Sarkozy se desdijo de sus promesas en las elecciones presidenciales francesas y ha anunciado la creación de empleo subvencionado por el Estado. Él, que ansía refundar el capitalismo, que era el adalid de los paleoliberales que negaban del Estado como fuente de creación de riqueza, ha tenido que reconocer que es necesario para combatir la crisis, la crisis que anuncia la muerte del sistema. Lo irónico es que esta derecha que sube al poder prometiendo regenerar la economía, dinamizándola a base de replegar el Estado, tenga que comerse su discurso y aceptar la política socialdemócrata de que el Estado es necesario para la economía, no una zancadilla a la libertad económica. La derecha ahora sí no tiene discurso propio.
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