lunes, 16 de julio de 2007

Walter Veltroni se postula para liderar el Partido Democrático

(Fuente: El País)
El alcalde de Roma, Walter Veltroni, se postula para renovar la izquierda italiana
El político liderará el Partido Democrático, el futuro grupo de Prodi que nacerá en octubre
El alcalde de Roma anunció ayer su candidatura a dirigir un partido que aún no existe. La noticia parece poca cosa. Pero en realidad, podría ser cuestión de vida o muerte para el sistema político italiano, enfermo y en peligro de colapso. El paso adelante de Walter Veltroni, largamente esperado, proporciona al centro-izquierda un nuevo líder, un recambio para el momento en que Romano Prodi no pueda más y caiga con su Gobierno. A la renovación generacional, Veltroni añadió la promesa de una reforma de profundidad histórica: "Haremos una Italia nueva", dijo.
Nadie duda de que el 14 de octubre cuando los Demócratas de Izquierda (ex PCI) y Democracia y Libertad-La Margarita, los dos grupos que forman el eje de la coalición de centro-izquierda, se fusionen en el Partido Democrático, Walter Veltroni será aclamado como líder. Puede dudarse de todo lo demás. No es seguro que el Gobierno resista hasta entonces. Ni siquiera es seguro que el Partido Democrático, concebido para dar unidad a la izquierda reformista, no logre el objetivo contrario: quienes no aceptan la difícil fusión planean escindirse, lo que abre la posibilidad de un Partido Democrático débil rodeado por una nueva constelación de partiditos satélites.

Veltroni, en cualquier caso, está ahí. Y su presencia deja en segundo plano a Massimo d'Alema, hasta ahora indiscutible hombre fuerte de la coalición, y al propio Romano Prodi, cuya vida política durará lo que dure un Gobierno tambaleante.

El aún alcalde de Roma (no piensa dejar el cargo por el momento) no se limitó a declararse disponible para dirigir el centro-izquierda. Pronunció un discurso de más de hora y media de duración en el que combinó el vago lirismo que suele atribuirse a los estadistas ("hablo como italiano, como persona que ama su país", "no prometo sueños, quiero realidades") con un estricto diseño programático. Menos impuestos, menos influencia política de la Iglesia católica, más liberalismo, fe en Europa, respeto del medioambiente, "pacto generacional" para reformar el sistema de pensiones y lucha contra la precariedad juvenil, unidos a un cambio profundo en el sistema electoral, el sistema parlamentario y las instituciones de la izquierda, cuyos partidos pueden parecer "viejos y conservadores" y cuyos sindicatos "no deben defender solamente a los pensionistas y los empleados, sino también a quienes aspiran a entrar en el mundo del trabajo".

El carismático Veltroni no olvidó situar la seguridad ciudadana en la cúspide de sus promesas. "Que nadie llame racista a un padre que se preocupa por su hija en un barrio que ya no reconoce, la seguridad no es de derechas ni de izquierdas", proclamó. "Es una mala copia de Nicolas Sarkozy", comentaron desde la oposición berlusconiana. Al margen de la calidad de la copia, Veltroni recordó mucho, en efecto, al recién elegido presidente de la República Francesa. Con una peculiaridad: la apertura de Veltroni al centro no procedía, como en el caso de Sarkozy, del flanco conservador, sino de un ex comunista que jamás renegó de los valores de la izquierda y advirtió, sin embargo, que ni "los odios de clase" ni "la defensa de viejos derechos adquiridos" tenían lugar "en un mundo nuevo". Comunistas Italianos y Refundación Comunista, la izquierda dura, acogieron con frialdad las palabras del alcalde.

La irrupción de Veltroni como líder del centro-izquierda debería de tener consecuencias en el otro frente político. El setentón Silvio Berlusconi podía justificar su mando sobre el centroderecha mientras el rival fuera el setentón Romano Prodi; con un adversario de apenas 52 años, las cosas serán distintas. Gianfranco Fini, de 55 años, presidente de la posfascista Alianza Nacional y aparente delfín de Berlusconi, mantiene una buena relación personal con Veltroni. Ambos se han visto mucho últimamente, hablan con frecuencia de la necesidad de reformas y se muestran convencidos de encarnar el futuro próximo. Quizá en 2008, si hubiera elecciones anticipadas.

La incógnita que pesa sobre todos los políticos, Veltroni y Fini incluidos, es la estabilidad del sistema. Diversas operaciones financieras en los últimos tiempos han revelado que, como en 1992, cuando se hundió la Primera República, estalló la Democracia Cristiana y surgió el populismo berlusconiano, política y negocios mantienen relaciones perversas. La clase política italiana sigue siendo la más privilegiada y la menos eficiente de Europa. La incapacidad de Romano Prodi, rehén de sus aliados de la izquierda radical (empeñados, por ejemplo, en volver a fijar en los 58 años la edad de jubilación), para acometer la prometida reforma del Estado, ha suscitado un inmenso escepticismo.
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Frente a la gerontocracia gobernante en Italia, tanto en la izquierda como en la derecha italianas, Walter Veltroni representa una línea de políticos situados en segunda fila tras titanes como Romano Prodi o Silvio Berlusconi.
Walter Veltroni puede ser una encarnación de lo necesario en Italia y en Europa: una izquierda fuerte frente a una derecha despiadada. Sus ideas giran en torno a un discurso contundente de la izquierda sin complejos: el fin de la influencia de la Iglesia en la política, un liberalismo social para una economía productiva y justa, ecologismo, europeísmo y política fiscal racional. Un fin de viejos dogmas de fe por una izquierda dinámica, joven y activa frente a una vieja izquierda enquilosada, débil e ineficiente. No olvidemos que Veltroni procede del eurocomunismo del PCI, es sin duda un valor firme de izquierda.
El problema, o la virtud, del sistema político italiano es su fragmentación. Fragmentación significa debates, acuerdos, consensos entre diversos grupos para alcanzar mayorías. Pero también muchos desencuentros, debilidad, inestabilidad y parálisis. Ya cayeron Berlusconi y Prodi por el abandono del apoyo parlamentario de la Liga Norte por uno y por la Refundación Comunista por el otro.
Otro de los problemas es el descrédito de la clase política italiana. Los viejos partidos cayeron en los años 90 presa de la inmensa corrupción, el fin de la Democracia Cristiana, el fin y división del Partido Socialista Italiano, la conversión del PCI en Demócratas de Izquierda, el abandono del fascismo por parte de Alianza Nacional y el surgimiento del populismo de Forza Italia y del separatismo-federalismo xenófobo y egoísta de la Liga Norte, amén de la "voladura" de los partidos en múltiples partidos minúsculos. Ni más ni menos que al actual gobierno Prodi le apoyan los Demócratas de Izquierda, La Margarita, Refundación Comunista, Comunistas Italianos, los liberales, radicales y socialistas de La Rosa en el Puño, Verdes, Italia de los Valores y Populares-Udeur, unos prácticamente 10 partidos que abarcan desde la democracia cristiana progresista al comunismo. La coalición de Berlusconi englobaba a Forza Italia, Alianza Nacional, Unión de Democratas Cristianos, Nuevo PSI, Liga Norte y otros pequeños, uno de ellos el partido fascina de la nieta de Mussolini.
Los Demócratas de Izquierda y La Margarita se han unido en el Partido Democrático. El PD nace débil por desgracia. A su alrededor continúa una existencia de pequeños partidos socialistas y de izquierda. Lo ideal sería la unión en un gran partido de izquierda de los cristianos progresistas, los socialistas y excomunistas y ecologistas, unidos por el programa expuesto por Veltroni, sin ambiciones personales que puedan quebrar la unión.
Pues por encima de todo, una derrota de la izquierda es una derrota de los ciudadanos humildes, a quienes las políticas de izquierda beneficían y no les importa lo más mínimo las ambiciones de cada uno de los políticos. Quieren soluciones y no caudillos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Che boludo que cagada de árbol ( le fue util el paint...jejeje ) Háganos un favor y curreselo un poco que es lo primero que se ve al entrar. Un saludo Camarada

Itoiz dijo...

Pues a mi me gusta el arbil, es mazo molon, esta muy currado.

"Instrúyanse, porque necesitaremos toda vuestra inteligencia. Conmuévanse, porque necesitaremos todo vuestro entusiasmo. Organí­cense, porque necesitaremos toda vuestra fuerza".

Antonio Gramsci, Fundador del Partido Comunista Italiano
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