miércoles, 29 de junio de 2011

Cultura de la Transición: ¿qué es? y ¿se muere?


De estos días que uno pasa el tiempo mirando por la ventana del tren, abstraído en diversos pensamientos, o leyendo artículos académicos de diversa índole, la mente suele divagar y formular preguntas. Unido al contexto -la indignación ciudadana por/y la crisis económica- surge plantearse la llamada "cultura de la Transición" o CT.

Pero,
¿qué es la cultura de la Transición? Para una aproximación es bastante recomendable la definición que da Guillem Martínez en dos artículos en El País y en Público. Martínez define a la cultura de la Transición, originada a partir del proceso político homónimo, como una cultura que elimina "cualquier posibilidad desestabilizadora y problemática". En pocas palabras, resume, "todo lo que sea problemático no es cultura de la Transición". La cultura de la Transición, "una cultura tutelada y que tutela", necesita "no construir objetos problemáticos", "no meterse en política", o "en el trance de hacerlo, darle la razón al Estado".

En base a esta definición, podemos entrar en la discusión.
¿Por qué surge la cultura de la Transición? ¿Cuáles son los elementos "problemáticos"? A la primera pregunta, la CT parece ser una construcción de la izquierda, según Guillem Martínez, una cultura "que deja ser el territorio en el que se crea lo problemático (...) la CT es la única cultura europea que tiene como principal función denunciar e impedir lo problemático, y crear cohesión full-time". Lejos de compartir totalmente esa apreciación, si la cultura de la Transición fue una creación de la izquierda, la derecha y el centro han aceptado de forma entusiasta una formulación que legitima la actual forma de Estado y la vía seguida para el establecimiento de la democracia en España: en definitiva -se lee entre líneas- no había, no hay, otra alternativa. Actuando de modo vertical, la cultura -como conjunto de todos los modelos a través de los cuales se manifiesta la sociedad en sus costumbres, prácticas, códigos, rituales, comportamientos, etcétera- es un elemento de propaganda del sistema y la cultura de la Transición no escapa a esta definición.

Ahora bien, ¿cuáles son los elementos "problemáticos? No es difícil elaborar una lista concisa de estos: las discusiones sobre la estructura actual del Estado -desde su articulación federal a su disolución por la secesión de Euskadi o Cataluña-, la monarquía, la democracia representativa, el sistema económico, el planteamiento de la memoria histórica... hasta llegar a algo que existe desde los primeros tiempos de la democracia -el revisionismo histórico de la derecha- a un elemento novedoso. Sí, el movimiento de los indignados, el 15-M.

¿Cuál es la argumentación "oficial" o "mayoritaria"?
Las izquierda y derecha oficiales parecen estar de acuerdo que el actual sistema democrático y todo lo que ello conlleva -desde la monarquía hasta las autonomías- fueron dados por los españoles a sí mismos. Es esa "ruptura pactada", la reforma "de la ley a la ley a través de la ley" en palabras de Fernández-Miranda, la que construye un nuevo edificio político desde la herencia del franquismo aunque parezca emitir la impresión de ex novo. El régimen surgido de la Transición, surgido de la legalidad franquista destruyó la dictadura y estableció la democracia en la Constitución de 1978 en 169 artículos y once disposiciones. La república, la guerra civil y la represión posterior quedaban para siempre en los libros de historia, junto a los otros regímenes fracasados y los sangrientos enfrentamientos de los españoles. En este sentido, el de dar a España un sistema democrático estable y reconocido por la amplísima mayoría de sus ciudadanos, la Transición culminó en éxito rotundo pero no exento de riesgos.

El conservadurismo que produce la cultura de la Transición
se basa en proclamar el actual sistema como el definitivo y único estadio posible de convivencia entre españoles, lo que no deja de revelar uno de los peores cimientos sobre los que se basa esta cultura: el miedo a los españoles. La idea de minoría de edad permanente de los españoles pesa sobre las conciencias de los padres fundadores del régimen y de sus sucesores. Es verdad que desde Cádiz, allá por 1812, los españoles -o mejor dicho, sus élites, ya sea por la tradición o la representación- no han estado de acuerdo en muchos aspectos fundamentales: liberalismo o tradición, república o monarquía, federalismo o centralismo, libertad u orden... pesan mucho y convencen de que, a la mínima que se de a los españoles un espacio de debate trascendental, estos volverán a las históricas andadas.

Cuando se dice "
este es el marco de convivencia que nos dimos los españoles" o "hemos luchado durante 40 años para conseguir la democracia" tropezamos con los sagrados límites de derecha e izquierda. Sí, los españoles aprobaron una Constitución donde monarquía y democracia venían en el mismo paquete; y sí, hubo mucha gente que luchó de diversas maneras para exigir el fin del franquismo. Pero este mensaje pierde convicción cuando se repite demasiado. Han pasado casi 33 años desde aquel 6 de diciembre de 1978, durante los cuales han nacido y crecido generaciones que, ya no es que no vivieran la guerra, es que ni siquiera han vivido la dictadura. Los hijos de la Transición, o de la democracia, ciertamente, pueden matar al padre. La memoria transmitida de la guerra, de los dos bandos, y ahora también de la Transición, siguen perviviendo en las conciencias de las nuevas generaciones. Pero ya no son tan relevantes.

Se parte de una nueva experiencia,
la toma de conciencia en una España democrática y desarrollada, muy lejana a la de 1975 o la de 1931. Las nuevas generaciones poseen una dialéctica que la cultura de la Transición no puede responder. En cierta medida, ¿estamos ante las primeras señales de cambio de una élite por otra? Se dirá que esa nueva élite no se manifiesta, que los indignados no poseen líderes reconocidos por el movimiento, que los cachorros crecen a la sombra de los partidos tradicionales. Sí. Lo que se puede decir es que el movimiento puede aportar nuevos mensajes y nuevos cuadros a los cachorros de la política, mensajes de regeneración de la democracia y regeneración de las ideologías.

Tomando esto en cuenta,
¿se muere la cultura de la Transición? ¿Asistimos al "final de la democracia postfranquista", en palabras de Ramoneda? Parece agotarse al no dar las respuestas necesarias para vencer, neutralizar o integrar a los elementos "problemáticos", esto es, el recurrente nacionalismo que no sabemos si solo tira o quiere soltar amarras, la ofensiva revisionista en lo histórico y neoliberal en lo económico de la derecha y el surgimiento de un amplio sentimiento de indignación contra los defectos del sistema. En otras palabras, el Estado y sus portavoces culturales, creadores de opinión, no han conseguido convencer por qué una España unida conviene a sus ciudadanos o no han podido llegar a una "fórmula de compromiso", es decir, la tan anunciada "España federal". Tampoco han podido reaccionar, en este caso los historiadores y académicos, al abordaje revisionista de la historia: digan lo que digan las fuentes o su ausencia, han metido en el subconsciente colectivo que Carrillo impulsó los asesinatos de Paracuellos o que la República era la culpable de la guerra civil, ¡que es como culpar a un hijo del enfrentamiento entre sus padres!. Y, por supuesto, no están respondiendo adecuadamente a la indignación y, lo que es peor para la cultura dominante, se le están escapando los apoyos: el movimiento ha encontrado simpatizantes en la inmensa mayoría de la ciudadanía y en buena parte de los viejos intelectuales y creadores de opinión, amén de los nuevos.

En definitiva, lejos de una visión apocalíptica, si esta crisis de la cultura dominante encumbra un nuevo marco más pluralista, libre y democrático de la realidad española, una reformulación del perfectible sistema democrático y un revivir de las ideologías que dan respuestas a nuestra sociedad,
bienvenida sea la muerte de la cultura de la Transición. En una visión pesimista, esto puede ser solo el cambio de marco, la sustitución de una cultura dominante por otra, el desplazamiento de una élite por otra. Sea cual sea, los cambios no serán instantáneos, pero serán cambios. También puede ocurrir, por contra, que nada cambie, o que todo llegue a ser una ilusión gatopardista; en ese caso, como dijo Unamuno a los rebeldes, "venceréis, pero no convenceréis".

Enlaces de interés:

Blog de Guillem Martínez

lunes, 27 de junio de 2011

Bildu ya gobierna


Con el gobierno de la Diputación de Guipúzcoa y más de la mitad de los ayuntamientos de esa provincia, amén de otros tantos en el País Vasco y Navarra, Bildu, la coalición de EA, Alternatiba y los independientes abertzales obtiene el registro más alto de gobiernos forales y locales en toda la historia de la izquierda independendista.

Esta es la oportunidad histórica, no solo de la izquierda abertzale, sino también del conjunto de los vascos y navarros de normalizar por fin una situación que, desde el inicio de la democracia en España, ha pasado por múltiples fases y en ningún momento, excepto hasta ahora, ha camino tan obviamente hacia la posible resolución del terrorismo y de la reconciliación.

Ni siquiera en los años 80, cuando Herri Batasuna era legal, la izquierda abertzale obtuvo resultados electorales tan destacables. Han cambiado las condiciones: ETA está débil y se le escapa el control de su antigua base social, lo que es la mejor noticia; la izquierda abertzale ha sabido iniciar el camino a la paz, soltando el lastre de todo lo que conlleva la sumisión a la organización terrorista; todo ello le ha sido premiado en votos, no solo por su apuesta por la vía política, sino merced a un voto de castigo a otras opciones políticas -PNV, Aralar, EB...- que trataron captar votos en ese sector, además de cierto voto por simpatía frente a la amenaza de ilegalización o gracias a que otras fuerzas políticas -PNV, PSE, PP- le prestaron una gran ayuda en la campaña electoral.

EA, junto con las otras fuerzas que componen Bildu, perdió en las elecciones autonómicas su espacio político. En cierto modo, el éxito de Bildu no ha sido su éxito, si acaso que ha conseguido incluir a la izquierda abertzale dentro del campo de las fuerzas democráticas. Pero lo que no ha conseguido es la moderación de la ideología socialdemócrata que inspiró a Eusko Alkartasuna, sino que, en cambio, ha tenido que adoptar el discurso más radical de los abertzales.

Ahora Bildu ya gobierna tres exponentes de la vida pública vasca: los municipios rurales, antiguos feudos abertzales, la ciudad de San Sebastián y la diputación foral. Ahora, Bildu tiene una gran responsabilidad: tiene que demostrar que la izquierda abertzale puede no solo mantener el ritual soberanista, sino tambien gobernar, y gobernar bien, cumpliendo la ley y respetando las reglas de la democracia.

Las primeras medidas tomadas por Bildu desde sus diferentes administraciones -la retirada de retratos del rey o de la bandera, la prohibición de los escoltas, la petición de retirar la policía y el ejércto de Euskadi...- son, principalmente, simbólicas. Tampoco sorprenden. Lo que sí hacen es alentar aquellas voces que ahora dicen "¿véis cómo teníamos razón al pedir que fueran ilegales?" Obviamente aceptar y alegrarse su legalización para presentarse a las elecciones no es lo mismo a suscribir su programa.

La conclusión no es tan simple. Por supuesto, como demócratas, como progresistas y como partidarios de la unidad, muchos no podemos compartir esa decisión. La democracia exige que participen todas las opciones políticas. Recordemos que han sido sus votantes, y no el Tribunal Supremo o el Constitucional -mucho menos el gobierno- el que ha metido a Bildu en las instituciones. Nunca puede ser democrático excluir la opción política de, ahora, un cuarto del electorado vasconavarro. Estas medidas y las futuras que le corresponde tomar a Bildu exigirán, si están dentro de la legalidad, por supuesto, respuestas políticas y sociales.

Entre las medidas futuras, por ejemplo, parece que Bildu desea paralizar la alta velocidad en Euskadi. Independientemente de la criticable falta de política en infraestructuras de ferrocarriles regionales y convencionales que tiene el gobierno nacional, el ideario de Bildu revela la concepión tradicional que la izquierda abertzale ha tenido de Euskadi: una arcadia como se reconoce en "La pelota vasca", una versión moderna del tradicionalismo carlista. En resumen, el paraíso euskaldún de Bildu pasa por su aislamiento, algo que en un mundo globalizado ninguna región puede permitirse sin condenar a su sociedad.

Esas son las cosas que, dentro del juego democrático, hay que hacer ver y convencer de que esa opción no es deseable, ni para la sociedad vasca en particular ni para la española en general. Estoy en desacuerdo en pedirles a los cargos electos de Bildu una declaración diaria de condena de la violencia. Ya lo han realizado, por ello son legales. Si no lo hicieran o se mostraran contradictorios con sus principios, ya existen vías legales -la ley de partidos- y políticas -las elecciones- para subrayar que solo se puede participar en la vida pública por medios pacíficos, como hace el movimiento del 15-M. Ojalá se fuera tan escrupuloso con la ley con otros políticos, como los corruptos que, aunque no recurren al terrorismo, también sus actos causan daño a la sociedad.

martes, 21 de junio de 2011

Las otras guerras y conflictos existentes (y II)


-Insurgencia en el noreste de India: iniciada en 1964 y con un balance de 25.000 muertos, este conflicto es, en realidad, varios conflictos entre la Unión India y diversos grupos armados que reclaman desde mayor autonomía a la independencia total de sus regiones. También se aduce la marginación política que sufren desde el gobierno central a las diferencias étnicas existentes, así como conflictos territoriales entre las diversas regiones. Actualmente, las tensiones se han reducido por las políticas del gobierno indio por el desarrollo de la zona, pero aún permanecen activas algunos de los grupos armados en Assam, Manipur, Nagaland y Tripura.

-Insurgencia en las Filipinas: a finales de los años 60, un grupo del Partido Comunista filipino organizó un ejército guerrillero, el Nuevo Ejército del Pueblo, que prosigue su actividad desde la isla de Luzón, aunque con menor impulso tras la revisión de la estrategia contrainsurgente bajo la presidencia de Corazón Aquino. Igualmente, desde la década de los 60 operan en otras islas guerrillas islamistas separatistas. La Operación Libertad Duradera actuó en Filipinas contra esta guerrilla islamista, aunque actualmente se ha cambiado la estrategia por el diálogo entre el gobierno y las guerrillas comunista e islamista. En total, desde sus inicios las guerrillas se han cobrado la vida de más de cien mil personas.

-Conflicto kurdo en Turquía: desde finales de los años 70, el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), comunista, y junto a otras organizaciones revolucionarias y separatistas kurdas mantiene un largo conflicto, con 45.000 víctimas, contra el Estado turco por la independencia de los kurdos de Turquía por la histórica marginación social y política que han venido sufriendo hasta hace bien poco. El PKK, considerado una organización terrorista, se vale del Kurdistán iraquí como base de operaciones contra Turquía. Igualmente, aparte de típicas acciones guerrilleras en el sudeste de Turquía, se han empleado atentados en el oeste del país. Actualmente la marginación de los kurdos en Turquía está reduciéndose, se permite la enseñanza del kurdo y la emisión de canales de televisión en ese idioma y el parlamento cuenta con diputados pro kurdos, si bien el anterior partido pro kurdo, el Partido de Sociedad Democrática fue ilegalizado, acusado de complicidad con el PKK y sustituido por el Partido de la Paz y la Democracia.

-Insurgencia del Ejército de Resistencia del Señor: esta guerrilla de inspiración cristiana inició su lucha en 1987 en el norte de Uganda, aunque actualmente ha ampliado su zona de ataques a Sudán del Sur, a la República Democrática del Congo y a la República Centroafricana. El ERS busca crear una república teocrática cristiana en Uganda y castigar a la etnia acholi, empleando a miles de niños como soldados y esclavos sexuales y, en lo que va de conflicto, ha causado 12.000 muertes directas y más de dos millones de desplazados.

-Conflicto de Cachemira: el conflicto estalló en 1947 tras la independencia y partición de la colonia británica de la India entre Pakistán y la Unión India. La región estaba gobernada por hindúes pero poblada mayoritariamente por musulmanes, y tanto un país como el otro reclaman que el territorio les pertenece, apoyando a diversos grupos terroristas y guerrilleros que se han cobrado la vida de entre 60.000 y 100.000 personas.

-Conflicto de Casamance en Senegal: considerado como una guerra civil de bajo nivel desde 1990 entre el Movimiento de las Fuerzas Democráticas de Casamance y Senegal por la independencia de la región de Casamance, de mayoría jola. Los alto el fuego no dieron resultados a finales de los 90 el movimiento independentista se dividió en dos y comenzó a luchar entre sí, manteniendo los enfrentamientos con el ejército senegalés. El conflicto ya ha provocado la muerte de unas mil personas.

-Insurgencia en el Magreb: tras el final de la guerra civil argelina, del régimen autoritario contra el islamismo, desde 2002 varios grupos guerrilleros y terroristas, como los salafistas o Al Qaeda del Magreb Islámico han llevado a cabo ataques, secuestros y otras acciones en Argelia, Mauritania, Marruecos y Mali, no solo contra sus respectivos Estados o civiles, sino también contra extranjeros -turistas y activistas-, cuyos secuestros provocaron la atención de los medios de comunicación.

-Conflicto en el delta del Níger: el delta del río Níger, en Nigeria, es objeto de frecuentes luchas desde 2004 entre el Estado y los grupos separatistas del Movimiento para la Emancipación y las Fuerzas Voluntarias Populares, de las etnias ogoni e ijaw, por el control de los pozos petrolíferos y justificándolo por la pobreza y la corrupción de la región y el país. Hasta ahora, el conflicto arroja un balance de unos 4.000-5.000 muertos.

-Conflicto de Baluchistán: los insurgentes baluchis luchan contra Irán y Pakistán por la independencia de esta región controlada por los dos Estados. El conflicto ha conocido diversas fases de tranquilidad y lucha desde 1948; el actual período de enfrentamientos surge en 2004, con 7.000 muertos desde entonces. En la zona también han colaborado diversos actores, como los talibanes, o incluso Estados Unidos e Irak para desgastar a Irán.

-Conflicto Irán-kurdos: el Partido por la Vida Libre de Kurdistán (PJAK), al que algunos ven relación con el PKK, pero también con Estados Unidos, sostiene un débil enfrentamiento contra el régimen teocrático iraní por la libertad del Kurdistán de Irán, no necesariamente la independencia, sino bajo un régimen federal y democrático donde se reconozcan los derechos de las otras minorías nacionales que viven en Irán. Las acciones del PJAK se han limitado a la teoría de la acción-represión-acción, al asesinato de miembros de fuerzas de seguridad iraníes en venganza por muertes de kurdos iraníes o en el derribo de helicópteros y pequeños ataques a soldados iraníes. En total, el conflicto lleva unas trescientas muertes desde 2004.

-Insurgencia del sur de Tailandia: desde 2004 la violencia en las provincias más al sur de Tailandia ha aumentado. Los grupos insurgentes, acusados de terrorismo y de vínculos con Al Qaeda y con las guerrillas islamistas de Filipinas, justifican sus actos como respuesta a la falta de representación de los musulmanes en la política tailandesa, así como la pobreza de la zona. Las acciones de los insurgentes, que tienen entre 500 y 15.000 efectivos según las fuentes, se basan en ataques de bombas contra ciudades y edificios oficiales y llevan ya 7.000 muertos.

-Cuarta guerra civil de Chad: mantiene la estela de conflictos anteriores entre árabes musulmanes del norte y africanos cristianos del sur, la lucha por el poder y la tierra, ocultos tras la lucha contra Sudán como excusa para el enfrentamiento entre los diversos grupos sociales rivales. Las nuevas negociaciones, lideradas por las Naciones Unidas y la ayuda humanitaria de Canadá, permitieron el "fin" del conflicto en 2010, a la espera de nuevas elecciones para normalizar la situación. Desde 2005 hasta 2010, ha habido más de mil muertos.

-Insurgencia en el norte del Cáucaso: pese al fin oficial del conflicto de Chechenia y tras las acciones bélicas contra Georgia, la región sigue siendo inestable, con la actividad guerrillera de grupos islamistas en las repúblicas de Chechenia, Daguestán, Ingusetia y Kabardino-Balkaria, concentradas en acciones terroristas de ataques a edificios oficiales, medios de transporte, etcétera, con un balance de 900 muertos. Reclaman la independencia de esas regiones bajo regímenes islamistas, o luchando entre sí, sosteniendo diversas interpretaciones islámicas como el salafismo o el sufismo, mientras el régimen de Putin mantiene el control de la región por el ejército y las violaciones de los derechos humanos en los diversos bandos.

lunes, 20 de junio de 2011

Una España cada vez más indignada


No deja de ser una ironía que ayer, mientras cientos de miles de españoles se manifestaban pacíficamente por todo el país, el partido que dice identificarse con sus proclamas -aunque en verdad les caiga un jarro de agua fría, literalmente- decidiera, democráticamente, eso sí, propiciar con una abstención que Extremadura vaya a ser gobernada durante cuatro años por el partido que, paradójicamente, representa en España los intereses patronales, económicos y especulativos que han provocado la crisis. Que se me permita la ironía:

Sí, sí, ya sabemos. El PSOE ha dado un giro difícil de explicar aplicando medidas que dificultan la vida de millones de ciudadanos, muchos de ellos desempleados, y no la de los que controlan los resortes de la economía, los de siempre. Con ello nos sacrifica y, como pudiera parecer por los resultados del 22-M, parece que se sacrifican también ellos. Todo por la patria. Por ello, dejarles gobernar es igual que dejar a los otros, a la derecha.

Izquierda Unida, que argumenta haber escuchado a las bases y respetar su decisión -¡para una vez que uno lo hace!, déficit que tanto criticamos-, puede proclamarse la izquierda real, que es lo mismo que única. Es decir, el PSOE -sus militantes, sus electores, sus líderes- no es y no son de izquierda. El mesianismo izquierdista, el único camino posible, redentor y verdadero, la patada, en definitiva, a las partes nobles de los otros millones de electores; ésa es la democrática decisión de las bases de IU, que da también la patada a otra democrática decisión de Cayo Lara de jurar día y noche de no dar gobiernos a la derecha. Como dice Fernández Vara, presidente -aún- de Extremadura, no hay que ensañarse con IU. Lejos de tal intención, hay que respetar la decisión democrática del hermano pequeño de la izquierda, lo que no impide que nos preguntemos por qué e intentemos hallar posibles respuestas.

Dice IU, allá donde ha vacíado de contenido las palabras de Lara, que la decisión de no formar gobiernos de izquierda se debe al ninguneo socialista hacia IU o, peor, a la corrupción allí donde el PSOE pareció haberse enquistado. Son palabras muy fuertes. Sin duda, habrá un resquicio de verdad (sin negar que pueda ser total, la corrupción responde a la naturaleza humana): puede que políticos bajo las siglas del PSOE hayan metido la manita o hayan adjudicado terrenos a dedito y otras irregularidades. Hay que reconocerlo porque es peor ver la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio; si mal no recuerdo, hubo un candidato de IU imputado, y siguió siendo candidato el día después de que IU nos iluminara el camino de la virtud con su décalogo contra la corrupción: parece que todo lo que anuncia Cayo Lara se convierte en humo inmediatamente al día siguiente. Sobre el ninguneo, si han sido extraparlamentarios, será por decisión de los electores, obviamente. Claro que insultar a un amplio electorado que les abandonó y no les vota en masa a ellos, la única voz de los trabajadores -un retorcido análisis marxista y/o mesiánico- son palabras aún mayores. No pasarse es algo que aún les honra.

Sí, sí, algunos podrán decir que el que escribe y suscribe estas líneas es un borreguito militante más de los socialistas. Salvador Giner, en el prólogo a la edición española de Los orígenes del totalitarismo, de Hannah Arendt, dice: "(el ciudadano) tampoco se confunde con el militante, a quien absorbe la militancia hasta agotar su criterio independiente y la distancia necesaria que debe poseer el buen ciudadano frente a toda obediencia ciega". Sin negarle, por supuesto, validez a dicho argumento, no se me podría acusar de borrego, sino de tonto, porque me identifico cada vez más con esa generación, mi generación, que, como dijo Sampedro, no está perdida, sino amargada pero presente.

No es mi intención enarbolar la bandera de los "cien años de honradez" y presentar lo ocurrido como una oscura conjura para destruir al PSOE. Por supuesto, en la decisión -democrática- de las bases de IU pesan años de adoctrinamiento y rencor contra un adversario en la izquierda que recibe más votos: solo así se entiende el errático discurso del quiero y no puedo de los líderes de IU. Tampoco denunciaré al 15-M como otra conjura más contra el PSOE, ese PSOE que se sacrifica por salvar la patria, ese PSOE que nadie entiende el servicio que presta. No, si me acusarán de perroflauta como siga escribiendo...

¡Ah, debo pecar de idealista! Entre todos los insultos que pudiera recibir -tonto, borreguito, perroflauta...-, me quedaría con idealista. Sí, pertenece al mundo de las ideas que, el 23 de mayo, los dos partidos de izquierdas hubieran dicho: "vamos a negociar allí donde tenemos mayorías", que los de IU hubieran dicho todo aquello del "ninguneo y corrupción" que tanto repiten y el PSOE hubiera respondido "bueno, tenderemos puentes e intentaremos consensuar un programa". Entonces ambos hubieran dicho "sí, hay acuerdo" o "no, no hay acuerdo". Directamente IU cerró las puertas y los del PSOE se quedaron esperando, con un palmo de narices, si se me permite. Debieron haber frecuentado más las marisquerías.

Mientras el teatro -o la farsa- de los políticos prosigue con su enésimo acto, los ciudadanos, que también hacen política, se manifiestan por las calles de España. Pacíficamente, a los de Barcelona aún les duele el cuerpo de los porrazos de Felip Puig. Me indignan las malas decisiones y prácticas de ciertos políticos, pero me indigna más que sigan ninguneando a los ciudadanos y se insista en catalogarles de "antisistema" o fuera del sistema democrático. ¡Justo cuando lo que quieren es regenerar el sistema y la democracia, devolverles su significado y su misión! Marcelino Iglesias dice que la democracia necesita partidos; sí, cierto, pero necesita antes ciudadanos que se vean representados por ellos. Los partidos son sólo medios, no fines. También me indigna la consigna de relacionar indignados con abstencionistas, unos "cientos de miles" frente a esos "22 millones" de electores, como recuerda La Razón.

¡Qué mala época le está tocando vivir al PSOE! Pero peor aún para los ciudadanos, que son los que se están viendo sin empleo, sin pensiones, sin Estado del bienestar. No olvidemos, para alejarnos un poco del idealismo y volver a la realidad, que es la Unión Europea controlada por los mercados financieros la que está imponiendo un modo de salir de la crisis que pasa por la destrucción del Estado, la desprotección del trabajador y la consolidación de una economía no basa en la libertad de mercado, sino en la ley de la selva. No olvidemos que frente a eso los partidos socialdemócratas han pecado de ingenuos y han podido/querido afrontar juntos una solución alternativa; pero sí, sigo pensando que el PSOE puede y debe escuchar con más interés que ningún otro partido.

miércoles, 8 de junio de 2011

El movimiento 15-M: Sol, sombras y victoria


El movimiento de los indignados del 15 de mayo da un nuevo paso y levanta las acampadas de las plazas españolas. Ya empezó en Sevilla, en Barcelona lo decidieron hace pocos días y ayer en la Puerta del Sol, en Madrid, los acampados lograron hacer valer sus argumentos frente a una pequeña minoría. Lejos de ser una derrota, levantar la acampada puede ser una victoria. La acampada no es el fin de los indignados, sino la plasmación física y concreta de un amplio sentimiento de enfado que recorre nuestra sociedad. La encuesta de Metroscopia revela un gran apoyo ciudadano a los planteamientos de los indignados: el 66% tiene simpatía al movimiento, el 81% creen que tienen razón y el 84% que tratan de los problemas que afectan a la sociedad. Además, el 51% de los encuestados sostienen que los partidos políticos sólo buscan sus propios intereses y no representan a los ciudadanos.

No hay que ser reduccionistas. Los acampados en España son muy pocos, muchos son personas honradas y con ideales, los menos con intenciones más sectarias. Intentar desprestigiarlos buscando a los aprovechados es copiar y seguirle el juego a la derecha mediática, la que le asusta que la gente hable y no rebuzne las consignas fabricadas. Pero hay millones de ciudadanos que siguen haciendo su vida cotidiana, trabajan, estudian, buscan empleo y hacen su vida social. Pero están enfadados y siguen convencidos de que los partidos siguen sin escuchar.

El problema al que se enfrenta el movimiento es la memoria. La importancia mediática de la indignación cesará, y en una sociedad de consumo y de la televisión, todo lo que no está presente en los medios ya no existe (¿alguien se acuerda aún de los terremotos de Haití y Chile, de las represiones en Birmania o de los cambios políticos de Túnez?). El movimiento acertará si mantiene su actividad periódicamente en la red y en los barrios. Lo importante es mantenerse en el ideario colectivo, hacerse oír, no aprovecharse como algunos para dar la nota. La democracia directa es un ideal muy bello y ya lo teorizó Rousseau, pero también él recordó en su Contrato Social que es imposible. Podemos aspirar, a lo máximo, acercarnos todo lo que podamos. Viendo las asambleas de Sol, buscando la unanimidad, tampoco se consigue la democracia. Las decisiones no pueden eternizarse. ¿Es democrático insistir en sumarse al consenso? ¡Tanto les ha costado decidir irse, y al final habrá una minoría que desea quedarse sin razones! Que la mayoría no respete a la minoría no es democrático, pero tampoco lo es que una minoría bloquee la decisión de la mayoría. Tengo la impresión de que, si se queda una minoría, la más radical, ya no será representativa del movimiento y será desalojada. Por desgracia, esa minoría se equivoca creyendo que la acampada es la única manera de mostrar la indignación; la desvirtúa.

Sin quererlo, revelan que son necesarias normas, quórums y acuerdos. A la democracia, cuando se le añade un adjetivo, deja de ser realmente una democracia. La democracia directa y la representativa son ideales difíciles de realizar. La virtud de una democracia donde el sufragio es secreto es plasmar la existencia de unas reglas de juego: se puede no estar en la mayoría resultante, pero no te pueden obligar ni señalar por inclinarte a determinadas opciones. La existencia de unas normas permiten garantizar que, pese a los resultados, se respetarán los derechos de todos. Qué ironía: esto también es un ideal. Con razón nunca podemos ni debemos estar conformes con nuestro sistema político.

El movimiento de los indignados acierta al señalar a la clase política como uno de los obstáculos para resolver los problemas de los ciudadanos. Sobrepasarlos es, sin embargo, imposible. El acuerdo es deseable: recordar a los políticos a quién representan y la imperiosa necesidad de poner coto a los abusos, a la corrupción y a las decisiones que escapan del conocimiento de los ciudadanos. Hay que establecer mecanismos de participación ciudadana y leyes más duras contra los que incumplan la ley. No solo a los políticos, sino a todos porque aunque todos somos iguales, algunos son más iguales que otros, y no es lo mismo un Dominique Strauss-Kahn, un Francisco Camps o los grandes evasores de impuestos que un ciudadano corriente que quebranta la ley o que le quitan la casa porque no puede pagar sus deudas. La ley, se muestra, no funciona igual para todos.

Los indignados nos enseñan una valiosa lección, que puede resumirse en esta frase del capítulo de los Simpsons Mr. Lisa goes to Washington: "el precio de la libertad es mantenernos siempre vigilantes".

martes, 7 de junio de 2011

Nasty Germany


Alemania es el motor de Europa. Su economía es la más potente, sus arcas han aportado mucho dinero a los fondos de la Unión Europea y con ellas han permitido el desarrollo económico de los países de la periferia de la Unión, entre ellos España. Aunque muchas veces han protestado por todo lo que aporta Alemania y lo poco que recibe a cambio, lo cierto es que el desarrollo económico de la Unión redunda en beneficio de todos. Si la Unión es vista como un gran mercado -por desgracia muchos sólo lo ven así- Alemania es el gran mercader y los europeos sus clientes.

Pero el desarrollo de las relaciones económicas y la convergencia europea no han desterrado aún viejos prejuicios y costumbres. La gestión de la crisis desatada por la bacteria Escherichia coli se une a una serie de actitudes de los gobiernos del país germano que, poco a poco, han ido generando cierto resentimiento en el resto de la Unión.

Alemania ha conseguido superar con éxito el bache de la crisis económica. Mientras muchos países, como España, aún no consiguen ver la luz al final del túnel, Alemania vuelve a crecer y a crear empleo de tal modo que le faltan recursos humanos. La gran parafernalia montada por la canciller alemana, Angela Merkel, para pedir ingenieros del sur de Europa ha vendido más humo que empleos, que son mucho menos de los anunciados y con un nivel muy alto de requisitos.

Animada por el éxito económico alemán, Merkel ha puesto en evidencia quiénes detentan realmente el poder en Europa para marcar las directrices. Recordemos que hace no mucho la canciller democristiana reñía a los países del sur de Europa por tener más vacaciones y jubilaciones anticipadas que Alemania. Una nueva versión de los prejuicios del "norte trabajador" frente al "sur pobre". Esa crítica sentó muy mal en el sur, donde la crisis golpea con más crudeza y todos los ajustes están afectando especialmente a las clases trabajadoras. En las manifestaciones de Sol, uno de los carteles iba especialmente para Merkel, a la que se recordaba que ella no había sido elegida canciller de Europa.

La crisis de la E. coli, mal llamada crisis del pepino, ha vuelto a dirigir -ahora- todas las críticas a Alemania. Esta vez ha sido el gobierno federado de Hamburgo, dirigido por los socialdemócratas, el que ha desatado el pánico, acusando sin pruebas al pepino de la Andalucía oriental de ser el causante de la epidemia que ha ocasionado más de veinte muertos en Alemania. La facilidad de la acusación, sin duda, se ha visto acompañada de los típicos prejuicios antes comentados: la bacteria sólo puede venir de zonas que son menos rigurosas en los controles. La verdad de los estereotipos es su falsedad: la bacteria no viene de España.

La polémica no iría a más si no fuera por las pérdidas ocasionadas a los agricultores españoles: casi 200 millones de euros semanales. No son sólo perdedores los propietarios, sino los miles de inmigrantes que trabajan en los invernaderos de Almería, algo que apenas ha sido recordado, silenciando de nuevo el trabajo que aportan en nuestro país. Tampoco la crisis se ha ceñido al pepino de Almería: los cultivos de otras regiones, como Murcia, Valencia, y los de otros países, también han sufrido a la histeria provocada en los mercados por culpa de Alemania: Bélgic y Austria cerraron sus mercados a los productos españoles y Rusia a los europeos.

El daño ya está hecho. La senadora de sanidad de Hamburgo se ha disculpado y la Comisión estudia las indemnizaciones para el campo, de inicialmente 150 millones de euros para todos los países afectados, insuficiente según la ministra de Medio Rural, Rosa Aguilar. Alemania ha sido ahora la reñida, por la Comisión europea, por extender alertas sin base científica.

A Merkel -que durante la crisis de la E. coli no ha dicho nada- los problemas se le acumulan, por mucho que haga gala de dar lecciones al resto de Europa. Lo cierto es que desde que su influjo electoral es relativo: ha ganado dos elecciones generales perdiendo votos y desde que gobierna con los liberales ha perdido todos los lander que han renovado sus parlamentos, hasta el punto de que sus socios menores se han visto expulsados de algunos de ellos y en los sondeos generales no lleguen casi al 5%. La nueva moratoria nuclear para 2022 supone el reconocimiento de su derrota en el debate energético, asumiento un plan de cierre de centrales que ya había sido puesto en marcha por el anterior gobierno roji-verde: la intención es cerrar el paso al espectacular crecimiento electoral de Los Verdes alemanes, pero era inevitable reconocer la victoria de los ecologistas en la cuestión nuclear tras el desastre de Fukushima. La moratoria nuclear, a pesar de todo, supone un nuevo debate en Alemania y en Europa: ¿de dónde sacamos ahora tanta electricidad? ¿De las viejas y contaminantes plantas de carbón y petróleo? ¿Desarrollaremos las energías renovables? La razón no es la que estará, al final, detrás de la resolución, sino los intereses de las empresas energéticas.

Por ponernos conspiranoicos, quizás detrás de la alarma contra el pepino pueden esconderse intereses económicos de otros sectores europeos. Es difícil suponer eso, tras situar una nueva alarma contra los brotes de soja que han ido contra los campos alemanes, aunque no es imposible suponer "manos negras" detrás de toda la crisis. Sí es cierto una cosa, en la Unión Europea la competencia económica está adquiriendo niveles nauseabundos. Las imposiciones a Grecia y a Portugal para salvar su economía supondrán recortes traumáticos. No es una casualidad tampoco que ahora la Deustche Telekom (controlada por el gobierno alemán) se haga con el principal operador público de telefonía griega. De Irlanda se habló de revisar su bajo Impuesto de Sociedades, pero dudo que ese aumento llegue finalmente a llevarse a cabo. Como se dice, todos somos iguales, pero algunos más iguales que otros.

Los malos modos de actuar del gobierno alemán irán creando una muy mala imagen en el seno de la Unión, una suerte de nasty Germany, más adecuada para el discurso populista de la extrema derecha que para la mayoría de la sociedad. Seguiremos viendo a Alemania como un ejemplo en muchas cosas, los turistas seguirán recorriendo la nación de Goethe y los alemanes seguirán yendo a Ibiza y a la Costa del Sol. No sé si seguirán comiendo pepino. Lo cierto es que hoy comí una ensalada con brotes de soja.

lunes, 6 de junio de 2011

Elecciones legislativas en Portugal: un vistazo a nuestros hermanos lusos


Desde hace mucho tiempo, España ha vivido dándole la espalda a Portugal. Los asuntos que ocurran en el país vecino no han llamado nuestra atención. Económicamente, esto no ha sido así, basta pasearse, en la capital de la república, por las calles aleadañas a la Plaza del Comercio para ver que buena parte de los bancos que hay en las calles son españoles, o caminar un poco más allá hasta llegar al Corte Inglés lisboeta.

Ayer Portugal celebró elecciones legislativas, y esta vez sí que los medios españoles han dado un papel mayor -quizás aún insuficiente- al evento democrático. Tal vez, pensando con malicia, no sea porque nos hayamos dado cuenta que tenemos un país hermano con el que compartimos tantas cosas. Tal vez sea por la crisis. Sí, me temo que es por la crisis. Hoy, Portugal tiene que enfrentarse al modo de hacer frente a su crisis económica, la reestructuración de la deuda y del sector público, a las directrices de la Unión Europea y su partido gobernante, el socialista, ha perdido las elecciones.

Obviamente, el resultado electoral tiene muchas lecturas. Para buena parte de la derecha europea, la derrota del gobierno de José Sócrates es por ser socialista, por eso de que la izquierda ya no se lleva. Es una opinión bastante simple. Otra lectura es pensar que la derrota del gobierno lo es por la crisis económica.

Esa lectura puede sustentarse en circunstancias similares en Europa: en Grecia e Irlanda, países que han necesitado el rescate europeo, sus gobiernos perdieron las elecciones. En Grecia, no lo olvidemos, fue la derecha de Karamanlis la que perdió las elecciones por ocultar los problemas reales de la deuda helena. En Irlanda, la derrota del partido Fianna Fáil fue a más y perdió su hegemónico primer puesto a un histórico tercer lugar, por detrás de los laboristas. Hay más ejemplos: en Francia, en Italia, en España, en Alemania... sean de izquierda o derecha, los partidos gobernantes han ido perdiendo elecciones cantonales, municipales y regionales. La lectura más idónea es que la crisis pasa factura al gobierno de turno.

En todos los casos, la alternativa no es ni mucho menos revolucionaria; en ocasiones la oposición no tiene ideas renovadoras para resolver la crisis. Ya lo hemos visto al ver la campaña del Partido Social Demócrata, los conservadores lusos, que carece de ideas o las oculta; en esto se parece a su primo hermano, el Partido Popular español. Nos lleva a otra evidencia: los partidos no pueden representar ahora a la sociedad, sino a los intereses financieros. Otro motivo más para la indignación

Siendo claros, la crisis no empezó en Portugal en 2008. Desde 2001, el PIB de nuestro pequeño vecino creció muy poco, al revés que el paro, que no ha parado de crecer desde entonces. Las expectativas de empleo de los jóvenes portugueses les llevan a ser considerados una "generación perdida"; no hay que ocultar que, antes que los españoles, ellos son los "primeros indignados". A ello se le suma la situación del sector público, situación no muy halagüeña tras saber que los recortes empezados por Sócrates -confirmados y que previsiblemente serán aumentados por Passos Coelho, el nuevo primer ministro electo- obligan a un adelgazamiento del mismo, sobre todo en administración y transportes. Adelgazamiento es un buen eufemismo para ocultar su significado de más paro, pero que no nos explica por qué. Huelga decir que la crisis económica lusa, que podemos iniciar desde antes de la mundial y basarla en la no resolución de los problemas por las privatizaciones de Aníbal Cavaco Silva (primer ministro de 1985 a 1995), ha visto gobiernos de diverso color, y cada uno ha sufrido los castigos correspondientes: al conservador Cavaco Silva en 1995, al socialista Guterres en 2002, al conservador Santana Lopes en 2005 y finalmente ahora al socialista Sócrates. Para ello, basta observar los gráficos de número de votos y porcentaje de votos de 1991 a 2011 que os adjunto:


A estos gráficos hay que añadir este otro del nivel de participación:
La interpretación de estos tres gráficos nos permite observar:
a) la paulatina caída de la participación, que viene de más allá de los últimos veinte años, viene de la desilución tras la Revolución de los Claveles. La crisis económica y la desconfianza hacia la clase política portuguesa para resolver los problemas no hace sino mantener a la baja la participación electoral.
b) la abstención perjudica a todos los partidos, en el caso de 2011, al PS y al Bloco de Esquerda, que también ha recibido su castigo electoral. Sólo el CDS-PP ha conseguido mantener y obtener un rédito electoral considerable, aunque con altivajos.
c) El electorado de PS y PSD es muy volátil, de un millón de votantes en el caso socialista y de millón y medio en el caso de los conservadores. Estos votantes oscilan según la situación entre uno y otro, algo bastante esperanzador ahora para el PSD, tras la severa derrota de 2005, y en el futuro para el PS.
d) el estancamiento del Partido Comunista; las tablas, sin embargo, no muestran que su base electoral, radicada en el sur del país, se ha visto reducida en estas elecciones y en algunos distritos ha caído de su tradicional posición de segundo a la de tercer partido.

En definitiva, el suelo electoral de los partidos portugueses es mucho más bajo al de los partidos españoles, por poner un ejemplo que nos suene. Pese a que tienen muchos menos partidos representados en el parlamento que España, los partidos portugueses tienen unos cambios electorales bruscos. El CDS, pese a sus buenos niveles como tercer partido, llegó a estar en la legislatura 2005-2009 con una intención de voto del 2%. El PSD, como vemos, pasó del 50,6% de votos al 34% en 1995, y en 2005 no llegaba al 29%. El PS también tiene una volatibilidad parecida: del 29% al 43% de 1991-1995 o el desgaste del 45% al 28% de 2005-2011. Son unos cambios electorales muy bruscos a los que aquí no estamos tan acostumbrados.

¿Qué puede significar o en qué nos puede ayudar estos datos? La derecha ultramontana se empeña en seguir viendo las derrotas de la izquierda como señales de su desaparición. Lo cierto es que, pese a que los partidos puedan cosechar resultados terribles, la izquierda existe, permanece y permanecerá, como todo. Está sujeta a las condiciones en las que se envuelve -circunstancias ajenas como la economía o el comportamiento del contrario a propias como el programa, el liderazgo o la convicción que de a los votantes- por lo que, presumiblemente, dentro de algunos años el ciclo cambiará. Lo mismo vale para los conservadores portugueses. ¿Acaso en Irlanda han decretado el fin del Fianna Fáil por su humillante derrota? Los laboristas irlandeses no se confían. Lo mismo puede ocurrir en Canadá desde que los socialdemócratas han superado por primera vez a los liberales. Los españoles, para las pocas veces que atendemos la historia, nos fijamos demasiado en el ejemplo de la UCD, pero aquéllo no era un partido sino una coalición muy débil, y quererlo extraer a partidos de historia ya o casi centeneria, enraizados en sus sociedades, como el Fianna Fáil, el PSOE, etcétera, es no prestar atención.

A Portugal sólo nos queda desearle buena suerte, mientras observamos los pasos de Passos Coelho y algunos seguimos el sueño iberista.
"Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organí­cense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza".

Antonio Gramsci, Fundador del Partido Comunista Italiano
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