martes, 29 de marzo de 2011

Las otras guerras y conflictos existentes (I)


Una de las muchas críticas a la intervención internacional en la guerra civil libia es la constatación de que este conflicto no es ni el único ni el más sangriento que sufre la humanidad. ¿Por qué no se interviene en el resto de conflictos?, se preguntan con ironía muchos de los contrarios a la intervención en Libia. La comunidad internacional en general, y las potencias occidentales en particular, quedan en evidencia ante el mutismo por otros conflictos que dejan millones de muertos. Los casos, por supuesto, difícilmente pueden ser comparables con el caso libio. En muchos casos, los conflictos existentes suelen ser el reflejo de graves problemas internos que sus países no han sabido, no han querido o no les han dejado resolver. Sus características son variadas: pueden durar desde décadas a pocos meses o años, o su intensidad, de mayor a menor intermitencia.

Voy a hacer una breve síntesis de los actuales conflictos. No debemos caer en el simplismo al que nos acostumbran los medios informativos, ni siquiera la de los partidos que reclaman con orgullo el patrimonio del pacifismo o la defensa de "los pueblos", puesto que tanto manipulan uno como otro desvirtuando la realidad de esos conflictos como manteniendo un silencio absoluto, en ocasiones incómodo para ellos y los intereses que tienen detrás.

- Insurgencia naxalita-maoísta (India): surgida alrededor de 1967 por la guerrilla del Partido Comunista de la India (marxista-leninista)-guerra popular. La situación se ha quedado estancada: la guerrilla se refugia en zonas boscosas, atacando a la policía y reclamando cambios sociopolíticos para acabar con el sistema de castas, reparto de la tierra y emancipación femenina. Han muerto alrededor de 10.000 personas en el conflicto, y según la BBC, el año pasado la guerrilla pidió un alto el fuego para iniciar negociaciones.

- Guerra civil afgana: empezó en 1978 con la toma del poder por parte de su partido comunista, comenzando un largo proceso bélico donde han participado los soviéticos en su famosa invasión de 1979, creando su Vietnam, las insurgencias muyahidin y talibán y finalmente la intervención de la OTAN en 2001. A día de hoy, el Estado afgano es muy débil, apenas controla poco más de la región de la capital, Kabul, estando el resto controlado por señores de la guerra y las distintas divisiones militares de la OTAN, con un balance de muertos muy variados según las fuentes, que van desde 600.000 a los 2 millones de muertos.

-Guerra civil somalí: la situación de Somalia se deterioró a mediados de los 80, con insurrecciones contra la dictadura de entonces y la posterior reacción para reinstalar en el poder al tirano derrocado. Desde entonces, el poder político somalí se resquebrajó, configurando a Somalia como Estado fallido según las listas de Fund for Peace y Foreign Policy. De la desintegración del poder central han quedado varios poderes locales: el gobierno reconocido por la comunidad internacional, que controla poco más de la capital y algunas regiones dispersas, la guerrilla islamista y las regiones independientes de facto de Somalilandia y Puntlandia. El balance de muertos también es variable, de 300.000 a 400.000.

-Guerra en Waziristán (noroeste de Pakistán): las derivaciones de la guerra civil afgana se trasladaron a esta región pakistaní, con una importante presencia de la etnia pastún, base de los talibanes. Parte de los combatientes talibán de Afganistán cruzaron la frontera, los Tehrik-i-Taliban Pakistan, y junto a células de Al-Qaeda, a otros movimientos islamistas como Thereek-e-Nafaz-e-Shariat-e-Mohammadi y los talibanes pakistaníes de Lashkar-e-Islam han llevado a cabo diversos enfrentamientos con las fuerzas de seguridad y el ejército de Pakistán. También han realizado diversos atentados contra la minoría cristiana, mezquitas sufíes y a cualquiera que realice críticas en contra de la Ley contra la blasfemia, como el asesinato acaecido hace un mes del ministro de minorías pakistaní, el cristiano Shahbaz Bhatti. Los enfrentamientos, iniciados desde 2004, han supuesto unos 30.000 muertos, la pérdida del control estatal de la zona tribal y el peligro de desestabilización del régimen pakistaní, con la caída de Musharraf en 2008, el asesinato de Benazir Butto el año anterior y las luchas políticas entre el Partido Popular de los Butto y la Liga Musulmana de Nawaz Sharif.

-Insurgencias chíi y del sur de Yemen: estas son dos insurgencias muy distintas. Primero, tenemos que tener en cuenta el contexto de Yemen, un país suní reunificado en 1990 con Saleh como presidente, con ambición de hacer vitalicio su mandato presidencial (las actuales revueltas parecen haber truncado su plan), provocando la desafección de parte de las tribus yemeníes y de las antiguas élites del sur, marginadas del país unificado, además de la minoría chií zaidí del norte. El conflicto con los chiíes comenzó en 2004, con varias campañas de guerrilla y tierra quemada por parte de los rebeldes a lo largo de estos años, incluidas incursiones dentro de Arabia Saudí, a la que acusan de connivencia con el régimen de Saleh; a su vez, el presidente yemení acusó a Irán de estar detrás de los rebeldes chiíes. La insurgencia del sur comenzó en 2009, con intención de volver a separar el sur del resto del país, pero esta vez la rebelión está capitaneada por islamistas, acusados de colaborar con Al-Qaeda. En ambos casos, el gobierno de Saleh recibió ayuda de Estados Unidos para bombardear las zonas rebeldes, según los cables filtrados por Wikileaks. La cifra de muertos se eleva a entre 12.000 y 16.000 muertos, según las fuentes, aunque la cifra de desplazados es de unas 175.000 personas.

-Guerra contra el narcotráfico en México: tras ser elegido presidente de México en 2006, Felipe Calderón inició una serie de operaciones federales contra los cárteles de la droga. En amplias zonas del país los cárteles se habían convertido en la única autoridad y monopolizaban el tráfico de drogas a los Estados Unidos. Para luchar contra ellos, Calderón ha militarizado parte del territorio federal y ha usado al ejército y a la policía, levantando bastantes críticas: falta de preparación de los cuerpos de seguridad para estas operaciones, no atacar las redes de financiación de la droga y no llevar a cabo campañas de concienciación sobre el consumo de drogas. En ello sin duda se revela la corrupción que afecta al Estado mexicano, y al miedo generalizado por los cárteles: las mafias han realizado diversos ataques para amedrentar a la población civil, así como el asesinato de periodistas, políticos y policías. Las cifras de muertos, también variables, van desde 28.000 a 300.000 muertos.

-Conflicto nómada de Sudán: este conflicto, iniciado en 2009, tiene su origen en la guerra de Darfur. Se enfrentan los clanes nómadas de los Messiria y los Rizeigat por el control de los recursos -escasos- de zonas de pastoreo, ganado y agua, en la región de Kordofan del Sur. El número de muertos -de 2.500 a 3.500- no es nada comparado con el de desplazados, 350.000.

-Segunda guerra civil de Costa de Marfil: el conflicto estalló al no reconocer el presidente saliente, Laurent Gbagbo, su derrota en las elecciones presidenciales de octubre/noviembre de 2010. Gbagbo se negó a traspasar el poder al presidente electo, Alassane Ouattara, pese a las presiones internacionales. A los pocos días de finalizar la segunda vuelta electoral, comenzaron enfrentamientos entre partidarios de Ouattara y fuerzas militares y paramilitares de Gbagbo. Hay que entender la situación de la que partía Costa de Marfil: entre 2002 y 2004 se libró la primera guerra civil entre los musulmanes del norte y los cristianos del sur, con intervención de la ONU con tropas de la antigua metrópoli colonial, Francia. Los resultados electorales de 2010 reflejan la división de la guerra civil: Ouattara recibe el apoyo de los musulmanes y Gbagbo de los cristianos. Las milicias musulmanas volvieron a tomar las armas para poner en el poder al presidente electo y comenzaron a tomar ciudades desde febrero de 2011, denunciando la existencia de matanzas y fosas comunes en las ciudades tomadas, culpando a las fuerzas de Gbagbo, aunque la ONU acusa a las fuerzas de Ouattara de estar detrás de muchas de las muertes. Francia decidió intervenir de nuevo en el país, exigiendo al presidente derrotado la entrega del poder y la celebración de negociaciones entre los dos bandos, que a día de hoy resultan infructuosas. 100.000 se han visto obligadas a desplazarse para huir de los conflictos y alrededor de 1.500 personas han muerto, aunque las cifras podrían ser mayores.

-Conflicto interno de Birmania: los problemas internos de Birmania comienzan desde su independencia en 1948. Los comunistas se rebelaron contra el nuevo gobierno, buscando el apoyo de la amplia capa campesina del país. Los cristianos de Karen (hoy Kayin), se alzaron en armas por la autonomía de la región. La situación empeoró para las de minorías (religiosas, como cristianos o musulmanes; o nacionales, como chinos, , kayin, tailandeses...) al imponerse el budismo como religión oficial. El levantamiento de 1988 y las elecciones libres de 1990 fueron acalladas por la Junta militar birmana, convirtiendo al Estado socialista en una simple dictadura militar, negándose los militares a ceder el poder a la oposición civil de Aung San Suu Kyi. En 2007 ocurrió otro levantamiento, que en muchos aspecto reproducía el de 1988: monjes y estudiantes comenzaron a manifestarse en Rangún, protestando por el aumento de los precios, trasladándose las protestas a más de veinte ciudades del país. Los militares arrestaron a los monjes manifestantes y dispersarón a los civiles con gases lacrimógenos, pese a que algunos soldados se negaron a disparar contra la población. La comunidad internacional no pudo dar una respuesta conjunta: los requerimientos de la ONU de proteger a la población no surtieron efecto por el apoyo público de Rusia y China a la junta birmana.

-Conflito israelo-palestino: desde los años 20 y 30 del siglo XX existían pequeños conflictos entre la comunidad judía y la árabe de Palestina, cada vez más violentos a medida de que surgía la posibilidad de la creación de Israel. Con su creación en 1948, entró en guerra con sus países árabes vecinos en 1948, en 1956 (guerra de Suez), 1967 (guerra de los seís días), 1973 (guerra de Yom Kippur), 1982 (I guerra del Líbano) y 2006 (II guerra del Líbano), además de las dos intifadas con los palestinos. Aparte de los conflictos bélicos clásicos, Israel mantiene a la franja de Gaza bajo bloqueo económico y militar, con bombardeos y acciones bélicas con las milicias de Hamás de Gaza, y ocupa Cisjordania y la zona este de Jerusalén, expulsando a palestinos de sus casas y estableciendo colonias israelíes, además de mantener el muro de Cisjordania, aislando a las ciudades palestina y controlando todos los movimientos de la población. Las diversas negociaciones han fracaso, incapaces de llegar a un acuerdo sobre el reconocimiento de Israel, la existencia de dos Estados o qué fronteras considerar. Las cifras de muertos, diversas, pueden llegar a más de 120.000.

-Conflicto armado de Colombia: el conflicto surgió a mediados de la década de 1960 como plasmación de la política del Frente Nacional y de la imposibilidad de participación política de otros sectores sociales. Las guerrillas de las FARC, ELN, M-19 y EPL y otros pequeños grupos iniciaron acciones contra el Estado, llegando a controlar regiones enteras, sobre todo del interior del país. El Estado colombiano reaccionó, primero, en los años 70, como otros países de su entorno respecto a la guerrilla y el terrorismo, con la guerra sucia, detenciones y torturas, y posteriormente, desde los años 80, con de negociaciones para reinsertar a los grupos en la vida política del país, que tuvo éxito con el M-19. Al conflicto político se le unió el problema de la droga, con enfrentamientos con las mafias de la droga primero, (y la formación de la organización paramilitar AUC) y con el uso del narcotráfico para la financiación de la guerrilla, después. La violencia ha convertido a Colombia en uno de los países más inseguros, aunque se han hecho verdaderos progresos en ese aspecto; sin embargo, alrededor de 200.000 personas han perdido la vida y siguen cometiéndose secuestros y asesinatos tanto de ciudadanos anónimos como de personalidades del país, además de evidenciarse lazos entre el gobierno, el narcotráfico y las bandas paramilitares.

jueves, 24 de marzo de 2011

Consideraciones en torno a la guerra civil libia


"Guerra justa frente a guerra buena"

Lluís Bassets dijo en su blog de El País que "la guerra es el mal por definición". No hay, por tanto, guerras buenas, porque siempre que hay muertos, destrucción y sufrimiento la humanidad muestra su faceta más cruel. Añadía Bassets que, puestos a elegir entre dos males, había que optar por el mal menor, la guerra justa, frente al mal mayor, la guerra injusta. En el caso de la guerra civil libia, la guerra justa sería una incómoda intervención de potencias extranjeras, necesaria sólo para evitar la guerra injusta, que sería dejar a Gadafi retomar el control de Libia, quedándose la comunidad internacional en el papel de mero espectador o de dar la espalda a una segura y anunciada masacre. Es bien conocido que "para que el mal triunfe sólo es necesario que los hombres buenos no hagan nada". Aparte de los hombres buenos, que en este caso son los que pedían intervenir para poner fin a la represión, sin duda entre los que han apoyado la intervención de la coalición internacional hay intereses nada altruistas, que sí tienen más que ver con intereses geoestratégicos o económicos. Por esto esta guerra es un mal menor.

"No a la guerra"

En el Congreso de los Diputados, la izquierda, de herencia pacifista e internacionalista, se halló dividida: no sólo el mayor partido de la izquierda, el Socialista, apoyó la medida de su gobierno, algo lógico, sino que también otros partidos de izquierda, como Esquerra Republicana o Iniciativa secundaron la intervención española; en otro lado, otros partidos de izquierda, como el Bloque Nacionalista Galego o Izquierda Unida vieron en esta situación una reedición de la guerra de Irak, cuyas diferencias ya se han tratado en este blog, y rechazaron apoyar la intervención. Llamazares volvía a enarbolar en discurso y en pegatina el "No a la guerra" y al poco algunos invitados a la sesión hicieron que resonara por el hemiciclo.

Muchos de los que hoy vemos como mal menor y necesario la intervención en Libia no hemos cambiado de planteamientos. Muchos estuvimos en las grandes manifestaciones contra la guerra y, como Llamazares, conservamos esas consignas. Ya hemos mencionado las diferencias entre Irak y Libia. Aunque tampoco es comparable, pensemos en la España de 1936: un Estado legítimo pero débil, en guerra contra un ejército rebelde, pidiendo con angustia la intervención de las potencias extranjeras. Ya sabemos qué ocurrió. En 2011, el pueblo libio se ha manifestado frente a Gadafi pero no ha podido derribarlo, se ha establecido un poder alternativo con una nueva legitimidad, pero en desventaja militar frente a un Estado deslegitimado, pero con un ejército mejor equipado, dirigido por un tirano que promete sangre. La comparación que hizo con la entrada de Franco en Madrid no fue gratuita ni inocente.

Javier Valenzuela, en El País, criticó la confusión del lema "No a la guerra": "no a aquella guerra, pero sabiendo que hay algunas que deben ser libradas". Citaba a la guerra contra Hitler y lamentaba la inacción occidental en otras regiones, como Ruanda o Bosnia cuando se realizaron verdaderas limpiezas étnicas. Y añadía: "el pacifismo a ultranza no es progresista. Sin unas cuantas revoluciones y/o guerras justas la humanidad seguiría en los tiempos de Espartaco".

Pacifismo

El mejor debate en torno a conciliar pacifismo con apoyo a esta intervención quizás puede estar en las decisiones de Los Verdes alemanes o aquí de Iniciativa per Catalunya, argumentando éstos la necesidad de no confundir "la pasividad con un pacifismo mal entendido". Los que creemos en el pacifismo queremos firmemente la paz, pero es por esa paz por la que hay que destruir a los tiranos que reprimen a sus pueblos. Llamazares dijo en el Congreso que por qué no se actuaba entonces en el Sáhara o en Birmania, y tiene razón en desenmascarar la hipocresía de los gobiernos occidentales y de los intereses económicos relacionados. Pero, ¿qué hacemos? ¿No hacemos nada? En todo el mundo no deja de haber buenas personas que denuncian las violaciones de los derechos humanos.

Llamazares expuso el caso de la Sudáfrica del apartheid, que sólo pudo derrumbarse a sí misma por la presión internacional en base a sanciones. Seguramente ese método pueda servir, en algunos casos, para regímenes autoritarios o segregacionistas que mantienen el control sobre la población; ahora mismo, esto no se da en Libia, sino que el Estado libio ha perdido el control de buena parte del territorio y de su población, sosteniendo una guerra civil contra su propio pueblo. Una guerra difiere de los mecanismos de control y coerción: ya no son sólo acciones esporádicas para sembrar el terror, sino acciones bélicas a gran escala donde ya no se guardan las apariencias.

Libia manifiesta los miedos ocultos de la extrema izquierda española. Para algunos, Libia es un modelo de progreso para el norte de África, ya se ve en noticias recogidas por larepublica.es, algo completamente alejado de la realidad. Como con Cuba o Venezuela, no se admiten críticas salvo débiles regañinas, que en ningún paso niegan apoyo o la reconsideración de la misma estructura ideológica que define esos regímenes. Desde 1989, la izquierda tiene miedo de perder más referencias internacionales. Ahora, el nuevo "no a la guerra", sin un análisis objetivo de la nueva realidad, no es más que la demostración del inmovilismo y el conservadurismo de una izquierda no alternativa.

viernes, 18 de marzo de 2011

Libia: ¿demasiado tarde?


Por fin, ayer por la noche (hora española) el Consejo de Seguridad de la ONU votó por establecer una zona de exclusión aérea sobre Libia, con las significativas abstenciones de China y Rusia, con derecho a veto, y de los miembros no permanentes Alemania, India y Brasil. De momento, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Qatar son los países dispuestos a intervenir decididamente para evitar los ataques de Gadafi al poder rebelde de Bengasi. Egipto podría contribuir igualmente con tropas.

La decidida intervención militar, en principio, rompe la doctrina Bush de la guerra de Irak: el ataque contra el sanguinario régimen de Gadafi viene avalado por las peticiones de la resistencia de Bengasi, el apoyo de la Liga Árabe y la autoridad de las Naciones Unidas. La otra cara de la moneda es la desesperante tardanza de la comunidad internacional por tomar una decisión al respecto y la persistente división de la Unión Europea sobre las revoluciones y revueltas en el mundo árabe. Ahora, cuando la resistencia agoniza en unas pocas ciudades, esperando el sangriento golpe de Gadafi, quizás sea todo demasiado tarde. A lo mejor se podrá hacer retroceder o destruir el tiránico régimen de la Yamahiriya de Gadafi, pero el daño se ha hecho: la sinrazón humana ha ocasionado ya demasiados muertos. Las dudas del mundo y el contraataque de Gadafi hacen peligrar la "primavera árabe": Los regímenes de Bahrein y Yemen han empezado a reprimir sin piedad a los manifestantes.

¿Qué significa esta posible o inminente intervención? ¿Es un acto más por preservar los intereses occidentales o por evitar la prometida masacre de Gadafi? En una visión perversa, no es la resolución de la crisis libia lo que hará bajar el precio del petroleo, sino la degradación de la crisis nuclear de Japón. Sin duda alguna, está en el acervo de todo país soberano determinados intereses: es intrínseco a toda institución humana. La humanidad, aparte del afán de competencia por la supervivencia, propio de todo organismo vivo, también posee el altruismo, la cooperación y la solidaridad, en simbiosis con lo anterior. Sin duda, ambas facetas están presentes en este caso: habrá quienes consideren o quieran ver con mayor fuerza la existencia de intereses económicos y geopolíticos en la intervención en la guerra civil libia. También habrá los que consideren que la intervención es necesaria para poner freno a las violaciones de los derechos humanos, evitar las amenazas de más muertes o de olas de refugiados, etcétera, reconociendo que ambos bandos pueden cometer esas barbaridades.

La única postura defendible es reconocer que los libios poseen, como todos, derechos inherentes, entre los que se cuentan el derecho a la vida, a la libertad y a gobernarse a sí mismos como decidan. El mundo ha guardado un incómodo silencio a este respecto: Gadafi era, paradójicamente, el "fiel aliado" de las potencias occidentales contra el islamismo, a la vez que uno de los modelos de la extrema izquierda por su "revolución verde". Los mejores ejemplos a estas dos paradojas son las peligrosas amistades de Gadafi con Berlusconi y con Hugo Chávez, así como la financiación de la campaña electoral de Sarkozy, si damos crédito a las palabras de Saif al Islam, el hijo del tirano libio. Igualmente, la apreciación sobre los rebeldes es variopinta: se les llama libertadores, se les reconoce como los legítimos portavoces de Libia por algunos países y también se les acusa de cercenar los derechos de las mujeres.

Es decir, se agita el miedo al islamismo. Pero, una vez más, ¿ese miedo al islamismo radical es justificación suficiente para mantener el represivo poder de Gadafi sobre sus compatriotas? Las medidas palabras de diversos personajes públicos, desde los más "gubernamentales" a los más "anticapitalistas", les unen por primera vez en vagas defensas de la permanencia de Gadafi.

Pese a que estamos viviendo meses movidos por las revoluciones árabes, no nos despegamos de considerar la "minoría de edad" de la nación árabe, a la que muchos aún ven incapaz, propensa a entregar el poder a los que hablan en nombre de Dios y reprimir a sus minorías nacionales, religiosas, a los homosexuales o a las mujeres. Esa visión, la más pura herencia colonialista, es la que justifica la permanencia de tiranos considerados occidentalizados, laicos o revolucionarios. Pero, ¿hemos olvidados la lucha de Europa por la Ilustración, por sacudirnos el yugo de los estamentos y de la Iglesia? ¿Hemos olvidado que hasta hace pocos años aún se justificaba la violencia doméstica, la marginación de los homosexuales, o se prohibía el aborto, el divorcio y no se observaban las mínimas garantías de los derechos civiles? ¿Es que los europeos somos una raza superior, dotada de mayor conciencia propia que el resto de humanos del orbe? No hace mucho que Europa ha vivido los peores crímenes de la Historia, que existieron unos campos de exterminio donde murieron millones de judíos y otras minorías, o que en Yugoslavia también se intentó una limpieza étnica.

jueves, 17 de marzo de 2011

Más allá de las diputaciones provinciales


Las diputaciones provinciales, según el artículo 141.2 de la Constitución, se encargan del "gobierno y la administración autónoma de las provincias". Según el artículo 36 de la Ley Reguladora de las Bases del Régimen Local de1985, son competencia de las diputaciones, de forma resumida:
1) Coordinación de los servicios municipales entre sí
2) Asistencia y cooperación jurídica, económica y técnica de los municipios, con especial atención a los de menor capacidad económica y de gestión.
3) Prestación de servicios públicos de carácter supramunicipal y supracomarcal
4) Cooperación en el fomento de desarrollo económico y social de la provincia

Con la crisis económica, y la subsiguiente necesidad del Estado por recortar gastos, han surgido diversas voces pidiendo la supresión de las diputaciones provinciales, voces que van desde los partidos, como IU, UPyD o el BNG, personajes públicos como Felipe González o las redes sociales, entre las que mencionaría el blog Geografía Subjetiva por su argumentación.

Las diputaciones provinciales se consolidaron a raíz de la reforma administrativa y provincial de Javier de Burgos en 1836 y, un poco antes, estaban reflejadas en la Constitución de 1812, en sus artículos 324 a 337, con la intención de distribuir las contribuciones entre los municipios, realizar el censo, examinar las cuentas municipales, proponer obras públicas al gobierno de la nación, promover el progreso económico y social, entre otras competencias. Estos nuevos órganos de gobierno eran influencia directa de la revolución francesa y la creación de los departamentos y, por extensión, de los intentos de la monarquía de José I en España por racionalizar la administración del país. Con el tiempo, la diputación devino en un órgano de control del territorio por el nuevo Estado centralizado, un control no sólo territorial sino político, con la labor de "fabricar" las elecciones para el gobierno de turno mediante el fraude electoral.

Hoy, desprovistas de esas malas artes, las diputaciones se encuentran marginadas. No les falta razón a aquellos que argumentan que las diputaciones se han convertido en un órgano más de reparto de cargos, influencias, subvenciones y contratos, así como de su escasa o nula presencia mediática. Por añadidura, situada en un nivel intermedio entre un poder municipal que no obtiene o no puede obtener todas las competencias que desearía y un poder autonómico que adquiere cada vez más competencias y más presencia pública, la diputación se ha convertido en el paria de la administración territorial del Estado.

Lejos de los discursos nacionalistas, regionalistas o de otra índole, hay que hacer una valoración objetiva de las diputaciones y del contexto en el cual se encuadran. Partiendo de la base de que más eficiente es la administración cuanto más cercana se halla del ciudadano, las diputaciones son, de hecho o potencialmente, órganos esenciales, especialmente para los municipios menos poblados. Hay que considerar la desigual distribución de la población española, desde provincias muy pobladas como Madrid (805 hab/km2) a muy despobladas como Teruel (9,91 hab/km2), teniendo en cuenta que la superficie de Teruel (14.800 km2) es superior que la de Madrid (8.000 km2). No podemos negar que, pese a los problemas económicos de la capital de España, la gestión de los servicios municipales de una ciudad de más de 3 millones de habitantes es cuantitativa y cualitativamente mayor que la de los del municipio turolense de Castelnou, con unos 120 habitantes censados. Madrid dispone, además, del privilegio de que su Comunidad Autónoma es uniprovincial, sin diputación, con lo que añade a las competencias de la extinta diputación provincial las de autonomía.

Por desgracia, los distintos gobiernos nacional o autonómicos no han llevado a cabo las políticas necesarias para realizar una mejor distribución poblacional. En lugar de ello, la fiebre del ladrillo y los poderosos intereses urbanísticos han realizado una alocada urbanización y poblamiento de ciudades y cinturones urbanos ya de por sí bastante poblados, concentrando allí las oportunidades de vida y empleo, vaciando otras regiones. Además, tal desarrollo urbano no ha venido acompañado del necesario equipamiento de servicios y transporte público o, cuando lo ha sido, pesaban más los intereses políticos, electoralistas y económicos de ciertos políticos y constructoras. Todo ello no ha hecho sino ahondar en el abismo que separa a ciudadanos de sus políticos: la respuesta no ha sido otra que el célebre "todos son iguales", desapego de la ciudadanía a los asuntos públicos y la consideración de la clase política como tercer problema del país (barómetro del CIS de junio de 2010). Este problema no es de los últimos años, ni siquiera del actual régimen político, sino que es un problema secular, tanto o más que el paro estructural del país.

No se puede negar el loable afán descentralizador del Estado, aunque no faltan voces que se preguntan para qué ha servido. ¿Ha sido para mejorar la administración del Estado, para calmar las reinvindicaciones regionalistas o, como ha derivado, en el excesivo engorde de una clase política y una burocracia que no han cumplido esos dos objetivos, sino que, al contrario, han obstaculizado la relación del ciudadano con el Estado y han animado a plantear reivindicaciones cada vez más elevadas e inadmisibles? Este planteamiento nos demostraría que el nacionalismo no viene a liberar o construir naciones sino a manipular los sentimientos en beneficio de sus mesiánicos portavoces, pero no es tiempo aquí de desarrollar esta tesis.

Hay que declarar que tanto el poder central, como el autonómico, el provincial o el municipal son parte del Estado, legitimados y sujetos por una Constitución común que reconoce la soberanía nacional del pueblo español. La descentralización del Estado no lo ha descentralizado, paradójicamente, sino que ha creado unas autonomías centralistas. Provincias y municipios apenas han visto mejoradas, si no estancadas, sus competencias y recursos. Si consideramos que un Estado centralizado es incapaz de asegurar el desarrollo y los servicios necesarios de buena parte de la ciudadanía, ¿lo va a ser una autonomía centralizada?

Existe una incoherencia en pedir la descentralización del Estado en las autonomías pero no en continuarla hacia municipios y provincias, esgrimiendo el peligro de la corrupción local. Si acusamos a las diputaciones de refugio de posible corrupción, hay que recordar este peligro es inherente a todos los ámbitos de la administración. No podemos aceptar la inevitable existencia de la corrupción y limitarse a contenerla.

La supervivencia de las diputaciones provinciales no debería estar condicionada por el recorte de gastos o los intereses políticos creados, sino considerando las peticiones de los pequeños municipios por su mantenimiento para asegurarles servicios básicos que no pueden afrontar por sí mismos. Los problemas de las diputaciones son su composición política indirecta, que escapa del necesario control ciudadano, y el apetito de competencias de las comunidades autónomas, cuestiones que, si existiera voluntad política, serían de fácil resolución con la creación de elecciones provinciales (que ya existieron en España) y con la redefinición de competencias.

¿Condenamos a la definitiva extinción de miles de pueblos de la geografía española? ¿Apostamos entonces por un país de fuertes contrastes demográficos o por uno homogéneo, posibilitando el desarrollo económico y social de las provincias? Creo en el justo medio: ni es recomendable ciudades superpobladas ni zonas rurales abandonadas. Es por esto que el debate acerca de las diputaciones provinciales esconde mucho más. Su supresión es la respuesta fácil, pero no acaba con el problema.

lunes, 14 de marzo de 2011

¡Es el metrobús, estúpido! (y II)


El Metro de Madrid es una gran y envidiable red de transporte de nuestra capital y, ciertamente, ha conocido su mayor ritmo de extensión bajo gobiernos conservadores, si bien es cierto que tan prolífica construcción:

1) ha sido o ha producido intereses urbanísticos para el engorde de la explotada burbuja del ladrillo, llevando el Metro a zonas sin urbanizar por entonces,

2) ha endeudado innecesariamente a los ciudadanos de Madrid por la adjudicación millonaria de

-túneles a empresas amigas de los conservadores, en vez de optar por el tren por superficie en el extrarradio madrileño,

-la compra de trenes italianos (AnsaldoBreda, con la amistad Berlusconi-Aznar por medio) en vez de españoles (CAF, la tradicional constructora de los trenes de Metro). (NOTA: sin interés en recurrir a un supuesto nacionalismo económico)

3) ha sido, en muchas ocasiones, un recurso electoralista, produciendo un

4) deterioro de la red ya existente, con la

-sustitución del arte inmueble a lo metro de París por el feísmo del frío metal

-abandono del mantenimiento de la infraestructura y del parque móvil de ciertas líneas (1,5 y 6, sobre todo), grandes arterias de la red empequeñecidas para el volumen de viajeros que suportan,

5) finalmente, pero muy importante, la mentalidad empresarial de Aguirre ha propiciado un paulatino pero evidente cambio de conceptos: si anteriormente las palabras "viajeros" y/o "usuarios" copaban los anuncios de Metro ("este tren no acepta viajeros", "interrumpción del servicio por atención sanitaria a un usuario/viajero", "estimados usuarios", etcétera) ahora es el de "clientes" ("este tren no acepta CLIENTES", más los ejemplos anteriores modificados).

















El antes y el después del andén del Ramal en Ópera











Un servicio público no tiene clientes, tiene usuarios; una empresa sí tiene clientes y posee una legítima mentalidad empresarial de beneficios y pérdidas a las reacciones de la ley de la oferta y la demanda. Un servicio público existe allí donde no hay un inmediato o gran beneficio económico, o donde se requiera una gran inversión que el sector privado no puede cubrir (educación, sanidad, transporte, etcétera). Admitámoslo: una empresa no puede pedir a los ciudadanos que soporten su deuda vía impuestos (aunque el socialismo para ricos de la crisis económica quiera lo contrario); un servicio público como lo es Metro de Madrid sí puede, además de la exigencia de mantener unas tarifas reducidas que, en una lógica de beneficios empresariales, no podrían mantener si no es por la protección del Estado, lo que nos devuelve a la necesidad imperiosa del Estado en los servicios públicos.


La mentalidad empresarial de Aguirre cojea: participación de las empresas privadas en los servicios públicos (sanidad, transporte, educación) gracias a la cobertura del gobierno regional, que sólo puede mantenerse bien pidiendo dinero al gobierno central (tranpasándole la patata caliente del gasto público), bien vía impuestos (cuanto más indirectos mejor, en la lógica neoliberal), bien vía déficit y endeudamiento (que se suma al general de España, atando al gobierno central en su lucha por el recorte del gasto). En suma, los perjudicados son el gobierno central, al que se le culpan de todos los males de España pero, sobre todo, los más perjudicados son los ciudadanos, desamparados ante un gobierno frívolo y clasista como es el que encabeza Esperanza Aguirre.


Hemos hecho un repaso a los "logros" del período conservador en el Metro de Madrid, logros que hay que reconocer pero valorarlos con sus luces y sus sombras. ¿Y qué podemos decir del período socialista de Leguina en la Comunidad? Los conservadores se jactan de haber construído más kilómetros de Metro que sus antecesores. Sin negar esta premisa, hay que observar que:

1) entre los años 80 y 90 se planificaron y construyeron los grandes intercambiadores de transporte público de Madrid: Aluche, Moncloa, Príncipe Pío y Atocha, para absorber el gran tráfico de autobuses, cercanías y metro, facilitando las conexiones entre la capital y su cinturón urbano.

2) en 1985 se creó el Consorcio Regional de Transportes de Madrid, coordinando toda la red de transportes de la Comunidad de Madrid, racionalizando las rutas, sus ampliaciones y sus interconexiones, creando además el

3) abono de transporte como billete integrado, facilitando los trasbordos entre los distintos medios de transporte en base a un sistema racional de tarifas.

4) mejora y ampliación del trazado de Metro, a saber:

-Tramo de la línea 9 Avda. de América-Sáinz de Baranda, uniendo los dos tramos 9a y 9b.

-Conversión de la línea 6 en trazado circular.

-Creación de la conexión de la línea 1 con RENFE con la nueva estación de Atocha-Renfe.

-Tramo de la línea 1 Portazgo-Miguel Hernández.

-Inicio de las obras en la línea 10 para su paso por el intercambiador de Príncipe Pío.


Hay que recordar, no obstante, que el desarrollo de la red metropolitana sigue, en su mayor parte, los estudios de ampliación de Metro de 1967, dentro de los límites de la ciudad por aquel entonces. El gran desarrollo de la línea 10, transformada de Suburbano de Carabanchel a englobar este y la línea 8 original (Fuencarral-Nuevos Ministerios) es, en buena medida, un plan de la dictadura, no de los sucesivos gobiernos socialistas o conservadores y sus promesas electorales. En este sentido, la labor de los socialistas a su paso por el gobierno regional fue la consolidación y la modernización de la red de Metro.

viernes, 11 de marzo de 2011

¡Es el metrobús, estúpido! (I)

esto es un billete de metrobús, ¿realidad o ilusión óptica?

El precio del transporte ha adquirido importancia con la decisión del Gobierno de Zapatero de reducir el precio del transporte público dentro de su plan de ahorro energético. Ya sabemos las negativas del nuevo ejecutivo convergente de la Generalitat de Cataluña y las del Gobierno de la Comunidad de Madrid. Sobra replicar el comentario del gobierno de Aguirre de que el precio del transporte madrileño "es muy bajo", que no es si no una frivolidad más de un gobierno y de un partido conservador que desconocen los problemas de los madrileños. El comentario de Francesc Homs, portavoz de la Generalitat, sí me parece interesante: "ellos invitan a café, la gente se toma el café y después dicen que pagues la cuenta". Hay que tener en cuenta que la gestión de las líneas de Rodalies (Cercanías de Cataluña), explotadas por Renfe, pasaron al gobierno catalán a principios de 2010. Es decir, no es que "inviten a café" al gobierno catalán, sino que le han dado ya el bar, la cafetera y el café, pero aún quieren que los antiguos dueños le financien el bar y le suministren el café, corriendo con todos los gastos, además de dar la cara ante los viajeros/clientes.

Ayer, Modesto Nolla, diputado socialista en la Asamblea de Madrid, criticó la subida del precio de los billetes de transporte en la Comunidad de Madrid y, en especial, la del metrobús de 10 viajes (un 79% desde que gobierna Aguirre). La respuesta que tuvo no pudo dejarle más perplejo a él y al resto de madrileños: "¿qué titulo utiliza usted para coger el transporte público? Yo creo que no lo coge nunca, porque el metrobús yo creo que no existe (...), si va usted a hablar de transporte y de títulos, enterése de qué está hablando". En pocas líneas, su interlocutor no podía haber errado más: Modesto Nolla se caracteriza por ser de los pocos diputados madrileños que usa el transporte público y no tiene coche; además, su replicante demostraba desconocer que el billete de 10 viajes, válido para Metro de Madrid y autobuses de la Empresa Municipal de Transportes (EMT), recibe el nombre de "metrobús", no únicamente coloquial, sino que está impreso en el mismo billete.

El error no hubiera adquirido relevancia si se hubiera dicho en una conversación desenfadada, o lo hubiera pronunciado un diputado que no se hubiera "preparado la materia", pero es que lo dijo el mismo consejero de Transportes, José Ignacio Echeverría. Para añadir un aire de tragicomedia, la bancada conservadora pareció no advertirse del error y apoyó la nefasta intervención de Echeverría con un asentimiento generalizado y un cerrado aplauso, haciendo suyo el chascarrillo. Sobra decir que casi inmediatamente el comentario del consejero se difundió por las redes sociales y (parte de) los medios de comunicación.



Hay que hacerse hoy un breve repaso por la prensa de ámbito nacional para ver la reacción al comentario, no por ensañamiento, sino por comparación, ya que, si hubiera sido pronunciado por un político de signo opuesto habría adquirido dimensiones desproporcionadas. La noticia ha tenido un tratamiento comedido por la prensa no afín al PP: sólo Público lo comenta en su portada como noticia secundaria, y El País lo recoge en su interior y le da cobertura. Por parte de la prensa más acérrima de los conservadores, El Mundo lo trata con relativa prudencia y alguna encuesta en su web sobre si Echeverría debería dimitir; ABC apenas le da espacio y hasta lo disculpan. La Gaceta y La Razón ni se molestan en mencionar la noticia. La COPE permitió que Echeverría pudiera explicarse: alegó que estaba pensando en el desaparecido "bonobús", un billete de 10 viajes válido solo para autobuses de la EMT, que fuera sustituido por el moderno metrobús en 1998. Tuvo que darle muchas vueltas para intentar explicar que él "tenía en mente" el billete de 10 viajes como "categoría general" donde están incluidos varios tipos de billetes, donde estaría el metrobús. Añadió Echeverría que intentaba decirle a Nolla que "estaba anticuado" porque, a su juicio, metrobús es un término que le "suena antiguo".

Antiguo o no, el término permanece en los billetes expendidos por Metro de Madrid (como vemos en la imagen que encabeza esta entrada), además que en ningún momento de su intervención nos lleva a la más mínima alusión del desaparecido "bonobús", término que, siguiendo la "lógica" de Echeverría en su empeño de presentar a Nolla como desfasado, nos sonaría prehistórico.

En un Estado contemporáneo no se puede exigir a sus últimos responsables el conocimiento hasta el más mínimo detalle de su funcionamiento y características, pero desconocer y negar la existencia del metrobús en Madrid escapa a esa lógica: es un mínimo de preocupación, aunque sea aparente, por el ciudadano de a pie. Europa sigue quedando al norte de los Pirineos: si a un ministro alemán le cuesta su cargo copiar una tesis, ¿qué no le ocurriría a cualquier cargo público europeo que no conoce el sistema de transporte público en donde vive? Echeverría, y por extensión y aplauso el resto del Gobierno y del grupo parlamentario del PP de Madrid, han demostrado una total frivolidad ante una cuestión básica del madrileño como no es solo el precio, sino la existencia de un billete de transporte básico. Quizás sea que no lo usen mucho, excepto para fotos; nunca rodeados de sus conciudadanos, aunque les separen un muro de guardaespaldas.

Nota: desde que gobierna Esperanza Aguirre, el precio de los billetes básicos de transporte en Madrid (abono mensual y metrobús, si existe), ha seguido el siguiente incremento recogido en este gráfico elaborado por El País: Resultando que, en palabras de Modesto Nolla: "(antes de Aguirre) cuando un usuario utilizaba el metrobús se ahorraba un 50%; hoy, cuando lo utiliza, solo ahorra 7 céntimos por viaje".

miércoles, 2 de marzo de 2011

Elecciones irlandesas de 2011: entre la "revolución democrática" y las raíces de la historia actual irlandesa

Resultados:
Las elecciones generales de la república de Irlanda han sido, en palabras del líder del democristiano Fine Gael, una "revolución democrática". En efecto, sin poder presuponer que estas elecciones inauguran un nuevo ciclo electoral en Irlanda, el período del Fianna Fáil como partido hegemónico ha terminado.

Fine Gael y Fianna Fáil son dos viejos adversarios políticos desde la independencia de Irlanda. Teniendo ambos su nacimiento en la división del primitivo Sinn Féin entre partidarios y detractores del Tratado Anglo-Irlandés, los primeros aceptaron la independencia de Irlanda como Estado libre ligado al imperio británico. Ello les enfrentó en una guerra civil con los republicanos intransigentes, la facción de Eamon de Valera. La victoria de los pro-tratado, organizados como partido Cumann na nGaedheal, les dio el poder hasta inicios de los años treinta, cuando el Fianna Fáil, el partido republicano de De Valera, ganó las elecciones de 1932. A partir de ese año, y hasta las elecciones de 2007, el FF se convirtió en el partido hegemónico de Irlanda, con porcentajes de voto situados entre el 39 y el 50%, controlando el gobierno durante 67 de esos 79 años.

En las elecciones del pasado 25 de febrero, los resultados del FF no tienen precedentes: 17% de votos frente al 41% y 20 por los anteriores 77. Aun cuando en el período electoral concluido no estaba en el poder, el FF no bajó del 40% de los votos ni de la condición de primer o segundo partido. Ahora, no sólo ha sido sobrepasado por su eterno rival, el FG, sino por el tercer partido clásico del sistema irlandés, los laboristas.

Sin ninguna duda, estas elecciones han sido un verdadero castigo para el partido dominante por la gestión de la crisis económica, la necesidad del rescate por la Unión Europea y las draconianas medidas de recorte en el gasto estatal. El tigre celta se ha comido al padre (el liberal Irish Times tituló uno de sus artículos "Un electorado enojado votó con frialdad por liquidar al Fianna Fáil"), aunque es muy pronto para proclamar el fin de las lealtades clientelares o la conversión del Partido Laborista en segundo partido del país.

En todas las elecciones todos los partidos se proclaman vencedores. Menos en el caso del FF y del Partido Verde, derrotados en todos los niveles (los ecologistas han quedado fuera del parlamento), el resto del arco parlamentario tiene motivos para alegrase: el Fine Gael vuelve al liderazgo del gobierno tras 14 años de oposición, con Enda Kenny y se mantiene dentro de su media de apoyo electoral; el Partido Laborista pasa a ser segunda fuerza y a potencial socio de coalición del nuevo gobierno; los candidatos independientes, sin filiación política o agrupados en el cartel electoral de New Vision, también han aumentado, siendo otra posible fuente de apoyos para el Fine Gael en caso de que los laboristas no entren en el gobierno; el Sinn Féin de Gerry Adams engrosa su grupo parlamentario sumando 10 a sus escasos 4 diputados anteriores, saliendo del crecimiento moderado que experimentaba desde que se presentó a inicios de los años 80, con resultados mediocres; también vuelve a entrar la izquierda más obrerista, unida bajo el cartel electoral de la United Left, agrupando a pequeños partidos de izquierda: el Partido Socialista, el Grupo de Acción de Trabajadores y Desempleados y la Alianza de las personas antes que el lucro, con 5 escaños.

Los buenos resultados de la izquierda unida y del Sinn Féin, junto a los de los laboristas, permiten decir que un tercio de los electores han acudido a opciones de izquierda ante la crisis. Que estas condiciones se mantengan, dependerán de muchos factores: que estos resultados no sean circunstanciales, el papel que juegue el Sinn Féin en las instituciones de las dos partes de la isla y la posición que adopte el Partido Laborista, tanto si entra en el gobierno -exigiendo la renegociación del rescate por la UE y de las instituciones financieras internacionales además del mantenimiento de prestaciones sociales o del impulso de reformas económicas y fiscales- como si permanece en la oposición, por diferencias con el Fine Gael en la forma de resolución de la crisis o por encabezar la oposición y una posible apuesta como potencial partido de alternancia para liderar el ejecutivo. Pero esto es sólo una hipótesis.

¿Cuál es la diferencia sustancial entre el Fine Gael y el Fianna Fáil? Todos los diarios no irlandeses coinciden en etiquetarlos como partidos de centro derecha: el FG situado en el espectro democristiano y el FF en el liberal. La realidad es muy complicada: ambos partidos han desarrollado tanto políticas neoliberales a su paso por el gobierno como políticas socialdemócratas (sobre todo cuando han gobernando en coalición con los laboristas), sin poder etiquetar a uno más a la izquierda o a la derecha que el otro. El FG es miembro del Partido Popular Europeo, el FF, del Partido Liberal Europeo (pero anteriormente del grupo euroescéptico Unión por la Europa de las Naciones), lo que supondría pensar que el FF pasó de la derecha del FG a su izquierda.

Las diferencias, como he dicho antes, vienen desde la independencia, por rivalidad, más que por grandes diferencias ideológicas; con ello también se explica la escasa movilidad del voto y la existencia de fuertes baluartes rurales de los dos partidos. La situación puede cambiar en el mundo urbano: en Dublín, de 47 diputados, los laboristas han conseguido 18 por 17 del FG y sólo 1 del FF, repartidos el resto entre independientes, Sinn Féin y la izquierda. Estas elecciones han derribado el poder rural del Fianna Fáil.


Hay quienes se preguntan, yo incluido, si un voto de castigo de tal envergadura puede reproducirse en el caso español. Obviamente, hay que considerar que España no es Irlanda: no estamos en las mismas condiciones económicas que Irlanda pero tampoco con mejores expectativas, el desempleo en España es mucho más elevado, la banca no estaba tan expuesta al riesgo como la irlandesa y la existencia del empleo sumergido paliaba la situación. Eso como diferencias socio-económicas. En lo político, el sistema electoral y el de partidos impiden el caso irlandés: el voto español está más concentrado en dos grandes partidos -cada uno es la inetivable alternativa al otro- y la ley electoral aplicada en España, con provincias poco pobladas, conlleva un sistema mayoritario donde sólo los partidos de fuerte implantación estatal y/o regional pueden competir con éxito.

En Irlanda, el sistema del voto transferible con distritos de 3 a 5 escaños, a diferencia de España, permite no sólo una proporción votos/escaños aceptable, sino también la existencia de más opciones políticas estatales y la posibilidad de castigar a los candidatos no deseados mediante una sencilla combinación de preferencias en el voto.

En consecuencia, en España el descontento con la actuación del gobierno Zapatero es muy grande, pero también lo es con la oposición conservadora. Esto ha llevado a considerar a la clase política como el tercer problema del país, a tener una muy poca confianza en el gobierno y también en su recambio político. Unido a la imposibilidad de los partidos menores, como veremos abajo, de ser alternativas a los grandes partidos, la respuesta más lógica a la desconfianza hacia el PSOE y al PP puede ser una elevada abstención.

Terceras opciones -IU, UPyD, nuevas formaciones como Equo, y descartados los regionalistas/nacionalistas por su misma naturaleza- son devastadas por el "voto útil", con la única opción de arañar parte del pastel dando sus votos en momentos de ausencia de mayorías absolutas. Cada país tiene una cultura política determinada; la española evidencia una ausencia de cultura de coalición gubernamental a nivel nacional, con la añadidura de la mala experiencia a nivel regional y local.

En una visión más europea, la evolución de la crisis económica va dando diferentes respuestas ciudadanas: en Grecia, la crisis tumbó un gobierno conservador encumbrando uno nuevo socialista, que fue el que tuvo que hacer las reformas más drásticas; en Hungría, la falta de respuestas del ejecutivo llevó al hundimiento del Partido Socialista y una abultada victoria de los conservadores; en Reino Unido, los laboristas dejaron el gobierno y tanto conservadores como liberales obtuvieron muy buenos resultados, tanto que los liberales volvieron a un gobierno de coalición, hecho que no había vuelto a suceder desde los años 30 y los gobiernos de unidad nacional de la II Guerra Mundial; en Alemania, el Partido Liberal ganó una muy buena tercera posición a expensas de democristianos y socialdemócratas.

Uno tras otro, la mayoría de países prácticamente enterraron a la izquierda a mínimos resultados de apoyo. Sin embargo, frente al ansia conservadora por ver destruida a su competencia socialista, no está tan claro. En Alemania, los liberales se hunden en los sondeos y en las elecciones regionales los socialdemócratas recuperan posiciones, dejando a Merkel sin mayoría en el Bundesrat; en el Reino Unido, los laboristas encabezan una renovada oposición con visos de recuperar el gobierno regional de Escocia y los liberaldemócratas encajan el descontento hacia las medidas del gobierno de coalición con Cameron. Como hemos visto, en Irlanda el partido dominante ha dejado de serlo y se han registrado resultados históricos para la izquierda. Puede concluirse que en las democracias sanas, la ineficacia y la falta de alternativas se castigan con severidad.
"Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organí­cense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza".

Antonio Gramsci, Fundador del Partido Comunista Italiano
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En nuestros conflictos políticos, la República tiene que ser una solución de término medio, transaccional y la válvula de seguridad contra sus desaciertos es el sufragio universal. Lo que se pierde en unas elecciones, puede recuperarse en otras. Nada duradero se funda sobre la desesperación y la violencia. La República no puede fundarse sobre ningún extremismo. Por el solo hecho de ser extremismo, tendría en contra a las cuatro quintas partes del país.

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