
Muchas personas recuerdan aquel histórico momento. Otros, nacidos pocos años antes o ya después, no conservamos ningún recuerdo directo de la época de la Guerra Fría y los dos mundos antagónicos. Creo que la caída del Muro es un hito que separa dos generaciones, dos formas de comprender el mundo y de responder a él. Con el correr de los años, aquel mundo de temor a la guerra nuclear, a la dialéctica del mundo libre y del mundo socialista va relegándose a la Historia pasada. De ser un recuerdo, a ser objeto de estudio y nuevas interpretaciones. La humanidad madura, vuelve a cometer errores, pero también toma conciencia.
¿Veremos los países socialistas con un mayor estudio de conjunto? ¿Es todo miedo, represión y mentiras lo que sostuvieron 40 años de democracias populares? ¿Qué hay de la sociedad del mundo socialista? ¿Acaso no tenían esperanzas, sueños e ideales como otras tantas más allá del Telón de Acero? El socialismo era para ellos una ideología redentora, y como en el otro lado o ahora, las élites sacrifican los ideales comunes por los intereses particulares.
La humanidad ha pasado por muchos sufrimientos en la Historia, los gobernantes han errado o acertado, han sido crueles o benevolentes, inteligentes o mediocres. Pero eso ya no es determinante, porque siglos de reflexión, dudas metódicas y divagación han permitido tener a millones de personas conciencia de sí mismas, hasta que cada vez sea más difícil controlarnos a todos, aunque se tenga la determinación de un Napoleón o la insustancialidad de un Bush hijo. Cada uno tiene su propio Muro de Berlín, impidiéndole su bien más preciado, la libertad.




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