lunes, 10 de diciembre de 2007

Relaciones Laborales, Sindicalismo y Movimiento Obrero (II)

Reformismo sindical alemán

No aparece hasta el último tercio del siglo XIX debido al retraso industrial del país. El sindicalismo irrumpe de la mano de partidos existentes, cuya pluralidad se reproduce en las organizaciones sindicales.

Antes de la unificación existía desde 1830 una fuerte tradición asociativa entre el mundo artesanal, derivado de los problemas políticos de la fragmentación política alemana. En muchos de los Estados alemanes las instituciones permanecían ancladas en fundamentos corporativos y estamentales a mediados de siglo.

Estas asociaciones artesanales abarcaban desde los fines culturales, deportivos, lo reivindicativo, con múltiples influencias ideológicas del liberalismo y socialismo junto al idealismo hegeliano.

Tras el fracaso liberal de 1830 se formaron sociedades clandestinas como la Liga de los Proscritos de 1834, continuada por la Liga de los Justos, donde se erigió como líder Karl Marx, depurando de utopismo la organización, formando la Liga de los Comunistas y como lema “Proletarios de todos los países, uníos” sustituyendo al de “Todos los hombres son hermanos”. En 1847 la Liga encargó a Marx la preparación del Manifiesto Comunista (1848), estableciendo la teoría de la lucha de clases, y dirigiéndolo al incipiente proletariado alemán.

Se formaron varios grupúsculos comunistas agrupados por la Hermandad Obrera, que, tras la derrota revolucionaria de 1848 se disuelve la Liga y la Hermandad pasa a la clandestinidad.

Tras 1848 se coincide con un clima político favorable a la unificación, plasmado con la creación de la Nationalverein, un movimiento liberal partidario de la unificación con la hegemonía de Prusia. De los sectores progresistas de la Nationalverein se tomó la iniciativa de crear asociaciones obreras tipo trade-unions. En Prusia se crearon sociedades cooperativas, educativas y de socorros mutuos según el ideal liberal de armonización de intereses patronos-obreros, como contrarréplica a las tesis de Marx, bajo los auspicios del Partido Progresista, en cuya órbita quedaba este sindicalismo liberal e interclasista (y minoritario).

El obispo de Maguncia, Ketteler, esbozó la idea de un movimiento socialcristiano, reconociendo el derecho de los obreros a luchar en la sociedad capitalista por las mejoras laborales, defendiendo la acción protectora del Estado liberal a favor de los débiles. En 1894 se crean los Sindicatos Católicos en la cuenca minera del Rhur, embrión de la Unión General de Sindicatos Cristianos, definiendo el sindicalismo cristiano como de inspiración pastoral, interclasista e interconfesional. Esta corriente se situará bajo la órbita del partido católico alemán, el Zentrum.

La rama sindical socialista será la más importante. El primer partido socialista será la Asociación General de Trabajadores Alemanes (ADAV, 1863) para contrarrestar la influencia de la burguesía liberal-progresista entre los trabajadores. Sociedades obreras de Hamburgo y Leipzig con influencia de la Liga se desligaron del Partido Progresista y encargaron a Lassalle elaborar un programa para constituir un partido de trabajadores independiente. Lassalle, influido por Hegel y Marx redactó un programa socialista estatalista, que la ADAV adoptó. La ADAV se desarrolló como antisindical al creer Lassalle que la huelga era inútil. A su muerte su sucesor abandonó el antisindicalismo.

Los sectores demócratas respondieron con la creación de la Federación de Asociaciones Obreras Alemanas, y, al plantearse su adhesión a la AIT, se inclinó por romper con la democracia liberal capitalista para convertirse en partido obrero revolucionario. Por ello, en 1869 se convirtió en Partido Socialdemócrata de los Trabajadores (SDAP), cuyo programa reflejó los planteamientos marxistas de la lucha política y económica del proletariado. En el Congreso de Stüttgart de 1870 condenó la propiedad privada del suelo siguiendo las líneas de la AIT.

Pese a las divergencias doctrinales y personales de ambos partidos se trazaron negociaciones que llevaron a la unificación en el Congreso de Ghota de 1875, convirtiéndose en Partido Socialdemócrata Alemán (SPD). Impulsó también la unificación sindical entre Asociaciones Obreras y los Sindicatos Internacionalistas de Bebel.

En la reunión de delegados obreros celebrada tras el congreso de Gotha se fijó la relación partido/sindicato basado en una mayor autonomía político-ideológica del sindicato respecto del partido.

El SPD superó ya en 1877 el 9% de los votos, y esta creciente influencia política entre los trabajadores desencadenó una legislación antisocialista, pero acompañado por iniciativa del canciller Bismarck de una política social atrayente pero incidental, selectiva y paternal (seguros de enfermedad, accidentes laborales, vejez). Pero ni la ley represiva ni la legislación social impidió el desarrollo del partido y de los sindicatos, cada vez más moderados y reformistas. El SPD se convirtió en modelo de partido obrero de la II Internacional, definido como partido revolucionario (Congreso de Erfurt, 1891), pero en la práctica reformista y parlamentario. Como diría un ideólogo del partido, Kart Kautsky, era un partido revolucionario que no hace revoluciones.

El reformismo es más acusado en los sindicatos, al desplazarse las decisiones de las bases a la dirección central, reticente a las huelgas. Otro rasco del sindicalismo alemán es la hipertrofia del aparato sindical, de líderes que se perpetúan en la dirección y controlan la burocracia interna. El desarrollo fue posible por la cuantía de las cuotas de afiliados y por los procedimientos de cooptación de la dirección tendió a la centralización. Los sindicatos socialistas se convirtieron en el movimiento más influyente entre los trabajadores alemanes. En 1913 los sindicatos socialistas tenían unos 2 millones y medio de afiliados, frente a los 340.000 de los sindicatos cristianos y los cien mil de los sindicatos liberales.

La moderación y el reformismo no fue abandonado ni siquiera en la ola revolucionaria tras la caída del Reich, sobre todo por la desconfianza generada por los extremistas de la Liga Espartaquista (comunistas) frente a la confianza de los industriales alemanes por llegar a acuerdos con los sindicatos para evitar la socialización de las empresas planteada por sectores del SPD, convertido en árbitro de la situación política. Los sindicatos optaron por el posibilismo reformista que les brindó la Constitución democrática de la República de Weimar (1919). La nueva república institucionalizó un amplio abanico de consejos en las regulaciones laborales para canalizar la participación sindical en la elaboración de normas reguladoras de las condiciones de trabajo.
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Fuente: (Historia Universal Contemporánea I, Javier Paredes), Relaciones Laborales, Sindicalismo y Movimiento Obrero de José Rodríguez Labandeira.

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