contentaba ni con la destitución del ministro del Interior, ni con vagas promesas de combatir la corrupción, ni con el anuncio de que Ben Ali no se presentaría más a las elecciones presidenciales. Las masas de la calle unieron sus voces a un solo grito: "Dégage Ben Ali!" (Lárgate, Ben Ali). La conclusión: Ben Ali hizo las maletas (repletas de dinero) y se marchó a buscar cobijo: primero en Francia, pero a Sarkozy le horrorizaba que relacionaran a la vieja metrópoli con el derrocado dictador (no tiene problema en hacerlo con dictaduras del África negra), y tuvo que acabar en Arabia Saudí, una de las peores satrapías árabes.

Hasta la fecha, no ha habido un gobierno en Túnez aceptado por las masas enfurecidas. La virtud de las protestas es su humilde origen: ni partidos, ni sindicatos ni movimientos organizados han sido sus promotores, sino la explosión de la rabia contenida en la ciudadanía tunecina por la falta de empleos justos y la escandalosa corrupción del régimen dusturiano. El mantenimiento de las protestas frente a cualquier gobierno bajo el control del aparato dusturiano, y la negativa de los minúsculos partidos opositores y del sindicato Unión General de Trabajadores de Túnez (UGTT) a participar, ha dado al traste con cualquier intento de transición controlado en última instancia por los restos del régimen, que quería mantener los ministerios clave (como Interior). El único acuerdo, que se hará oficial dentro de poco, ha sido la desvinculación de cualquier posible ministro del gobierno con el partido desturiano. Incluso el primer ministro, Mohamed Ganuchi, "monsieur oui oui" por su seguidismo de Ben Ali, ha renunciado al partido y a mantenerse posteriormente en el poder, siendo su único cometido dirigir la transición hasta la celebración de elecciones parlamentarias y presidenciales, que deben ser libres.

La participación del islamismo, En Nahda (Renacimiento)
ha sido testimonial, si no inexistente. Pese a sus proclamas de moderación y democracia, el nulo protagonismo del islamismo político fortalece las protestas. Ningún gobierno occidental ni árabe puede argumentar peregrinas justificaciones para torcer la voluntad popular de los tunecinos. Túnez da un ejemplo de movimiento popular, democrático y laico al mundo occidental y al árabe: es posible una alternativa democrática al autoritarismo de los regímenes árabes. Es un movimiento protagonizado por jóvenes, universitarios y desemplados, educados en un sistema laico e igualitario y usuarios de Internet. Con ello, desmonta los tópicos de la islamofobia europea, que quiere meter a todos los árabes en el mismo saco de la intolerancia, el machismo y el integrismo religioso.

¿Es Túnez la primera ficha del dominó? Los sucesos de Túnez han reavivado las esperanzas de muchos ciudadanos árabes en una "primavera de los pueblos". Ya hay un caldo de cultivo previo: en Argelia las manifestaciones tienen los mismos motivos de Túnez, en Yemen el descontento parte de la eternización del presidente Saleh en el poder y la penuria económica, en Egipto al enfado de los coptos por la discriminación y violencia terrorista que padecen se unen 30 años de estado de emergencia y la "siriaciación" del régimen como dictadura hereditaria en el hijo de Mubarak. En Egipto y en Yemen es donde ha calado el efecto dominó. Otros países, como Marruecos o Arabia Saudí, tienen todo el apoyo estadounidense para reprimir las protestas contra la corrupción y la pobreza. Libia es el coto privado de Gadafi. Pero es injusto dirigir todas las sospechas a EE.UU. de posibles involuciones y frustraciones populares. Las dictaduras árabes, coronadas o republicanas, temen esta ola de furia. Hasta Israel teme perder a su "aliado" egipcio y confía, como los países árabes, en que Mubarak reprima con dureza las protestas.

¿El mayor miedo en Egipto? La inestabilidad. Los grupos terroristas islamistas están deseando el derrumbe del régimen egipcio. En Túnez esto es más difícil por el rápido derrumbamiento del régimen dusturiano y la aceptación de la mayoría del aparato dirigente por las reformas, así como el apoyo del ejército al pueblo. En Túnez la única violencia, minoritaria y condenada a la desaparición, vendría de su "búnker". Pero la inestabilidad en Egipto sería catastrófica, con el terrorismo apuntando al turismo y a la minoría copta, por un lado, y los Hermanos Musulmanes como posibles capitalizadores de la inseguridad de la población musulmana. Ése es el argumento que sostiene a Mubarak y a sus aliados para reprimir a la población. Pero, como en Túnez, el protagonista principal de las protestas en Egipto es la juventud, y el principal argumento no es Dios ni la religión, sino empleo, justicia y libertad.

No hay, entonces, un dualismo enfrentado entre mundo occidental-mundo árabe, sino de
democracia contra autoritarismo. Ojalá la ciudadanía occidental volviera al espíritu contrario a la guerra en Irak y acudiera en masa a las calles a apoyar la ola democrática árabe.

Posdata: Vergüenza para la Internacional Socialista. Sabiendo que el partido desturiano RCD formaba parte de la Internacional, me extrañó mucho no encontrármelo en sus listas de miembros. Resulta que tres días después (17 de enero) de la huída de Ben Ali (14 de enero), la IS expulsó al RCD de sus filas, sin hacer pública la noticia hasta el 19 de enero. Tampoco hay que olvidar que, a día de hoy, el Partido Nacional Democrático de Mubarak permanece en la Internacional Socialista. ¿Compañeros incómodos cuando pierden el poder?

martes, 21 de diciembre de 2010

Melquíades Álvarez, un republicano olvidado


La memoria histórica de los españoles trata muy mal a sus grandes hombres. Las deficiencias en el sistema educativo, la pésima consideración que se tiene hacia las humanidades y las ciencias sociales y el relevo generacional pueden ser varios de los factores que expliquen el escaso conocimiento de los hechos que acaecieron más allá de 1975 o de 1939. En muchas ocasiones, la historiografía, y pseudohistoriadores conocidos -por desgracia- por todos, han distorsionado el pasado hasta simplificarlo, bien por facilitar su conocimiento, bien por causas ajenas al verdadero conocimiento histórico.

Es el caso de la historia del republicanismo español. En líneas generales, la palabra "república" nos remite a los hechos más destacados de 1931 y 1939 y a las connotaciones más negativas: comunismo, violencia, sectarismo, separatismo, inestabilidad... en medio de palabras tan nefastas se ha hundido deliberadamente al republicanismo español.

La figura de Melquíades Álvarez (1864-1936) bien puede ser el símbolo de la tragedia del republicanismo español. Nacido en Gijón, se licenció en derecho por la Universidad de Oviedo, donde sería catedrático de derecho romano desde 1898. Además, se inició en el mundo del periodismo con la fundación del periódico La Libertad y colaborando en El Eco de Gijón. Conjugó la abogacía y el periodismo con la política: en 1898 fue elegido diputado por Asturias por la candidatura democráta-liberal, sumergiéndose en el mundo político de la Restauración española, ademas en un año tan destacado para la historia española, el del Desastre.

Melquíades Álvarez no escapa a la cuestión en voga de la época, derivada del Desastre, el regeneracionismo. Se define como republicano y pasa a colaborar con los republicanos posibilistas Nicolás Salmerón, Blasco Ibáñez, Joaquín Costa y Gumersindo de Azcárate. Desde 1901 hasta 1923, renueva su escaño dentro de las candidaturas republicanas. Durante un primer período que va de 1901 a 1912, colabora en la unión de los partidos republicanos (Unión Republicana de 1903 a 1908) y en la colaboración con el Partido Socialista (Conjunción Republicano-Socialista de 1910). En la primera década del novecientos, desde el republicanismo, ofrece apoyo político al Partido Liberal dinástico para reformar el régimen de la Restauración y la Constitución de 1876, con la intención de democratizar el sistema y consolidar la supremacía del poder civil sobre el militar, muy dañado tras la aprobación de la Ley de Jurisdicciones por el gabinete liberal de Moret y Romanones de 1906, tras los sucesos contra la revista Cu-Cut!.

En 1912, Melquíades Álvarez crea el Partido Reformista, siendo la cabeza visible del amplio republicanismo reformista, democrático y laico que había surgido en la década de 1880 de las filas del krauso-institucionismo y del Instituto de Reformas Sociales. Como partido reformista, la formación de Melquíades Álvarez defendía la reforma gradual del sistema político en varios aspectos. Reforma política para crear un Estado democrático y social de derecho que abriese el sistema a la participación de la sociedad, acabando con el caciquismo y fomentando la autonomía de las regiones como respuesta al creciente regionalismo y como freno al nacionalismo independentista. Reforma de las relaciones laborales para conjugar capital y trabajo y alcanzar la "armonía social", mediante el asociacionismo obrero y una legislación de cobertura social de los trabajadores.

Como partido republicano, el Reformista se definía accidentalista, dejando para un momento posterior el debate en torno al tipo de régimen: lo importante era primero democratizar el Estado. Bajo los ideales del nuevo liberalismo se integraban buen número de los intelectuales republicanos y krausistas: Adolfo González Posada, Manuel Azaña, Gumersindo de Azcárate, José Ortega y Gasset, Fernando de los Ríos, Américo Castro y otros tantos otros.

De 1912 a 1923, el Partido Reformista y su líder Melquíades Álvarez variaron en sus alianzas, ora los republicanos, ora los liberales dinásticos, en el intento de conseguir la influencia necesaria para presionar en favor de la democratización del sistema político. Hay que destacar una paradoja que afectaba a todos los partidos de la Restauración: todos, desde los dinásticos a los republicanos, defendían la democratización, en mayor o menor medida; pero todos se beneficiaban del "encasillado" y del fraude electoral que decidía la composición de las Cortes. El Partido Reformista no escapó a esas prácticas y de ahí provienen sus grandes triunfos electorales en Asturias en la década de 1910-1920. En 1922, merced a la coalición entre liberales dinásticos y reformistas, Melquíades Álvarez es nombrado presidente del Congreso de los Diputados, cargo que ocupa hasta la clausura de las Cortes y la suspensión de la Constitución de 1876 por el golpe de Estado del general Primo de Rivera.

La dictadura de Primo de Rivera, pese a defender las reformas regeneracionistas y la crítica al caciquismo e ineficacia del sistema político de la Restauración, no era lo que defendían los republicanos y los reformistas. El político asturiano espera, no ocioso, sino colaborando o mostrando simpatías por conspiraciones para quitar al dictador. En 1930, con Primo de Rivera dimitido y el régimen monárquico haciendo aguas, el rey Alfonso XIII le pide que forme gobierno, proposición rechazada por Álvarez si no se convocan unas Cortes constituyentes que se definan la naturaleza del régimen político. En las municipales de abril de 1931, sin esperarse que iban a convertirse en una consulta contra la monarquía, inicialmente integró el bloque monárquico y luego pasó a defender la abstención.

Con la proclamación de la república, acepta el nuevo régimen y refunde el Partido Reformista en Partido Republicano Liberal Demócrata, en un campo mucho más moderado y conservador que el Reformista, fruto de la evolución del pensamiento de su líder: estaba muy desencantado con el rumbo de los acontecimientos y, como Ortega y Gasset, era de la opinión que la república no debía ser lo que el gobierno del primer bienio estaba realizando. Por ello, colaboró en el bienio negro con los gobiernos radical-cedistas y hasta en apoyar la represión de los obreros de Asturias, reclamando que orden y libertad no tenían sentido el uno sin el otro. La colaboración de su partido en el bienio radical-cedista, el apoyo a las represiones obreras, la defensa que hizo de José Antonio Primo de Rivera tras su detención y, posteriormente el apoyo de muchos de sus miembros a la rebelión militar de julio de 1936 desacreditó al viejo partido reformista y a su veterano líder. Melquíades Álvarez fue encarcelado en agosto en la Cárcel Modelo de Madrid, donde el 22 de ese mismo mes fue fusilado sin juicio y sin conocimiento por el gobierno y la presidencia de la república, con gran dolor de quien fue en su día compañero de partido, Manuel Azaña.

Melquíades Álvarez fue una víctima de ese caos político, social y bélico que acabó con las esperanzas del republicanismo español. Es, sin duda, un buen representante de lo que se ha dado en llamar la "tercera España", esa España reformista que tenía un proyecto de democracia y regeneración en medio de los odios, larvados tiempo atrás, de las otras dos Españas. El desencanto de Melquíades Álvarez por la república no era un caso aislado, sino que embargaba a personajes ilustres a izquierda y derecha, preocupados y desesperados por una España que, ni con monarquía o república, conseguía unirse al tren de las naciones democráticas y desarrolladas.

Enlaces de interés en Internet:
Melquíades Álvarez y los nudos de la memoria
Biografía de Melquíades Álvarez

martes, 14 de diciembre de 2010

Los tres votos de Berlusconi

Frente a 311 votos a favor y 2 abstenciones, la moción de censura de la oposición a Berlusconi ha sido derrotada por los 314 diputados que han apoyado en contra, entre los que se encuentran dos miembros de Italia de los Valores de Di Pietro, uno del Partido Democrático y un ex finiano.

Silvio Berlusconi salva así su enémisa moción de censura. Para ello, no ha dudado en convertir el Parlamento italiano, si no lo era ya, en un mercado de compra de votos y venta de favores en una recreación grotesca y vergonzosa del Templo de Jerusalén invadido por los mercadores, profanando el que debería ser el lugar sagrado de la representación de la soberanía nacional. La compra de votos no es un fenómeno novedoso en el desacreditato sistema político italiano: ya venía de mucho antes de la llegada de Berlusconi y cuenta con buenos antecedentes históricos. Incluso en el Parlamento de Westminster, insigne modelo del parlamentarismo constitucional, se institucionalizó semejante práctica con la creación de una ventanilla donde los diputados recibían el precio acordado por su voto.

Hay que ser "compresivo" con la despreciable clase política italiana. No podemos ver la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio. Pedir un comportamiento noble y virtuoso a seiscientas treinta personas, aunque reciban el trato de "sus honorables señorías", es estéril cuando no cultivamos la propia virtud. Las seiscientas treinta honorables señorías de la Cámara de los Diputados de Italia, y las más de trescientas honorables señorías de la Cámara del Senado son seres de carne y hueso con los mismos vicios y virtudes que el resto de seres humanos. Cuentan, claro está, con mejores oportunidades que muchos de nosotros de obtener pingües beneficios, gracias a sus actas de diputado. Ante los cantos de sirena de un Berlusconi dispuesto a cancelar la hipoteca de un diputado, ¿quién puede resistirse? Y el que el susodicho diputado no es de piedra.

Igualmente hay que ser compresivo con los miles de estudiantes que han desencadenado una guerrilla contra los policías de Roma. Es normal que frente a un Berlusconi que impone sus leyes sin escucharles sea motivo de enfado. Aún más que les obligue a cumplir la ley mientras él y sus más estrechos acólitos disfruten de inmunidad ante la misma ley. Con ello, ¿quién no diría basta ya? Muchos italianos están hartos de que sus políticos no sean sus representantes públicos. No sirve de nada votar, ya que salga quien salga actuará conforme a sus propios intereses, y por si acaso dudara todos saben que Berlusconi acudiría raudo con la chequera en sus manos.

Hay que ser comprensivos con buena parte de los ciudadanos de Italia que votaron a Berlusconi. Sabían lo que hacían y lo que haría Berlusconi. No sólo en 2008, sino también en 2001 o en 1994. Ciertamente, la democracia queda vacía de contenido si los representantes políticos vulneran el interés general a favor del interés privado. Igualmente, la democracia es inservible cuando el electorado hace un mal uso de su voto.

Sí, ciertamente muchos millones de italianos votaron a Berlusconi libremente, lo mismo que muchos alemanes votaron libremente a Hitler, y no se puede reprochar en gran medida porque el voto pertenece a uno mismo y cada uno lo ejerce como cree más conveniente. ¿Qué otra opción tenían los alemanes y los italianos? Al mismo tiempo, parte del electorado italiano no ejerce un voto "libre". No es libre si operan los favores, las influencias, en definitiva, la misma corrupción que había antes de Tangentopoli.

Hay que ser comprensivo con la oposición a Berlusconi. No la forma una cohorte de personas virtuosas y de abnegado servicio por la cosa pública, pese a que muchos vienen de un Partido Comunista bastante ejemplar y de inteligente estrategia. Las ideas se difuminan con el tiempo, pero la ambición de poder siempre queda. No es extraño que las filas del centroizquierda se hallen casi tantos casos de corrupción como en las del centroderecha.

Aunque muchos italianos pudieran tener la oportunidad de no votar a un Berlusconi que ven viril y triunfador, o la inagotable fuente de favores personales, organizada de una forma piramidal enquistada dentro del Estado italiano, ¿qué harían con su voto? ¿Dárselo a una oposición desorganizada, sin ideas y potencialmente corrupta?

Hay que ser comprensibles con la clase política, no tienen la ciudadanía ejemplar que deberían tener. Hay que ser comprensibles con la ciudadanía, no tienen la fuerza que deberían tener para quitarse de enmedio un tumor tan despreciable. Hay que lamentarse por la filosofía política de la democracia: no tiene los tipos ideales que debería tener.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Julian Assange, ¿héroe o villano?


La mayor filtración de Wikileaks en su historia, la de los documentos del Departamento de Estado de Estados Unidos o Cablegate, sin duda va camino de convertirse en el acontecimiento del año. No ha sido, claro está, la primera de las filtraciones de Wikileaks, con poco más de tres años de vida, pero sí es la más impactante: a medida que se van conociendo los cables entre el Departamento de Estado y las embajadas estadounidenses, el miedo y la ira de la administración norteamericana y del establishment no dejan de aumentar.

No es únicamente Estados Unidos quien ve al descubierto su diplomacia secreta. Al mismo tiempo, ve la luz el doble rasero de muchos otros gobiernos en el mundo: China, Reino Unido, Rusia, Italia, España, Francia... ninguno escapa de las revelaciones de estos cables diplomáticos. Desde el 28 de noviembre, día que comenzó la publicación de las filtraciones en El País, Le Monde, Der Spiegel, The Guardian y The New York Times, parece habérseles caído una fina máscara a los gobiernos de muchos países.

Hay quienes pensaban que estas filtraciones eran un simple cotilleo. En muchos casos, venían a confirmar muchos de los rumores que circulan sobre los líderes y los gobiernos del mundo. Desde los líos de Sarkozy a los de Berlusconi, la espina de las Malvinas para Argentina a los temores de los países árabes a un Irán nuclear... Luego vinieron otros datos: presiones de Estados Unidos hacia sus aliados para defender sus intereses (ya sea desde el caso Couso a las ventas de armas a Venezuela por parte de España y Rusia), los planes secretos de China sobre la península de Corea, la corrupción en Rusia... en fin, muchos temas y para su recolección ya están los diarios antes citados y, sobre todo, la página de El País a tal efecto.

A los distintos gobiernos se les ha creado un nuevo abismo, mucho más infinito que cualquier otro hasta ahora, entre ellos y sus ciudadanos. En sus reacciones, poco pueden decir excepto intentar negarlo todo, en vano. En esta cuestión (y en otras) nadie les cree ya, tan grande es la desconfianza que poseen entre los ciudadanos, bien cultivada a lo largo de muchos años. Otros gobiernos optan por dar la callada por respuesta, sabiendo que aún no se sabe todo y puede quedar mucho todavía por saber. Tampoco ha hablado la clase política de cada país de forma clara, todos sabiendo lo que se juegan, unidos por un pacto de silencio.

Los distintos gobiernos han perdido legitimidad. Ya no pueden presentarse como reflejo de la voluntad popular y garantes de la independencia nacional. ¿Será el gobierno yemení independiente cuando no puede hacer frente a insurgentes y necesita el apoyo en la sombra del poderío militar norteamericano? ¿Será independiente el gobierno español que entre bambalinas intercedió en favor de los intereses norteamericanos en el Caso Couso? ¿Será el gobierno ruso reflejo de la voluntad popular o de la oligarquía del régimen de Putin?

En muchos casos, la bandera del nacionalismo es una fina cáscara que esconde la sumisión al aún imperio de nuestro tiempo o la hipócrita excusa para mantener, una vez más, la dominación de las minorías dirigentes sobre la mayoría de los dominados.

En estas circunstancias, ¿cómo se puede hablar de democracias, Estados de derecho e independencia en la aldea global? La globalización, inicialmente económica, va dando pasos hacia la globalización de las relaciones humanas paralelas a la del Estado-nación, proceso lento y difícil; en cambio, la globalización de la información es ambivalente. La Red no es inmune a la manipulación o a la opacidad, caso de China. Todos a una, gobierno y oposición, clase política, en definitiva, el establishment de cada país hace piña contra las revelaciones de Wikileaks. En España, los rumores sobre los movimientos dentro de la derecha española se confirman, incluso corroborando que Rajoy no es favorito ni para Estados Unidos, ni para el resto de sus correligionarios.

Al gobierno estadounidense no le ha quedado otra opción que huir hacia adelante y querer matar al mensajero, a Julian Assange. En este caso, el presidente Barack Obama no ha hablado hasta hace bien poco sobre Assange y Wikileaks y ha dejado en manos de su secretaria de Estado, Hillary Clinton, la responsabilidad de enfrentarse a la opinión pública nacional e internacional. Mientras, los miembros del Congreso norteamericano y otras figuras relevantes del panorama político estadounidense, como Sarah Palin o Joe Lieberman, piden desde el asesinato a la detención del terrorista Assange, así como prohibir consultar la página de Wikileaks, amén de querer privarla de cualquier servidor para poder seguir operando. Nos han querido mostrar los límites de la libertad de expresión y así lo han hecho: con el imperio no se juega.

¿Nos ha hecho un favor Julian Assange? Sí, sin duda. El lema de Wikileaks, "we open governments", se cumple o se desborda con creces. Cierto es que todo es siempre una amplia gama de colores grises: las acusaciones de abusos sexuales son graves, igual que las de opacidad de las cuentas de Wikileaks. Una cosa no deslegitima ni quita validez a la otra. No debemos ser ciegos apoyos a una persona y una empresa con sus propios (y legítimos) intereses, como tampoco furibundos opositores y situarnos en el lado peligroso del debate de cuáles son los límites de la libertad de información.

Hemos de mantener una independencia de criterio a la vez que conocer los argumentos y motivaciones de ambas partes. Por ejemplo, leo en ABC que Alonso de los Ríos acusa a Wikileaks de "delictiva" y la prensa que revela su información como la terminal del negocio "criminal" del portal de filtraciones, así como comete el error de englobar en el mismo saco las acciones de Wikileaks, El País y Anonymous, como si fueran parte de una nueva teoría de la conspiración, a imagen de la que la derecha española quiso ver para el atentado del 11-M. Lejos de reconocer al antiguo marxista un profundo amor por una profesión periodística que obtiene de forma limpia la información de sus fuentes, hay una línea clara del periódico monárquico de lamentarse no ser uno de los cinco periódicos que disfrutan de una exclusiva tan jugosa.

¿Qué supondrá Wikileaks y el proceso contra Assange? La posible extradición de Assange de Reino Unido a Suecia, y puede que de Suecia a Estados Unidos para juzgarlo por la filtración de los documentos no será un juicio a una persona concreta, sino un juicio a la libertad de información y a los límites de ésta. Es pronto para determinar si Julian Assange es un héroe de estos tiempos posmodernos o el violador autoritario y sombrío que nos pintan desde otros lares. De momento, es personaje del año para Time. Mientras, sabremos, sabemos ya, que los gobiernos defienden la libertad y la democracia con pasión, pero una pasión muy pequeñita.

¿Por qué calla la clase política? Wikileaks no descubre el Mediterráneo mostrando la verdadera faz de una minoría persiguiendo sus intereses personales y encadenada a los intereses de la clase económica o a los de Estados Unidos. No hay un ataque a la política; en todo caso, podría haber una crítica a aquellos que consideran la política, en toda su extensión, como la esfera de actuación de una minoría con unos intereses concretos en juego.

Sintiendo pecar de utópico, idealista u optimista, no es/no debe ser así, y los ciudadanos tienen el derecho a saber la verdad. No secretos de estado, eso es un consenso universal: Wikileaks no ha dado información que vulnere la seguridad nacional, ni códigos nucleares. Nos ha dado algo más potente: el simple conocimiento, para que cada cual pueda informarse y hacerse una mejor opinión. Así, podrán formarse mejores elecciones de cara al futuro. La minoría y élite que es la clase política es "elegida", en un sistema democrático, para llevar a cabo políticas que vayan en beneficio del interés general. Es una bonita teoría, y por lo tanto irreal.

El profesor Javier Redondo lamenta en La aventura de la Historia la banalización de la política, con la decepción de la democracia 2.0 como un fracaso en la participación de la ciudadanía en un sentido republicano liberal (también llamado republicanismo cívico, que tan en moda estuvo una vez en boca de Zapatero), viendo cómo el ideal democrático y liberal es sustituido por una política del entretenimiento y del pensamiento rápido y simple.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Érase una vez... unos yankis en la corte del rey Remendón

Érase una vez que había una guerra muy, muy lejos. Un Imperio estaba dirigido por un ambicioso emperador, Arbusto II. Este emperador quería hacer vasallos al resto de países. A muchos los tenía ya dominados; otros desafiaban su dominio como podían. Eran países muy pobres, aunque tenían fabulosas riquezas en sus tierras, pero sus líderes eran también muy malos. Sucedía que este emperador hacía la guerra contra esos países justificando que había que acabar con la maldad de esos dirigentes que hacían mucho daño a sus respectivos pueblos. Lo que pretendía ocultar este emperador es que, en realidad, hacía la guerra para robar sus riquezas y extender su dominio por todo el orbe.

Pues bien, este emperador declaró la guerra a la satrapía de Babilonia. Además de soldados, a Babilonia fueron muchas otras personas, periodistas, que iban a contar al resto del mundo lo que ocurría allí y cómo se desarrollaba la guerra. Sin embargo, a este emperador y a su corte no le gustaba nada que hubiera gente que contara las cosas malas que allí pasaban. Por lo menos, quería que se guardaran de decir y de ver ciertas cosas. En esas circunstancias, los soldados del emperador mataron a José Couso, un periodista de Iberia.

En Iberia, la gente reaccionó muy mal. Los dirigentes de Iberia estaban liderados por Botella I, un pequeño hombre que tenía veleidades de caudillo, pero que en realidad era el vasallo más servil del emperador. Este caudillo quiso hacer oídos sordos a la opinión de sus oponentes y del pueblo, que exigía justicia para Couso y que los soldados del emperador se sometieran a un juicio de crímenes de guerra. Los oponentes del caudillo estaban liderados por Remendón, un hombre de tan buenas intenciones que era llamado "Bambi" por los siervos del caudillo Botella I. Los hombres de Remendón se pusieron de lado de la familia de Couso y prometieron justicia si el pueblo les apoyaba para derrotar al caudillo Botella I.

Y así sucedió. El heredero del caudillo Botella I, un "señor de los hilillos" de nombre El Tato, fue derrotado junto a toda su jauría de siervos por las mentiras de los ataques a Madrid. El bambi Remendón nombró como fiel lugarteniente a María Teresa Hernández de la Vera, como canciller de exteriores a Miguel Ángel Moritos, a Juan Fernando López Palomar como ministro de justicia, a Javier Zamora como fiscal de la audiencia y a Cándido Noble-Cumplido como fiscal del reino. Todos estos fieles lugartenientes del bambi debían asegurar que se iba a cumplir con la justicia.

En el reino de Iberia se decía que la justicia era independiente, que los caudillos no podían entrometerse en sus asuntos, y que el propio país era independiente. El Imperio se iba a meter en muchos problemas, y rápidamente el emperador Arbusto II supo que el bambi Remendón era más bien un león. Tenía que tomar cartas en el asunto.

Pronto se abrió un caso contra los soldados del emperador que mataron a José Couso. Un juez pidió que detuvieran a esos tres soldados para juzgarlos. Pero por mucho que insistía no resultaba nada fácil. La audiencia del reino, que era la que impartía justicia, intentaba que el caso no saliera adelante. Lo triste de esta historia, queridos lectores, es que los tres asesinos de Couso continuaron libres.

Lo que ocurrió entonces fue muy, muy importante. Un chivato consiguió información de los órganos de espionaje y diplomacia del Imperio y los difundió al resto del mundo. Entre esos datos, se descubrieron cosas muy, muy graves. Algunos escritos contaban que los lugartenientes del león bambi Remendón, es decir, De la Vera, Moritos y López Palomar, habían mentido al pueblo. Decían ser los defensores de la justicia y de Couso, pero lo que no contaron es que en realidad ayudaron a los siervos y espías del Imperio a ocultar los delitos, y que los fiscales Zamora y Noble-Cumplido contaron a los espías y embajadores del emperador cómo hacer como que ayudaban, pero en realidad no ayudaban. Además, los embajadores del emperador intentaban presionar a los fiscales del reino para archivar las causas, cosa que consiguieron varias veces.

Entonces la gente se enfadó más y más. Muchos que sentían simpatía por el bambi Remendón se sintieron muy desilusionados. También sintieron que los lugartenientes de Remendón les habían tomado por tontos. Y a la gente no le gusta que les tomen por tontos. Lo que ocurrió, aún está por llegar. ¿Creéis que la gente sentirá vergüenza del bambi Remendón y de sus lugartenientes? ¿Creéis que los siervos de Remendón dejarán su silencio, se levantarán y exigirán castigo ejemplar por estos engaños? Esto, queridos lectores, está aún por verse.

Así que, colorín colorado, este cuento, ¿ha acabado?

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Epílogo a las elecciones catalanas

No quisiera terminar este importante tema sin recoger una carta de opinión, de Antonio R. Campoy Martínez, en El País, a propósito de las elecciones catalanas:

"Creímos ser muchos, la mayoría. Hijos de la emigración. Pero catalanes. Crecimos en los cinturones del área metropolitana, pero nos gustaba tanto ir a Vic, a Olot, a Ripoll, a pasear por Girona o La Seu d'Urgell, que también las considerábamos nuestras.

Nos lanzamos a hablar catalán antes de depurar las vocales neutras y los pronombres. De fuera, de aquí, charnegos. Tuvimos parejas cuyo nombre (Meritxell) era impronunciable para nuestra madre (nacida en Jaén). Tuvimos hijos y nos esforzamos en que conocieran las dos lenguas. Leímos a Gabriel Ferrater, a Maragall, a Sagarra, a Martorell. Y a Marsé.

Nos gustaba enseñar, a nuestros amigos sevillanos, la casa en la que había vivido Cervantes, frente al Puerto de Barcelona, y les invitábamos a esqueixada, escalivada y les mostrábamos cómo untar el tomate en el pan.

Fuimos a Madrid y explicamos qué fantástica era Cataluña. En Barcelona, explicamos qué chula era Madrid. Sí, nos subimos al ascensor social, pero seguimos yendo en metro.

Un día, unos que se nos parecían llegaron al Gobierno de la Generalitat. Cataluña, esta vez ejemplar, unía a independentistas con cordobeses. Pudimos ser un ejemplo, una esperanza. España no sabía tener un presidente catalán, pero Cataluña tenía un president nacido en Andalucía y con un catalán precario. Por encima de la identidad estaban las personas. La identidad la hacían las personas, porque es en ellas en las que se une la historia, la cultura, el respeto al pasado y la fe en el futuro. Cataluña no era lo que las radios bramaban que era.

Pero, pasado el tiempo, los que se parecían tanto a nosotros lo hicieron tan mal, tan mal, que acabamos eligiendo entre ser una cosa o la otra. Era el Palau de la Música, sí, pero también era Pretoria. Y a mí me duele más Pretoria. Acabamos eligiendo, decía, entre la española bandera de la plaza Colón o la estelada. Vencidos, los que no somos ni una cosa ni la otra, o somos ambas, nos subimos al AVE conscientes de la derrota.

Los que se nos parecían siguen ahí, balbuceando que el problema fue que nos les entendimos. Después de tantos errores y tantas oportunidades perdidas, siguen ahí, esperando no sé qué.

Creíamos ser muchos. Nos equivocamos. Otro día ya decidiré qué soy a partir de ahora. Por el momento, seguiré siendo ciudadano del AVE".

martes, 30 de noviembre de 2010

Elecciones en Cataluña (y II): Opinión personal


Hago dos intervenciones en el blog sobre las elecciones catalanas para poder dar cabida al análisis electoral y a mi opinión personal en textos ni muy densos ni muy extensos para comodidad del lector. También para no empañar el análisis del primer texto de opiniones personales que pudieran alterarlo. Los datos son objetivos y las opiniones subjetivas. Estas elecciones han dado para ambas cosas, por ello mi decisión de no juntarlas, aunque partan de la misma realidad.

En las elecciones que se han celebrado desde que tengo conciencia política, más o menos desde las de 2003, no dejo de observar ciertas coletillas insulsas, sobre todo en aquellas citas electorales adversas para los partidos de izquierda. "Algo habremos hecho mal", "por qué el trabajo realizado no se traduce en votos".... frases de autocompasión más propios para llorar colectivamente y lamerse las heridas causadas. No se necesita autocompasión. La izquierda española, y la izquierda catalana, no necesitan autocompasión. Ni siquiera merecen lástima.
El 23 de septiembre escribí en este mismo blog que la izquierda no merece ganar Cataluña, no mientras sea esta izquierda. Es desolador volver a tener que ver como sinónimos estabilidad con derecha e inestabilidad con izquierda. Peor aún, inestabilidad con coaliciones de gobierno de varios partidos. España no tiene aún una cultura política avanzada que vea como un bien el multipartidismo, la colaboración entre diversos sectores sociales y políticos y la lealtad institucional. Tendemos al exclusivismo a la vez que somos incapaces de construir agrupaciones de amplio espectro. Por ejemplo, ¿cuándo se debatirá con naturalidad que la mejor garantía de estabilidad y progreso con la izquierda pasa por su unión de fuerzas?

El tripartito ha caído con estruendo; el PSC, como dice Jordi Barbeta en La Vanguardia,
ha implosionado. Todo ello no me causa lástima. Ni siquiera ya puedo tener una cierta afinidad ideológica a ese Partido de los Socialistas, con cada vez menos socialistas y menos votantes. Decía también Barbeta que "el PSC ha pasado de tener varias almas a quedarse sin ninguna". Más bien, los socialistas catalanes conservan todas sus almas pero ninguno de sus cuerpos (electorales): en siete años han perdido medio millón de votos, la mitad de su electorado en elecciones autonómicas.

La izquierda, repito, no tiene que ser autocompasiva. Tiene que ser ferozmente autocrítica. La cuestión no es baladí: la derrota en la batalla de las ideas es la antesala a la derrota en la batalla política. Izquierda social e izquierda política se han distanciado, han roto sus lazos. La regeneración ideológica no viene por un simple retroceso electoral: son muchos años de malos resultados y de mala imagen. La izquierda ha quedado como jaula de grillos y mala gestora (pese a los avances del tripartito, que no deben ser obviados). Esta regeneración ideológica no debe venir (al menos, únicamente) de los políticos. Son políticos más preocupados por sus cargos y su nivel de influencia que por la generación de ideas que sustenten sus propuestas e intereses. ¿Dónde están los intelectuales?

Los intelectuales, siendo gramscianos, son los que tienen que reconfigurar un nuevo mensaje para reconstruir la hegemonía social y política. Está claro que el divorcio entre intelectuales y política es notorio: menos políticos son intelectuales y menos intelectuales están comprometidos en la política. Es más, cada grupo desconfía del otro. Fue muy relevante la frase de la ministra González-Sinde (pese a su procedencia del mundo cultural), "los que no son expertos, que no opinen".

Con este planteamiento se niega la potencialidad de cada individuo de ser intelectual. Para los exclusivistas, la política, las decisiones y las opiniones deben ser puestas en mano de "los que saben", un concepto sumamente reduccionista y, por lo tanto, elitista, negación de la democracia. Una de las vías para ser libre es el conocimiento: la sociedad más democrática y libre será aquella donde todos sean "los que saben", al menos de forma colectiva, sin ninguna exclusión deliberada. ¿Acaso no es esto una de las reclamaciones del movimiento socialista desde sus inicios?


Artur Mas ha esperado siete años para lograr el objetivo por el que fue elegido candidato de CiU: suceder a Jordi Pujol. Y lo ha logrado no por una herencia directa, a la vieja usanza del PRI mexicano. Su partido perdió el poder, vivió en la oposición y ha ganado las elecciones con una mayoría incontestable. Con ello se ha dotado de una mayor legitimidad a su liderazgo. Mariano Rajoy no sólo se congratula por la derrota de la izquierda catalana y el castigo que ello supone al Gobierno y a Zapatero. Rajoy sueña con emular a Mas a nivel nacional, hacer olvidar que fue elegido directamente por Aznar, llevó al partido conservador de la mayoría a la minoría y espera que a la tercera
va la vencida. Siendo malévolo, siempre quedarán esos hilillos...

Artur Mas lleva bajo el brazo la promesa de severos recortes para
atajar la crisis económica en Cataluña. Me atrevo a decir que sus propuestas son las mismas que el PP espera llevar a cabo si, en 2012, gana las elecciones, pero que no se atreve a concretar. Sabemos que tanto CiU como PP admiran los recortes realizados por el gobierno conservador-liberal del tandem Cameron-Clegg. La cuestión, para Cataluña y para España, será cuándo se empezarán a aplicar por Mas. Es importante porque puede afectar de una u otra manera el comportamiento electoral para 2012. Si CiU comienza sus recortes antes de las elecciones municipales, se arriesga a que el avance electoral de noviembre se detenga en mayo, y de nuevas energías a los socialistas a mantener Barcelona y el cinturón rojo, así como las principales ciudades. Por ello, es arriesgado pensar que lo vayan a concretar inmediatamente. Sí es más importante, en cambio, si lo hacen antes o después de las elecciones generales. Si fuera antes, sería una gran baza para la izquierda, al manifestarse el calado de los recortes de la derecha y a qué clases sociales afecta.

La
sociovergencia, una vez más, no se manifestará. Al menos, en la escena catalana. En la nacional, a CiU le conviene siempre colaborar con el gobierno central. Cuestiones como el concierto económico o intentar saltarse la sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatuto son temas más complicados, ya sea con izquierda o derecha. Una nueva radicalización de las relaciones entre Cataluña y el resto de España no es beneficiosa para ninguna de las partes: CiU vuelve a tener la oportunidad de acaparar la mayoría del campo nacionalista catalán y los socialistas necesitan de la moderación para no verse comidos por populares y republicanos. Al Partido Popular también le vendría bien la moderación, puesto que la tensión de las relaciones le dio buenos resultados en Euskadi en 2001, pero a costa de estancar el bloque no nacionalista.
"Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organí­cense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza".

Antonio Gramsci, Fundador del Partido Comunista Italiano

Bienvenidos

Bienvenidos al Árbol Socialdemócrata, un sencillo blog que pretende dar su pequeña aportación a los ideales del socialismo democrático y de la libertad.

Os invito a leerme, no sólo por afinidad, conformidad a lo escrito o discrepancia, sino para que cada uno cree conciencia propia y ajena. Todos tenemos que contribuir a la libertad, ser una nueva ventana a la esperanza por un mundo mejor.

¡Piensa por tí mismo!

"El pueblo no debería temer a sus gobernantes, son los gobernantes los que deberían de temer al pueblo"

Seguidores

Lo más leído

Mi lista de blogs

Socialistas en Red

Blogs de Socialistas en Red

Karl Marx

Karl Marx

Friedrich Engels

Friedrich Engels

Karl Kaustky

Karl Kaustky

Eduard Bernstein

Eduard Bernstein

Antonio Gramsci

Antonio Gramsci

Enrico Berlinguer

Enrico Berlinguer

Pablo Iglesias

Pablo Iglesias

Se habla de

11 M (4) 20 Minutos (5) África (7) Alemania (26) Alexis de Tocqueville (3) Aluche con Zapatero (4) América (5) anarquismo (5) árbol socialdemócrata (101) Asia (8) Austria (3) Azaña (2) Aznar (9) Bélgica (4) berlusconi (36) Bernstein (10) bisexualidad (7) BNG (6) Bolivia (1) Brasil (6) Burke (3) C's (3) Canadá (5) Canarias (2) capitalismo (32) Carme Chachón (1) Cataluña (24) censura (7) Chávez (12) Chile (9) China (13) cine (8) Comunidad de Madrid (91) comunismo (36) conservador (13) Constant (4) constitucionalismo (24) Convergència i Unió (15) COPE (21) corrupción (74) cristianismo (18) Cuba (2) Dani rectifica (3) Debate del Estado de la Nación (7) democracia (190) derecha (196) derechos humanos (23) dictadura (41) Dictadura de Aguirre (12) EA (6) economía (114) educación nacional (24) educación para la ciudadanía (12) El Mundo (18) El País (146) El Periódico de Andorra (1) elecciones (160) elplural (16) Engels (6) ERC (12) España (105) Esperanza Aguirre (85) Estados Unidos (43) ETA (33) Euronews (3) Euskadi (49) eutanasia (3) familia (14) fascismo (23) feminismo (5) Fichte (1) filosofía (3) Foreign Policy (5) Francia (46) Franco (8) fundamentalismo islámico (7) Galicia (14) Gallardón (9) Gobierno (20) Gordon Brown (7) Grecia (8) Hegel (4) heterosexualidad (1) Hispanoamérica (14) historia (104) homofobia (35) homosexualidad (24) I República (2) Ibarra (3) Ibarretxe (8) Iberismo (2) Iglesia Católica (19) II República (15) III República Española (12) Ilustración (3) inmigración (19) Irán (11) Irlanda (3) Islam (10) islamismo (12) Israel (13) italia (53) IU (47) izquierda (275) Izquierda Republicana (3) Japón (1) José Cepeda (6) jóvenes (12) justicia (13) Juventudes Socialistas (28) Kaczynski (5) Kant (4) Karl Marx (16) Kautsky (9) laicidad (3) LaSexta (1) Le Chemin Rouge (1) Le Monde (2) Lenin (6) Ley de Memoria Histórica (3) Ley electoral (12) liberalismo (57) libertad (152) Libertad Digital (15) literatura (13) Locke (3) Losantos (9) Louis Blanc (2) Lula (7) machismo (3) Marruecos (4) marxismo (24) mass media (23) medio ambiente (3) México (1) MinutoDigital (12) monarquía (13) Montesquieu (4) mundo árabe (9) música (13) Na Bai (2) nacionalismo (69) Navarra (8) NPA (2) Obama (28) Oriente Próximo (4) Ortega y Gasset (2) Pablo Iglesias (8) Países Bajos (1) Palestina (11) Parlamento (9) Partido Comunista Francés (2) Partido Laborista británico (14) Partido Socialista Europeo (5) Partido Socialista francés (17) PCE (4) pederastia (2) periodismo (4) Plataforma Avanza (2) PNV (27) pobreza (5) poder ciudadano (44) Polonia (7) Por la Izquierda (2) Portugal (16) PP (158) Presupuestos Generales (6) PRI (1) progresismo (29) prostitución (3) PSM (35) PSOE (165) Público (83) Rajoy (54) Reino Unido (23) relaciones laborales (29) religión (25) republicanismo (42) Rouco Varela (5) Rousseau (4) Royal (10) Rusia (12) sanidad (18) Sarkozy (28) SER (9) Sieyes (3) sistemas de transporte (1) socialismo (245) solidaridad (1) SPD (17) Stuart Mill (2) Suecia (8) teatro (2) Telemadrid (10) televisión (10) teorías (58) terrorismo (54) The Times (2) Tomás Gómez (28) Tradeunionismo (2) trotskismo (6) Trotsky (3) Turquía (5) Unión Europea (80) UPyD (14) Valencia (17) Veltroni (9) Venezuela (16) vídeos (13) violencia (24) xenofobia (9) Zapatero (60)

Manuel Azaña

Manuel Azaña

"Causas de la guerra de España", Manuel Azaña

En nuestros conflictos políticos, la República tiene que ser una solución de término medio, transaccional y la válvula de seguridad contra sus desaciertos es el sufragio universal. Lo que se pierde en unas elecciones, puede recuperarse en otras. Nada duradero se funda sobre la desesperación y la violencia. La República no puede fundarse sobre ningún extremismo. Por el solo hecho de ser extremismo, tendría en contra a las cuatro quintas partes del país.

Enlaza mi blog

Enlaza mi blog


socialdemokraterna

socialdemokraterna


vuelos baratos

Árbol Socialdemócrata

Últimos comentarios

Lo más leído

Diseñado por Iván Llera empleando la tecnología Blogger