miércoles, 7 de julio de 2010

Historia de Vasconia (II): La formación de los señoríos vascos en “Nueva Vasconia”


Los territorios que actualmente conforman el País Vasco (Álava, Vizcaya y Guipúzcoa) estaban ocupadas hasta época tardorromana por los pueblos de los berones, autrigones, caristios y várdulos. Sobre estos pueblos ha habido un debate muy importante acerca de su origen, si celta, indoeuropeo o vascón. Los berones se clasifican como celtas o celtíberos y ocupaban las tierras de Álava y Logroño. Los autrigones ocupaban las tierras de los ríos Nervión y Asón, siendo considerados indoeuropeos o vascones. Los caristios ocupaban Vizcaya y su filiación es igualmente tan discutida como la de los autrigones. Por últimos, los várdulos vivían en las tierras guipuzcoanas, y su filiación tiene los mismos problemas que la de autrigones y caristios.


Algunos historiadores preconizaron una tesis de “vasconización tardía” para las tierras del País Vasco. Adolf Schuten, historiador y arqueólogo alemán interesado por la historia de España, sostenía que entre los siglos II y VI los vascones ampliaron sus territorios desde las tierras altas del Ebro (lo que sería la Vasconia primitiva) hacia el oeste, a las tierras de los berones, autrigones, caristios y várdulos (la nueva Vasconia), y hacia el norte, a Aquitania. El historiador español Sánchez Albornoz sostuvo esta misma hipótesis, incidiendo en la vasconización de estos pueblos prerromanos, facilitado porque pudieron hablar lenguas análogas al protovasco. Estos movimientos de población bien pudieron estar relacionados con las invasiones germanas del siglo V. Por otra parte, esta teoría de la vasconización tardía está discutida por autores como Julio Caro Baroja o Koldo Mitxelena, entre otros (añado un enlace sobre esta tesis en Wikipedia, para no extender este escrito).


Durante la época visigoda, el territorio de la nueva Vasconia se halló con pocos lazos con el poder principal de Hispania, el reino visigodo de Tolosa, primero, y de Toledo, después. Aún así, hay constancia de saqueos de pueblos germanos como los hérulos en Vardulia (posteriormente de vikingos), así como intervenciones del rey visigodo Leovigildo a finales del siglo VI, creando la ciudad de Victoriacum (la Vitoria actual). En general, estas tierras permanecieron en una condición pre-estatal y de declive de la romanización, asemejándose a los períodos prerromanos.


No es hasta después de la invasión musulmana del siglo VIII cuando estas tierras se insertan en el conjunto de relaciones de los poderes peninsulares. El pequeño reino astur-cántabro parece extender su influencia sobre las tierras de Vizcaya y Álava desde el siglo IX, lo mismo que el reino de Pamplona poseía las tierras guipuzcoanas y riojanas. El problema de este período es la escasez, inexistencia o dudosa veracidad de las fuentes. La escasez de fuentes escritas refuerza los relatos míticos, como la batalla de Padura, acaso un relato posterior que viniese a reforzar la legendaria bravura de los vascones.


A mediados del siglo XI acaban surgiendo poderes autónomos al avanzar el proceso de feudalización de la sociedad, con la dotación de instituciones y leyes propias y el dominio de la nobleza local. Se forman el señorío de Vizcaya (dividida a su vez en condado o merindad de Durango, las Encartaciones y la Tierra Llana) y el condado de Álava.


El condado de Álava:

El condado de Álava estuvo en su origen vinculado al condado de Castilla, siendo el conde señor de ambos territorios. El condado de Álava era autónomo respecto a otros poderes, pero sometido por vasallaje y linaje al reino astur-leonés. Desde el primer mítico conde Rodrigo de Castilla (762-800), pasó por ser gobernada por señores propios como Vela Jiménez (870-883), perteneciente a la dinastía pamplonesa de los Jimeno, lo que revelaría el traspaso del dominio astur-leonés al navarro. Para ampliar y relacionar una historia del artículo anterior de Historia de Vasconia, Sancho Garcés I de Pamplona había casado a su hija Sancha con el conde de Álava, Álvaro Herrameliz (921-931), cuyo sucesor fue Fernán González, primer conde de Castilla.


Ambos condados volvieron a poseer un mismo señor, incluso cuando el condado castellano pasó a formar parte del vasto reino navarro de Sancho Garcés III (1004-1035) por matrimonio con Muniadona de Castilla. El condado alavés pasa al hijo de Sancho Garcés III, Fernando I, en 1035, y de éste a su hijo Sancho II, primer rey de Castilla, en 1065, quedando Álava definitivamente ligada al nuevo reino castellano y luego al reino unificado de Castilla y León.


Las instituciones alavesas eran varias. La Cofradía de Arriaga poseía Juntas, órgano de representación de la nobleza y la hidalguía del territorio, hasta que en 1332 deciden adoptar la legislación castellana e integrarse en el territorio de realengo castellano. El señorío de Ayala poseía su propio fuero, hasta 1487 cuando decidió adoptar las leyes de Castilla. Otras villas del territorio poseían fueros propios, y Llodio aplicaba el fuero de Vizcaya.


El señorío de Vizcaya:

El señorío de Vizcaya tiene su origen legendario en la batalla de Padura de 840 contra las tropas astur-cántabras de Alfonso II, donde la victoria vizcaína lleva a los vascones a elegir como señor propio al noble Lope Fortún, llamado Jaun Zuria (Señor Blanco) por su aspecto físico, rubio y de piel clara. Este y sus hijos, los primeros señores de Vizcaya, son considerados legendarios al carecer de pruebas sólidas de su existencia, aunque algunos investigadores creen que Jaun Zuria era en realidad un caudillo vikingo o un aristócrata sajón exiliado, hecho que justificaría su presunto origen del matrimonio entre un noble local y una princesa escocesa.


Entrando en un período de evidencias históricas, a comienzos del siglo XI el territorio vizcaíno estaba bajo dominio navarro, gobernado por Íñigo López, conde en Vizcaya (y no conde de Vizcaya, al ser una delegación del gobierno), un cargo designado y no hereditario de por sí. Deseando liberarse del poder navarro, aprovechó la rivalidad navarros con astur-leoneses para declararse vasallo del rey astur-leonés, que a cambio le concedió el ansiado título hereditario, garantizando la autonomía del señorío vizcaíno.


Íñigo López dio comienzo a la primera dinastía vizcaína, la Casa de Haro, que decía descender del legendario Jaun Zuria. La Casa de Haro gobernará Vizcaya desde el año 1040 hasta 1334, que pasa de la heredera de Haro, María Díaz II, a su esposo Juan Núñez, primer conde de la dinastía castellana de Lara, familia que poseerá el título hasta 1359, año de la muerte de la condesa Juana de Lara, pasando el condado a su esposo el infante Tello de Castilla, hijo del rey Alfonso XI. A la muerte de Tello en 1370, el condado pasará a Juan I de Castilla, quedando desde ese momento vinculado el título de conde de Vizcaya a la corona castellana de los Trastámara.


El señorío de Vizcaya se gobernaba por varias instituciones, al estar dividido en varios territorios. La tierra llana poseía unas Juntas que se reunían en Guernica y el llamado fuero de Vizcaya, formadas por representantes de las anteiglesias (municipios con concejo abierto) y merindades (regiones intermedias a cargo de un merino). Las Encartaciones poseían unas Juntas propias, que se reunían en Avellaneda, y un fuero específico (que fue confirmado por los Reyes Católicos, posteriormente, y pervivió hasta 1576, año en que las Juntas acordaron aplicar el fuero de Vizcaya). Finalmente, la merindad de Durango, que pasó a control de los condes de Vizcaya desde 1212, con el conde Diego López II de Haro, por su participación en la batalla de las Navas de Tolosa. Durango poseía una Junta de merindad, que se reunía en Abadiano y estaba formada por las doce anteiglesias del territorio que seguían el fuero de Durango, quedando las villas sin derecho a participar en ella, ya que se regían según el fuero de Vizcaya. En 1576 la merindad de Durango adopta el fuero de Vizcaya y en 1628 se integra en las Juntas de Guernica.



El señor de Vizcaya, así como el conde de Álava, acabaron poseyendo el título hereditario, pero su gobierno sobre el territorio no podía ser arbitrario. Siguiendo las lógicas feudales de la época, los señores debían obediencia al rey al que declaraban su vasallaje, fuera el navarro o el leonés. Además, los distintos fueros les obligaban a administrar justicia y acordar impuestos de acuerdo con los representantes de las Juntas, formadas por la nobleza local. Igualmente cuando los títulos condales recayeron en los reyes de Castilla, éstos confirmaron los fueros de Vizcaya y Álava y hubieron de gobernar en esos territorios de acuerdo con las Juntas, lo mismo que en el resto del reino habían de llegar a acuerdos con las Cortes medievales. Sobre la organización social y económica, los párrafos dedicados a ello en el primer artículo de esta serie son válidos para estos señoríos.


Guipúzcoa y la región de Baztán permanecieron bajo control de Navarra hasta el año 1200, cuando pasa a formar parte de Castilla y adoptando su legislación, abandonando el derecho navarro. En 1463, a la par que la Hermandad de Álava, surge la Hermandad de Guipúzcoa y la promulgación de los Cuadernos Ordenanzas. Estas normativas, y la consolidación de las Juntas de Guernica como órgano principal de gobierno de Vizcaya, suponen la creación de las modernas Juntas Generales de los tres territorios, que estuvieron vigentes desde el siglo XV hasta 1876. Concentraban el poder jurisdiccional de los territorios y nombraban a un Diputado General que era a la vez representante de la voluntad del rey como comisionado de las Juntas para el gobierno de los territorios.


En el siglo XVI se reglamentaron las condiciones para ser miembro de las Juntas: propietarios varones, de determinada renta, y con certificado de limpieza de sangre, excluyendo clero y abogados. Con ello se reforzaba el poder de la aristocracia terrateniente y se excluía al resto de estamentos sociales. El asunto de la limpieza de sangre no se reducía a no tener ascendencia musulmana o judía, sino a haber nacido, tanto la persona como sus antepasados, en los territorios vascos, acreditado mediante certificados de limpieza de sangre, a los que podía accederse mediante grandes sumas de dinero, convirtiéndose en un foco de corrupción e intereses para cerrar el paso a otros segmentos sociales.

1 comentario:

Andrés Boto dijo...

Un artículo también muy interesante, como el anterior. Llama la atención que Alava siempre ha estado castellanizada, y ahora se le pretende considerar absolutamente vasca, y los vascos independentistas no dudan en incluirla en una hipotécnica Euskalherria independiente.

También es interesante puntualizar el ámbito en el que se hablaba el euskera, que era mucho mayor, llegando incluso al Vall d'Arán (arán es valle en euskera).

Y por último, lo de reino astur-cántabro y astur-leonés me suena extraño, en esa etapa era únicamente reino asturiano, aunque tuviera dominios leoneses y cántabros o reyes de origen cántabro. Pero bueno, personalmente en lo demás el artículo está curradísimo, MUY bien hecho y muy interesante :)

Un saludo Javier!

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